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Blog de Pediatria Social

Archive for junio 2019

Emigración y niños muertos

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A ver que hacemos con esto:

 

X. Allué (Editor)

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26 junio 2019 at 8:59

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Interrupción del embarazo – aborto

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La Universidad de Edimburgo nos dice “que el acceso al aborto ha resurgido en los medios y en el discurso popular en los últimos años, a medida que las reformas legislativas progresivas han alcanzado un crescendo en su rechazo a los avances logrados durante el siglo XX. En contextos geográficamente diversos, las agendas restrictivas de derechos reproductivos han sido una parte prominente, pero a menudo pasada por alto, del aumento de los movimientos políticos de la derecha. A la luz de la epidemia del virus del Zika en las Américas, los derechos reproductivos y la justicia han estado en el centro de las narrativas de control de enfermedades infecciosas. En los EE. UU., Los proyectos de ley de “latido del corazón” contribuyen a una tendencia continua en la definición de posiciones morales en términos biomédicos. En medio de estas luchas, se han logrado pequeños avances legales en algunas partes de América Latina y profundas transformaciones en Irlanda, mientras que el acceso en línea a las píldoras de aborto ha empujado la lucha por la justicia reproductiva más allá de los límites de los estados. En este terreno en rápido cambio, la Red de Reproducción de Edimburgo (RED) en el Centro de Antropología Médica de Edimburgo invita a académicos, activistas y profesionales a discutir cómo podemos responder colectivamente“.

Este blog ha renunciado conscientemente ha tratar los temas sobre la interrupción voluntaria del embarazo en parte por la controversia que contiene y, también, por entender que se encontraban fuera del ámbito de la Pediatría social sensu stricto. Nos hemos referido exclusivamente a lo que concierne el embarazo adolescente y sus implicaciones, como cuando reproducimos el manifiesto de las sociedades cintíficas sobre la ley del aborto de 2013, o al hablar del embarazo adolescente y su interrupción (Abortar a los 16, hace más tiempo)

La convocatoria de este “Resist: Abortion Rights, Access and Justice Workshop“. nos ha llevado a reproducir el anuncio y, de paso, comentar el planteamiento.

Efectivamente se contempla un retroceso en varios derechos conseguidos en el ámbito social, parejo con la preminencia de los partidos dichos de “derechas” por llamarlos de alguna manera. Principalmente están constituidos por hombres, conservadores y con escasa tolerancia y comprensión hacia la realidad de los problemas. Las argumentaciones se encolumbran en conceptos de supuesta ética y principios morales en materias que, personalmente, no les afectan a ellos. Notoria es la participación de los clérigos católicos, tan inflexible es estas materias y tan difusa cuando se trata de la extendida pederastia entre sus miembros. Sólo se me ocurren groserías para comentar tanta incuria.

La obligación de quienes nos cuidamos de la salud física, mental y social de los menores es concentrar nuestras convicciones y poner de manifiesto nuestros desacuerdos con los giros retrógrados de autoridades que carecen de sentimientos, de formación o de voluntad de justícia.

El llamamiento de la Universidad de Edimburgo resulta notablemente oportuno.

X. Allué (Editor)

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25 junio 2019 at 6:48

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Vacaciones

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Vacacioooones!!!!

…escolares.

Los demás y, especialmente, las familias sin una red social y pocos recursos, a echarle imaginación. Mi solidaridad. Y recordarle a las autoridades (todas) que criar niños es una prioridad para nuestro futuro y, de eso, no podemos tomarnos vacaciones.

 

X. Allué (Editor)

 

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21 junio 2019 at 4:29

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Recomendaciones de los pediatras para los niños que van de colonias

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El verano está ahí y miles de niños se van de colonias veraniegas, una excelente opcion vacacional. Pero hay que prepararse:

La Academia Americana de Pediatría acaba de publicar la guía de recomendaciones para niños que van de colonias veraniegas

La Asociación Española de Pediatria publica en su página En familia una serie de recomendaciones para el tiempo libre de los niños.

Esplais catalans publicaren la seva Guia dels esplais .

Que no sea por falta de información.

