Pediatría social

Blog de la Sociedad Española de Pediatría Social

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Emigración: emigrantes e inmigrantes

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gran-pateraSerá reiterativo, pero no hay duda que todos estos textos (“Inmigrantes”) publicados en este blog a lo largo de los años continúan vigentes. La llegada a la oficina de la presidencia de los Estados Unidos de América, país creado y mantenido por inmigrantes, de un energúmeno perverso acentúa la actualidad. Pero aquí no vamos mejor…

Reproducimos algo de ellos aquí:

…”Parece como ocioso recordar que todos somos inmigrantes. Claro que hay que volver la vista bastante atrás, pero, total hace 400.000 años aquí no había nadie. Fuimos viniendo poco a poco. Los libros de historia que estudié de pequeño hacía escasa referencia a la prehistoria. Daba por sentado que los habitantes de esta parte del mundo “ya estaban aquí” y que luego vinieron los Iberos por el sur y los Celtas por el norte. Y luego “vinieron” los fenicios, los griegos, los cartagineses, los romanos, los visigodos, los suevos, los vándalos y los alanos. Y después los árabes (y los moros, almohades, almorávides y benimerines). Y que después se les echó (?) y aquí se quedaron “los de siempre”.  Lo que no fue óbice para que los monarcas fueran extranjeros (Carlos I nació en Flandes y no hablaba español, Felipe V era francés, y el más reciente JuanCarlos I nació en Roma y se educó en Portugal) y sucesivas llegadas de ciudadanos nacidos en otros lugares y otras culturas: japoneses en Sevilla (siglo XVI), austriacos e italianos en Madrid, holandeses y alemanes en La Carolina o en San Carles de la Rápita. En las zonas más abiertas o próximas a las fronteras, siempre imprecisas, recogemos en los apellidos orígenes foráneos: Anglés, Francés, Alemany, Moro, Milanés, etc. Y los nacidos aquí emigraron a millones a América (antes) y a Europa (hace 40 años) en busca de una vida mejor.

Todos somos emigrantes/inmigrantes….”

“…Las leyes de acogida y asistencia que los países aplican establecen diferencias entre quienes se acercan a sus fronteras desde el exterior. Turistas e inversores serán habitualmente bienvenidos, pero emigrantes o refugiados ya no tanto.
Inmigrantes somos todos argumentábamos hace unos años quizá cuando el pico de llegada de nuevos inmigrantes a este país. Luego la crisis económica ha cambiado algunas cosas pero una buena parte se han quedado e integrado. Ya “son de aquí”, menos para algún energúmeno del Partido Popular como el anterior alcalde de Badalona y algunos otros recalcitrantes.

De las migraciones se ha escrito mucho. Nosotros mismos en la primera década del siglo y dentro del ámbito de migraciones y salud hemos contribuido con algunos trabajos de investigación y varias publicaciones. La linea argumental aparece resumida en la entrada del blog enlazada más arriba en el sentido de que las migraciones son la parte de la historia de la humanidad más constante, probablemente incarnada en el ADN primitivo que promovía el nomadismo. Quizá la característica más “humana” de los homínidos fuese su tendencia a viajar, a cambiar de asentamiento según sus necesidades. Los otros simios son más territoriales y viajando se aprende. La teoría paleontológica del “out of Africa” sostiene que los homínidos más modernos y especialmente el sapiens, son originarios del este africano y que migraron hacia el norte, a través del Sinaí, hacia Eurasia.

Las religiones del libro consagran las migraciones (Exodus) y los viajes (Hejira). La historia de la Europa medieval es una sucesión de migraciones desde oriente. Los europeos ocuparon América, casi siempre en busca de algo mejor, aunque a menudo huyendo de algo peor, insoportable. La Guerra civil española llevó medio millón de republicanos a Francia. Mediado el siglo XX hasta 60 millones de personas se desplazaron o los desplazaron los horrores de la guerra.

Refugiados y emigrantes no se van de donde vienen: les empujan. Les empuja la miseria, la inseguridad, el hambre, la desesperanza, el miedo y la muerte, aunque luego lo vuelvan a encontrar por el largo camino hasta encontrar sosiego y acogida en otros lugares. Por eso la diferenciación entre emigrantes y refugiados, al menos en el momento actual, me parece más bien retórica. Cierto es que las legislaciones de los países occidentales están llenas de argumentaciones  y que el derecho internacional público contempla las situaciones de forma diferenciada. Así lo hace la ONU también. Pero las razones suelen ser meramente instrumentales. Por ejemplo suponen que los refugiados por una causa concreta, puntual, como un conflicto bélico, cuando este concluya es posible que quieran regresar a sus lugares de origen. Pero todo el mundo entiende que lo más común es que a la conclusión de una guerra suele quedar muy poco a lo que regresar.

El caso es que la estúpida idea de que todo el mundo debe quedarse en su casa y no molestar, parte de la concepción de un mundo fraccionado por fronteras físicas o sociales. Y eso, en el siglo XXI ya no va a ser. Los “parias de la tierra” a quienes canta La Internacional ya no aguantan más y las distancias cada vez son más cortas. Pero aunque no lo fuesen: las barcazas de los mares del sudeste asiático, las pateras del estrecho o los flotadores delante de Lampedusa son versiones de lo mismo. Como en su día lo fueron los artilugios flotantes de los “balseros” cubanos. O andando como hacen desde esta mañana los que estaban retenidos en la estación Keleti en Budapest.

