Pediatría social

Blog de la Sociedad Española de Pediatría Social

Amfetas para el cole

with 4 comments

Un articulo del New York Times, fechado la pasada semana desde Canton, Georgia, en el sur de los Estados Unidos, relata la experiencia de un pediatra dedicado a la Atención Primaria que utiliza los derivados de las amfetaminas, no ya para el supuesto tratamiento del Síndrome de Défict de Atención, sino como una ayuda farmacologica para el estudio. El Dr. Michael Anderson dice que el propio TDAH es una falsedad, un “invento” y una excusa para distraer de la verdadera causa de los problemas de muchos niños: fracaso escolar en escuelas inadecuadas.

Bienvenido el Dr. Anderson al mundo de la realidad de un sistema escolar deficitario… pero eso no vamos a resolverlo con pastillas.

El fármaco de moda es Adderall, una combinación de dextroamfetamina en cuatro formas (sulfato, sacarato, aspartato y amfetamina racémica) en cantidades iguales en cápsulas de 5 mg, 10 mg, 15 mg, 20 mg, 25 mg, 30 mg y dos presentaciones, una de absorción rápida y otra de liberación lenta (XR). La farmacodinámica incide en la inhibición de la recapación de la noradrenaliana y la dopamina. Básicamente es un estimulante del Sistema Nervioso Central.

En el informe de Wikipedia, bastante completo y con más de setenta referencias, se resalta su empleo para mejorar el rendimiento escolar. Así se usa en muchas universidades por parte de los alumnos y se comenta que”…entre los más competitivos…” Es el “doping” en las carreras universitarias.

Nada nuevo bajo el sol. Quien esto escribe puede testificar que las dos formas comercializadas de amfetaminas  en España en los años 60 del siglo pasado “Simpatina” y “Centramina” se usaban profusamente entre los estudiantes de la Universidad de Barcelona. Incluso de la imagen del representante comercial de los Laboratorios Miquel, fabricante de “Centramina” y que tenía su sede en la misma calle Casanovas tres manzanas más abajo, con su cartera ofreciendo muestras a quien quisiera en el hall de la facultad de Medicina. En el prospecto de la “Simpatina” se decía que se recomendaba su uso a “…militares, policías y transportistas…” con jornadas laborables extensas y que necesitaban mantenerse despiertos (sic!).

Si el Dr. Anderson utilizó  (quizá) amfetas para estudiarse la Patología quirúrgica de 4º año (un “hueso” clásico), nadie debe sorprenderse que haga un salto en el aire y se lo acabe recomendando a los chiquillos que no pasan curso en las escuelas del barrio norte de Atlanta. pero hay otros facultativos que opinan algo parecido, como se relata en el mencionado artículo.

Bueno, bueno, bueno…Ya falta poco para que alcancemos el mundo feliz de Aldous Huxley que administraba a todo quisque una dosis de “soma” para ir tirando….

Hay que extremar la profesionalidad. Los diagnósticos médicos deben ser precisos, peró aún más los diagnósticos psicosociales de los problemas que tienen los niños. Y los diagnósticos correctos y responsables deben promover el empleo de recursos terapéuticos eficaces. A partir de ahí los criterios deben, por lo menos, que ser contrastados, y los resultados evaluados objetivamente. Y pensar sobre todo en el bien de los niños.

X. Allué (Editor)

Anuncios

Written by pedsocial

15 octubre 2012 a 10:22

Publicado en 1

Tagged with , , , , ,

4 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. ¿Y te extrañas? Este fin de semana un amigo nos contaba que su pediatra le había mandado un conocido antihistamínico en gotas para que el niño (de siete años) durmiera bien y descansara los fines de semana. Esto lo había oído en el boca oreja, pero que lo recomiende un pediatra me flipa. Y que en realidad sea para que el niño no se levante tan temprano los fines de semana me flipa más…

    Marisol

    15 octubre 2012 at 12:08

  2. Marisol, extrañarme, extrañarme, con lo que llevo en este negocio, no me extraño de nada. El empleo de psicofármacos en el mundo infantil tiene una historia larga y una intencionalidad diversa. Las siestas después de tomar de postre “pa, vi i sucre” (pan mojado con vino tinto y rociado de azúcar) que se tomaban los niños en verano en la casona de los abuelos nunca estuvo claro si se tomaban en cuenta. O los vinos quinados (“…. Quina san Clemente, da unas ganas de comerrrrr…”) de 18 grados alcohólicos, los jarabes de la tos (Elixifilin, teofilina en solución alcohólica al 30%!!!, como la ginebra), o el diminhidrinato para los mareos de los viajes y los crios sobando en el asiento de atrás hasta llegar al apartamento de la playa…
    Ni se pueden dejar de lado los potingues estimuladores de la inteligencia como el “Fósforo Ferrero” o vitaminas como el “Katovit” que han ocupado un lugar en los armaritos del cuarto de baño de varias generaciones de hijos poco estudiosos…
    Ya digo, poco nuevo bajo el sol.

    Desiderio de Sota

    15 octubre 2012 at 13:16

    • Uf, qué recuerdos… yo también fui dopada con diminhidrinato, en mi caso porque me mareaba en el coche y vomitaba enseguida. Recuerdo el sabor asquerosamente amargo y a mi madre despertándome una hora antes de salir de viaje para dármelo. Y recuerdo habérselo dado yo misma a mi sobrino en un viaje de Badajoz a Madrid y que se quedara grogui en 20 km. hasta casi llegar a Madrid…

      Marisol

      24 octubre 2012 at 7:58


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: