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No a la guerra

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OMRAnApenas un par de semanas de que el presidente de nuestra sociedad firmase un contundente alegato contra la guerra, publicado en este blog, el Ejército de Tierra español tiene la ocurrencia de citar a Camilo J Cela, en una etapa suya de literatura grabancera, en la red social Twitter promoviendo la guerra. Para arreglarlo y ante la avalancha de críticas desde todos los espacios, se limita a musitar una excusa lamentando haber herido “sensibilidades”. Que la defensa de un estado puede recaer en la proximidad de imbéciles psicópatas como el autor del “twit”, queda por fuera de sensibilidades. Probablemente también queda fuera de la inteligencia, la denostada realidad que el destinatario del texto de Cela, un inválido necrófilo de cortas luces, consideraba merecedora de la muerte.

Que la responsabilidad de la comunicación de organismos de la administración del estado como es el departamento de Defensa tiene una lectura política es indudable. Que esto suceda mientras llevamos meses con un gobierno en funciones por la incapacidad de unos y otros, no limita las responsabilidades. Claro que si se tiene en cuenta que el titular del ministerio es un conocido fabricante de armas y que el anterior jefe del estado se iba de safari pagado por un traficante de armas sirio, le lleva a uno a preguntarse donde han confundido la defensa con la guerra. Cierto que, dijera lo que dijera Clausewitz, me quedo con la cita de Clemeceau de que la guerra es algo demasiado serio para dejarlo en manos de militares. Si ya resultó malo en Trafalgar, Cavite o Annual,  aún peor debe ser dejarlo en manos de traficantes.

La imagen que ilustra esta entrada de blog ha impactado todos los medios gráficos este fin de semana, como lo que hace la guerra, en esta ocasión en Siria, pero no distante de otras publicadas anteriormente aquí. Ya sean de Gaza, en la propia Siria, VietNam, o Barcelona 1938, las imágenes de la guerra y los niños se explican solas.

Hasta hace un siglo, algunos militares podían argumentar que, en las guerras, ellos ponían los muertos. Pero a estas alturas de la historia es más que evidente que los muertos son la gente: en Guernika, en Dresde, en Hiroshima o en Alepo. Los que matan ya sabemos quienes son.

Que los daños de los conflictos bélicos se alargan mucha más allá que el final de las hostilidades es también una evidencia. Las víctimas como Omran llevaran consigo toda la vida la tristeza de la guerra. Y nosotros la tristeza de no haber hecho lo suficiente para evitarlo.

X. Allué (Editor)

 

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22 agosto 2016 at 6:10

Contar los muertos en la guerra

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TerrorismPor lo menos dos estados europeos han dicho que se encuentran en “estado de guerra” como consecuencia de los recientes atentados ocurridos en capitales como París y Bruselas. Otros países no lo dicen pero, si se tiene en cuenta sus situaciones, es evidente que están en guerra: Siria, Iraq, varios estados africanos… Y también se oyen voces de que lo que ocurre es la Tercera Guerra Mundial por la diversidad de incidentes violentos en países e incluso continentes distintos. El modelo de guerra se considera que no es “convencional” por cuanto no hay frentes establecidos ni ejércitos enfrentándose, ni la realidad se aproxima a las descripciones clásicas de Carl von Clausewitz (1874), el teórico de la guerra más comúnmente citado. En lo que llevamos de siglo los conflictos armados no han cesado. Más de 30 llevan años de actividad. Por lo menos cinco causaron más de 10.000 muertos cada uno el pasado año (las guerras de Iraq, Afghanistan, Siria y los conflictos de Boko Haram en Africa y la guerra de la droga en Mexico). Todos  sumados más de 165.000 muertos en 2015.

Pero lo que tiene a todos, medios de comunicación y gobernantes, preocupados son las muertes próximas, las que causa el terrorismo y, más concretamente, el terrorismo llamado islámico o jihadista. Los ataques protagonizados por radicales de origen islámico no han comenzado ahora, aunque se hayan incrementado. Hasta el año 2000 se registraron unos 40 ataques. En lo que va de siglo ya van 503, de los cuales 121 tuvieron lugar el año pasado. En lo que va de año, el 2016, llevamos 26, que han causado aproximadamente 612 muertos, veinte veces más que las 31 víctimas de los atentados de Bruselas del mes de marzo. Lo que pasa es que suceden en otros sitios, lejos de Europa: Pakistan, Costa de Marfil, Estambul, BurkinaFaso…y eso no le importa a nadie.

