Pediatría social

Blog de la Sociedad Española de Pediatría Social

Determinantes culturales. El tratamiento de los problemas de base cultural – 5

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professionalsEl médico debe tener una percepción de su propia cultura y su estatus y de las diferencias en control y poder existentes en la relación médico/paciente, y un conocimiento de básico de cómo la teoría y la práctica de la medicina están condicionadas culturalmente, de la existencia de fenómenos de exclusión (racismo), de las diferencias en las estructuras familiares y los diferentes roles asumidos por los miembros de las familias en las diferentes culturas, los factores sociopolíticos que repercuten sobre la existencia de los pacientes y de los síndromes o enfermedades culturalmente construidos (“culture-bound syndromes”). Además debe adquirir habilidades o destrezas que le permitan comprender los modelos explicativos de la enfermedad de los pacientes, ser capaz de modificar sus instrumentos de interacción con el paciente en función de las diferencias culturales y procurar evitar prejuicios o conceptualizaciones preestablecidas.

Entre las cualidades necesarias se deben incluir la empatía, el respeto, la capacidad de inspirar confianza, la comprensión y establecer lazos que faciliten la colaboración, que proporciones esperanza y ánimo y que permitan al paciente asumir el control propio de su proceso (“empowering” o empoderamiento)

El tratamiento.
La propuesta terapéutica debe construirse como una “alianza”. De hecho debe ser un pacto aceptable y aceptado por ambas partes para que tenga viabilidad.
Debe ser realista, centrado en la persona, fácilmente comprensible, apropiado a la cultura del paciente, consistente con los deseos de autonomía y autocontrol y organizado en términos positivos, es decir que en lo posible resulte exento de prohibiciones.
Debe obtenerse una seguridad de cumplimiento y se deben introducir en las recomendaciones los conocimientos para que el propio paciente pueda evaluar los resultados y los progresos.
No se deben desdeñar los remedios de origen cultural que estén desprovistos de efectos indeseable sino, por el contrario, aprovecharlos para reforzar la idea de autocontrol del paciente.

El recurso de los mediadores culturales. Merecedor de una más larga discusión, tiene una especial relevancia en situaciones de inmigrantes recién llegados, pero también entre grupos ya establecidos que mantengan una integración propia. Conviene separar la función de mediador de la de simple intérprete o traductor y, además ser extraordinariamente cuidadoso cuando la mediación incluye cuestiones que afecten de forma importante la intimidad y el autocontrol de paciente.

La buena práctica. Mirada con un poco de distanciamiento, es fácil percibir que la atención a los pacientes se simplifica cuando se incluye en el marco de una buena práctica asistencial que debe tener en cuenta no sólo la diversidad cultural y aún a distancia cultural de las diversas culturas, sino también la distancia cultural entre médicos y pacientes de otras culturas y la distancia cultural entre médicos y pacientes en general.

Una parte de esta distancia la compone el ”decalage” generacional en los conocimientos biomédicos populares: los abuelos construyen como conocimiento popular lo que, en su tiempo, eran conocimientos científicos, luego abandonados por obsolescencia, y así sucesivamente las siguientes generaciones. Otra distancia no desdeñable es la competencia lingüística, palpable en las comunidades bilingües, que suelen ser las más con la actual situación migratoria. Ello sin olvidar que la práctica totalidad de los países incluyen comunidad ( y no siempre consideradas com “minorías”) que utilizan más de una lengua.

La competencia cultural, tal y como yo la entiendo, es poco más que una sensibilidad hacia las diferencias, hacia el otro. Esa sensibilidad es la que han tenido los médicos que nos han precedido en toda la historia de la medicina antes de que la masificación de la asistencia, el asalariado profesional y la tecnificación nos hayan alejado de nuestros pacientes. Recuperar esa sensibilidad es una nueva tarea. Ejercerla con suficiencia requiere un profundo estudio y revisión de las características culturales de nuestro entorno.

La competencia cultural no es simplemente una cuestión de atender a las minorías. A medida que los conocimientos biomédicos se expanden infinitamente, la población, la gente se queda atrás en su conocimiento de los nuevos conceptos y la nueva fenomenología. La construcción biomédica y la construcción popular de la salud y la enfermedad divergen gradualmente hasta el punto de convertirse en dos realidades culturales bien diferenciadas. Además muchos grupos sociales actúan como “inmigrantes” ante los nuevos paradigmas: los adolescentes, los ancianos, los analfabetos necesitan una actuación más próxima, más amable, realmente más competente por parte de los profesionales. Los médicos competentes deben adquirir competencia en esas diferencias y salvarlas en beneficio de sus pacientes.

El recurso de otras profesiones.

Como en cualquier otro ámbito de la nosología, la buena práctica aconseja recurrir a las profesiones aliadas como ya hemos comentado. Obviamente y para temas sociales la práctica coordinada con los trabajadores sociales es la que mejores resultados ofrece. Concordamos en ello con Rocío Ibáñez, aunque entendemos que el pediatra bien formado debe ser capaz de obtener la informació precisa sobre los aspectos sociales y ser comptente en ello porque, y lamentablemente, la `resencia de trabajadores sociales en los centros de salud dista mucho de ser universal.

También puede recabarse la normal asistencia del personal de enfermería puesto que conocer a las familias que se asisten forma parte de su experiencia. Pero también del personal administrativo, que desde el puesto ventajoso de la acogida en donde se registran los datos identificativos varios. Igualmente una buena relación con los farmacéuticos del barrio o población ayuda a coordinar terapéuticas.

Mantener contactos con el medio escolar, tanto el profesorado como las AMPA es muy recomendable. Y también con las fuerzas del orden locales, Guardia Urbana o municipales. Una visita, aunque sea protocolaria, a los juzgados y Fiscalia de menores puede facilitar releaciones en la eventualidad de experiencias que requieran actuaciones judiciales.

Con estas exposiciones, cuyo texto  recogen en parte otras publicaciones nuestras, queremos dejar constancia que la Pediatria social amplia el abanico de las responsabilidades de los médicos que se dedican al cuidado de los niños, desde el convencimiento de que una buena parte de la patología, su presentación y, también, su tratamiento, contienen elementos determinados por el contexto cultural que, y a todos los efectos, es el social.

 

X. Allué (Editor)

 

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Written by pedsocial

23 febrero 2017 a 7:01

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