 

X. Allué (Editor)

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20 junio 2019 at 6:08

Cuando el abusador es el maestro

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Me cuesta ponerlo así en el titular por el enorme respeto que me mercen todos los dedicados a la enseñanza en general y los maestros en concreto. Un abusador infantil en la escuela no es un maestro; es un monstruo, un psicópata o un hijo de puta en ese orden o el inverso.

Unos padres de una población cercana, preocupados por cambios en el comportamiento de su hijo, principalmente una regresión en su control de esfínteres, sospecharon que no estaba siendo bien tratado en el parvulario. La sospechas se confirmaron cuando tomaron la iniciativa de ponerle al niño una grabadora y comprobaron los insultos, las vejaciones a su niño y, por cierto, también a otros porque el registro alcanzaba a grabar lo que ocurria en el aula.

El caso puesto en conocimiento de las autoridades judiciales y académicas ha llegado a los medios y, de momento cautelarmente, se ha separado al abusador (abusadora en este caso) del niño y de la escuela.

Presunciones de inocencia aparte, los hechos seguirán el recorrido judicial que se estime oportuno. Ello no es demasiado reconfortante porque a la vista de como funciona el sistema judicial en esta parte del mundo, por lo que sé, se mantiene una considerable distancia entre la justicia, la ley, el derecho, la verdad, la realidad y la razón. Además, lo que se ha hecho al niño no va a tener ya remedio. Vendrá la superación, ayudada por la resiliencia de la víctima. La disposición e inteligencia de los padres tendrá una gran importancia también en pasar las páginas necesarias para que el trancurso del tiempo alivie las consecuencias. Pero el mal ya está hecho y no podemos fácilmente cuantificarlo. Ya hemos explicado varias veces que los malos tratos pueden dejar huellas perennes en las víctimas. Hasta incluso modificar su genoma, su epigenoma, de manera que incluso puedan afectar a los descendientes de la víctima en transmisión trans-generacional.

Lo que entiendo menos es que la situación no fuese detectada por el otro personal docente de la escuela. Las plantillas escolares no son muy grandes, la convivencia es próxima y continuada…¿ De verdad en esa escuela nadie había notado el comportamiento anómalo de la abusadora? ¿Ningún supervisor había notado nada?

Como para hacérselo mirar. En esto de los malos tratos no hay inocentes. La negligencia en su detección cuando suceden en un establecimiento público genera también responsabilidades. El sistema escolar no es perfecto, pero los niños son demasiado importantes como para que sucedan cosas como las relatadas y no se hayan podido evitar o prevenir.

Los que nos ocupamos de los niños desde fuera de la escuela también tenemos la obligación de estar atentos a situaciones que puedan afectar a los menores y contribuir a la detección de desafueros como los relatados.

X. Allué (Editor)

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17 junio 2019 at 19:25

Sindrome de Gilles de la Tourette – Guia clínica (resumen) 2019

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La American Academy of Neurology publica estos días la guía clínica para el Síndrome de Gilles de la Tourette. En este blog ya nos hemos referido a los tics y al síndrome GT anteriormente. Aunque es evidentemente un trastorno neurológico, como tantos otros de los trastornos de la vida de relación, tiene potentes caracteres de patología social.

Lo que sigue es una traducción del resumen de la mencionada guía clínica, publicado por Medscape:

 

Comorbididades

Necesidad de una evaluación de los trastornos comórbidos

Se debe evaluar el TDAH comórbido en personas con tics, la carga de los síntomas del TDAH y asegurarse de proporcionar el tratamiento adecuado para el TDAH.

Evaluar la comorbididad con un Trastorno Obsesivo-compulsivo en personas con tics y asegurarse de que se proporcione el tratamiento apropiado para el TOC

Asegurarse de que se realicen exámenes de detección de ansiedad, trastornos del humor y trastornos de conducta perturbadores en personas con tics.

Preguntar al paciente sobre sus pensamientos e intentos suicidas y referirlo a los recursos asistenciales apropiados.

Tratamiento alfa-agonista

Si se trata a pacientes con tics con agonistas alfa2-adrenérgicos, se deben controlar la frecuencia cardíaca y la presión arterial.

