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El riesgo y la autoagresión

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The choking game: En este artículo, la revista TIME titula “Kids Are Playing the ‘Choking Game’ to Get High. Instead, They’re Dyingen referencia a una nueva moda estúpida consistente en producirse un estrangulamiento hasta el límite de resistencia y justo antes de la pérdida de conciencia, aflojar. Con ello, aparentemente se obtiene un “high”, una excitación extrema. Una práctica similar se incluye en algunos juegos eróticos para alcanzar el orgasmo. Lamentablemente llegar al límite puede tener consecuencias catastróficas: la muerte inmediata o lesiones cerebrales más o menos irreversibles.

Estos días hemos sabido de una adolescente que ha tenido que ser rescatada por los bomberos cuando se había colgado de una estructura a considerable altura y consiguiente riesgo, y sólo para hacerse una autofoto, eso que entre todos ahora llamamos “selfie“. Forma parte de la historia del cinema la vieja (60 años) película “Rebelde sin causa“, del todavía inolvidable James Dean i el juego del “chicken” en su acepción de cobarde, de conducir a gran velocidad un automóvil hacia un precipicio y abandonarlo en el último instante. O las lesiones o muertes que cada temporada veraniega se asocian a saltos desde acantilados, “balconing” o cabuzones en piscinas sin apenas agua.

Que niños y adolescentes busquen situaciones de riesgo extremo como diversión no es una novedad. Cambian los modos. O la difusión que permiten las comunicaciones telemáticas. Subyace un sentimiento de invulnerabilidad propio de la inmadurez que preside todas las conductas de riesgo. Es lo de probar que no pasa nada. Algunas sin embargo contienen una base de autoagresión que puede tener otros origenes. Y tambien otras manifestaciones que deberían ser objeto de vigilancia o detección a los que ya nos hemos referido en este blog.

Pediatras y educadores, además naturalmente de los padres deben tener presente estas peculiaridades de los comportamientos, cuyas consecuencias tienen mal tratamiento y sólo prevención.

X. Allué (Editor)

(La imagen qu acompaña este texto aparece en healthline.time)
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Written by pedsocial

22 marzo 2018 at 10:11

Cortes y autolesiones, algo más que una moda estúpida

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Agredir el propio cuerpo se hace desde antiguo. Utilizar nuestra piel, nuestro pelo u otras partes del cuerpo como base de expresión de sentimientos o ideas probablemente data del Pleistoceno. Al fin y al cabo nuestro cuerpo es lo más próximo que tenemos y una forma de modificar nuestra identidad puede ser actuar sobre nostros mismos. Adornos y vestidos están presentes en las culturas más antiguas y es difícil definir desde cuando. Los collares más antiguos pueden ser de hace 80.000 años por las cuentas perforadas halladas por los arqueólogos, pero antes pudo haber otros de los que no han quedado restos. Huesos modificados aparecen en varias culturas prehistóricas. De lo que no hay restos es de cicatrices o tatuajes.

Otras modificaciones de la anatomía, desde las mutilaciones genitales como la clitoridectomia o la circuncisión, hasta la exageraciones en los pendientes o los alargamientos de cuello, se suman a la miríada de rituales de otras tantas diferentes culturas.

A nuestro entender, la estúpida moda más reciente de producirse lesiones de cortes en la piel de adolescentes, especialmente niñas, podría incluirse en este ámbito de las modificaciones ritualisticas al cuerpo, en la misma línea que los tatuajes o los piercings. Excepto que los cortes incluyen más componentes de autoagresión.

No que nuestro entorno esté exento de autolesiones ritualisticas de difícil comprensión desde otras culturas o religiones. Los “picaos” de la Semana Santa de San Vicente de Sonsierra o cualquiera de las otras torturas penitenciales, desde el común nudipedio a las crucifixiones, en otros tantos sitios, son parte de esos fenómenos. Y del mismo estilo son los cilicios que continuan formando parte de los ritos de varias sectas u órdenes religiosas católicas, algunas tan modernas como el Opus Dei. Incluso algunos ejercicios viajeros como el camino de Santiago contienen elementos de la “mortificación de la carne“.

