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O somos activos hoy… o mañana seremos radiactivos!!

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En la lista de riesgos a las que se ven sometidos los niños recientemente publicada no incluimos el riesgo de las radiaciones ionizantes El riesgo nuclear, que es como se resumen los efectos de la emisión de radiaciones por parte de isótopos de los elementos cuando no son estables, es un riesgo real, presente y de efectos conocidos.

Cierto es que son riesgos de conocimiento reciente, apenas un siglo, y hubo de pasar medio para comprobar los terribles efectos de la energía nuclear desatada en su forma explosiva cuando fue utilizada sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki en 1945, en curso de la II Guerra Mundial.

Más o menos hasta ese momento, los efectos deletéreos de la radiaciones ionizantes eran escasamente conocidos aunque algunos investigadores había sufrido las consecuencias de la exposición sin protección a fuentes de radiación. En la primera mitad del siglo XX las radiaciones se indentificaron como un instrumento útil para la curación y tratamiento de enfermedades, mediante la radioterapia o, también, como una contribución al diagnóstico de enfermedades como los estudios de absorcion substancias marcadas con diferentes isótopos  en órganos sano y enfermos. Una parte de las radiaciones, los Rayos X representaron el mayor avance en las técnicas de diagnóstico por la imagen, al permitir visualizar el interior del cuerpo humano desde fuera.

El conocimiento de la tremenda liberación de energía que producia la fisión de los átomos de un isótopo radiactivo llevó a la consideración de poder aprovechar esa energía liberada de forma controlada y trasnformarla en energía utilizable, generalmente en forma de energía eléctrica. De ahí el desarrollo de las centrales nucleares.

Pero el paso de los años nos han ido advirtiendo que todas esas bondades no estaban exentas de grandes y terribles riesgos. Las bombas atómicas que concluyeron la II Guerra Mundial y que supuestamente debían acabar con todas las guerras, en el momento en que estuvieron disponibles para paises enfrentados, se convirtieron en la más tremenda amenaza a la que está sometida la humanidad: la destrucción total del planeta en un conflicto nuclear y la extinción de la humanidad. El final de los 40 años de guerra fría no ha reducido ese riesgo; únicamente la percepción del riesgo. Y ahí está el programa nuclear del Iran de los ayatolahs para recordarnos que el último capítulo de la historia del mundo lo puede escribir cualquier iluminado con acceso a un arsenal nuclear.

La radioterapia que ha curado muchísimas enfermedades, especialmente algunas formas de cáncer, también a generado otras como son toda la patología post radioterapia o la afectación de los que han sufrido exposición a las radiaciones sin protección adecuada, notablemente muchos médicos y técnicos radiológicos. La sucesión de accidentes en las centrales de generación eléctrica a partir de energía nuclear: Three Mile Island (Harrisburg), Chernobil, Vandellós I, y la más reciente de Fukushima Daiichi, nos recuerdan la fragilidad de unas instalaciones que albergan en sus tripas un demonio devastador.

Pero las radiaciones ionizantes no se liberan o existen únicamente en instalaciones concretas. Existe radiactividad en todas partes y los humanos estamos expuestos simplemente por vivir donde vivimos y comer lo que comemos. Como intenta mostrar la figura adjunta, todos los alimentos aportan carga radioctiva, si bien en cantdades mínimas, no es menos cierto que la radioactividad recibida, digamos que “se queda”. Que tiene un efecto sumatorio. Y las radiaciones ionizantes tiene un notable poder de modificar las estructuras de la dotación genética, del DNA, y con ello favorecer una miríada de efectos sobre la salud humana. Si, además, esa carga radiactiva actúa sobre un individuo en crecimiento, como son los niños, los efectos a largo plazo van a ser determinantes en la salud del individuo.

He tomado el título de esta entrada (y la imagen) del libro de Jordi Bigues “Avui actius…o demà radiactius” un manual de divulgación muy completo sobre la realidad de la radioactividad. Recomendable.

Como lo es que nos sensibilicemos ante estos riesgos a los que los niños están sometidos e intentemos movilizar voluntades para reducirlos. No vaya a ser que nuestros nietos brillen en la oscuridad…

X. Allué (Editor)

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Written by pedsocial

12 noviembre 2012 a 10:24

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