Si se prescribe tratamiento con fármacos de liberación prolongada de guanfacina, el intervalo QTc debe controlarse en pacientes con antecedentes de afecciones cardíacas, en pacientes que toman otros agentes prolongadores de QT y en pacientes con antecedentes familiares de síndrome de QT largo.

Disminuir gradualmente los agonistas alfa2 adrenérgicos para evitar la hipertensión de rebote.

Tratamiento antipsicótico

Asesorar a los pacientes sobre la propensión relativa de los antipsicóticos a los efectos adversos extrapiramidales, hormonales y metabólicos.

Al prescribir antipsicóticos para los tics, prescribir la dosis efectiva más baja para disminuir el riesgo de efectos adversos.

Si se prescriben antipsicóticos, realizar un ECG y medir el intervalo QTc antes y después de comenzar a usar pimozide o ziprasidone o si los antipsicóticos se administran conjuntamente con otros medicamentos que pueden prolongar el intervalo QT.

Estimulación cerebral profunda

Confirmar el diagnóstico DSM-5 del síndrome de Tourette y excluir los movimientos de tipo tic secundarios y funcionales cuando se considera Estimulación cerebral profunda para tics resistentes a los medicamentos.

Un psiquiatra debe evaluar a los pacientes antes de la operación y seguir a los pacientes después de la operación para detectar trastornos psiquiátricos que pueden impedir el éxito a largo plazo de la terapia.

Confirmar que se hayan administrado (o estén contraindicadas) múltiples clases de medicamentos (antipsicóticos, reductores de dopamina, agonistas alfa2) y terapia conductual antes de prescribir ECP para los tics.

_________________________

Además debemos insistir en la conveniencia de compartir con el profesorado el diagnóstico y solicitar que se haga llegar a los compañeros de clase y escuela. El SGT es una discapacidad como cualquier otra y una especial sensibilidad y protección en el entorno es necesaria.

X. Allué (Editor)

Nota: en la imagen que acompaña este post se muestra un retrato del neurólogo francés Georges Albert Édouard Brutus Gilles de la Tourette

 

 

 

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14 junio 2019 at 8:07

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Burnout

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La OMS ha incluido el Burnout en el Código Internacional de Enfermedades, nos dicen las noticias. No tengo claro si esto es bueno o no. El Código Internacional de Enfermedades, en su modificación clínica y, ahora, en su edición 10 (CIE-MC 10), és un excelente documento que hay que conocer a fondo y que debería formar parte de los textos recomendables en la licenciatura de Medicina. Pero en su origen era un documento para uso y consumo de la empresas de seguros médicos norteamericanas con el objeto de coordinar las prestaciones en función de los diagnósticos: el dinero, el sucio dinero…

Que la disfunción laboral entre a formar parte del catálogo de enfermedades comunes y no sólo del Manual de Diagnóstico de las enfermedades mentales (MSD – 5) puede ser un avance. En principio los niños, que por que lo son no han alcanzado la edad laboral, no padecen burnout. Aunque no estoy seguro de que, si sometemos a nuestros niños a una escolarización forzosa que incluye un horario equivalente al horario laboral desde los 3 años, no tengan derecho a “quemarse” como cualquier otra persona de más edad. Eso es, sin embargo, harina de un costal distinto. Como los lectores de este blog sí que son personal con riesgo de padecer burnout, ofrecemos a continuación un texto del que somos autores, que formó parte de una ponencia a un congreso de Pediatria, por si puede ser de interés:

 

EL PEDIATRA QUEMAD@

Publicado como “El pediatra quemado”, Allué X. An Pediatr (Barc) 2004; 60(supl 4):133-136

Introducción.

El término “quemado” aplicado al sentimiento de frustración profesional, se origina del “burn-out” en inglés. Se refiere a cómo se sienten y, también, como a veces son vistos por sus colegas o incluso sus superiores aquellos que por sobrecarga de trabajo y horarios, escasa remuneración y falta de apreciación por sus esfuerzos, adquieren una actitud de apatía, desengaño, frustración y, a veces, depresión, aunque no haya alcanzado una categorización psiquiátrica específicai. Algo hace que ahora los pediatr@s nos sintamos cada vez con mayor frecuencia quemad@s.