Todavía no me he recuperado de la visión de la imagen del niño Aylan que mostramos en el post anterior. Y sigo sin palabras para comentarlo. Pero desde este rincón queremos recordar a nuestros lectores que, cada uno desde el suyo, actúen hacia sus respectivos representantes y gobiernos para que empiecen a comprender  el problema y arbitrar medidas, no sólo para resolver lo inmediato como pueda ser un tren de Budapest a Viena o unos ferris en la isla de Cos, sino para orientar las políticas hacia las causas que, todos sabemos, son del orden mundial y de la responsabilidad social de los que tenemos ante los que no tienen nada….”

 

X. Allué (Editor)

 

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6 marzo 2017 at 7:11

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Los inmigrantes somos todos, y consumimos por el estilo

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Parece como ocioso recordar que todos somos inmigrantes. Claro que hay que volver la vista bastante atrás, pero, total hace 400.000 años aquí no había nadie. Fuimos viniendo poco a poco. Los libros de historia que estudié de pequeños hacía escasa referencia a la prehistoria. Daba por sentado que los habitantes de esta parte del mundo “ya estaban aquí” y que luego vinieron los Iberos por el sur y los Celtas por el norte. Y luego “vinieron” los fenicios, los griegos, los cartagineses, los romanos, los visigodos, los suevos, los vándalos y los alanos. Y después los árabes (y los moros, almohades, almorávides y benimerines). Y que después se les echó (?) y aquí se quedaron “los de siempre”.  Lo que no fue óbice para que los monarcas fueran extranjeros (Carlos I nació en Flandes y no hablaba español, Felipe V era francés, y el más reciente JuanCarlos I nació en Roma y se educó en Portugal) y sucesivas llegadas de ciudadanos nacidos en otros lugares y otras culturas: japoneses en Sevilla (siglo XVI), austriacos e italianos en Madrid, holandeses y alemanes en La Carolina o en San Carles de la Rápita. En las zonas más abiertas o próximas a las fronteras, siempre imprecisas, recogemos en los apellidos orígenes foráneos: Anglés, Francés, Alemany, Moro, Milanés, etc.

Y los nacidos aquí emigraron a millones a América (antes) y a Europa (hace 40 años) en busca de una vida mejor.

Todos somos emigrantes/inmigrantes.

Claro que la llegada de varios millones de personas procedentes de países de fuera de la Unión Europea en un período de tiempo históricamente breve, unos 10 años, ha producido crujidos en la trama social al competir con la población autóctona por puestos de trabajo y servicios.

En un ámbito donde esos crujidos se oyen es en los servicios sanitarios. Como suele ser habitual, la anécdota adquiere pronto categoria de realidad cuando se observa de cerca.

No toca aquí glosar los beneficios y/o los costes de la reciente oleada migratoria en España, por más que los analistas económicos la califican de beneficiosa en general. Pero si salir un poco al paso de la creencia de que los ciudadanos recién llegados generan problemas de salud y consumen más recursos que la población autóctona.

Simplemente, no es cierto. La patología importada se mantiene en mínimos y hay evidencia publicada de que consumen menos recetas y menos servicios. También conviene escuchar a Arcadi Oliveras y sus reflexiones y denuncias

X. Allué (Editor)

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21 octubre 2011 at 10:19

Determinantes culturales. El tratamiento de los problemas de base cultural – 5

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professionalsEl médico debe tener una percepción de su propia cultura y su estatus y de las diferencias en control y poder existentes en la relación médico/paciente, y un conocimiento de básico de cómo la teoría y la práctica de la medicina están condicionadas culturalmente, de la existencia de fenómenos de exclusión (racismo), de las diferencias en las estructuras familiares y los diferentes roles asumidos por los miembros de las familias en las diferentes culturas, los factores sociopolíticos que repercuten sobre la existencia de los pacientes y de los síndromes o enfermedades culturalmente construidos (“culture-bound syndromes”). Además debe adquirir habilidades o destrezas que le permitan comprender los modelos explicativos de la enfermedad de los pacientes, ser capaz de modificar sus instrumentos de interacción con el paciente en función de las diferencias culturales y procurar evitar prejuicios o conceptualizaciones preestablecidas.

Entre las cualidades necesarias se deben incluir la empatía, el respeto, la capacidad de inspirar confianza, la comprensión y establecer lazos que faciliten la colaboración, que proporciones esperanza y ánimo y que permitan al paciente asumir el control propio de su proceso (“empowering” o empoderamiento)

El tratamiento.
La propuesta terapéutica debe construirse como una “alianza”. De hecho debe ser un pacto aceptable y aceptado por ambas partes para que tenga viabilidad.
Debe ser realista, centrado en la persona, fácilmente comprensible, apropiado a la cultura del paciente, consistente con los deseos de autonomía y autocontrol y organizado en términos positivos, es decir que en lo posible resulte exento de prohibiciones.
Debe obtenerse una seguridad de cumplimiento y se deben introducir en las recomendaciones los conocimientos para que el propio paciente pueda evaluar los resultados y los progresos.
No se deben desdeñar los remedios de origen cultural que estén desprovistos de efectos indeseable sino, por el contrario, aprovecharlos para reforzar la idea de autocontrol del paciente.

El recurso de los mediadores culturales. Merecedor de una más larga discusión, tiene una especial relevancia en situaciones de inmigrantes recién llegados, pero también entre grupos ya establecidos que mantengan una integración propia. Conviene separar la función de mediador de la de simple intérprete o traductor y, además ser extraordinariamente cuidadoso cuando la mediación incluye cuestiones que afecten de forma importante la intimidad y el autocontrol de paciente.

