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Desayunos – Breakfast at Tiffany’s

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En la entrada anterior anunciamos que publicaríamos recetas de desayunos. Para niños o para adultos. De hecho querríamos insistir en que los niños suelen hacer lo que ven hacer a sus padres y entendemos como inútil prescribir desayunos infantiles para niños de famílias que se levantan tarde y despachan la primera colación con un cortado y dos galletas. Así no van a convencer a sus hijos de que coman cereales (Un viejísimo chiste de niños se reducía a una pregunta: Si nos habéis engañado con lo de los reyes magos y lo de que los niños vienen de París, ¿porqué voy a creerme que los cereales son buenos para mi salud?…“)

Lo que venimos a decir es que la composición de los desayunos tiene unas profundas raices sociales y culturales, casi sempre introducidas en las mentes en edades tempranas de la vida que es lo que contribuye a su perpetuación.

NOTA AL PIE (aquí enmedio): Lo primero que hace falta para desayunar es que haya de qué. Todavía hay miles de niños en el estado español con carencias alimentarias severas. Recordadlo.

Este no es un blog de cocina. De manera que lo que intentaremos ofrecer son las recetas sociales. Quien esté interesado en la culinaria del desayuno le recomendamos cualquiera de los cientos de recetarios que hay en la Internet. Pero si el lector vive o visita España, me atrevo a recomendar las que publica mi hijo El cocinero fiel, que tiene muchas y, entre ellas unos vídeos de “Los mejores desayunos en…” (http://elcocinerofiel.com/?s=Los+mejores+desayunos+de).

El tiempo: Si se quiere desayunar bien hay que dedicarle el tiempo necesario. Si uno se levanta con un compromiso laboral o escolar en pocos minutos, sin apenas tiempo para las más elementales aboluciones higiénicas matutinas, no va a desayunar bien. Por encima de la ducha o lavado de gato, pis i pos, y vestirse, hay que tomarse una hora de 60 minutos para desayunar. Aunque múltiples ayudas modernas llenan las despensas de prodúctos instantáneos y los microondas abrevian calentar lo que se vaya a comer o beber, la preparación merece pausa y tiento. La precipitación suele conducir a tazas rotas, liquidos vertidos y al hipo… Y hay que sentarse, proveerse de servilleta y si hay con quien, iniciar una conversación que contribuya a programar y, también, compartir la jornada.

El tiempo de antes: Como también anunciábamos en el post anterior, para llegar a la hora de despertarse descansado y con hambre hay que haber dormido bién: las reglamentarias 8 horas que justo hace algo más de cien años reivindicaban los sindicalistas cuando la jornada de 8 horas (8 horas de trabajo, 8 de ocio y ocupaciones personales y 8 de sueño). Y lo consiguieron. La absurda disposición franquista del horario, adelantado una hora y ampliado por el retraso del “prime time” de la televisión vespertina, hace difícil irse a la cama con ocho horas por delante para dormir. Pero hay que empezar por ahí y recordar el refranero cuando dice lo de que “..de grandes cenas, están las sepulturas llenas…”

El espacio: Tradicionalmente, la cocina. Pero no dejaré de considerar las excelencias de una mesa con mantel, cubiertos y demás aperos para una comida convencional. Hay que evitar pasillos, dormitorios, terrazas (como no sean con paisaje), escaleras, portales o paradas del autobús.

Sólidos: En los hoteles de postín en la segunda mitad del siglo XX, antes de que se popularizaran esos estúpios y pantagruélicos “buffet”, ofrecían dos tipos de desayuno: el “English breakfast” y el desayuno “Continental“. El primero era un desayuno serio y adecuado para emprender una jornada laboral: huevos, salchichas, bacon, patatas “hashbrowns”, tostadas, mantequilla, mermeladas y un zumo. El “Continental” se reducía a café o té, con leche, tostadas con mantequilla y bolleria diversa, bueno para desocupados. En las culturas del trigo el principal aporte calórico lo aportan el pan y las pastas. Pero hay que reducir los azúcares refinados que, no sólo incrementan inncesariamente glucemias sino que apagan el apetito: sacian y, a la vez, engordan. Las pastas industriales invariablemente incluyen componentes inadecuados o innecesarios como aceites y grasas que, aunque vegetales, tiene más grasas saturadas. El pan solo, tostado o no, con aceite y un poco de sal, endulzado con algún fruto como el tomate (el “pa amb tomatec” catalán) o las compotas de frutas bajas en azúcar. O bien algun fiambre, jamón o queso. La otra forma de aportar hidratos de carbono a la dieta matutina es recurrir a los cereales no fermentados, naturales o tostados, o integrales. Solos o mezclados con frutas o frutos secos y remojados en leche o zumo (o yogurt) se han ido popularizando y son una excelente opción.                                                                                                                                                               La historia de los huevos para desayunar ha pasado por múltiples episodios a favor y en contra. Ahora estamos en uno de ” a favor”: revueltos, pasados por agua o fritos ( por cierto, cualquier ama de casa inglesa te ofrecerá los huevos fritos de hasta seis maneras diferentes: sun up, over, over easy, etc…)