C. Maslach definió ya en 1976ii el burn-out como un síndrome de respuesta al estrés laboral de larga duración, caracterizado por desmotivación, desinterés, malestar e insatisfacción que puede ocurrir entre individuos o profesionales que trabajan con personas. Este síndrome vendría caracterizado por tres dimensiones interrelacionadas: agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal. Más tarde iii, en 1981, se diseñó un cuestionario que es el más utilizado y validado para la valoración de este síndrome. En los últimos años se ha estudiado en diferentes colectivos, policías, funcionarios y personal sanitario, especialmente de enfermería.

El término ha hecho cierta fortuna y su empleo se ha ampliado generosamente a múltiples situaciones de insatisfacción, a menudo sin profundizar exactamente en su significado.

Ateniéndose a la descripción inicial y a la categoría generada por la evaluación mediante el cuestionario de valoración, la aplicación estricta del diagnóstico debería limitarse a personas claramente sintomáticas, siempre que no pudiesen incluirse en otra categoría de las contempladas en los manuales de diagnóstico psiquiátrico. Como quiera que, lo mismo que en otros trastornos mentales, la propia apreciación del sujeto resulta fundamental para su diagnóstico, la propia expresión de malestar y su relación con el estrés laboral requiere el conocimiento de la categoría por el profesional. En una aproximación ciertamente jocular el British Medical Journal publicaba una viñetaiv en la que un atrabiliado facultativo anuncia: “no puedo ni siquiera diagnosticar si estoy quemado (“burn-out”), derrotado o simplemente sobrecargado de trabajo”. La incapacidad de precisar lo que a uno le pasa puede bien ser parte del burn-out, como lo es la incapacidad de decidir un diagnóstico.

ETIOLOGÍA DE LAS “QUEMADURAS”

La perspectiva de cuarenta años de ejercicio de la Pediatria me permite recordar el notable cambio de situación socioprofesional que acompañó a la generalización del sistema asistencial de la Seguridad Social. Una visión muy liberal del ejercicio profesional lleva a añorar unos tiempos necesariamente periclitados, en los que únicamente la sobrecarga de trabajo en situaciones epidémicas generaba estreses importantes. Algunas muestras aparecen en la literatura de ficción de la época como “La peste” de Camus o el extraño premio Nadal de 1953 “Siempre en capilla“ de Luisa Forrellad.

A partir sobre todo de finales de los años sesenta, la práctica profesional se hace por cuenta de otro y en ella se encuentra en la raíz de los problemas de estrés laboral. La transformación de profesionales liberales en asalariados representó la introducción de las cargas laborales asignadas, ubicaciones y destinos no siempre elegidos y, con la incorporación a centros asistenciales jerarquizados, el establecimiento de líneas de mando no siempre aceptadas o aceptables. Todo ello significó una cesión de libertades personales en el ejercicio profesional que favorecen la percepción de insatisfacciones y la adscripción de causas externas a tales insatisfacciones. Evidentemente que, a cambio, se obtenía una seguridad laboral y una remuneración constante, aparte del natural beneficio de generalizar la asistencia a toda la población.

La preocupación por el estrés laboral de los médicos sin embargo y como se menciona más arriba, se define en los Estados Unidos y a mediados de los años setenta especialmente asociada a profesionales que trabajan en centros sanitarios, hospitales y en unidades de críticos. Más recientemente y con la generalización del sistema de mutuas (“Health Management Organizations”, HMO’s) en la prestación asistencial en los EUA la preocupación se extiende a cualquier otro nivelv.

En otras instancias se ha descrito la enfermedad de Tomásvi en referencia al personaje de la novela checa de Kunderavii, ligado al desencanto o desespero en la degradación profesional en un entorno de una socialización extrema. El desánimo, el tedio por el trabajo diario, la creencia de que sólo en otro lugar es posible trabajar con fundamento científico, la pérdida de la autoestima y la ausencia de expectativas de que la situación mejore configuran una situación percibida que reconoce otra forma de estrés laboral. La descripción recoge un ambiente de los servicios de Atención Primaria donde el médico se siente mero burócrata dispensador de recetas y partes de baja, la enfermera sólo sirve de auxiliar administrativa y el farmacéutico de dependiente de comercio, salvadas todas las distancias y respetos a cada una de las categorías. Asociados a los factores predisponentes de la estructura sanitaria y el ambiente social, se entienden como factores desencadenantes las carencias en el ámbito científico, escaso; en el afectivo, ausente el aprecio por los superiores; la caída del “status” profesional y el distanciamiento ideológico. Para 1989 el modelo resultaba atrayente cuando el desarrollo de la asistencia sanitaria vivía la implantación de la ley General de Sanidad en un marco de penurias económicas.