La respuesta en las sociedades occidentales no es ni ordenada ni racional. Los gobiernos sitúan el origen de la violencia en los países actualmente en guerra y lo más inmediato parece ser contribuir a esas guerras con armamento del llamado convencional: bombas, tanques y aviones. Y en el ámbito de la defensa doméstica incrementar la vigilancia, los controles y las limitaciones a la libertad. Unas y otras medidas son reactivas, mal proporcionadas y mal orientadas. Eso lo reconocen todos los expertos en defensa y, a pesar de ello, son las que se arbitran.

Desde este blog nos hemos ocupado brevemente en indicar cómo se puede explicar el terrorismo a los niños. Pero eso sólo vamos a poder hacerlo si somos capaces de explicárnoslo a nosotros mismos. Para ello es preciso tener información, procesarla y digerirla, crearnos un criterio y organizarnos una explicación a nosotros mismos. Pero además debemos procurar influir en nuestros gobernantes para que se acerquen a soluciones viables y eficaces. Y eso, que es crear opinión pública, no es una responsabilidad que adoptemos con facilidad. No podemos esperar a que cuando haya que votar, hacerlo por opciones más o menos pacifistas. Ya no hay tiempo ni podemos esperar. Además, la promoción de la paz y el ejercicio adecuado de la defensa no es patrimonio de los pacifistas; nos incumbe a todos y a todos los gobernantes de todos los colores y facciones.

Esto es una llamada a la conciencia de todos porque nos lo debemos a nsotros mismos, pero y sobre todo, se lo debemos a los niños; a todos los niños, los nuestros y los de los otros que están muriendo por esos mundos de Dios–o no de Dios–junto a sus padres y hermanos. No se va a parar solo. Tenemos que pararlo entre todos.

Se aceptan sugerencias e iniciativas.

X. Allué (editor)

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31 marzo 2016 at 7:00

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UNICEF hace una llamada- Paremos la guerra en Siria

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M-3356-6982449-Siria_evitemos_una_generacion_perdidaHace ya tres años comenzó el horror para millones de niños Sirios a consecuencia del conflicto armado.
Desde el primer día el equipo de expertos de UNICEF ha estado trabajando en la zona para salvar sus vidas. Sólo en 2013 hemos conseguido dar acceso a agua potable a 10 millones de personas. También hemos vacunado a más de 6 millones de niños contra el sarampión evitando epidemias dentro de Siria y en los campos de refugiados, entre otras cosas.
Pero tres años después, los niños sirios siguen sufriendo una violencia indiscriminada y atroz. Siguen viendo bombardeos a sus casas, escuelas y hospitales. Su mundo sigue siendo destruido.
Si este conflicto no acaba ya puede significar la pérdida de toda una generación de niños sirios, con consecuencias devastadoras para el futuro de Siria y de la región.
Hoy varias organizaciones hacemos un llamamiento urgente a personas comprometidas como tú para que juntos alcemos nuestra voz ante la terrible perspectiva de que una generación entera se pierda.
Queremos llamar la atención de todos aquellos que tienen la responsabilidad y la capacidad de acabar con el sufrimiento de la infancia y salvaguardar su futuro. Nuestro objetivo es conseguir un millón de firmas en el mundo antes de que se cumpla el tercer año del conflicto, el próximo 15 de marzo.
Firma ahora esta petición porque:
Los #niñosdeSiria no deben morir.
Los #niñosdeSiria no deben soportar ni un día más de sufrimiento físico y emocional.
Los #niñosdeSiria no pueden pasar más tiempo sin la oportunidad de aprender y sin opciones de futuro.

 

Únete con tu firma a este movimiento global para acabar con el derramamiento de sangre de los #niñosdeSiria y evitar la pérdida de esta generación.

 

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26 febrero 2014 at 20:17

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Los niños con riesgo V. Las guerras

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Se suele decir que la primera víctima de las guerras es la verdad. El recuento de las víctimas es una de las verdades más distorsionada. Los contendientes se atribuyen las bajas del enemigo y minimizan las propias. Y, a la vez, exageran las víctimas civiles propias para demostrar la maldad de sus oponentes.

Resulta difícil saber lo que sucede o lo que sucedió y los llamados ”expertos” son contribuyentes directos a la confusión, difícilmente exentos de partidismos.

Ni siquiera se ponen de acuerdo en las proporción de víctimas civiles y militares. De forma más o menos convenida se calculaba que en las guerras anteriores al siglo XX el número de muertos en combate, de combatientes, en relación con la población civil venia a ser de 8/1. Y que a partir de la introducción de armas de destrucción mas potentes y el bombardeo indiscriminado de pueblos y ciudades, paradigmáticamente iniciado con el bombardeo de Guernika durante la Guerra civil española, la proporción se fue invirtiendo hasta ser equiparable o hasta de 1/3, tres civiles por cada baja en combate.