La buena práctica. Mirada con un poco de distanciamiento, es fácil percibir que la atención a los pacientes se simplifica cuando se incluye en el marco de una buena práctica asistencial que debe tener en cuenta no sólo la diversidad cultural y aún a distancia cultural de las diversas culturas, sino también la distancia cultural entre médicos y pacientes de otras culturas y la distancia cultural entre médicos y pacientes en general.

Una parte de esta distancia la compone el ”decalage” generacional en los conocimientos biomédicos populares: los abuelos construyen como conocimiento popular lo que, en su tiempo, eran conocimientos científicos, luego abandonados por obsolescencia, y así sucesivamente las siguientes generaciones. Otra distancia no desdeñable es la competencia lingüística, palpable en las comunidades bilingües, que suelen ser las más con la actual situación migratoria. Ello sin olvidar que la práctica totalidad de los países incluyen comunidad ( y no siempre consideradas com “minorías”) que utilizan más de una lengua.

La competencia cultural, tal y como yo la entiendo, es poco más que una sensibilidad hacia las diferencias, hacia el otro. Esa sensibilidad es la que han tenido los médicos que nos han precedido en toda la historia de la medicina antes de que la masificación de la asistencia, el asalariado profesional y la tecnificación nos hayan alejado de nuestros pacientes. Recuperar esa sensibilidad es una nueva tarea. Ejercerla con suficiencia requiere un profundo estudio y revisión de las características culturales de nuestro entorno.

La competencia cultural no es simplemente una cuestión de atender a las minorías. A medida que los conocimientos biomédicos se expanden infinitamente, la población, la gente se queda atrás en su conocimiento de los nuevos conceptos y la nueva fenomenología. La construcción biomédica y la construcción popular de la salud y la enfermedad divergen gradualmente hasta el punto de convertirse en dos realidades culturales bien diferenciadas. Además muchos grupos sociales actúan como “inmigrantes” ante los nuevos paradigmas: los adolescentes, los ancianos, los analfabetos necesitan una actuación más próxima, más amable, realmente más competente por parte de los profesionales. Los médicos competentes deben adquirir competencia en esas diferencias y salvarlas en beneficio de sus pacientes.

El recurso de otras profesiones.

Como en cualquier otro ámbito de la nosología, la buena práctica aconseja recurrir a las profesiones aliadas como ya hemos comentado. Obviamente y para temas sociales la práctica coordinada con los trabajadores sociales es la que mejores resultados ofrece. Concordamos en ello con Rocío Ibáñez, aunque entendemos que el pediatra bien formado debe ser capaz de obtener la informació precisa sobre los aspectos sociales y ser comptente en ello porque, y lamentablemente, la `resencia de trabajadores sociales en los centros de salud dista mucho de ser universal.

También puede recabarse la normal asistencia del personal de enfermería puesto que conocer a las familias que se asisten forma parte de su experiencia. Pero también del personal administrativo, que desde el puesto ventajoso de la acogida en donde se registran los datos identificativos varios. Igualmente una buena relación con los farmacéuticos del barrio o población ayuda a coordinar terapéuticas.

Mantener contactos con el medio escolar, tanto el profesorado como las AMPA es muy recomendable. Y también con las fuerzas del orden locales, Guardia Urbana o municipales. Una visita, aunque sea protocolaria, a los juzgados y Fiscalia de menores puede facilitar releaciones en la eventualidad de experiencias que requieran actuaciones judiciales.

Con estas exposiciones, cuyo texto  recogen en parte otras publicaciones nuestras, queremos dejar constancia que la Pediatria social amplia el abanico de las responsabilidades de los médicos que se dedican al cuidado de los niños, desde el convencimiento de que una buena parte de la patología, su presentación y, también, su tratamiento, contienen elementos determinados por el contexto cultural que, y a todos los efectos, es el social.

 

X. Allué (Editor)

 

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23 febrero 2017 at 7:01

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Determinantes culturales – 4

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fcesContinuamos esta serie refiriéndonos a la importancia de los determinantes culturales en la evaluación de pacientes desde la Pediatria social. Y en ello incluimos cuestiones como la situación étnica, procedencia y origen familiar, el idioma familiar y otras materias. Conviene conocer las experiencias sociales que haya atravesado la familia o el niño, la integración en el entorno y lo que puede entenderse como la herencia social: de “dónde” vienen, cuales son sus “orígenes” sociales.

En la relación asistencial, el esfuerzo explicativo se hace en los aspectos biológicos y rara vez en los aspectos de la relación del individuo con su padecimiento. En ocasiones, cuando el padecimiento, la enfermedad, tiene unas características o una incidencia que la hacen extensiva a grupos poblacionales más amplios, como sucede con padecimientos crónicos, se cede la tarea de explicar cómo afecta la enfermedad al individuo a los grupos de autoayuda, asociaciones de familiares de enfermos y demás. En cambio y en general, en el manejo de los problemas agudos que precisamente son los que con más frecuencia son motivo de consulta, los comunes y habituales, no queda lugar para establecer una conexión entre el conocimiento médico y el conocimiento popular. La relativa inmediatez de los problemas y la premura, parece que liberan al profesional de muchas consideraciones que no sean la identificación de unos síntomas, la elaboración de un diagnóstico y la prescripción de un tratamiento, procediendo de una forma más o menos automatizada y sin tener en cuenta la variedad de los pacientes que acuden y, menos aún, de ocuparse de sus peculiaridades, notablemente las culturales.