Quince años después la situación ha variado en algunos aspectos y, en otros, se ha agravado. La conciliación de la vida laboral y la vida familiar va ganado peso en las preferencias de los profesionales. En los varones por razones varias, pero en el numéricamente creciente colectivo femenino las dificultades de los compromisos familiares y biológicos cobran un especial relieveviii.

Algunos estudio se han aproximado a la realidad en nuestro medio. Los pediatras de Urgenciasix detectan hasta un 22% de pediatras que trabajan en servicios de Urgencias cumplen criterios de burn-out, utilizando el cuestionario de Maslach. Un procentaje mayor presentaron rasgos ansiosos o depresivos y, entre éstos, los criterios de burn-out eran casi de la mitad.

Entre los pediatras intensivistasx las cifras de incidencia de burn-out son similares o superiores, y entre los aspectos más llamativos figura la importancia de los conflictos institucionales como causa del malestar. Además, casi el 60 por ciento se habían planteado dejar su puesto de trabajo, lo que se relaciona con la penosidad de la atención a pacientes críticos.

Perfiles similares se observan entre cirujanos pediátricosxi con cierto énfasis en el peso de la guardias.

Los médicos de Atención Primaria también han evaluado su situaciónxii con resultados igualmente preocupantes, haciendo una llamada tanto a las administraciones como a las sociedades científicas para evitar que “ardan” los profesionales.

ASPECTOS LEGALES. El Tribunal Supremo declaró recientemente firme una sentencia dictada por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, que a su vez confirmaba otra del juzgado de lo Social de Eibar, que reconocía como accidente de trabajo el síndrome de “estar quemado”

La sentencia origen de este proceso se dictó en febrero de 1999 por el Juzgado de lo Social de Eibar, según la cual los síntomas de agotamiento emocional, cansancio físico y psicológico, con sensación de no poder atender debidamente las tareas laborales por sentimiento de inadecuación, incompetencia o ineficacia, diagnosticado como síndrome de Burnout, cuyo tratamiento precisa cualquier prestación de Seguridad Social, y que hasta entonces era entendido como derivado de enfermedad común, debe ser considerado dentro de la contingencia, de mejor y más amplia protección, que corresponde a su calificación como accidente de trabajo.

En el proceso judicial, la defensa del trabajador se sustentó en la consideración del síndrome de Burnout como un tipo muy característico de estrés que se da entre profesionales que, como el personal sanitario, realizan su trabajo en contacto estrecho con otras personas y que surge al ver el profesional frustradas sus expectativas de modificar la situación laboral.

SUICIDIO. Desde hace muchos años los pediatras se han considerado como una profesión con riesgo bajo de suicidioxiii. Sin embargo, yo me incorporé a un Servicio de Pediatría en el que pocos meses antes un facultativo se había suicidado y, con toda la discreción necesaria y la complejidad de la interpretación de los motivos de un suicidio, lo cierto es que la familia siempre atribuyó la tragedia a la presión del trabajo.

Que el burnout puede llevar a situaciones tan dramáticas, con toda su rareza, no debe hacernos olvidar que las situaciones de riesgo no excluyen a los profesionales sanitariosxiv que, naturalmente no son invencibles ni inmunes frente a las tragedias personales.

LA PREVENCIÓN DEL BURN-OUT

Si entendemos el burnout como un proceso con causas externas resulta evidente que lo más importante, como en toda la patología de causas externas, los accidentes, las intoxicaciones o la propias quemaduras, es la prevención. Los remedios, el tratamiento, llega ya sobre “lesiones” que indudablemente van a dejar secuelas.