Según un articulo de A. Roberts, investigador de la Universidad de Oxford, publicado en Survival (2010, 52:115-136) las víctimas pueden incluir:

  1. Los muertos por el efecto directo de la guerra
  2. Los heridos por el efecto directo de la guerra
  3. Los que mueren durante o después del conflicto por efectos indirectos como enfermedad, malnutrición o desordenes varios
  4. Las víctimas de violencia originada por uno de los contendientes sobre su propia población
  5. Las víctimas de violación y otras formas de violencia sexual durante el conflicto bélico
  6. Los refugiados y desplazados por la guerra
  7. Los que, tiempo después de que la guerra haya terminado, mueren prematuramente debido a lesiones, heridas u otros daños padecidos durante la guerra

De cada una de estas categorías todos podemos recordar ejemplos dolorosamente numerosos y próximos. Como resulta evidente, la suma siempre será superior a los que se acostumbra a admitir, alargándose en el tiempo y durante toda la vida de los que se vieron envueltos en un conflicto bélico. Y no menos aquellos que participan en la guerra activamente como son los “niños soldados

Por eso TODOS los niños que han vivido una guerra se deben considerar víctimas, sujetos a riesgos diversos y merecedores de especial atención. Y a todos ellos desearles que el tiempo y su resiliencia permita curar las heridas del cuerpo y del alma que indudablemente habrán padecido.

X. Allue (Editor)

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13 agosto 2012 at 6:04

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Les enfants de la Creuse – Una historia vergonzante del estado francés

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Les enfants de la Creuse figuran en la Wikipedia en inglés como una breve nota. En francés la referencia es más amplia y contempla el affaire en su extensión , desde la primera intervención hasta las más recientes referencias.

A pesar de la proximidad geográfica y mi ocupación en temas que afectan a los derechos de los niños hasta esta tarde no tenía ni noticia de los acontecimientos que determinaron el abuso y maltrato de dos millares de niños por parte del moderno estado francés. Pero no en el siglo XIX u otra época remota, sino ya avanzada la segunda mitad del siglo XX y con consecuencias que llegan hasta la actualidad.

Estaba disfrutando de una larga y aburrida tarde dominical delante de la televisión, cuando tras un desordenado “zapping” nos detuvimos en un telefilm francés “Una mentira olvidada” de formato policiaco, en el que una brava inspectora intenta desentrañar la muerte y sospechado asesinato de una joven de origen africano en una pequeña población de la región de la Nouvelle-Aquitaine, en el centro de Francia. Llama la atención que tanto la inspectora como la víctima resultan ser descendientes de un contingente de niños originarios de la isla de Reunión, en el sur del Océano Índico, traídos a Francia en los años 60 del siglo XX. Ignorante del hecho y estimulada mi curiosidad, os ofrezco el resultado de una breve excursión por la Internet.

En una insólita y desafortunada decisión, el gobierno francés preocupado por la despoblación de ciertas áreas rurales de Francia por el éxodo hacia las grandes ciudades, decidió que una solución podría ser llevar allí personas jóvenes, básicamente niños, que se enraizaran allí. La idea era que se tratase de niños huérfanos o abandonados y dejarlos en custodia de familias sin descendencia. A ello añadieron la perversidad de que fuesen niños sin lazos sociales que, al crecer no se marchasen de donde les habían llevado. Y como perversidad añadida, de características raciales que no les hiciesen fácil desplazarse. En resumen: niños negros. El promotor fue el por entonces diputado y representante en la Asamblea Nacional por la isla de Reunión, Michel Debré, hasta hacía poco, Primer Ministro de la V República.

De 1963 a 1982, 2.150 niños de la isla de Runión, “abandonados o no” y registrados por la fuerza por las autoridades francesas en la Dirección Departamental de Salud y Asuntos Sociales, fueron desplazados por las autoridades para repoblar a los departamentos metropolitanos víctimas del éxodo de las zonas rurales como la Creuse, Tarn, Gers, Lozère, y los Pirineos-Orientales. Los niños desplazados fueron declarados “custodiados estatales”, es decir que sus padres ya no tenían ningún derecho sobre ellos. Una minoría de estos niños eran huérfanos. Cientos de padres analfabetos firmaron informes de abandono que no podían descifrar, y que nunca volvieron a ver a sus hijos.