Únicamente cuando la diferencia cultural es muy evidente, como sucede con los extranjeros o los inmigrantes se adquiere una cierta conciencia de esas diferencias. Es en esta línea que se ha elaborado el concepto de la competencia cultural de los médicos.

Los componentes de la cultura. Probablemente haya tantas definiciones de culturas como culturas mismas. Algunas simples incluyen como cultura la coincidencia de un lenguaje, una historia, unos conocimientos y unas experiencias comunes a un grupo o sociedad. Además pueden incluir otras aspectos como las creencias, las normas, los valores, o también la etnia (o la raza) la orientación sexual, la existencia de una discapacidad u otras características definidas y autoatribuidas por el propio sujeto o grupo. En la cultura se incluyen componentes objetivos, fruto de observaciones, otros sujetivos, fruto de experiencias, y así se construyen sistemas de significados que componen un marco para actitudes y comportamientos. La cultura se aprende, se enseña, se reproduce y evoluciona constantemente.

En la interacción médico/paciente son perceptibles diferencias entre sus propias culturas, su nivel social y de educación, diferencias de género e incluso de edad que no pueden ser obviadas. Y durante la misma se desarrollan eventos que están condicionados por elementos como el respeto mutuo, la relación de poder, la capacidad de comunicarse, la empatía, la confianza, la intimidad y la dignidad. Cuando las diferencias son más evidentes como sucede en la interacción con inmigrantes recientes, cuando médico y enfermo son asimismo conscientes de la existencia de una distancia cultural, todos estos elementos adquieren un especial protagonismo.

El diagnóstico. Evaluación de los factores culturales.
En la evaluación para el diagnóstico se debe incluir en la anamnesis una serie de elementos que permitan contextualizar al paciente y su dolencia. Es conveniente establecer una identidad cultural o étnica: etnia, ciudadanía, religión, orientación sexual o de género, así como una precisión sobre la lengua preferida, su conocimiento de las lenguas oficiales y su grado de alfabetización.

Puede además obtenerse información sobre las creencias y prácticas comunes en relación con la salud y la enfermedad y detectar la existencia de estigmas o vergüenza en relación con su situación, así como las diferencias de género en el proceso de demanda de asistencia, algo notable, por ejemplo, entre mujeres africanas y/o de religión musulmana. Se debe establecer con precisión la composición del núcleo familiar y los diferentes roles asumidos así como la dinámica familiar. Igualmente se debe recabar información sobre aspectos psicosociales que pueden convertirse en estresantes añadidos como la pobreza, el desempleo, la ilegalidad, los antecedentes de delincuencia y las experiencias de discriminación/exclusión padecidas. Y también recabar información sobre experiencias asistenciales anteriores, ya sean en el ámbito sanitario del país de origen en el caso de extranjeros, como el recurso a prácticas o profesionales de medicina tradicional.

 

X. Allué (Editor)

 

 

 

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20 febrero 2017 at 6:14

Día Mundial por la Cobertura Sanitaria Universal

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uhc-day-badgeLa Organización Mundial de la Salud (OMS), durante la celebración del Foro Africano de Cobertura Sanitaria Universal, que tuvo lugar en Madrid en 2014, anunció la creación del Día Mundial por la Cobertura Sanitaria Universal. Esto significa que todas las personas reciban los servicios de salud que necesitan sin sufrir dificultades financieras al pagar por ellos.

Durante la reunión, representantes de Liberia, Camerún, Nigeria, Mali, Burkina Faso, Senegal, Ghana, Costa de Marfil, Sierra Leona, Kenia, Etiopía, Zimbabwe, Zambia, Malawi y Uganda se comprometieron a conformar y poner en marcha de forma efectiva la Red Internacional por la Cobertura Sanitaria Universal. El movimiento se extendió a paises de los cinco continentes.

En el marco de este movimiento internacional que reivindica la cobertura sanitaria para todas las personas, la Fundación Rockefeller se ha comprometido a apoyar la celebración del Día Mundial por la Cobertura Sanitaria Universal,  con la participación de 864 organizaciones de 117 países. A pesar de ello ni siquera esos 117 países pueden garantizar que la cobertura sanitaria sea igual para todos y que incluya todos los recusos disponibles. Con frecuencia olvidamos que la cobertura sanitaria que gozamos en este país es más la excepción que la regla en el contexto mundial. Apenas hace unos días que el presidente electo de los Estados Unidos ha anunciado que piensa modificar el proyecto que Barack Obama había conseguido instaurar (Obamacare), que extendía el acceso a la asistencia mèdica a millones de norteamericanos que hasta entonces carecian de ese derecho. Aunque la discusión se plantea en el país más rico del mundo en la forma de gestionar el programa, la realidad es que, sín él, la atención sanitaria para muchísima gente, además de extraordinariamente cara, muchas veces resulta inaccesible. En otros países se han producido notables retrocesos en la cobertura, notoriamente en el Reino Unido, donde el National Health Service ha sufrido importantes recortes.

En el estado español y cuando las competencias en materia de salud están totalmente transferidas a los gobiernos de la Comunidades Autónomas, el gobierno del Partido Popular ha propugnado limitaciones en diversos ámbitos. La más reciente es la privación de asistencia subvencionada a los inmigrantes. La misma gente que, como hizo el anterior ministro del Interior Fernández Diez, se vanagloriaban de “haber destrozado el sistema sanitario catalán“, son los firmantes del acuerdo de Madrid.