En la turbulenta y a la vez solitaria vida de los-y-las adolescentes, la combinación de estímulos con una visión distorsionada del propio cuerpo puede facilitar la selección de algún método de mutilación. La forma que adopte será influida por el entorno y la exposición a las experiencias de otros: en un convento de novicias en el siglo XVII serán cilicios postradas ante el altar, y en cualquier barrio del siglo XXI serán cortes de hoja de afeitar postradas ante la pantalla del ordenador…

Sin embargo existen motivos de preocupación ante la actual epidemia de antebrazos o muslos cortados entre adolescentes (ICD-10 Version:2016: X 77) que se está viendo en estas latitudes. Cualquier actitud o práctica autogresiva contiene un germen de autolisis, de suicidio. No es que las autolesiones sean intentos de suicidio, pero sí señales de alarma y, en cualquier caso, peticiones de atención.

En serio, cualquier autolesionada debe ser evaluada por un psiquiatra infantil experto. Ya sabemos que puede haber resistencias de cualquier joven a que lo lleven a un loquero, en lengaje coloquial. Pero se trata de una obligación protectora de todos. Cualquiera que sea testimonio de las lesiones, educador, familiar, médicos de urgencias, trabajador social, tiene la obligación de ponerlo de manifiesto y ofrecer ayuda profesional experta. Incluso en el más leve de los casos, puede ser una suficiente señal de deseo de atención.

X. Allué (Editor)

 

Written by pedsocial

13 julio 2017 at 18:12

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Bullying y suicidio infantojuvenil

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Un caso de suicidio de una niña de 16 años relacionado con acoso escolar acaba de saltar a las páginas de los medios de información en España hace dos semanas, con ecos al otra lado del Atlántico por tratarse de una niña de origen ecuatoriano. “La consejería de Educación de Castilla La Mancha va a abrir una investigación para indagar si algo falló en el proceso, aunque todo apunta a que los responsables del IES Maestro Juan de Ávila, de Ciudad Real, no midieron bien los riesgos” dice el resumen de la noticia al existir una denuncia de los antecedentes por parte de la familia.

Hace sólo un mes en la Columbia Británica, en el Canadá, una muchacha sometida a acoso por Internet además anunció su suicidio en un video publicado en YouTube. Un mes antes de quitarse la vida, la adolescente había enviado a Youtube un cortometraje en el que iba pasando cartulinas blancas donde en rotulador negro contaba el abuso que decía haber sufrido. Relató que envió a través de una cámara web la imagen de sus pechos desnudos a un usuario que había contactado con ella en un chat de Internet y que luego le pidió que “hiciera un show” para él. Los hechos ocurrieron cuando ella tenía 12 años, después el acosador colgó la foto en Facebook y los compañeros de colegio de la chica se enteraron.

El acoso escolar es una plaga que se ha considerado endémica porque sucede en todas partes y las redes sociales y el uso de la Internet han generado este otro tipo de acoso denominado cyberbullying. La cita de Wikipedia no es muy precisa pero relata las principales características del problema. Es comprensible que se le incluya como una de las causas del suicidio infantojuvenil. Los ataques continuados a la autoestima de individuos jóvenes , con dificultades emocionales y combinaciones de depresión y paranoia consituyen un campo abonado para la autolisis.

Sin embargo el suicidio infantojuvenil es un fenómeno complejo, a menudo imprevisible y que no siempre reconoce causas externas evidenciables. La natural tendencia de los padres a buscar las causas de algo tan terrible como que un hijo, una persona joven, decida quitarse la vida, en el entorno exterior del niño, la escuela, el barrio o sus compañeros. Y así puede ser cuando se encuentra evidencia de ello. Lamentablemente al suicidio se puede llegar por muchos caminos.

Por otro lado, el acoso escolar, con todo lo que tiene de indeseable, sólo en contadas circunstancias puede llegar a inducir autoagresión.

Padres y, sobre todo, educadores deben estar alerta en las situaciones en las que se pueda detectar acoso porque puede hacer muy miserable la vida de los menores vulnerables. Y, a la vez, no olvidar que los acosadores, menores y de edad similar a la víctima también son susceptibles de tratamiento y no sólo de represión.

X. Allue (Editor)

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22 noviembre 2012 at 6:00

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Los niños con riesgo VI. Accidentes.