El destino de los niños fue variado. Algunos fueron adoptados, otros se quedaron en las casas que les acogieron o sirvieron como mano de obra gratuita en las granjas, quienes los campesinos de todo el Creuse luego los usaron como “buenos para todo” o ” trabajadores sin salarios “. El historiador Ivan Jablonka habla de casos de “esclavitud” o situaciones de maltrato en las familias adoptivas. La mayoría de estos niños “quedaron marcados de por vida”.

Todo un desastre.

Mi particular ajuste de cuentas con el pasado me lleva a comentar la figura de Michel Debré o, mejor, en relación con su padre, Robert Debré. Robert Debré (1882-1978) ha sido considerado como el padre de la pediatría francesa moderna. Cuando me aproximé al mundo de la Pediatría académica, a mediados de los años sesenta del siglo XX, los pomposos jerifaltes de la Pediatría española, hablaban y no paraban del profesor Debré. Hay que recordar que el mundo académico español durante los negros años del franquismo era notablemente francófilo. A pesar del odio sarraceno contra Francia y los franceses, antiguo, enraizado en mil conflictos desde Roncesvalles hasta las guerras napoleónicas, el mundo ilustrado español mantenía un cierto papanatismo respetuoso hacia lo francés. La lengua francesa era la mayoritaria como lengua extranjera en institutos y universidades. La proximidad como lengua romance probablemente facilitaba la comprensión lectora, aunque luego fueran muy pocos los que”fablaran gabacho“.(Ver el post: Lenguas y lenguajes). Algunos de los eminentes pediatras españoles de la época estudiaron con el Profesor Debré, mientras otros se limitaron a citarlo como si fuera el oráculo de Delfos. Por muy respetable que fuera, y a la vista de los que se declaraban sus discípulos o seguidores, a mi la Pediatría de síndromes y sindromitos y la persistente manía de los empingorotados catedráticos de llenar las actas de los congresos con comunicacions sobre niños con malformaciones raras o monstruitos diversos, dejó de interesarme en seguida. Me parecía que el único propósito de los catedráticos de Pediatría españoles era descubrir un nuevo caso nunca antes descrito, al que poder asignar su nombre y con ello pasar a la historia de la Pediatría académica. Era como si la sabiduría pediátrica consistiese en recordar la onomástica nosológica, si era posible con tres o cuatro nombres (Marchand-Waterhouse-Frederiksen, Legg-Calvé-Perthes, etc.) en vez de llamar las cosas por su nomenclatura biológica (Sepsis meningocócica, displasia de cadera, p. ej.), manteniendo un arcano reservado a los doctos. Mamonadas de ignorantes.

Mi respeto por el profesor Debré, o mi distante respeto, si acaso, se ve ahora confirmado cuando no supo enseñarle a su hijo, tan listo, tan Primer Ministro y tan poderoso él, que hay cosas que no deben hacerse con los niños. Y una de ellas es separarlos de sus padres y deportarlos a nueve mil kilómetros de distancia por un delirio demográfico.

Michel Debré, meapilas irredento a pesar de descender de unos respetables rabinos judíos de la Alsacia, merece pasar a la historia de los execrables violadores de los derechos de los niños.

X. Allué (Editor)

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3 febrero 2020 at 22:30

Las obligaciones de los niños

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Ayer, 10 de diciembre, se conmemora el Día Mundial de los Derechos Humanos que hace 71 años proclamó la Organización de las Naciones Unidas. Después del final de la II Guerra mundial y, también de los juicios de Nuremberg, con tiempo suficiente para asentar la idea de las tremendas vulneraciones de toda clase de derechos que había sucedido en los años anteriores, y como una apuesta hacia un futuro de paz. A pesar del tiempo pasado todavía quedan muchos derechos por defender y millones de habitantes del planeta que no los tienen garantizados.

En una conversación casual ha surgido también la discrepancia común en que tales derechos deberían ir acompañados de las correspondientes obligaciones. Personalmente considero que las principales son, precisamente, las de velar y trabajar para que los derechos se respeten y se cumplan. Para nuestro ámbito recordamos que tuvieron que pasar 11 años más para que se promulgaran los Derechos de los Niños. Derechos específicos que necesitan especial protección y que no quedaban del todo incluidos en los generales de todos los humanos.

Elisa Beni, una prestigiosa periodista que aparece con frecuencia en los medios españoles, y en esa línea de confrontar derechos y obligaciones y atendiendo a la presencia mediática de Greta Thunberg, ha dado en comentar sobre las obligaciones de los más jóvenes. En medio del COP25 que se celebra estos días en Madrid, la señora Beni, al tiempo que saluda la presencia de jóvenes en la conferencia y las actividades en su entorno, se pregunta si los jóvenes, los “milenials”, o los nacidos después de del año 2000, no tendrían unas obligaciones al tiempo que hacen valer sus derecho y si estarían dispuestos a renunciar a los bienes y servicios que actualmente disfrutan.

