Pediatría social

2 agosto 2012

Los niños con riesgo II- Los riesgos económicos

Archivado en: 1 — Etiquetas: , , , — pedsocial @ 6:16

Los Riesgos Económicos.

Vivir en un mundo de economía globalizada mantiene enormes diferencias de recursos y ello al margen de la situación geográfica. La pobreza, aunque evidentemente predomina en los llamados países pobres, está presente en amplias capas de las sociedades más opulentas del planeta. Es lo que se ha conocido como el Cuarto Mundo: los colectivos pobres en países desarrollados.

La supervivencia, expresada en cifras de mortalidad infantil, es más dependiente de los recursos económicos de las familias que del lugar en donde vivan.

Las situaciones económicas adversas tienden a extenderse a lo largo del tiempo, afectando a niños de generaciones sucesivas. La desigualdad pone barreras al progreso de las gentes. Las familias pobres engendran pobres que tendrán menos recursos: nutricionales, de calidad de vida, de escolarización. Todos ellos contribuyen a la perpetuación de la pobreza. Los pobres, por ejemplo pueden padecer síndromes carenciales como la ferropenia. Y la ferropenia se asocia a un menor rendimiento escolar. Con menos educación la posibilidad de mejorar en la escala social se encuentra limitada. Si encima las escuelas y los maestros son peores, el absentismo prevalece sobre la asistencia y en la casa hay pocos estímulos a fomentar la educación académica, el ciclo perverso de la ignorancia unida a la pobreza se cierra irremisiblemente.

Cuando además se añaden los efectos de las crisis económicas, mejor describibles como períodos de recesión como el que actualmente atraviesa en mundo occidental y, de forma concreta y específica, España, las repercusiones son aún más notables.

Los vaivenes de la situación financiera, origen y motor de la crisis pueden quedar un poco lejos de la vida de los niños, pero los efectos sobre las economías domésticas por un lado y las medidas de austeridad que, parece ser que equivocadamente, aplican los gobiernos quedan ya mucho más próximos.

La disminución del poder adquisitivo de las familias, asociado al desempleo generado por la crisis y el aumento de los impuestos incrementa el contingente de personas hundidas en la pobreza, entendida ésta como las familias cuyos ingresos no superan el salario mínimo para el núcleo familiar. Los tramos más inferiores empujan a muchos a la marginación.

El resultado puede tener efectos registrables sobre la nutrición infantil; si no cuantitativamente, sí cualitativamente cuando el consumo de proteínas y alimentos frescos como se ha notado en los hábitos de consumo según las empresas de alimentación. Ligada como lo está la obesidad a las clases sociales menos favorecidas, es posible que una situación de recesión económica en el primer mundo de lugar paradójicamente a un incremento de peso entre los niños y adolescentes, mientras que en los países pobres esa pobreza y la malnutrición van de la mano.

Por otro lado, el desempleo y las dificultades económicas son determinantes de frustraciones emocionales constantes. Viniendo de una etapa de prodigalidad, las carencias se viven mal, generan malestar, mal humor, depresión cuando no ira. Y es fácil entender que sobre personalidades inestables todo ello conduzca a alteraciones mentales de importancia tanto de los adultos como de sus hijos. La crónica desatención que la salud mental ha tenido en nuestras latitudes, ésta situación sólo la lleva hacia el empeoramiento.

Como ya hemos escrito[i], el resultado es un creciente colectivo de pobres, gordos y locos.

Los responsables de la salud de los niños debemos estar en condiciones de identificar las situaciones de pobreza entre los niños a nuestro cargo: el absentismo escolar, el incumplimiento de los calendarios de revisiones pediátricas, las enfermedades asociadas a la pobreza como la ferropenia o el saturnismo (cosas de metales: una por defecto de hierro y otra por exceso de plomo), la caries extensa, las parasitosis, el impetigo recurrente, la suciedad… O algo tan simple como preguntar a quien acompañe al niño a la consulta por cuales son sus medios de vida, si tienen trabajo y que tipo.

Que luego el sistema de protección social sea lo suficientemente eficaz es, evidentemente, harina de un costal diferente.

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