Pediatría social

Blog de la Sociedad Española de Pediatría Social

Pelo… y su importancia social

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XA smiley baldface2(Por abreviar, nos referiremos al pelo de la cabeza, el cabello, de caput-cabeza y pilus-pelo)

Casos

1.- Ella tiene apenas dos años y medio. Hablándole, en el asiento de atrás del automóvil mientras volvemos del cole, vemos una ambulancia. Comento que yo también he de ir al hospital a que me miren la piel de la cabeza. Me dice, enseguida:

–¿Te van a poner pelo?

–Upps!

A esa temprana edad es capaz de distinguir la notable lisura de mi calva y la no menos notable ausencia de pelo. Y que eso es una carencia. También ha tenido su experiencia personal. En septiembre, su madre, harta de pelear con la infestación de piojos, los tirones de la liendrera, el pringue de los insecticidas capilares y la intransigente actitud de los directores de la guardería, le cortó el pelo al cero. Aunque no se enteraba mucho, con la cosa de la ropa unisex y sin pircing, su madre tuvo que sonreír cada vez que le decían “¡Qué niño más rico!”…

2.- Tiene siete años y desde recién nacida lleva una válvula de Holster. Es muy mona, rubia de pelo lacio. La puñetera válvula se obstruyó y hubo que reemplazarla cuando faltaba un mes y medio para su primera comunión. En el antequirófano se quedó la melena. Ahora ya está bien, pero hay que lidiar con que si una peluca o un gorro para el cole y un hábito con capucha para el vestido de primera comunión. Vaya lata.

3.- Ya los habéis visto por ahí, pero sobre todo en las series televisivas “Planta 4ª” y “Polseres vermelles” (Pulseras rojas The red band Society): niños con cabezas peladas por efecto de la quimioterapia oncológica. Una parte del precio de la supervivencia.

Los paleontólogos os explicarán que el pelo es muy probablemente un atavismo en esta especie que somos los H. sapiens (algunos menos “sapiens”) y que en el proceso evolutivo es posible que lo perdamos del todo. Nuestros antepasados eran notablemente peludos. Al mono desnudo sólo que queda pelo en la cabeza, en las axilas y alrededor de los genitales, además de algo de vello en antebrazos y piernas.

Y los antropólogos os mostrarán numerosas culturas o etnias, cuyos miembros se rapan la cabeza. La verdad es que las etnias africanas lo deben hacer por comodidad, porque los rizos (o las “rastas”) se ensucian y enredan. Mis dos nietas africanas están hartas de trencitas, pero en Europa las niñas con la cabeza pelada despiertan demasiada curiosidad y molestias. Los sikh no se lo cortan en toda la vida y numerosos musulmanes obligan a sus mujeres a ocultar sus cabellos “para no provocar a los hombres”.

Y los historiadores de la moda os mostrarán los pelucones del siglo XVIII en la corte parisina. Por cierto, plagados de piojos. Mantenidos como símbolo de autoridad por los magistrados ingleses, aunque ahora sólo para los casos de justicia penal.

Llevar el pelo largo le costó la vida al hijo de David, Absalón, según dice la Biblia (II Samuel, 18, 14). Y a Sansón (Jueces, 16. 19) también le dio problemas, aunque siempre he creído que lo que le cortó Dalila aquella noche fue otra cosa y por eso perdió la fuerza.

Dentro de 100 años, todos calvos, dice el refrán. Obviamente, algunos como yo, mucho antes. Pero cuando un niño o niña pierde el pelo por razones biomédicas se debe actuar con suficiente tacto y sensibilidad para contrapesar lo que la pérdida representa. En el área simbólica hasta puede tener un cierto efecto de amputación. Si es posible hay que anunciarlo, decir la verdad y no promover esperanzas sobre la recuperación que puede muy bien no producirse. No van a valer las referencias a otras personas, en general adultos, porque ya se entiende que la calvicie es algo que sucede con la edad y, cuando se es pequeño, pues “no toca”.

También hay que trasmitir las necesarias cautelas al personal de los centros educativos, escuelas o colegios, y a la familia extensa, para evitar comentarios o actitudes innecesarias o insensibles.

Lo que sea para que los menores no tengan la sensación de que, como siempre, los adultos les “toman el pelo”, literalmente.

X. Allué (Editor)

(NOTA: Por una vez, y sin que sirva de precedente, esta entrada de blog la ilustra una foto mía. La razón es obvia)

Written by pedsocial

17 marzo 2014 a 6:15

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Una respuesta

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  1. “Si es posible hay que anunciarlo, decir la verdad ”
    En todo, no sólo en el pelo. Discutí con una enfermera que me corregía todo el tiempo cuando yo anunciaba a mi hijo que la vacuna dolía un poquito y que yo le consolaría del dolor, porque merecía la pena. “pero si no duele nada!!” es una frase muy oída y que al resultar falsa hace perder confianza en los sanitarios.

    gracias

    22 mayo 2014 at 11:47


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