Las “obligaciones” de los menores tienen más una raíz cultural que política, y aún menos jurídica. Están ligadas a la educación y, en función de esa educación se van construyendo. Cierto que en la natural fijación de límites gradualmente con el crecimiento y el desarrollo, los niños van adquiriendo una idea de los que puede y no se puede hacer, y de lo que se tiene que hacer. Pero las obligaciones se tiene que enseñar y difícilmente se pueden exigir. Los niños no son justiciables y sus responsabilidades tienen siempre que ajustarse a su edad y desarrollo, nunca separadas de lo que determina su entorno. No se les puede pedir nada que no se les haya dado antes.

Al final, su única obligación es la supervivencia: llegar a adultos. Y en eso los pediatras tenemos bastante que hacer y decir.

X. Allué (Editor)

Nota: COP25 es el acrónimo de “Conference of Parties”, ( 25th conference of parties to the un convention on climate change (unfccc) algo que no parece que hayan traducido los medios españoles

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11 diciembre 2019 at 19:42

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Politica, elecciones y niños

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La Pediatría social entiende de todo lo que, con raíces sociales, afecta la salud de los niños. La política es una ciencia social y su ejercicio es un determinante de las acciones que influyen en la protección y la asistencia a la salud.

Los profesionales de la asistencia a la salud infantil procuran mantenerse alejados de la política y sus miserias, que no son pocas y, a la vez, respetar las diferentes opciones políticas, principalmente por higiene mental. La política se ejerce desde diferentes niveles, desde el superior internacional, hasta el más próximo que puede ser el municipal o, quizá, la de las instituciones, pasando por la política de los estados o las comunidades.

Desde aquí nos mantenemos en la creencia, un tiempo expresada por Georges Clemenceau con referencia a la guerra y los militares, de que la política es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos. Y más cuando se ha tenido la oportunidad de ver los que son y lo que pretenden los políticos que se presentan a las elecciones.

El próximo domingo, día 10 de noviembre, se celebran elecciones al Parlamento del estado español, el Congreso de los Diputados y el Senado, que aquí se llaman “Las Cortes”. Por ese motivo tienen lugar varios debates en las televisiones de los líderes de los partidos que se presentan a las elecciones. La televisión es el medio de comunicación más generalizado y a través del cual en los últimos sesenta años se ha centrado la propaganda política. Desde los legendarios debates de Richard Nixon y John Kennedy durante las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos en 1960 que, en su día fue considerado decisivo, los políticos se han esforzado en intentar ganar adeptos en debates televisivos. El estado español tiene una experiencia democrática más breve y una fragmentación de opciones hace que los debates sean entre cuatro, cinco, seis o siete participantes.

La actual situación política española se encuentra en medio de una larga crisis, pues en los últimos tres años estas son las cuartas elecciones, las segundas este mismo año, que se celebran ante la incapacidad de formar gobiernos estables. Tal puede justificar que los debates televisivos tengan más de circo mediático que de propuestas políticas y que las actuaciones de los participantes alcancen altas cotas de ridiculez o histrionismo.

La constatación de esta realidad no es una crítica ni una demostración de desencanto con la política, actividad social muy respetable y trascendente. Es una contemplación desesperanzada de la incompetencia y sectarismo de los políticos, de estos políticos en concreto. Diluido en actitudes de confrontación personal de bajo nivel no hay forma de distinguir ni una sola propuesta o proyecto que puede anunciar alguna dedicación a la salud y bienestar de la gente y, aún menos, de los niños que como desde aquí siempre defendemos son los depositarios del futuro de nuestras sociedades. Profundizando en los programas electorales, las referencias a la protección a la infancia, la salud o el bienestar infantil son inexistentes o de expresión mínima.

Este tipo de situaciones deben estimular a los profesionales de la asistencia infantil a participar de una forma activa en la política desde donde quiera que se encuentren. Individual o colectivamente y desde la opción política que les sea más próxima. Y sin perder de vista la influencia que se pueda ejercer directamente con el voto o sobre la decisión de quienes nos sean próximos. O desde los medios a los que se pueda tener alcance. Al final, las decisiones que afecten la salud de los niños las tenemos que promover desde abajo y entre todos.