Es lamentable que los partidos poíticos más conservadores, a quienes suelen votar los más ricos, insistan en que “esto de la sanidad universal y gratuita para todos es insostenible”. Lo que vienen a decir es que lo que no pueden soportar, es que los pobres tengan acceso a la salud. Sostenible es lo que quieras sostener. Y las cosas son caras o menos caras según convenga. Recuerdo que mi madre decía con frecuencia aquello de que “La vida, como la carne en el mercado, es buena, pero cara. Las hay más baratas, pero ya no son tan buenas“. Lo mismo se puede decir de la asistencia sanitaria. (¿Hace falta recordar que un cazabombardero F-18, que sólo sirve para matar gente, cuesta lo mismo que un hospital? ¿Y que cada hora de vuelo sale a 24.000€, que es lo que valen 10 días de estancia en una UCI de un hospital terciario?).

Hoy es un dia para reconsiderar algunas prioridades.

X. Allué (Editor)

 

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12 diciembre 2016 at 6:00

A vueltas con el dominio de idiomas

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rajoy no habla idiomasDurante el enojoso proceso de elección de un gobierno para el estado, que lleva diez meses y dos elecciones sin conseguir acuerdos ni soluciones, surge de nuevo la consideración sobre el dominio de idiomas entre la población estudiantil. En lo que se aparece como la creación de un nuevo conflicto sobre el sistema de inmersión lingüistica en Catalunya, el presidente del gobierno en funciones y candidato frustrado, insistió sobre los delirios que la malhadada LOMCE, la ley que un desvergonzado ministro ha dado nombre, en el sentido de que se emplee el inglés como lengua vehicular en el sistema escolar. En el caso de los paises de lengua catalana, además de las otras dos oficiales: catalan y español. No es que la idea sea mala. Es la intención. El sistema de inmersión lingüística de Cataluya, vigente de hace años, lleva a los jóvenes y no ya tan jóvenes a hablar y escribir en la lengua del país y tener mejores niveles de español que sus coetáneos de varias Comunidades Autónomas monolingües. Que además aprendan inglés en el ámbito de la enseñanza pública es estupendo. Pero para conseguirlo no va a bastar que el profesorado domine la lengua de Shakespeare, cosa que actualmente no sucede, sinó algo más. Principalmente entender lo que representa el dominio de más de una lengua, cosa aparentemente inalcanzable para, por ejemplo, el señor Rajoy y la mayor parte de los líderes políticos españoles.

Este tema ya ha sido tratado con anterioridad en este blog. Ya hace cinco años publicábamos:

Una decisión mastuerza del Tribunal Superior de Justicia y el vocerío preelectoral coincidiendo con el comienzo del curso, han vuelto a poner de actualidad una aburrida polémica sobre la enseñanza en catalán en Cataluña. Treinta años después de que esté en vigencia en el sistema educativo catalán el programa de inmersión lingüística, los jóvenes catalanes hablan y escriben en la lengua del país y tienen mejores niveles de español que sus coetáneos de algunas CCAA de habla castellana. Esa es la realidad.

Desde aquí no vamos a defender una postura política ni deseamos entrar en debates culturales. Pero si ofrecer algunas reflexiones sobre el aprendizaje y uso de las lenguas por parte de los menores.

Aunque algunos se resistan a creerlo, lo habitual en la mayor parte del mundo es que la gente utilice dos o más lenguas para entenderse. En una mayoría de estados, las lenguas oficiales son más de una. Así sucede en Europa, en buena parte del Oriente, por descontado en África y, también, en América.

La mayor parte de los nuevos inmigrantes que en el último decenio han llegado a nuestro país, ya de origen hablaban más de una lengua: magrebíes que además del árabe, hablan francés o tamazit o chelja. Nigerianos que hablan inglés y yoruba, senegaleses que, además de francés, hablan mandinga o wolof. Rumanos que hablan alemán. Ecuatorianos que usan el español y el quechua.

Parece evidente que las personas que conocen más de una lengua tienen facilidad para aprender una tercera y aún otras. Existen además publicaciones que muestran evidencia de que los bilingües tiene una menor incidencia de demencia senil y enfermedad de Alzheimer.

Toda mi vida a transcurrido en países donde había más de una lengua oficial: Canadá, Euskadi, Baleares o Cataluña. Incluso en un período en los Estados Unidos antes de la notable presencia del español actual, viví en un estado que, además del inglés, reconocía como lengua oficial el cherokee. Nunca se me han presentado problemas de pacientes que se relacionasen con dificultades por utilizar más de una lengua.

Tengo la suerte de usar habitualmente tres idiomas, puedo hacerme entender en cinco y leer siete, además de media docena de formas dialectales de los tres primeros. Si tuve que hacer un esfuerzo siempre fue en beneficio de quienes servía: niños y sus padres con algún problema de salud. Ocasionalmente he tenido que utilizar intérpretes: de árabe, de eskimo, de griego, de switzerdeutsch—que es lo que hablan tres de mis nietos, además del español—y me he sentido frustrado. No puedo entender que los líderes políticos españoles sean tan obtusos que no dominen por lo menos una lengua de las de uso internacional. Ni que no hayan hecho un esfuerzo por aprender alguna de las otras cuatro lenguas oficiales del estado español.

