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Archive for enero 2019

Human Rights and Health in 2019

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This the Editorial of The Lancet of January 26, 2019

A pattern of political turmoil, violence, and intolerance in all corners of the world, from Europe to Asia and the USA, is following a rise of populist leaders and authoritarian governments. Human rights are under autocratic threat. Once-influential rights defenders, such as the USA, have faded away, risking a void in the global defence of human rights. This gloomy reality is underscored in Human Rights Watch’s World Report 2019, released Jan 17, which summarises key human rights issues in nearly 100 countries and territories worldwide. This year’s annual report sends a clear message: that human rights violations propagated by autocratic leaders throughout 2018 continue to imperil the health of the world’s most vulnerable populations.

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A grim picture, but notice the final sentence:

global unity is a force that needs to be harnessed to truly shift the power dynamics in 2019 and to make it a year of triumph for both human rights and health. It will be a tough journey.

Alas! there is hope, but the burden is on us.

X. Allué (Editor)

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31 enero 2019 at 6:09

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El rescate de un niño muerto

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Las desgracias, como acontecimientos, tienen la tendencia a convertirse en sucesos. Y los sucesos, a su vez, en noticias. Años de pasarnos por redacciones de periódicos y emisoras de radio nos han enseñado que hay un espacio para los sucesos: las crónicas de sucesos, en su mayoría de carácter luctuoso. Pero también nos enseñaron que no todos los sucesos son noticia. Y que, en general, los sucesos dejan de ser noticia en cuanto aparecen otro nuevos.

Pero las cadenas de televisión tienen otros principios. A pesar de la enorme ventaja o complemento de las imágenes y, aún más, de las imágenes en movimiento que ofrece la televisión en directo o en diferido, la exposición de las noticias no ha conseguido separarse de la parte de espectáculo que la televisión tiene heredada del cine. Los noticiarios en el cine, que habitualmente aparecían como complemento del espectáculo cinematográfico, perdieron su espacio con la aparición de la televisión. De memoria más o menos infausta por su parcialidad y culto al estado nacional-católico del franquismo estuvieron los Noticiarios y Documentales, el No-Do, que durante décadas parasitó nuestra atención en los tiempos en blanco y negro de la dictadura.

La mezcla de la batalla por la audiencia con la necesidad de cubrir todos los horarios durante las 24 horas del día han conducido al esperpento de convertir en noticia cualquier suceso  y, como su evolución se prolongue en el tiempo por la razón que sea, instalar el suceso como acontecimiento histórico de continuidad, genere o no hechos noticiables. Los canales generalistas privados extienden sus programas de noticias intercalados con paneles de coloquio, transmitiendo la actualidad desde corresponsalías como si de un evento continuo, como un partido de fútbol, se tratara.

Lamentable y vergonzante ha sido el tratamiento concedido al rescate de un niño pequeño precipitado en un pozo de pequeño diámetro abandonado, durante las dos semanas que ha tomado la recuperación del cadáver. Algunas cadenas mantenían una imagen continua en un recuadro incluso cuando era evidente que no había actividad alguna en el lugar, mientas los contertulios pontficaban desde su habitual ignorancia sobre el hecho, sus orígenes y su evolución.

Todo ello coincidía en el tiempo con las lamentablemente tremendas situaciones de los emigrantes africanos ahogándose en las aguas del Mediterráneo, junto con los impedimentos administrativos gubernamentales a autorizar la salida al mar de los barcos de organizaciones dedicadas al rescate de náufragos.

Un niño muerto bajo tierra origina una atención que varias docenas de niños ahogados no tienen porque filmar las olas de mar que los ha engullido tienen poco atractivo. Solo si esas olas empujan un cadáver a la orilla como el de Aylan Kurdi, el niño sirio hallado muerto en una playa del mar Egeo hace dos veranos, alcanzan el espacio de los noticiarios.

En catalán se emplea la frase “…deberíamos hacérnoslo mirar“, mejor o peor traducida de la idea de que ciertas realidades merecerían atención facultativa. Quizás lo que debemos es precisamente no mirar. No regalar nuestra atención a las truculencias del morbo televisivo. A lo mejor conseguimos que, al disminuir las audiencias, los desalmados directivos de las cadenas y los malos periodistas que les obedecen renuncien a su perversidad interesada. Especialmente cuando se trata del dolor y la muerte de niños.