 

X. Allué (Editor)

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7 noviembre 2019 at 9:06

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Republicar: Enfermedades infecciosas, enfermedades sociales

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Hace más de seis años dedicamos un post a las enfermedades infecciosas con el título de “Los cuatro jinetes del Apocalipsis de las enfermedades infecciosas“. La argumentación se centra en que las enfermedades infecciosas, especialmente las contagiosas, las que se transmiten de persona a persona, son por definición enfermedades sociales. Las personas o poblaciones aisladas, que no socializan con otras, no están expuestas a los contagios. Cuando los contagios son múltiples se convierten en plagas, en pestes. Los cambios en la composición del microbioma, esa dotación de microorganismos con los que convivimos y que viene a ser como otro órgano de nuestra anatomía, alteran equilibrios que, de no restablecerse, nos causan problemas o incluso nos pueden matar.

Algunas enfermedades infecciosas concretas, por el tiempo que hace que nos acompañan y la enorme difusión en todo el planeta, son un factor de influencia social en nuestras vidas individuales y colectivas. Tal es el caso de la malaria, la sífilis, la peste y la tuberculosis, que más o menos literariamente, hemos identificado con los cuatro jinetes del Apocalipsis bíblico. Por ser cuatro y el primero citado la peste o las pestes, y los médicos ya tenemos bastante con enfrentarnos con él. Lamentablemente, los otros tres jinetes bíblicos: la guerra, el hambre y la muerte, siguen campando sin que, entre todos, seamos capaces de ponerles freno.

El texto dice así:

“Las enfermedades ocasionadas por microorganismos forman parte del reto adaptativo de vivir en este planeta compartiendo espacio con otras especies. Con muchos microorganismos hemos llegado a alguna forma de acomodación. Otros, en cambio, seguiran siendo un peligro, un conflicto de vida o muerte.

En períodos prehistóricos es posible que este tipo de conflictos hayan sido determinantes de la adaptación de especies de homínidos o incluso de la desaparición de algunas lineas evolutivas de las especies antecesoras al homo sapiens sapiens. Por ahí anda la teoría de la extinción de los Neanderthal por efecto de un prion adquirido por prácticas canibalísticas. Si se comían los cerebros de sus enemigos pudieron adquirir una enfermedad como el kuru, que se los llevó por delante.

En épocas más recientes es legítimo considerar qué influencia tuvieron enfermedades infecciosas en la constitución de nuestra sociedad. Cuales han podido ser los efectos sociales de enfermedades que han tenido carácter epidémico.

Se me ocurren cuatro infecciones que bien podrían compararse con los ominosos jinetes relatados en el libro de la Revelación, el Apocalipsis de San Juan, capitulo 6, vesículos 1-8.

Malaria: La infección por el plasmodio (P. malariae, falciparum, vivax) todavía mata 1 millon de personas, principalmente niños en paises africanos. Los efectos sociales actuales son devastadores en costo de vidas y sociales. En el pasado ha determinado flujos de poblaciones y hasta modificaciones genéticas en poblaciones expuestas como atestiguan las hemoglobinopatías ligadas a la G6PD, la thalasemia o la sicklemia. Y causó la muerte de personas notables como Alejandro Magno, el emperador romano Vespasiano, Gengis Khan, Dante, Carlos V, Oliver Cromwell o Lord Byron. La sufrieron George Washington, Lincoln, Jesse James y Ho Chi Minh, entre otros.

Sifilis: Una polimorfa enfermedad infecciosa de trasmisión sexual causada por un espiroqueta (Treponema pallidum) fue una importación más del Nuevo Mundo como la patata, los pimientos o las alubias que llego a Europa con el retorno de los primeros conquistadores que la extendieron por todo el continente en las guerras del siglo XVI. Ahora, desde el descubrimiento de la penicilina mata menos gente, pero aún se producen 10 a 12 millones de casos en todo el mundo. Quizá no produce grandes efectos sociales si descartamos los que generaron algunas de sus víctimas que llegaron a padecer la forma terciaria con su componente neurológico asociado a delirios maníacos. La telúricas personalidades de Henry VIII, Ivan el Terrible, Napoleon, Beethoven, Hitler, Mussolini o Al Capone que la padecieron, bien pudieron ser consecuencia de la infección del SNC.

Peste: Su extensión en poblaciones la ha convertido en sinónimo de plaga. La infección causada por la Yersisnia pestis alcanzó proporciones catastróficas que despoblaron el mundo conocido en varias ocasiones a lo largo de la historia. El control de uno de los vectores de su ciclo reproductivo, la rata negra, nos ha llevado a casi olvidarla. Pero el mundo no fue igual después de cada uno de los episodios epidémicos, quizá el más recordado fuese la “peste negra” de la mitad del siglo XIV. De peste murieron Pericles, Tiziano, San Luis Gonzaga, tres hermanas de William Shakespeare y más reciente y dramáticamente el Dr. Malcom Casadaban, investigador renombrado en 2009. Lo único bueno pudo ser que huir de la peste llevo a Bocaccio a escribir los cuentos del Decamerón.

