Pediatría social

Blog de la Sociedad Española de Pediatría Social

Ritos Funerarios

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Una parte de este texto ya la hemos publicado en otro lugar, pero aprovechamos la coincidencia con las celebraciones de los difuntos para traerlo aquí.

Los ritos funerarios, por ritos y, además, por funerarios son temario apetecible de antropólogos y estudiosos etnógrafos por lo que tienen de observables y, a veces, de espectaculares. El corpus literario antropológico de los “ritos funerarios” de buen seguro que es inacabable. En Google tiene 132.000 entradas y revisando las primeras 100, a cual más sustanciosa. No creo que haya etnógrafo que se precie que no haya escrito alguna vez alguna pieza sobre la muerte y el tránsito al más allá, aunque sólo sea para exorcizar sus propios miedos y tabúes.

Nuestros colegas paleoantropólogos de Atapuerca están muy orgullosos de algunos de sus hallazgos relacionados con ritos funerarios: “el equipo de investigación de Atapuerca apoya la hipótesis de que la Sima de los Huesos es una acumulación intencional de cadáveres. Esto significa que posiblemente nos encontremos frente al testimonio más antiguo de un comportamiento simbólico, quizás funerario, de la historia de la humanidad”, dice la web de la Fundación Atapuerca.

Pues desde esos 450.000 años hacia acá que Homo hildelbergensis, neandertal,  sapiens o menos sapiens, viene demostrando su conciencia del yo inteligente o inteligible trascendente mediante rituales funerarios. O sea que ha habido tiempo para todo.

Entre el humus y el humo

Uno de los factores “nuevos” es la distribución casi al 50% de la disposición de los cadáveres entre el entierro, ya sea en tierra o en nicho y la cremación, con sus razones económicas, ecológicas, demográficas y hasta industriales.

De estas últimas no menor es la necesidad de la disposición de las dioxinas (conviene leer el link) resultantes de la combustión de los cadáveres en la incineración. Que las pocas plantas de eliminación de dioxinas estén en la proximidad (Barcelona) tranquiliza poco.

La disposición de los restos incinerados aparece como un nuevo problema además. Recientemente el ayuntamiento y la Autoridad portuaria de Barcelona han llegado a un acuerdo para la prohibición del lanzamiento de cenizas y, posteriormente de la correspondiente urna de cerámica, en el espigón del rompeolas del puerto por la acumulación que se estaba produciendo (sic!).

La competencia

El tránsito hacia el más allá es una premisa común en todas las religiones, cuya realidad comporta la creencia en lo trascendente que normalmente lo sitúa, como se dice, más allá de la duración de la propia vida. Desde las cuevas del paleolítico hasta el mausoleo de Lenin en la Plaza pasando por las pirámides de los faraones o los cementerios ajardinados de la Normandía, la glorificación de los que nos dejaron ha sido una constante de la humanidad. Las prácticas y ritos funerarios tienen una amplia representación en la mayoría de las religiones. Así también las actitudes o reticencias en relación con la manipulación de los cadáveres, incluyendo la práctica de autopsia clínicas, donación de órganos, embalsamamiento y disposición de los cadáveres—enterramientos, incineración, etc.—que pueden diferir notablemente unas y otras. Los estados suelen establecer precisas normas de policía mortuoria que determinan parte de las decisiones en los casos. Aparte quedan las costumbres, los ritos y las ceremonias que, aunque no tengan naturalmente ya repercusión sobre la salud de los pacientes, si que pueden crear controversias o dificultades al personal asistencial, quien debe tener en cuenta las peculiaridades culturales y religiosas de los pacientes y sus familias. Precisamente la religión cristiana y su representante más mayoritario, la Iglesia católica ha mantenido durante siglos el monopolio de la tanatopraxia litúrgica, pues esa es la competencia con que se enfrentan los empresarios de las, así llamadas, Pompas fúnebres.