Todo el mundo reconoce que los niños pequeños no tienen problemas para aprender más de una lengua. Es después, cuando de adultos interviene la voluntad, cuando se hace difícil aprender otra lengua. Pero, sobre todo, cuando se mantienen prejuicios o posturas autárquicas.

Los médicos, y especialmente los pediatras, no podemos permitirnos que por desconocer la lengua de nuestros pacientes, su salud pueda verse perjudicada.

Los pediatras además, tenemos la obligación de promover el plurilingüismo entre los menores y denunciar las limitaciones al libre uso de todas las lenguas.

(https://pedsocial.wordpress.com/2011/09/18/bilinguismo-y-aprendizaje/)

Y también : https://pedsocial.wordpress.com/2012/05/14/ensenar-a-hablar-a-los-ninos/

Continuan siendo válidos.

 

X. Allué (Editor)

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6 septiembre 2016 at 6:55

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MENAS: menores extranjeros no acompañados

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En la fronteraLos  “MINAS”, Menores Inmigrantes No Acompañados, incluye MINA (Menores Inmigrantes No Acompañados), MEINA (Menores Extranjeros Indocumentados No Acompañados), y MMNA (Menores Migrantes No Acompañados). Se trata de un colectivo lamentablemente cada día más numeroso y visible en las grandes ciudades como Madrid y Barcelona, al margen de las leyes y de las reglas de convivencia que hace muy difícil su tratamiento y acogida.
Una fuente de información puede ser este estupendo documento de Cristina Goenechea de hace algún tiempo.

http://weib.caib.es/Documentacio/jornades/Web_I_Cong_Medit/PDFs/menors2.pdf

El documento, como digo, me parece estupendo. Por añadir un comentario, echo de menos alguna reflexión (obtenible o no del trabajo de campo) sobre la obvia connivencia con, pasividad ante y complicidad para el fenómeno de la emigración ilegal por parte de los gobiernos de los países emisores de emigrantes, que se deshacen de mano de obra excedentaria, se benefician del tráfico mafioso del transporte ilegal en cayucos y, sobre todo, descansan en las remesas económicas en divisas de los emigrantes para mejorar su balanza exterior de pagos.

El problema aparece ocasionalmente en los medios de comunicación, generalmente asociado a la peripecia de algún menor que atraviesa las fronteras sur de este país de alguna forma peculiar y casi siempre peligrosa, como el que lo hizo en el interior de una maleta el mayo pasado, o hace unos días en los bajos de un autobús. Por la evidente vulnerabilidad que padecen unas personas que por su edad no disponen de autonomía legal, la maraña legislativa que les envuelve les crea notables dificultades, de las cuales la menor puede ser su deportación al país de origen, para que lo vuelvan a intentar al cabo de poco tiempo.

Sin documentación y sin protección se encuentran expuestos a toda clase de abusos que ponen en riesgo no sólo su integridad sino a menudo su vida.

Los pediatras sociales pueden encontrarse con este tipo de situaciones cuando enferman o ante consultas forenses sobre la edad cronológica. Conviene recordar que los derechos del menor deben prevalecer por encima de cualquier otra consideración y que un tratamiento exquisito de las situaciones es mandatorio.

X. Allué (Editor)

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11 abril 2016 at 19:05

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Absentismo escolar

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imagesLeo en una “carta al director” en un medio local el desespero de una madre a quien la escuela nunca notificó que su hijo no asistía a clase prácticamente nunca. Lamentable. No vamos a descubrir aquí lo que es “hacer novillos”, una imagen algo de la tauromaquia, de cuando los adolescentes se saltaban la escuela para irse al campo a torear vaquillas. En Cataluña dicen “hacer campana”. En inglés dicen “truancy“, que se asocia con “truhán”, un término con otras connotaciones más negativas, delincuenciales, en español (en inglés, dejar de devolver un libro prestado a la biblioteca hace de uno un “delinquent“).

El texto que sigue ya ha sido publicado, pero entendemos que mantiene su vigencia.

El absentismo escolar figura como antecedente de la mayor parte de las situaciones de patología social del adulto: delincuencia, toxicomanías, desempleo, embarazo precoz, prostitución, gamberrismo, pandilleo, violencia familiar, abusos sexuales, pobreza, marginación, inmigración ilegal, accidentabilidad o muerte precoz.

Nuestra sociedad ha consagrado toda una serie de libertades como base de su desarrollo. En cambio ha decidido hace ya tiempo que la enseñanza sea obligatoria. La obligatoriedad de la enseñanza contiene, además de ofrecer una igualdad de oportunidades a toda la población de acceso al conocimiento, a la educación y a la cultura, el compromiso de que esta opción no se vea alterada por la desidia o la ignorancia de los padres o la inmadurez y desconocimiento de los menores.

En este contexto, el absentismo escolar queda identificado como una forma de patología social. El pediatra está situado en un lugar privilegiado para vigilar la estabilidad de la escolaridad y contribuir a ella. Además debe evitar que sus actuaciones y recomendaciones en relación con aspectos de la salud física o mental, sirvan de coartada para absentismos más o menos justificables.

Según los datos de los departamentos de enseñanza, el absentismo afecta por igual a las escuelas del sistema público y a las escuelas privadas concertadas.

Tipos de absentismo.

Se reconocen varios tipos en relación con su duración o intensidad:

Absentismo puntual. Se trata de un absentismo ocasional, irregular, con motivaciones diversas y que cuando acumulado alcanza un 5% de las jornadas escolares merece atención.

