Pediatría social

Blog de la Sociedad Española de Pediatría Social

Archive for septiembre 2017

Dificultades

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Este blog utiliza como cuenta de correo (email) de soporte la mía personal, que desde 1995, es decir hace una pila de años, sigue siendo la misma xallue@tinet.cat.

Tinet es la red local que fundamos en mi ciudad al principio de la Internet para uso por los pioneros de la ciudad, su universidad y el entorno próximo. El dominio original era .org, por tratarse de una organización sin ánimo de lucro esponsorizada por la Diputación Provincial. En 2005 y por una serie de razones administrativas, se cambió el dominio a .cat, que corresponde a nuestra ubicación.

Ahora el gobierno del estado ha censurado el dominio .cat en la linea de las acciones represivas llevadas a cabo en Cataluña sin que se haya publicado el contenido de la orden judicial que sostiene esa acción. Una publicación del New York Times (clicar encima)lo explica.

Lamentamos las dificultades que esas decisiones y actuaciones puedan ocasionar a nuestros seguidores.

X. Allué (Editor)

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Written by pedsocial

23 septiembre 2017 at 19:35

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Pediatria defensiva

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Hace un tiempo participé en un coloquio sobre problemas ético de la practica pediátrica, donde aporté cuatro ideas sobre lo que és la Medicina defensiva, en este caso, la Pediatria Defensiva. De la presentación se derivó un capítulo del libro Bioética y Pediatria.               La actuación profesional a la defensiva en el ámbito pediátrico tiene sus causas y sus consecuencias. La medicina defensiva es la práctica de medidas diagnósticas y terapéuticas dirigidas, de manera intencional y primaria, no a promover o proteger la salud del paciente, sino a proteger al médico contra posibles errores o deficiencias por las que pueda ser objeto de críticas o demandas judiciales.
Cuando los médicos realizan pruebas complementarias o procedimientos para reducir el riesgo de una demanda judicial, están practicando medicina defensiva positiva.
Cuando evitan tratar ciertos pacientes o realizar ciertos procedimientos, lo que practican es medicina defensiva negativa.
Las causas pueden estar originadas en el paciente y su entorno: familias que se muestran exigentes, que pertenecen o hacen gala de un estatus social que generan inquietud al profesional. También las minorías étnicas con comportamientos difíciles de controlar o prever, generando prejuicios o temores.
Igualmente, la situación o condición del profesional puede ser un condicionante. Por ejemplo cuando se trata de un profesional poco experto, muy joven o, al contrario, un veterano con las experiencias del gato escaldado. Puede haber también condicionantes con diferencia entre la práctica pública y la práctica privada, pero en ambos sentidos: en la pública porque los exámenes complementarios no generan costes directos a la familia o, justo al revés, porque en la práctica privada una profusión de pruebas puede generar confianzas vicarias.
La adherencia a protocolos y guías clínicas puede conducir a una dilución de los criterios clínicos y con ello excusar responsabilidades. Igualmente, algunos profesionales pueden verse forzados a actuar de una u otra forma por la existencia de objetivos de gestión de la administración responsable de un centro o grupo sanitario que conduzcan a conductas profesionales inapropiadas.
La pediatría defensiva tiene siempre consecuencias para el paciente al distorsionar el diagnóstico, incrementar los exámenes complementarios, conduciendo a que se incluya en el tratamiento prescripciones inadecuadas, por medios o vías de administración inapropiada o también a la omisión terapéutica. Todo ello puede dar lugar a complicaciones y daños a medio y largo plazo. Pero sobre todo inducen una pedagogía errónea sobre la enfermedad y la salud en general.
El profesional que practica una medicina defensiva incurre en una mala praxis en la que, además, no mejora las garantías de la actuación. Dará lugar a una degeneración profesional y pérdida de prestigio y, eventualmente, a conflictos legales, ya que se trata de prácticas perseguibles de oficio o desde la administración.
La sociedad tendrá en consecuencia incrementos de los costes de la sanidad y, en general, una disminución de la calidad asistencial
La práctica profesional a la defensiva es una forma miserable de trabajar porque pone los intereses del profesional por encima de los de sus pacientes. Y, aunque los intereses pudieran ser legítimos, las mas veces ocultan planteamientos mezquinos, miedos, inseguridades y desprecio a la gente.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

18 septiembre 2017 at 7:00

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Por una ley de Protección integral a la Infancia

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Como nos anuncia Save the Children en el Pleno del Congreso del martes se votaba la Proposición No de Ley en la que todos los grupos parlamentarios exigen al Gobierno que, en el plazo máximo de un año, inicie los trabajos necesarios para la aprobación de una Ley Orgánica por la Erradicación de la Violencia contra la Infancia en esta legislatura.

Ya va siendo hora aunque, francamente, tal como se presentan los próximos meses, tengo mis dudas que tal proposición se lleve a cabo. Este gobierno, cuya dedicación principal hasta ahora ha sido la de ocultar e intentar soslayar todas la denuncias y querellas por corrupción, mientras favorecía los negocios de sus afines en la construcción de AVEs innecesarios, autopistas que no van a ningún sitio, submarinos que no flotan o la venta de armas de tapadillo a países en guerra, no me parece que se vaya a distraer de su última complicación existencial centrada en Cataluña. No por la protección a los niños, al menos.

