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Juegos del Mediterráneo y Dieta mediterránea

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Este sábado pasado se adjudicó la sede de los XVIII Juegos del Mediterráneo para el año 2017, a la ciudad donde vivo. Se trata de un evento deportivo de características olímpicas que acoge a los paises de la ribera del Mare Nostrum que, en la perspectiva histórica, incluía todo el mundo conocido. El alcalde no se ha cortado al celebrarlo diciendo que la ciudad volvía a ser el centro del mundo 2000 años después de ser la sede del imperio romano de Augusto. Entusiasmos y proyectos aparte, sirve para recordar el valor de las actividades deportivas multiformes, del ejercicio físico y la sana competición. Participan veinticuatro países que mojan sus pies en las aguas de este mar interno, cuna de la civilización occidental, a cual más diverso y, a la vez, com múltiples rasgos, aficiones, ideas, costumbres y comportamientos comunes, algunos cantados en la exitosa letra del Joan Manuel Serrat.

De hace un tiempo se ha popularizado uno de esos rasgos comunes bajo la denominación de “Dieta mediterránea“. La concepción ha tenido tantos partidarios como detractores: los primeros por sus cualidades nutrionales y gastronómicas y los segundos por ocultar en la simplificación una considerable y multicolor variabilidad que escapa a sistematizaciones. Su origen en unas observaciones en los años 40 sirvieron a interpretaciones diversas en el conocido Estudio de los Siete Paises hasta los estudios más recientes que llegaron a hacer de la Dieta Mediterránea Patrimonio Intangible de la Humanidad por parte de la UNESCO hace un año.

De forma genérica la dieta mediterránea incluye la utilización de las grasas vegetales, principalmente el aceite de oliva, cereales integrales, legumbres y verduras, pescados azules–de los que se pescan en estas aguas–y carnes magras en menor cantidad, menos lacticinios (básicamente, queso y yogurt), frutos secos y el complemento de vino en las comidas. Pero y de forma inseparable, se incluye el ejercicio físico.

Todo ello parece que ha cedido a otras conductas que puedan ser las responsables de la actual epidemia de obesidad que se padece es esta parte del mundo. Es posible que nuestras familias hayan renunciado a algunos componentes de la dieta mediterránea principlamente porque su consumo requiere elaboración. La mayor parte de los productos deben ser cocinados y algunos un tiempo considerable, como las legumbres secas.

Pero lo que más evidente resulta es el abandono del ejercicio físico. En gran parte porque la vida moderna tiende a evitar los esfuerzos: transportes mecanizados, ascensores, proximidad, entretenimiento y ocio sedentario y una monumental pereza.

Decididamente hay que incluir la recomendación continuada del ejercicio en todos y cada uno de los contactos del público infantil con el sistema sanitario. Y comenzar a entrenarse para los Juegos del Mediterráneo de 2017.

X. Allué (Editor)

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Written by pedsocial

17 octubre 2011 a 8:37

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