Absentismo cíclico. Ocurre cuando las ausencias coinciden con un día de la semana o bien una parte de la jornada escolar, siempre los lunes, o sólo las tardes, etc., y que reconoce motivaciones sociales o familiares que conviene explorar.

Absentismo crónico. Períodos de absentismo que se alargan en el tiempo, con periodos intercurrentes de escolarización mínimos.

Absentismo de temporada. Coincide con épocas en que la familia pueda ver su ciclo anual alterado como sucede en épocas de cosecha o de ocupación de trabajadores temporeros, ferias ambulantes, etc.

Absentismo selectivo. La ausencia se produce en días concretos, cuando hay ejercicios o exámenes, cuando hay competiciones deportivas en la escuela o a una clase o asignatura determinada

Abandono escolar. Cesación de la escolarización antes de concluir el ciclo.

Las causas del absentismo pueden ser varias y, a menudo, se solapan y complementan en los distintos tipos.

Causas familiares. Las más comunes, especialmente en los grupos de edad más pequeños. Se incluyen las dificultades económicas y la incompetencia social, entre aquellas familias incapaces de comprender que la escolarización es obligatoria por los extraordinarios beneficios que comporta para el futuro de sus hijos. La presión laboral y el desempleo que obliga a desplazamientos, así como la imposibilidad de dejar los niños pequeños nada más que al cuidado de los hermanos mayores, ocasiona que éstos abandonen la escuela.

El hacinamiento, la mendicidad, el nomadismo y, también las viviendas en zonas remotas contribuyen al absentismo.

Las enfermedades físicas o mentales de los padres impiden la escolarización por negligencia o por obligar a los hijos a hacerse cargo de los cuidados de sus padres enfermos.

Causas infantiles. Las enfermedades recurrentes, aún banales, unidas a una interpretación muy amplia de los períodos de convalecencia alargan las ausencia de la escuela por enfermedad.

Los retos constantes del progreso escolar pueden hacer que algunos niños presenten múltiples quejas y excusas para no acudir a la escuela a los que se asocia la angustia de separación vivida igualmente por niño y padres.

Las dificultades del aprendizaje y la inadaptación escolar pesan sobre niño y padres para evitar el reto de la asistencia a la escuela.

En la adolescencia el absentismo puede ser espontáneo del joven y desconocido por los padres. Hacer novillos forma parte de la experiencia de crecer, pero su persistencia es augurio de una escolarización deficiente.

Causas sociales y culturales. Además de todas las situaciones sociales indeseadas que inciden sobre la familia, existen otras que pueden afectar al grupo familiar por su extracción sociocultural. Así los grupos de inmigrantes de otras culturas y religiones pueden encontrar dificultades en adaptarse al sistema escolar vigente. Algunos grupos religiosos integristas o sectas pueden impedir que sus miembros accedan a escuelas públicas o confesionales. Igualmente algunas minorías discriminan el acceso o la continuidad de la escolarización según el sexo de los hijos, generalmente obligando a abandonar la escuela a las hijas adolescentes.

Por otro lado, la intransigencia o intolerancia del sistema escolar ante algunas preferencias culturales con relación al vestido o al comportamiento, como puede suceder con las adolescentes musulmanas, constituyen dificultades añadidas a la continuidad de la enseñanza.

Evidentemente la detección del absentismo corresponde al sistema educativo. Sin embargo el pediatra o el médico de familia puede conocer la regularidad de la escolarización en las consultas rutinarias cuando se suceden en el período escolar o las visitas espontáneas por problemas intercurrentes y, también, cuando la cuestión es planteada por los maestros al indagar una ausencia mal justificada.

La continuidad de la escolarización debe figurar entre las materias a tratar en las consultas infantiles de forma regular. Se debe preguntar a los padres sobre el rendimiento escolar y a la conclusión de los cursos comprobar que se han superado los objetivos. Es conveniente llevar el tema de la escolarización a la entrevista pediátrica incluyendo al niño en la conversación y escuchando sus opiniones y pareceres.

El tratamiento del absentismo escolar es el de sus causas. La colaboración con la escuela, los maestros y las autoridades académicas es crucial para conseguir una normalización de la asistencia.

Las causas médicas de absentismo deben valorarse en su justa medida y deben proponerse alternativas a la escolarización como la domiciliaria en la medida que el sistema local lo permita.

X. Allué (editor)

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3 diciembre 2015 at 11:08

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Multiculturalidad, emigraciones y refugiados

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imgresHace tiempo que venimos hablando de los fenómenos migratorios y su repercusión sobre la asistencia sanitaria y, específicamente la de los niños.

La respuesta a la pregunta la dan los niños:

– ¿En tu cole hay inmigrantes?

– No, en mi cole sólo hay niños

Y la percepción de la raza:

– Pues Lula lleva dos años en mi clase y yo no sabía que era negra…

Cuando se oye a algún político energúmeno como el catalán Garcia Albiol decir que el problema es la  multiculturalidad y la voz meliflua y escasamente caritativa del obispo Cañizares decir que la inmigración va a acabar con Europa, no nos queda claro si la ignorancia y la malignidad van juntas. Como son personas mayores, profesionales de los suyo, la presunción de ignorancia no se ajusta, de manera que sólo nos queda pensar que son personalidades perversas que pretenden con la más palmaria xenofobia defender sus propios principios.