La legislación española, el cuerpo legal dedicado a la protección a la infancia data, por lo menos, de 1904, con la ley de protección a madres y niños, especialmente introducida para proteger a las madres que tenían que trabajar fuera de casa y continuar criando a sus hijos. Como gran parte de la legislación de protección social, arrancaba de las doctrinas de Bismark que, en realidad, sólo pretendían preservar la fuerza de trabajo, la protección y la salud de la mano de obra. Eso y algunas medidas de carácter benéfico incentivadas desde el filantropismo anglosajón. Luego pasó lo que pasó y unas cuantas revoluciones, dos o tres guerras espantosas y el crecimiento de la conciencia social bajo la aviesa amenaza de las divisiones del ejército rojo al otro lado del Elba, dieron paso a la, desde otros paises, envidiable situación de la protección social europea.

Y como por leyes, que no falten, se han promulgado un buen puñado que abarcan desde la educación obligatoria y gratuita, la vacunación universal y la aprobación de las convenciones internacionales sobre derechos de los niños. Pero con todo eso, y para vergüenza de toda una sociedad considerada madura y moderna, los niños siguen siendo víctimas de desafueros, violencias, malos tratos, abusos y otras maldades, protagonizados por miembros de esa sociedad: los propios padres, clérigos pedófilos, jueces venales machistas y toda una caterva de perversos que se resisten a reconocer que los niños són lo único que nos garantiza el futuro. Especialmente el futuro de nuestras pensiones.

Bienvenida sea la proposición, que no es de ley sino para que escriban una mejor. En un año, si seguimos aquí, lo comentamos.

Mientras tanto, vigilad. Que la protección de los niños ha de estar en todas partes.

X. Allué (Editor)

 

Escolarización sin escuela

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Durante el ingreso en la planta de hospitalización de un niño con apendicitis, justo en estos días de comienzo del curso escolar, al comentar con la familia sobre si la convalecencia podía interferir con la escolarización, se aportó la información de que el pequeño recibía su educación en casa. Al personal de enfermería, con amplia experiencia y en general una visión muy tolerante y progresista de la crianza de los niños, les pareció un dato irrelevante. Que cada cual haga con la educación de sus hijos lo que le parezca. Los cirujanos probablemente ni lo consignaron en la historia clínica. Un pediatra junior lo llevó a mi atención y me preguntó mi opinión. La educación, la enseñanza de los niños ciertamente es un tema de la Pediatría social. Sobre todo ante su ausencia: el absentismo escolar es un problema que está en la raíz de toda una serie de circunstancias que afectan la edad adulta, la vida y la salud de la gente. Pero, en general desde la Pediatría social, el modelo, modalidad, sistema u organización de la enseñanza reglada no se nos antoja como una materia a dedicarle interés. Que la enseñanza sea laica o religiosa, en un idioma o en tres, estatal o privada queda a la elección y preferencias de las familias. Algunos detalles como la coeducación de ambos sexos, la uniformidad en el vestir, los horarios o incluso el calendario, sí han sido objeto de comentarios por la connotación social que tienen.

La educación extraescolar, en  inglés “homeschooling“, es bastante popular en muchos países. En principio en España no está contemplada: la enseñanza es obligatoria y presencial en centros acreditados. La doctrina jurídica ofrece pocas dudas. El Tribunal Constitucional, ese tan peculiar que parece crear más problemas de los que resuelve y que se toma tanto tiempo para resolver algunos, hace ya unos años sentenció que no hay vacíos legales en el tema que nos ocupa y que la ley es muy clara: la enseñanza presencial de los niños hasta los 16 años es obligatoria. En cambio parece ser que no es una temática que las administraciones persigan de oficio. Aunque se detecte, de no mediar otras circunstancias, delitos o irregularidades asociadas, existe una notable tolerancia. Al menos de momento.

Es cierto que, hoy por hoy, es infrecuente. La han favorecido algunas tendencias sociales modernas como el retorno a la vida rural de algunas familias de urbanitas, cansados del fragor de las grandes ciudades, dispuestos a vivir de la agricultura y la ganaderia. También lo favorece la eclosión de la Internet con todas las facilidades que ofrece de acceso a la información en general y la escolar en concreto.

Los defensores de la escolarización en casa le encuentran todas la ventajas y privilegios. Quizá lo más importante es la recuperación del tiempo. La ausencia de rigideces horarias y evitar desplazamientos seguro que permite un aprovechamiento extraordinario del tiempo. Esa propia libertad permite también aprovechar los momentos más favorables para concentrar la atención de los escolarizados, de estirar o encoger los tiempos dedicados a aprendizajes concretos sin depender de horarios, agendas y calendarios.

