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La familia que cena unida…

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Una revista semanal de esas que acompañan a las ediciones dominicales de los periódicos ofrece un reportaje sobre la importancia de cenar en familia . Estas publicaciones semanales, que tienen una enorme difusión, ofrecen una idea general de información enfocada a estilos de vida. El tipo de artículos y reportajes, las firmas de opinión, incluso la publicidad, llevan a propugnar (o quizá propalar) formas y modos de vida en la más amplia expresión. Por el tipo de medio, el formato de papel, además de acompañar a la prensa escrita dominical están dirigidas a un público que, si bien numeroso, no deja de pertener a los niveles sociales y económicos de los palos del gallinero de la parte de arriba. El estilo literario permanece en unos niveles que no llegan a insultar la inteligencia, pero tampoco le plantean grandes retos. Personalmente y resumiendo, a mi me parecen un poco “pijas“. Algo lejanas a una realidad de país un poco más rústico.

Sin embargo siempre se puede aprovechar algo y no está mal que hasta los “pijos” se eduquen. La idea de dar valor a compartir la mesa en familia es esencialmente buena. Cierto que el reportaje  de Priscila Guilayn y Virginia Drake se apoya en unos estudios de departamentos de Psicologia de universidades americanas y, por ello, la representación de la comida familiar se hace sobre la cena, según la costumbre de los paises anglosajones que la hace la principal comida del día. Los chiripitiflauticos horarios españoles dificultan enormemente que la cena puede ser la principal comida del dia en todas las clases sociales. Pero la idea es igual de válida para la comida.

La propuesta es que la familia, padres, hijos y, si convive, la generación de los abuelos, participe en una actividad conjuntamente. Queda ya muy lejos el slogan de “La familia que reza unida, permanece unida” que propugnaba un peculiar personaje, Patrick Joseph Gillard-Peyton, el “padre Peyton“, que apareció por España en los años 50 del siglo pasado cuyos objetivos eran otros. Pero la idea es la misma.

Haciendo abstracción de los beneficios de cohesión familiar, soporte psicológico, resolución de conflictos, supuestas reducciones en la incidencia del consumo de alcohol y drogas por parte de los adolescentes y otros que los estudios de la universidades americanas referidos aportan, se me ocurren algunos menos elevados como pueden ser los hábitos alimentarios y la regularidad de las dietas. Al comer en común, generalmente todos comen los mismos alimentos y cualquier propuesta dietética puede ser más facilmente acomodable. Me faltan estudios comparativos sobre cosas comunes como si la cena familiar previene o no la obesidad, patología de muchísima más prevalencia que el consumo de psicofármacos o la estabilidad emocional familar.

Claro que, como de grandes cenas se han llenado cementerios, como dice el refrán, hay que asegurarse de que el volumen de los alimentos sea moderado y, en la medida de lo posible, que la última comida del dia esté algo más alejada de la hora de dormir, para favorecer una digestión en activo.

Que si hay que cenar con la tele puesta o no, lo dejamos para otro post.

X. Allué (Editor)

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Written by pedsocial

7 noviembre 2011 a 8:49

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