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Ya nos hemos referido anteriormente a los riesgos que los accidentes comportan. Actualmente son la primera causa de mortalidad infantil, salvado el período neonatal, en los países avanzados. Los accidentes no tienen más manejo que su prevención, de manera que el conocimiento de la existencia de los riesgos de accidentes es una obligación ineludible.

Domésticos. El hogar es donde más tiempo pasan los niños pequeños. Por tanto es donde más fácilmente van a producirse los accidentes. En esto están de acuerdo todas las estadísticas.

Dentro del hogar el sitio más peligroso es la cocina, quizá porque no se puede decir que haya hogar sin un “hogar”, un fuego donde cocinar (En la Edad media los censos de población en Cataluña se hacían contando los fuegos, “fogars”, que solían ser bastante precisos) El fuego para cocinar, los líquidos calientes, los utensilios cortantes utilizados para manipular los alimentos, los propios alimentos o los elementos de limpieza que se guardan en las cocinas son los vehículos de los accidentes. Pero los descuidos son la causa. La otra dependencia peligrosa es el cuarto de baño: las superficies resbaladizas favorecen las

Caídas y traumatismos. La inexorable fuerza de la gravedad va a dar con nuestros huesos—o los de los niños—en el suelo. Y los niños pequeños tienen el centro de gravedad bastante alto porque la cabeza les pesa más que las piernas. Eso sumado a la inestabilidad neuromuscular y el movimiento continuo hace las caídas frecuentes. Si hay desniveles como escaleras, balcones, terrazas o tapias, las consecuencias pueden ser peores.

Si los niños están en un sitio del que puedan caerse, lo más probable es que se caigan. No es la ley de Murphy: le podéis poner mi nombre. O el de Newton.

Intoxicaciones. La curiosidad natural de los niños entre el año y los cinco o seis les lleva a probarlo todo. Para distinguir si es comestible o no, lo natural es que se lo lleven a la boca. Pero los niños no son tontos; para que ingieran algo tiene que existir un motivo: que esté a su alcance, que tenga un aspecto atractivo, que sea fácil de conseguir e ingerir. O que algún imprudente lo haya puesto a su alcance en un envase que sea familiar para el niño, como poner detergentes o combustibles en botellas de refrescos…

Por debajo del año los niños no se envenenan, los envenenan. Alguien, por error, descuido o intención aviesa, les ha administrado el tóxico. Cuidadín…

Y con más de seis años los niños ya saben lo que es bueno para comer y lo que no, de manera que debe existir alguna circunstancia favorecedora, intencionalidad o, eventual y lamentablemente, un intento de autoagresión.

Quemaduras. El contacto de la piel con objetos o substancias a más de 60º centígrados va a producir una lesión. Cuanto más alta sea la temperatura, cuanta más superficie corporal resulte expuesta y cuanto más tiempo se mantenga el contacto más grave será la lesión, la quemadura. No es aquí un sitio para elaborar la importancia y gravedad de las lesiones térmicas. Aunque sí recordar que en el caso de incendios, los daños producidos por la inhalación de humo y los productos de la combustión—monoxido de carbono y gases derivados de la combustión de plásticos que contienen ácido cianídrico–suelen anteceder a las quemaduras y son la principal causa de muerte.

Ahogamientos. Ya lo hemos recordado en varias otras ocasiones. La existencia de acumulaciones de agua, bañeras, piscinas, balsas, charcas, canales, lagos y, naturalmente, el mar, ofrecen oportunidades para que un niño caiga en ellas y no sea capaz de mantenerse a flote. El principio de los veranos, el primer día de las vacaciones, los niños desatendidos y otras imprudencias convierten el contacto con el agua un peligro notable.

De tránsito. La generalización del tráfico de vehículos a motor en todo el mundo en los últimos sesenta años, ha convertido a los accidentes relacionados con el conflicto entre los niños y los citados vehículos a motor, ya sea como viajeros en ellos o como peatones atropellados, en una causa importante de lesiones y muertes. El tráfico rodado está sometido en todos los países civilizados a un considerable cuerpo legal de regulaciones y normas designadas para prevenir y evitar los accidentes. El elemental respeto a todas esas regulaciones debería reducir notablemente los accidentes. Lamentablemente la impredictibilidad de los vehículos en movimiento y, también, la de los niños, las hacen a menudo inútiles. Prudencia.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

16 agosto 2012 at 6:00

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