X. Allué (Editor)

 

(Imagen de archivo de la Guardia Civil)

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29 enero 2019 at 6:18

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Lecciones de Anatomía…social: el istmo de las fauces

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Desde que lo oí por primera vez, lo del istmo de las fauces me resultó como un lugar extraordinario, mítico, y hasta feroz. El istmo de las fauces suena como el paso de Natersa, la puerta de Tanhauser o las del propio infierno: un lugar de fantasía medieval, gótica, terrible, al que atravesar con dificultades. Peor que los estrechos de Scilla y Caribdis…

Pero el istmo de las fauces es un lugar anatómico conformado por los pilares amigdalares, cuando la boca da paso a la faringe: la garganta, el “gargamalló” en catalán. Habitualmente paso franco del aire de la respiración y de los alimentos.

Hace poco se preguntaba “El médico de mi hijo”, Jesús Martínez Alvarez: “¿Por qué les preocupa a los padres tanto la garganta?” y se respondía a si mismo diciendo que  es “porque la garganta la ven”. Cierto. Pero mi respuesta de antropólogo médico ha sido que, probablemente, por un miedo atávico, retenido en la mente colectiva. Miedo al “garrotillo”, miedo a las amigdalitis estreptocócicas, a la angina o las anginas más o menos ominosas.

Como tantos pediatras, durante años los depresores de lengua de madera han figurado como parte de mi equipo standard de exploración. Mi padre, pediatra de la primera mitad del siglo pasado, diseñó e hizo construir un depresor de acero inoxidable provisto de unas abrazaderas que albergaban una linterna y que tenía un mango que permitía manejarlo con una sola mano como si fuera una pistola. Algo parecido a un laringoscopio convencional. Muy útil en sus manos. Ahora se lleva usar la linterna del móvil y un poco de persuasión.

No creo que hay dejado de mirarle la garganta a ninguno de los miles de niños que he explorado en mi largo periplo profesional. Con la experiencia aprendí a dejar esa exploración para el final para evitar llantos y pataleos, habituales en los preescolares cuando alguien quiere meterles algo en la boca y provocarles arcadas. También aprendí que a los niños que han sido atendidos anteriormente por pediatras expertos es mucho más fácil mirarles la garganta dejando que ellos sujeten el “palito” y pidiéndoles que, simplemente, abran la boca y digan “Aaaah!”.

Mi mencionado largo periplo profesional me dio la oportunidad de ver anginas diftéricas, con las ominosas placas casi cerrando el paso del aire, varios cientos de amigdalitis que probaron ser estreptocócicas y muchísimo más, miles, de faringitis con exudados de origen viral. Seguro que la mayoría de la gente ni siquiera ha oído hablar de la difteria, aunque queda un recuerdo de que algo que afecta a la garganta puede ser peligroso en los niños.

Pero el “lore“, el conocimiento popular está, sobre todo, en que cuando en las amígdalas hay placas de exudado, los médicos recetan antibióticos. Y los antibióticos quieren decir eficacia. Una buena parte de la antibioticoterapia innecesaria la han motivado los exudados faríngeos. Y la consecuencia es la creciente resistencia bacteriana a los antibióticos.

En algún punto de mi formación, mi bacteriólogo favorito me convenció de que, en la garganta, en el istmo de las fauces, hay una abundante y rica flora bacteriana, toda ella saprofita y, por tanto, inocua. Las excepciones son el mencionado Estreptococo β-hemolitico Tipo A, el también referido Bacilo Difterico (Corynebacterium diphtheriae)y luego ya los mucho más raros como las antiguas Pasteurelas, de la peste (Yersinia pestis) y la Turalenseis (Francisella tularensis). Y el gonococo (Neisseria gonorrhoeae). Todo lo demás, aunque estén presentes en los cultivos faríngeos (Haemophilus, Pneumococos, etc.) no deben considerarse como responsables de patología faríngea, de anginas.

Como difteria hay poca (no debiera haber ninguna) y la peste también es rara, lo suyo es hacer un strep-test y solo si es positivo pensar en el tratamiento antibiótico.

Socialmente hay que desactivar el istmo de las fauces como el ominoso pasadizo y puerta de las infecciones. Aunque pique la garganta.