Los que nos ocupamos de los niños, su bienestar, su educación y sus derechos tenemos que clarificar los conceptos, su realidad y su repercusión en la vida diaria.

Culturas múltiples es lo que hay en el mundo. Y este es el mundo de todos. La emigración, sobre todo la emigración por motivos económicos y de supervivencia, es tan antigua como desde que los primeros homínidos se fueron de un espacio a otro en busca de alimentos. Emigró el Homo antecessor, como emigraron los judíos de Egipto, los visigodos a Iberia, los asiáticos a Alaska, los europeos a América y los españoles a Europa cuando aún no éramos europeos. Que los refugiados huyan de la guerra es una consecuencia inmediata de todas las guerras.

Las organizaciones internacionales como la ONU, UNICEF, OMS, UNESCO, IRO-ACNUR,  dedican sus esfuerzos específicamente a la atención a esos fenómenos con acuerdos de más de 150 países.

Invitamos a nuestros seguidores a informarse y compartir ideas y significados, y llevarlos a sus actividades habituales porque son la realidad actual. Los niños que heredarán este mundo lo tienen que tener también claro.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

23 noviembre 2015 at 10:51

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Refugiados y migrantes

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Refugees

2015 Sirios en Hungría. Sólo cambia el color

The republican exodus

1939 Republicanos españoles en Barcarés

Las leyes de acogida y asistencia que los países aplican establecen diferencias entre quienes se acercan a sus fronteras desde el exterior. Turistas e inversores serán habitualmente bienvenidos, pero emigrantes o refugiados ya no tanto.
Inmigrantes somos todos argumentábamos hace unos años quizá cuando el pico de llegada de nuevos inmigrantes a este país. Luego la crisis económica ha cambiado algunas cosas pero una buena parte se han quedado e integrado. Ya “son de aquí”, menos para algún energúmeno del Partido Popular como el anterior alcalde de Badalona y algunos otros recalcitrantes.

De las migraciones se ha escrito mucho. Nosotros mismos en la primera década del siglo y dentro del ámbito de migraciones y salud hemos contribuido con algunos trabajos de investigación y varias publicaciones. La linea argumental aparece resumida en la entrada del blog enlazada más arriba en el sentido de que las migraciones son la parte de la historia de la humanidad más constante, probablemente incarnada en el ADN primitivo que promovía el nomadismo. Quizá la característica más “humana” de los homínidos fuese su tendencia a viajar, a cambiar de asentamiento según sus necesidades. Los otros simios son más territoriales y viajando se aprende. La teoría paleontológica del “out of Africa” sostiene que los homínidos más modernos y especialmente el sapiens, son originarios del este africano y que migraron hacia el norte, a través del Sinaí, hacia Eurasia.

Las religiones del libro consagran las migraciones (Exodus) y los viajes (Hejira). La historia de la Europa medieval es una sucesión de migraciones desde oriente. Los europeos ocuparon América, casi siempre en busca de algo mejor, aunque a menudo huyendo de algo peor, insoportable. La Guerra civil española llevó medio millón de republicanos a Francia. Mediado el siglo XX hasta 60 millones de personas se desplazaron o los desplazaron los horrores de la guerra.

Refugiados y emigrantes no se van de donde vienen: les empujan. Les empuja la miseria, la inseguridad, el hambre, la desesperanza, el miedo y la muerte, aunque luego lo vuelvan a encontrar por el largo camino hasta encontrar sosiego y acogida en otros lugares. Por eso la diferenciación entre emigrantes y refugiados, al menos en el momento actual, me parece más bien retórica. Cierto es que las legislaciones de los países occidentales están llenas de argumentaciones  y que el derecho internacional público contempla las situaciones de forma diferenciada. Así lo hace la ONU también. Pero las razones suelen ser meramente instrumentales. Por ejemplo suponen que los refugiados por una causa concreta, puntual, como un conflicto bélico, cuando este concluya es posible que quieran regresar a sus lugares de origen. Pero todo el mundo entiende que lo más común es que a la conclusión de una guerra suele quedar muy poco a lo que regresar.

El caso es que la estúpida idea de que todo el mundo debe quedarse en su casa y no molestar, parte de la concepción de un mundo fraccionado por fronteras físicas o sociales. Y eso, en el siglo XXI ya no va a ser. Los “parias de la tierra” a quienes canta La Internacional ya no aguantan más y las distancias cada vez son más cortas. Pero aunque no lo fuesen: las barcazas de los mares del sudeste asiático, las pateras del estrecho o los flotadores delante de Lampedusa son versiones de lo mismo. Como en su día lo fueron los artilugios flotantes de los “balseros” cubanos. O andando como hacen desde esta mañana los que estaban retenidos en la estación Keleti en Budapest.

Todavía no me he recuperado de la visión de la imagen del niño Aylan que mostramos en el post anterior. Y sigo sin palabras para comentarlo. Pero desde este rincón queremos recordar a nuestros lectores que, cada uno desde el suyo, actúen hacia sus respectivos representantes y gobiernos para que empiecen a comprender  el problema y arbitrar medidas, no sólo para resolver lo inmediato como pueda ser un tren de Budapest a Viena o unos ferris en la isla de Cos, sino para orientar las políticas hacia las causas que, todos sabemos, son del orden mundial y de la responsabilidad social de los que tenemos ante los que no tienen nada.

X. Allué (Editor)

 

 

Written by pedsocial

4 septiembre 2015 at 17:19

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