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Quemaduras

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El otro día estuve visitando una unidad de Grandes Quemados en un gran hospital terciario, por un motivo que no viene al caso (Bueno, los que me conocen, a mi y a mi hermana, ya saben del “caso”). En mi curiosidad pude apreciar que, en aquel momento, habia cuatro niños pequeños ingresados. Tres por accidentes domésticos y un cuarto por un incendio en un domicilio que también se podría interpretar como accidente en el hogar. Tal no debe sorprender porque es en el hogar que, como su origen etimológico refiere, es un sitio donde hay fuego. En la Catalunya antigua, las estadísticas de población se hacían contando “fogars”: el número de fuegos u hogares en un territorio. Quienes no tuviesen ni un fuego, un hogar, donde acogerse, no formaban parte de la realidad.

Y en el hogar es donde más tiempo pasan los niños pequeños, antes de la escolarización. O sea que esa coincidencia: fuego y niños, es el escenario de las quemaduras infantiles. En otras entradas ya nos hemos referido a estas cuestiones. (Ver Accidentes) Y hemos llamado la atención sobre los aspectos sociales de las causas de los accidentes.

En mi visita a la Unidad de Quemados no pude dejar de notar que los cuatro pacientes ingresados eran de familias de emigrantes extracomunitarios recientes. (Sí, ya sé que esto es un eufemismo que, en otros tiempos, se definirían con referencias étnicas o incluso raciales. Pero vamos a dejarlo así.) Con ello, se podría añadir otra categoría: pobres. Pocas dudas ahí.

Esa es la constelación social de las causas de las quemaduras infantiles: familias emigrantes, niños pequeños, pobres o incluso en los límites de la marginación. Seguro que las viviendas no son adecuadas, que el hacinamiento es común, que los recursos para elaborar alimentos suelan ser de fuego vivo y no vitrocerámica, que puede haber más de un niño pequeño en la familia, etc. Luego vienen algunos condicionantes culturales pues las madres suelen traginar con los churumbeles pegados a sus faldas o incluso en brazos o colgados de una pieza de tela (toto wrap o sling) que los acercan a fuentes de calor o llama. O, más comunmente, moviendo liquidos calientes de un lado a otro.

Me comentan las enfermeras de la Unidad: “El maldito té, quema más niños que ninguna otra cosa”. Efectivamente, las escaldaduras son las quemaduras más frecuentes. Las culturas de paises cálidos descubrieron mucho antes que Pasteur, que la única garantía de que el agua fuese potable era hervirla. Pero como Pasteur aún no les había dicho porqué, hervirla sólo no tenía demasiado sentido. Así que la justificación del hervido es la infusión: de hierbas, de raices y otras plantas. Aunque el agua del grifo sea aquí potable, no les va a cambiar el gusto por las infusiones.

No son, por tanto, accidentes. Son incidencias de situaciones sociales que, en si mismas, representan riesgos para la población vulnerable infantil. La prevención pasará por medidas sociales que, a su vez, favorezcan la culturalización que les aproxime al siglo XXI occidental. Eso de la integración de los emigrantes es un poliedro con muchas caras a tener en cuenta.

X. Allué (Editor)

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Written by pedsocial

31 mayo 2018 a 7:05

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