X. Allué (Editor)

 

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25 enero 2019 at 21:17

La percepción de la muerte en la infancia

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Hablar de percepciones siempre es algo impreciso, difícil de generalizar y variable. Lo que piensan los niños de la muerte lo es. Depende de edades, experiencias y momentos. La mera anteposición de vida o muerte tampoco se plantea hasta ciertas edades.

Sin embargo los niños conocen, utilizan y hasta sufren con la muerte en su entorno. Menos claro queda cuando se trata de la muerte propia.

Este blog no da para un ensayo profundo del tema, pero si para poner sobre el tapete (la pantalla del ordenador) que para los profesionales de la asistencia sanitaria es conveniente obtener algún conocimiento de la percepción de la muerte que puedan tener sus pacientes.

Probablemente mientras persiste el pensamiento mágico, hasta los seis o siete años, la muerte es un fenómeno que les pasa a otros y no reviste un carácter ominoso y definitivo. Aunque hayan contemplado la muerte de algunos seres vivos, insectos, pájaros o mascotas, la visión más común será la que adquieren en juegos o en los dibujos animados del cine o la televisión. Los personajes pueden padecer tremendos descalabros, caídas o aplastamientos de los que se recuperan sin transición en la secuencia siguiente, ya sea el coyote del Correcaminos, el gato de Tom y Jerry o el mismísimo Bob Esponja de los pantalones cuadrados (SpongeBob SquarePants). Un montón de juegos de videoconsola consisten en “matar” algo o a alguien, que luego se traduce en un simple número de los resultados. Incluso en la adolescencia, las “muertes” en las pantallas de cine o cualquier otro sistema de imágenes, no pasan de tener una realidad fugaz y distante. No afecta a nadie conocido y son “los malos”, los indios que asedian el fuerte, los talibanes que enboscan a los marines, los narcos que quieren secuestrar a la chica…

La propia liturgia funeraria cinematográfica reproduce con frecuencia la liturgia militar norteamericana: un enterramiento en la tierra de un montículo con césped, un ataúd cubierto con una bandera de colores vistosos, una escuadra de fusileros disparando salvas y todo ello bajo la lluvia y los acordes de “Amazing grace” tocados con una gaita escocesa.

Cuando era niño, vivíamos en la plaza donde estaba la parroquia del barrio. Recuerdo con que frecuencia desde la ventana veía un cortejo fúnebre de un niño. El servicio de pompas fúnebres disponía de varias carrozas negras tiradas por caballos empenachados. Y una totalmente blanca, tirada a su vez por caballos píos que llevaba un ataúd pequeño blanco, del que colgaban una cintas que portaban andando al lado de la carroza los amiguitos y compañeros de escuela del niño difunto. Por entonces los niños se morían y los niños lo sabían. De enfermedades infecciosas, de malformaciones… uno de cada veinte antes de los cinco años. En cada bloque de casas había una familia que había perdido un hijo. La muerte infantil formaba parte de la realidad social.

La muerte de las generaciones superiores, abuelos o padres, cuando no sucedan en la inmediatez, se funden con la ausencia. Los que ya no están.

Los niños que padecen enfermedades crónicas pueden sentir la proximidad de la muerte propia. Especialmente los que, en hospitalizaciones prolongadas, pueden llegar a contemplar la desaparición–la muerte–de otros niños hospitalizados, como puede suceder en los servicios de Oncología.

Cómo gestionar el conocimiento de la muerte es una tarea ardua, difícil y comprometida. Ya lo es cuando hay que llevar la idea a los familiares del niño. Para hablar con el niño es conveniente asignar la tarea a quien más experiencia tenga, no dar nada por supuesto y manejarse con prudencia extrema. Es mejor mantenerse alejado de los peculiaridades simbólicas y religiosas, cuya percepción es difícil de conocer en los niños y, en la medida de lo posible, evitar los dolores y dificultades y separarlos de la propia muerte. En algún punto hay que recordar que la muerte no duele.

Tema aparte es la consideración de la muerte propia autoinfligida: el suicidio. Eso, otro día.