Tuberculosis: Justo estos días se acaba de describir en Sudafrica una nueva cepa multirresistente de la Mycobacteria tuberculosis, un peculiar organismo descrito originalmente por Koch, que acompaña a la humanidad desde hace varios milenios. La llamada peste blanca ha matado o enfermado gentedesde Tutankhamen hasta Miguel Hernández, pasando por Sir Walter Scott o la Dama de las Camelias. Potenciada por el virus de la Inmunodeficiencia Humana la tuberculosis ha reaparecido en muchos paises mientras que en otros tiene una extensión rampante. Su asociación con el romanticismo y la literatura (P. ej. La montaña mágica de Thomas Mann) no puede ocultar la tragedia que acompaña los casos infectados tanto desde el punto de vista clínico infeccioso como social.

Estamos aún lejos de haber domado a estos jinetes desbocados.”

X. Allué (Editor)

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21 octubre 2019 at 8:06

Miedo

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Madó, dándose miedo a si misma

El miedo es libre. Y se aprende pronto en la vida. Es parte del instinto de supervivencia. Ayuda a que evitemos los peligros, aunque no siempre los riesgos.

Los miedos son emociones desagradables que los niños pueden experimentar a cualquier edad como respuesta consciente a un peligro que puede ser real, imaginario o construido sobre conocimientos previos.

Los miedos pueden afectar a todos los niños y a cualquier edad. De hecho la practica totalidad de los niños han manifestado miedos más o menos justificados y con diversa intensidad en algún momento de su vida. Las niñas suelen manifestar miedos con mayor frecuencia que los niños, pero esta apreciación más que una base científica, parece que forma parte de una consideración cultural. Existe alguna relación familiar y en medios familiares donde existan situaciones de inseguridad o ansiedad, los miedos se dan con mayor intensidad y frecuencia.

 

Etiología.

El miedo ontogénicamente forma parte de los reflejos normales y se asocia al instinto de conservación. El miedo innato a situaciones naturalmente peligrosas como las alturas escarpadas, el mar embravecido, el fuego, los ruidos fuertes, las sombras o los animales grandes se puede ver reforzado por eventos ocasionales que hayan enfrentado al niño en algún momento de su vida a una situación peligrosa. Ello va a acentuarse aún más si en el acontecimiento ha mediado alguna actitud angustiada, gritos o violencia por parte de otra persona, un adulto o los propios padres.

Lo que comúnmente se conoce como asustarse puede tener un origen natural, inducido y, a medida que el niño crece, cultural. Cada cultura identifica sus objetos terroríficos, monstruos o demonios y los trasmite a sus hijos. Estos pueden además ser cambiantes y recibir diferentes denominaciones con el tiempo. Por citar un ejemplo, el “sacamantecas” o el “hombre del saco” de antaño prácticamente han desaparecido como objeto de miedo en la cultura urbana española y, probablemente, han ocupado su lugar otros “malos” como Fredie Kruger, Drácula o las momias.

El miedo a la obscuridad, común en los niños más pequeños, expresa más la angustia de separación, la ausencia de la madre, que con la obscuridad en si misma.

Debe siempre tenerse en cuenta, sin embargo, que los miedos pueden ser reflejo de una situación peligrosa real, como violencia familiar o malos tratos. Por otro lado, el objeto de los miedos puede representar una distorsión de percepciones, cuando el miedo realmente se tiene a otra cosa, real, como la misma violencia o los abusos sexuales.

La tabla 1 recoge un listado de situaciones o cosas que dan miedo a los niños

Tabla 1

Obscuridad-separación-ausencia
Ruidos fuertes
Pérdida de equilibrio, escaleras, caídas
Animales grandes
Fuego
Animales pequeños y/o repugnantes
Agua, baño, piscinas, mar, etc.
Imágenes de cine o TV
Monstruos
Tormentas
Pinchos, cristales, objetos cortantes
Orinal, water
Inyecciones, punciones venosas
“batas blancas”
Perderse en una multitud, en el bosque
Velocidad, giros rápidos
Separación parental, divorcio
Ruina económica
Guerra, terrorismo
Ladrones
Abandono, adopción
Exclusión social
Relaciones sexuales
Soledad

Manifestaciones.

