Con cinco años, esperó a que apuntase el día para ponerse la misma ropa del día anterior y acercarse a la escuela. La escuela abre a las ocho y media, pero hay un profesor de acogida desde las ocho menos cuarto. A esa hora se presentó allí y explicó lo que había pasado en casa. Ayer en una población próxima.
No sé en que grupo de definiciones del maltrato infantil podemos clasificar esta situación que va más allá de ser testigo de violencia o del estrés post traumático.
Vestirse, salir de casa, caminar 800 metros y desear que alguien te entienda.
Buscar refugio en el lugar donde cada día te encuentras mejor acompañada. Donde hay gente que te aprecia y te cuida.
La escuela es el refugio. Podemos alegrarnos sólo de eso.
El resto es una tragedia sin nombre de la que todos participamos.
X. Allué (Editor)


Lo he leído esta mañana en el periódico y me ha parecido tan terrible… esta niña se queda sola en el mundo con un lastre emocional tremendo…
Comentario por marisol — 24 febrero 2011 @ 17:32
[...] “Mamá está muerta. La ha matado mi papá” es el contundente título de la última entrada del blog “Pediatría Social“. La violencia de género es una lacra, cuyas consecuencias se extienden mucho más allá del mismo asesinato. ¿Qué repercusiones tendrá en esta niña de cinco años, protagonista de la noticia, el hecho de haber sido testigo del espantoso crimen cometido por su padre? Niños dañados de por vida, secuelas muy difíciles de minimizar. Terrible. [...]
Pingback por Repaso semanal a la blogosfera sanitaria y alrededores (21 a 27 de febrero de 2011) | CiberDietas — 28 febrero 2011 @ 3:09