X. Allué (Editor)

 

 

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22 enero 2019 at 6:44

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Violencia

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Unos resultados electorales en Andalucía con la irrupción de un partido de la ultraderecha en la panoplia del parlamento andaluz ha puesto, curiosamente, el tema de la violencia en la actualidad de los medios en el estado. La proposición extremista y sesgada del tal partido del significado de la violencia, intentando de alguna forma generalizar la existencia de violencia y, con ello, minimizar la tremenda realidad de la violencia contra las mujeres, ha despertado rechazos y denuestos múltiples. Hace un rato (martes, 15 de enero) una multitudinaria manifestación de mujeres ha amenizado el acto de investidura del nuevo presidente de la Comunidad Autónoma andaluza con una sonora repulsa.

Los políticos son muy hábiles cuando se trata de distraer la percepción de la realidad y, con ello, ocupar espacios en la actualidad mediática. Dar la impresión que minusvaloraban la violencia de género, los feminicidios, ha conseguido una presencia en los medios que de otro modo no hubiesen tenido.

Desde este espacio ya nos hemos manifestado repetidamente en contra de la violencia en todas sus formas y, naturalmente, la que afecta principalmente a los niños. Y hemos insistido en que cualquier violencia contra una mujer que tenga hijos es violencia contra esos hijos. Si siempre se ha considerado que mentarle a uno la madre como el peor de los insultos, que no será simplemente matarla…

El ámbito doméstico, de las familias y sus vidas privadas puede parecer que separa situaciones de cuando lo que sea, la violencia en este caso, tiene lugar en otros ámbitos, en la calle, en el trabajo o en la escuela. También intenta establecer alguna diferencia entre la violencia ejercida cuando existe alguna relación entre agresor y víctima y la que se pueda producir entre desconocidos. La violencia es violencia donde quiera y cuando se produzca. Lo que sucede es que la violencia en ámbitos de proximidad tiene la posibilidad de ser continuada, reiterativa.

El lenguaje tiene sus trampas. Gramaticalmente agresor es un término del género masculino y, en cambio, víctima lo es femenino. Los filólogos no se cansan de decir que el género neutro en español suele sonar masculino. Con el debido respeto a los colectivos feministas, retorcer el lenguaje hasta feminizar el género que deba ser neutro, no alcanza más allá de ese retorcimiento. Y decimos esto en la conciencia de que hablamos desde nuestro cromosoma pero intentando ser eclécticos. Cuando se tratan los temas en idiomas distintos se puede comprobar, como sucede con las lenguas anglogermánicas, que el género lo definen los pronombres y que el género de muchas cosas no es siempre traducible, con las confusiones que ello aporta. (Por ejemplo, en inglés, todos los vehículos, coches, aviones, barcos, naves espaciales, etc. son femeninos. Poner combustible a un automóvil es “llenarla”, no llenarlo).

Todo ello: piruetas de partidos políticos, valoraciones sociales sobre distintos ámbitos o cuestiones gramaticales, no debieran distraernos de que la violencia, en cualquiera de sus formas, siempre se ejerce sobre los más débiles. Y de que la erradicación de la violencia debe servir para, precisamente, proteger a los débiles. En el caso de los niños, es evidente.

Detectar situaciones de violencia es una obligación de todos los profesionales asistenciales dondequiera que ejerzan su actividad. Y denunciarlas con prontitud y eficacia, mandatorio.

X. Allué (Editor)

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15 enero 2019 at 18:31

La sensibilitat de Jaume Plensa

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Aquests dies al Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) hi ha una exposició de l’obra de l’artista plàstic Jaume Plensa. Simultàniament, al Palau de Cristal del Retiro madrileny es mostren unes escultures transparents gegantines del mateix autor.

Una de les peces de Plensa al MACBA porta el títol de “Glückauf?”, i data de 2004. Es tracta d’una renglera llarga de fils que pengen i als que van lligades un considerable nombre de lletres, aparentment sense ordre, fetes de llautó i que, com a una cortina xinesa tentinegen quan es mouen quan les toca algú o pel simple moviment de l’aire.

L’observador curós, però, podrà comprovar que totes juntes componen un text, de dalt a baix, en anglès que correspon a la Declaració dels Drets Humans de 1948.