La Iglesia católica, como administradora del acceso al más allá, emite certificados de garantía de ascenso a los cielos para unos pocos: los santos. Para los demás establece unos ejercicios que se pagan para interceder al eventual ascenso, previa o no una estancia en el Purgatorio, aunque últimamente esa estación está algo devaluada. [1] El monopolio ha sido tan extenso que el anagrama, iconograma (††) o, si se quiere, el logotipo, la marca de fábrica, se ha convertido en el símbolo de la muerte más comúnmente utilizado en Occidente desde hace siglos. Las otras confesiones monoteístas han adaptado los suyos mucho después.

Sin embargo, en la fase postconciliar de la historia reciente, al menos en este país, la Iglesia católica ha abandonado la demostración pública de algunos rituales perifunerarios como la conducción del viático y los santos óleos del sacramento de la Extremaunción.

Cabe preguntarse cuanto cambio ha habido en la relativamente común cesión de bienes terrenales en herencia a la iglesia, conocida fuente de ingresos patrimoniales, precisamente esos que ahora permanecen sin cotizar impuestos de bienes a ayuntamientos y estado. Tal era una parte oculta del ritual, ¿no?

El turismo de la muerte

Si se excluye el turismo de sol y playa y los cruceros, la mayor parte de los viajes de ocio que se incluyen en el epígrafe de “turismo cultural” tiene como destino monumentos o lugares de memoria de muertos. Y eso no es nuevo. Las peregrinaciones hace siglos que tienen como destino tumbas veneradas: Tierra santa y las cruzadas, la Meca y su al Hajj y la probablemente más antigua del Camino de Santiago, fuese su tumba o la de Prisciliano, han movido y mueven multitudes.

Napoleón viajó hace doscientos años, aunque con propósitos diversos, a ver en las pirámides las tumbas de los faraones. La tumba de Lenin en la Plaza Roja de Moscú continua provocando colas. El cementerio de Père Lachaise en Paris o el de Arlington junto a la capital federal norteamericana de Washington son citas obligadas de miles de turistas. Como lo es el cementerio Staglieno de Génova o los de Normandia de los muertos en la invasión aliada de 1944 . En categoría similar están los museos de los campos de exterminio nazis o los sitios en los que tuvieron lugar batallas memorables, ya sea Bastogne, Stalingrado (Volgograd), o Gandesa.

El interés en muchos edificios religiosos se amplia al ser a menudo el lugar de enterramiento de personajes más o menos notorios de la historia. Y las tumbas de muchos próceres, además del mencionado mausoleo de Lenin, como el Taj Mahal, la tumba de Napoleón en los Inválidos o la de Kemal Attaturk en Ankara, recogen miles de visitas.

Luego, en cada lugar y en cada cultura, los rituales funerarios adquieren personalidad propia.

Al fenómeno biológico de la muerte sigue el social de las exequias. En el caso del fallecimiento de niños, tan afortunadamente infrecuentes hoy dia en nuestra sociedad, la misma infrecuencia hace que los rituales hayan perdido consistencia. Incluso que no tengan lugar, aunque en cada sitio se pueden apreciar diferencias.

Los que se ocupan de la atención a la infancia deben disponer de información y haberse creado una idea de los que se suele y se debe hacer en esas circunstancias en cada lugar y en cada grupo social y cultural. El pediatra que cumple su función al notificar a unos padres del fallecimiento de su hijo, debe preparse para reesponder a algunas preguntas sobre la pertinencia o no de los ritos y aconsejar adecuadamente a las familias.

X. Allué (Editor)


[1] Poca broma: las animas del purgatorio tienen página web : http://www.lasalmasdelpurgatorio.com

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Written by pedsocial

1 noviembre 2012 a 4:08

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Una respuesta

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  1. Un tiempo después leo un interesante artículo en TIME magazine sobre el duelo entre los animales (http://www.time.com/time/magazine/article/0,9171,2140197,00.html). Claro que no es lo mismo el duelo que los ritos funerarios, ni que las actividades de los animales tengan la calidad del rito. Pero igual pone en cuestión que los de la Sima de los Huesos y su interpretación pueda entenderse como rito, cuando no sea más que una forma de almacenar el duelo…

    pedsocial

    22 mayo 2013 at 8:22


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