Una primera estrategia debería pasar necesariamente por una concienciación de la existencia del problema. Si casi dos de cada tres profesionales considera que su trabajo afecta su salud pretender ignorarlo no conduce a nada.

Sin embargo, ese reconocimiento no debe quedarse en una resignada atribución a lo dura que es la vida que nos dan los otros, sean ellos pacientes, superiores o compañeros. Una práctica profesional sin presión es posiblemente inconcebible y, probablemente innecesaria. Difícilmente se puede entender que un trabajo no sea, cuando menos laborioso. Al fin y al cabo, trabajo deriva etimológicamente del latín tripallium, un yugo de tres palos a los que ataban a los esclavos para azotarlos. El trabajo cuesta; y por eso pagan por hacerlo. Y un trabajo sin un cierto estrés probablemente puede ser desmotivador y aburrido. Cierto es sin embargo que todo tiene un límite y lo esencial es identificar cuando se ha llegado a tal límite.

Con la identificación del problema debe llegar también la identificación de los factores estresantes. Cada uno, cada problema, puede tener una aproximación y eventualmente una solución.

Una parte de los compromisos de todo profesional es revisar las obligaciones contraidas y alinearlas con las propias expectativas. No siempre es posible atender todos los frentes y, como dice el refrán, quien mucho, abarca poco aprieta. Algunos planteamientos para conciliar la vida profesional con la familiar no están ni siquiera contemplados por la leyxv del estado u otras de las Comunidades Autónomasxvi y pueden llevar a decisiones de abandono profesional como las que se han publicitado recientementexvii cuando las profesionales se plantean que un pueden seguir desatendiendo sus obligaciones o preferencias familiares por encima de las profesionales.

Pero otra parte importante es la constatación de nuestros éxitos. Es común que se vean menos que nuestros fracasos por cuanto los pacientes que se curan los vemos poco o, quizá, nunca más, mientras que los fracasos, las naturales consecuencias de la enfermedad, nos acompañan si no siempre física, si emocionalmente. Administrar los éxitos es algo que nos debemos a nosotros mismos.

A poco de publicar Gervás y Hernández su artículo sobre la enfermedad de Tomasxviii y en un cierto ejercicio de autojustificación, publiqué en la revista de nuestro Colegio de Médicos una respuestaxix en la que echaba una mirada al pasado reciente del ejercicio profesional. Allí apuntaba que nunca los médicos lo habíamos tenido mejor. Hemos pasado de charlatanes curanderos a científicos, de sacamuelas a cirujanos expertos y de saludadores a psiquiatras. Estamos empezando a comprender la patogenia de los procesos nosológicos y cada día se abren puertas a un futuro de salud más esperanzador. Hemos descifrado el arcano del genoma humano y, al tiempo que hemos incorporado otras profesiones a la nuestra, hemos dominado demonios seculares como la viruela o la polio y cada año conseguimos el reconocimiento de galardones como el Nobel hasta, como en el caso del premio Nobel de la paz a los médicos antinucleares, en ámbitos que trascienden la salud propiamente dicha.

Hemos cambiando el maletín y las subidas de escaleras por despachos y los hospitales de pobres por unidades de cuidados intensivos. Y los recursos personales por las becas de investigación porque hasta el propio trabajo de Gervás y Hernández estuvo financiado por el FIS.

Algo tendremos nosotros que hacer por nosotros mismos también. Por nuestra propia salud mental. No podemos permitirnos una resignada aceptación de que el agobio nos ha vencido. Quemados o no, referir únicamente a causas externas la raíz de nuestros males no es, cuando menos, sano.

El síndrome del “burn-out” tiene más de construcción socio-cultural que de categoría psiquiátrica. Contiene todos los ingredientes de un síndrome culturalmente constituidoxx (“culture-bound syndrome”) como tantos otras alteraciones del comportamiento y de la salud mental que se describen en los tratadosxxi. La misma aplicación de un cuestionario dirigido conduce a su identificación: sirve para detectarlo, para identificarlo en grupos. Pero no puede servir para catalogar a individuos concretos en los que, en cualquier caso, una miríada de factores personales, familiares, laborales y sociales interaccionan en construir su realidad diaria.