Es evidente, sin embargo, que el esfuerzo de añadir la educación académica a la familiar, va a representar un considerable esfuerzo por parte de los padres o del padre o la madre, que asuma la enseñanza, digamos, académica. Tal esfuerzo exige, sobre todo, dedicación y motivación, cualidades que tienden a favorecer los resultados.

Cuando hemos, nosotros y muchos que nos han precedido, dedicado enormes esfuerzos de todo tipo para conseguir una educación, una enseñanza reglada para TODOS los niños y que, además sea pública y de calidad, que alguien pueda permitirse prescindir de ella resulta, como poco, original y, también, excepcional. Pero también mantenemos un enorme respeto por el ejercicio de la libertad individual, sabiendo además, que los resultados de esa educación universal reglada y presencial, todavía tiene un largo recorrido antes de poder equipararse a la que se hace en otros países que nos superan ampliamente en tales resultados.

La argumentación en contra de la escolarización en casa, que se nos ocurre como más trascendente, es la pérdida de las relaciones sociales. las relaciones, sobre todo, con otros niños de la misma o parecida edad quedan impedidas, al menos de una forma continuada. La escuela tiene ese carácter uniformizador y social que entendemos como favorable para la integración social de la gente. También estamos convencidos de que en la escuela se aprende tanto en las aulas, como en el patio durante los recreos. Incluso más en lo que se refiere a las relaciones interpersonales. Por eso seguimos pensando que la educación reglada y presencial es más deseable. Pero estamos dispuestos a aceptar que en casa también se puede alcanzar un nivel cercano a lo deseable para algunos niños cuyas familias, de alguna forma, por dedicación y motivación, puedan permitírselo.

Una vez más, invitamos a nuestros lectores a comentar este tema y ofrecernos su visión y opiniones.

X. Allué (Editor)

 

Written by pedsocial

11 septiembre 2017 at 7:13

Dientes

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El valor social de la dentadura. Unas piezas de la anatomía de muchos vertebrados, incorporadas al comienzo del tubo digestivo y con una función específica de triturar materiales para hacerlos comestibles, tienen un considerable valor en la vida de relación. Además de ayudar a incorporar alimentos, abrir la boca y “enseñar los dientes” tiene un montón de connotaciones de comunicación. En los animales carnívoros suele ser una muestra de amenaza, de disposición para la agresión. Los humanos y quizá algunos otros primates, enseñan los dientes como muestra afectiva o de alegría. En los modelos estéticos más modernos, la uniformidad de la dentadura forman parte del patrón de belleza.

Mi profesor de Latín no permitía comer chicle en clase, indicando que era una mala costumbre importada de los Estados Unidos. Según él contribuía al crecimiento de los dientes y así veia a los americanos “con esas dentaduras de caimán…” que le parecían ofensivas. Tal idea carece de fundamento, aunque puede ser cierto que en un país multirracial como los Estados Unidos, muchas personas de orígenes étnicos diversos muestran una dentaduras notables. Lo cierto es que la dentadura la muestran los que la tienen bonita, ordenada. Eso llevaba, en cambio, en este país a muchas jovencitas, propensas al jolgorio y las risotadas con escasa motivación, a taparse la boca al reir. Hasta los años 60 del siglo pasado no comenzó a popularizarse la ortodoncia por razones meramente estéticas, aunque los odontólogos insisten que una dentadura ordenada es funcionalmente más eficaz y más duradera.

La caída de los dientes deciduales, los “de leche”, se celebra en esta parte del mundo con algún regalo. Supuestamente, un pequeño roedor con un apellido español común, cambiaba el diente caído depositado debajo de la almohada, por el regalo. En los paises anglosajones es una hada pequeña y jugetona, “the tooth fairy“. “Lost in translation“, me ha llevado a ver algún pequeño anglófono absolutamente aterrorizado al pensar que una rata se iba a colar debajo de su ropa de cama mientras dormía y maldito fuera el regalo. Hay cosas que se traducen mal.

La higiene dental infantil es aún una asignatura pendiente en nuestro sistema sanitario. Su cobertura no está rutinariamente cubierta como prestación por el sistema social, con lo que la salud de los dientes sigue un desproporcionado sesgo de carácter económico: los ricos tiene buenas dentaduras. Los pobres no.

La función de la dentadura tiene un importante componente social en la vida de relación. En Norteamérica, la sonrisa de acogida es un gesto normalizado para todas las personas que trabajan de cara al público, especialmente las mujeres jóvenes. Podrá ser todo lo falsa que se quiera, pero una sonrisa ofrece una propuesta de amabilidad que una cara adusta no hace. Para ello, claro, conviene que la sonrisa presente una dentadura ordenada.

Aparte de mejorar la salud digestiva a lo largo de la vida con mejor persistencia de las piezas dentarias en edades adultas, una hermosa dentadura promueve una buena sonrisa, y eso mejora las relaciones interpersonales también en nuestra cultura. A la vez contribuye a hacer la vida un poco mas feliz. De manera que mejorar la salud dentaria y la ordenación dentaria es algo que decididamente mejora la salud física de quien la posee y la mental de quienes con ellos trata.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

4 septiembre 2017 at 7:02

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