Los miedos suelen ser expresados y señalados por los niños. Ocasionalmente pueden formar parte de una neurosis de angustia no especifica. La presentación en forma de crisis, incluso de crisis de pánico, puede ser la primera manifestación. El miedo a las alturas, a los espacios cerrados, a los insectos, adquieren carácter de fobia cuando impiden el normal funcionamiento y desarrollo del niño.

Tratamiento.

Será diferente según la edad y el motivo de los miedos. En general debe mostrarse comprensión y no menospreciar ni, tampoco, exagerar la causa del miedo.

Se debe informar a los padres del carácter natural de los miedos y de aceptarlos en su justa medida.

Las estrategias deben dirigirse a facilitar que el niño sea capaz de afrontar la situación que le ocasiona los miedos de una forma realista, con el apoyo y soporte que se pueda proporcionar. Se debe ayudar a los niños a gestionar sus propios miedos; ayudarles a distinguir los miedos a cosas indeseables de los miedos del juego, como pueden ser los fantasmas de “Halloween” o los dragones y otros “monstruos” totémicos de las fiestas comunes en la zona de Levante, junto con los cohetes y fuegos artificiales.

Debe instruirse a la familia a no utilizar nunca los miedos del niño como coacción cuando se pretenda conseguir algo del niño o establecer límites. Hay que desactivar el “si no te portas bien… el médico te pondrá una inyección, o “vendrá el coco y se te llevará… etc.”. Asimismo deben desaconsejarse las burlas y menosprecios referidas a los objetos del miedo.

En los miedos a la separación es de utilidad el empleo de objetos transacionales, muñecos de peluche, almohadas o mantitas y comprender que es la separación y no la obscuridad la causa del problema, lo que debe permitir dejar una luz o un receptor de radio encendido en el dormitorio.

X. Allué (Editor)

NOTA: una parte de este texto está publicada en el libro “Pediatría psicosocial”(ISBN 84-8473-005-0) del que soy autor)

 

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29 agosto 2019 at 6:38

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Notre-Dame de París y la atención sanitaria a los niños del mundo

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La iglesia catedral de Notre-Dame de París ha sufrido un pavoroso incendio (los incendios son “pavorosos”, como los terremotos son terribles, y las inundaciones devastadoras) que ha destruido una parte importante de la estructura de la cubierta y ha destrozado la aguja central. Tremendo. Lamentable.

Pero en menos de una semana se han recaudado (o comprometido, que eso del dinero va lento) más de 600 millones de euros para su reconstrucción. No está mal.

Se trata de un templo católico, la sede de la archidiócesis de París. Construida entre 1163 y 1245 en la Île de la Cité, la catedral de Notre Dame de París es una de las catedrales góticas más antiguas del mundo.

Pero en Francia las iglesias, desde la Revolución francesa, son propiedad del estado. De manera que a la Iglesia católica la reconstrucción no le va a costar ni un euro.

La llamada en petición de ayudas del presidente Macron ha sido atendida por múltiples donantes pero, y muy especialmente, grandes empresas e industrias. Como donación , fácilmente lo incluirán en sus cuentas de gastos deducibles, así que probablemente además de quedar bien, se van a ahorrar dinero. Por otro lado, el incendio muy fácilmente relacionable con las obras que se estaban llevando a cabo en el edificio, casi seguro que cuenta con alguna cobertura de seguros. O sea que algo pagarán los seguros. Todos contentos.

Esta cosa de quemar edificios o, más concretamente, iglesias tiene su historia. Durante la revolución de 1936 en donde vivo no se quemaron muchas. Principalmente un convento de clarisas. Lo reconstruyeron y aún sirvió de hospital de sangre durante parte de la Guerra civil, hasta que lo bombardearon los cruceros italianos desde el mar porque nuestra ciudad era centro de suministros para la batalla del Ebro. Hubo que derruirlo y durante la última dictadura construyeron en su sitio un flamante hotel con las ayudas al turismo.

Lo que desde aquí entendemos, con toda la sensibilidad hacia edificios góticos religiosos o no, es que con 600 millones de euros se pueden construir y atender el funcionamiento al menos durante una año, de más de mil Centros sanitarios en los países menos favorecidos. La construcción por ahí está barata y el personal sanitario acostumbra a sobrevivir con estipendios modestos.

Una catedral gótica nos habla del pasado y de la vida perdurable. Mientras que un centro asistencial nos habla del presente, Y de que la vida perdure al menos un tiempo razonable y no se extinga antes de los 5 años por el hambre, la pobreza, las enfermedades infecciosas y la malnutrición.

A la hora de recabar recursos no parece que todos pensemos lo mismo.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

22 abril 2019 at 7:43

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