Liquidos: Leche y lacticinios. Entre los meridianos 30-E y 10-O, y más o menos por encima del tròpico de Cáncer se incluye el espacio del planeta donde el consumo de leches y productos lácteos forma parte de una cultura ancestral: leche, queso, cuajada, yougurt, kefir, requesón, etc. No así en el enormísimo resto del planeta, salvados los países de fuerte influencia europea. De hecho los no europeos son a menudo intolerantes a la lactosa porque no forma parte de su experiencia biológica tomar leche más allá del período de la lactancia infantil. La cultura europea ha hecho de la leche, preferiblemente de vaca, un producto de consumo esencial para niños y adultos a la hora del desayuno. Complementarlo o saborizarlo con un derivado del cacao ha adquirido carta de naturaleza para el desayuno infantil. Pues qué bien.  Por cierto: hay niños a los que no les gusta la leche de vaca. Algunos la rechazan enfaticamente. En tales casos no es una mala idea considerar que es probable que, a esos niños, la leche no les sienta bién. Motivo para investigar si están afectos de intolencia a la lactosa o a las proteinas de la leche de vaca y deban evitarla.                                     Hay que recordar las escasas contraindicaciones de otras bebidas calientes como en té o el café cuyas limitaciones en la infancia tienen más de cultural que de sanitario. El carácter estimulante de las trimetilxantinas las ha convertido en el “despertador” biológico más común. Tienen además un cierto caracter adictivo. Por eso debiera ser preferible que se consumiesen por gusto y no por sus efectos neurolépticos. Los pediatras neonatólogos llevamos años prescribiendo cafeína a delicadísimos bebés prematuros de menos de 1 kg de peso para que no se duerman del todo y se olviden de respirar. 5 mg/kg de peso. Una taza de expresso (recordamos que “expresso” viene de exprimido, no de rápido) de 50 gramos no llega a los 180 mg de cafeina, buena para individuos de más de 30 kg de peso o adolescentes. Pues a los niños, como decían las antiguas prescripciones, mitad de la dosis. Pero como que no deberia ser necesario despertarse, pues café descafeinado.

Parte del titular de este post hace referencia a la película de Blake Edwards de 1961, sobre una novela de Truman Capote, protagonizada por una deliciosa Audrey Hepbrun y el rubio del Equipo-A, un juvenil George Peppard. Los tradicionalmente cutres traductores de las distribuidoras de cine españolas cambiaron el original “Breakfast at Tiffany’s” por un materialista Desayuno con diamantes, con el habitual desprecio por los espectadores de quienes, muy seguramente, consideraban que no podían saber que Tiffany’s es la más famosa joyería de la ciudad de Nueva York. La película originalmente la tenía que protagonizar Marylin Monroe, pero su mentor Lee Strasberg, le recomendó que no lo aceptara porque el rol de pendón mañanero podía dañar su reputación (sic!). Los productores de la Paramount prefirieron a la Hepbrun para el papel de Holly Golightly, ella tan mona, tan educada y tan hija de unos diplomáticos centroeurpeos, a quien no le importunó el papel de dama de la noche. En las escenas iniciales del film, Holly se está comiendo, de madrugada, un bollo (quizá un croissant) delante de los escaparates de Tiffany’s. Un desayuno deplorable. Volved a ver la peli.

X. Allué (Editor)

 

 

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Written by pedsocial

2 febrero 2018 a 7:00

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