Cap al mig, es pot llegir l’article 25 apartat 2, que diu: Motherhood and childhood are entitled to special care and assistance. All childrenwhether born in or out of wedlockshall enjoy the same social protection. (La maternitat i la infància tenen un dret a atenció i assistència especial. Tots els nens, siguin nascuts dins o fora del matrimoni, gaudeixen de la mateixa protecció social.)

Ja és curiós que els benevolents homes de l’Assemblea de les Nacions Unides, el 1948 fixessin la seva atenció en el fet que els nens poden nàixer “dins o fora del matrimoni”, lligant la procreació, un fenomen biològic, al matrimoni, un costum social. És evident la influència de les religions en els redactors de la “Declaració”, per fer aquest redactat.

En qualsevol cas, el dret a la protecció resta declarat solemnement i d’això ens congratulem, com ens congratulem que en Jaume Plensa hagi estat prou sensible com per a incloure-ho a la seva obra.

Gluck auf? Ja. Bona sort a tothom.

X. Allué (Editor)

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12 enero 2019 at 19:03

Frutas escarchadas

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frutas escarchadasLa tarde del día de Reyes siempre me ha parecido el verdadero Fin de Año. Los jolgorios de las fiestas navideñas en nuestro entorno que deben recordar el comienzo del nuevo año, del solsticio, en realidad lo difuminan. Las reuniones familiares convidan a los recuerdos. El reencuentro sirve para el relato del pasado más o menos reciente y eso lo integra en el tiempo del año pasado. El final de fiestas, la epifanía de que algo nuevo llega, realmente se manifiesta ahora.

Del roscón de Reyes siempre quedan, abandonadas a su suerte, unas cuantas piezas de frutas escarchadas. Los gustos han cambiado y, con la excepción del abuelo, a la mayoría las frutas escarchadas les resultan demasiado dulces. Los orígenes aragoneses del abuelo le mantienen la afición a esas frutas cocidas y azucaradas hasta la saturación. Contemplándolas me evocan, si es que el futuro se pudiera evocar, el abandono de lo que queda por venir. Varias piezas del futuro año van a tener que surgir de los dulces relegados al olvido.

Los mejores planes para el nuevo año van a tener un comienzo inseguro, como es el intento de remediar lo que en el pasado no se pudo.

El frío nos recordara que todavía amplios sectores de nuestra población, de la población infantil, no cuenta con una climatización adecuada en viviendas precarias a las que les condena la pobreza. Los niños en situación de marginación y vulnerabilidad son aún demasiados. Los azúcares exagerados son uno de los componentes de dietas inadecuadas cuya consecuencia viene a ser la epidemia de obesidad infantil a la que no parece que podamos ponerles freno.

Al mismo tiempo, si ampliamos la mirada podemos ver que el hambre, la malnutrición continúan siendo la causa de mortalidad precoz más extensa en el mundo. Si lo sumamos a todo lo que contribuye a empeorar las condiciones climáticas y, con ello, dificultar la producción de alimentos, contemplamos lo que se ha definido como la  Global Syndemic of Obesity, Undernutrition and Climate Change, La sindemia de obesidad malnutrición y cambio climático.

Lo que tiene de capricho algunas de las celebraciones nos evoca lo que también tiene de capricho la decisión de no vacunar a los niños. La falta de racionalidad, la inconsistencia de las argumentaciones, el griterío que acompañan las manifestaciones de los antivacunas tiene más de veleidad o extravagancia, propia de personalidades acomodadas que se resisten a aceptar lo que entienden como imposición. Mientras que no dudan en instalar protecciones antivirus en sus ordenadores personales, prefieren dejar a sus hijos expuestos a enfermedades reemergentes que creíamos olvidadas.

La violencia contra las mujeres, la que ocurre en el seno de las familias o en las escuelas (bullying), tienen a los niños como sus principales víctimas secundarias o directas.

Los profesionales que nos dedicamos a la atención a la infancia iniciamos el año con un estímulo a la vigilancia de los indicios o signos iniciales de todas esas lacras. No sólo hemos de extremar la sensibilidad sino que estamos obligados a rendir cuentas de lo que hacemos.

Todo ello debe estar presente y no quedar abandonados a su suerte como las frutas escarchadas porque, de repetidas cada año, han perdido el interés.

X. Allué (Editor)

 

 

Written by pedsocial

7 enero 2019 at 8:16