Los que somos mayores y sabemos de donde venimos podemos intentar iluminar a los jóvenes un camino que, precisamente por su amplitud y desde su punto de partida, debe ser más ilusionante.

No podemos tampoco permitirnos que dirigentes incompetentes, estultos y desnortados, nos amarguen la vida con propuestas incumplibles o delirios de actividad cocinados en las cavernas de los “Masters of Business Administration” por los que nunca han tenido que enfrentarse con la angustia de unos padres con un niño enfermo ni entienden que, todavía, el ejercicio de la Medicina, de la Pediatría, tiene más componentes de arte que de ciencia y prácticamente nada de “business”.

Algunos continuamos creyendo que tenemos mejor futuro que presentexxii, incluso cuando las gravísimas incertidumbres de la globalización se ciernen ominosamente sobre nosotros. Y también que algunos ejemplos de cómo superar las quemadurasxxiii nos pueden ilustrar el camino.

BIBLIOGRAFÍA

__________

i Manual de Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades mentales. DSM-IV. 2001

ii Maslach C. Burned-out. Human Behav 1976; 5:16-22

iii Maslach C, Jackson SE. The measurement of experienced burn-out. J Occupat Behaviour 1981; 2: 99-113.

iv Johnstone C. Career focus: Strategies to prevent burnout. 1999, 318:71-92

v Freeborn DK. Physician satisfaction in prepaid group practice HMO. Group Health J, 1985; 6:3-12

vi Gervás JJ, Hernández LM. Tratamiento de la enfermedad de Tomás. Med Clin (Barc) 1989; 93: 572-575.

vii Kundera M. La insoportable levedad del ser. 1982

viii Planning a healthy Future for Canada’s Children and Youth. Balancing medicine and motherhood, num. 4 Can Paed Soc Report , CPS News, Sep-Oct 2002

ix Codina F, Codina X, Simón JL, Pigarnau R, Garcia JL, Luaces C. Desgaste profesional, “burn-out”: estudio multicéntrico de los pediatras de Urgencies de Cataluña. 7ª Reunión de la SEUP, Tarragona, 2001, Ann Esp Pediat, 54: 22-23

x A. Bustinza J. López-Herce, A. Carrillo, MD Vigil, N de Lucas y E. Panadero. Situación de burnout de los pediatras intensivistas españoles. An Esp Pediatr 2000; 52: 418-423

xi Jimenez C, Morales JL, Martínez C. Estudio del síndrome de burn-ou en cirujanos pediatras españoles. Cir Pediat 2002, 15:73-78

xii Pardo J, Lopez F, Moriña M, Perez M, Freire P, Fernández R. ¿Estamos quemados en Atención Primaria?. Med Familia 2002, 4:245-250

xiii Blachly PH, Disher W, Roduner G: Suicide by physicians. Bull Suicidology December 1968, pp 1-18 (low suicide rate amognst pediatricians)

xiv Miller M. The Painful Truth: Physicians Are Not Invincible. South Med J, 2000, 93:966-972

xv Conciliación de la vida familiar y laboral. Ley 39/1999, de 5 de Noviembre. BOE num 266 de 6.11.1999, pags. 38934-38942

xvi Ley de la Comunidad Autónoma de Cataluña 6/2002, de 25 de abril, de medidas relativas a la conciliación del trabajo con la vida familiar del personal de las administraciones públicas catalanas y de modificación de los artículos 96 y 97 del Decreto legislativo 1/1997. DOGC 30.04.2002

xvii Mena U. La generación de la vuelta a casa. El Semanal, 2004, (8 feb) 850:22-24

xviii op. cit.

xix Allué X. La insoportable pesadez de la literatura checa. Galens. Mayo 1999, pp.32

xx Kleinman A. Patients and healers in the context of culture, Berkeley. U. of California Press, 1980

xxi DSM-IV. Op. cit

xxii Fernández. C. Luz al final del túnel de los hospitales del ICS. DIARIO MÉDICO. Profesión. 11 de marzo de 2004

xxiii Allué M. Perder la piel. Planeta/Seix Barral, Barcelona, 1996

 

X. Allué (Editor)

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11 junio 2019 at 6:52

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