Pediatría social

Blog de la Sociedad Española de Pediatría Social

Las chicas son guerreras

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Una canción algo estúpida de hace unos años (1981) ponía titulo a lo que al parecer es un cambio notable en las actitudes de la mujeres adolescentes, las chicas. Una sucesión de noticias de situaciones de violencia originadas por mujeres jóvenes han impactado en los medios de comunicación. Hace unas semanas los magistrados de dónde yo vivo se manifestaban sobre estos acontecimientos y la validez de la legislación vigente para tratarlos.

No vamos adescubrir nada diciendo que la violencia juvenil en general y la originada por mujeres en particular, vaya a encontrar su solución en medidas jurídicas, leyes o regímenes penales. Como sucede cuando algo no tiene una solución fácil se dice que es un problema social. Los médicos lo hacemos y lo hemos hecho con diversas situaciones clínicas que se escapaban de nuestro conocimiento o nuestro control. Un ejemplo evidente ha sido el tratamiento dado a las toxicomanías, hasta que han adquirido una categoría psiquiàtrica o la infección por el VIH hasta que se identificó el agente causal y se dispuso de los primeros antivirales eficaces. Hace sesenta años se decía lo mismo de la tuberculosis y ahora aún se dice de la enfermedad de Alzheimer.

Los pediatras sociales sabemos bien que la violencia juvenil y la violencia entre iguales en la adolescencia es una categoría clínica que requiere un diagnóstico específico y un tratamiento que, necesariamente, va a ser complejo. Y hay que recordar que los causantes de la violencia no tienen exclusividad de sexo.

También sabemos que los orígenes de estas situaciones son amplios y diversos pero que se encuentran en la infancia y las circunstancias que rodean a los niños. No vale echarle la culpa a la televisión o a los juegos de rol. Eso como mucho puede tener un caracter instrumental. Las causas estan en la proximidad diaria de los niños y, naturalmente en su entorno cercano, la familia. Tampoco se trata de culpar a los padres de todo, ni a la escuela. Pero lo cierto es que en estas desgracias no hay inocentes.

Los pediatras deben afinar sus instrumentos diagnósticos para detectar situaciones que son generadoras de violencia en la familia y en el entorno. Las visitas rutinarias deben incluir al menos una indagación sobre como la familia y el niño gestionan los conflictos y si existen indicios de secuencias de frustración-agresión en los comportamientos. Esa parte de la responsabilidad es de los médicos que nos dedicamos a la atención de los niños.

X. Allue (Editor)

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Written by pedsocial

22 agosto 2010 a 18:02

Publicado en Sin categoría

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