Pediatría social

Blog de la Sociedad Española de Pediatría Social

Lapso

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Vacaciones en enero han motivado la desatención a este blog.

De vuelta.

 

XA

Written by pedsocial

5 febrero 2017 at 19:53

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Fimosis y para fimosis

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isSupongo que no voy a sorprender a nadie afirmando que el órgano sexual masculino humano, el pene, es un órgano social. O sea que además de su función de conducción de las excretas urinarias, su uso más común tiene que ver con las relaciones sociales. También las reproductivas, pero eso es menos común y esporádico, ¿no?.

Para su función se requiere su integridad física y funcional, el correcto equilibrio de sus proporciones con las contracciones de los plexos cavernosos y el flujo sanguíneo dependiente de estímulos neurohormonales, de respuestas activas y pasivas que, además, contribuyen a la progresión de las emociones de sus propietarios y, también de sus parejas. Órgano social por antonomasia.

No debe sorprender entonces que a lo largo de la historia de la humanidad haya despertado el interés de todos, pero especialmente y además, de los que detentan o detentaron algún poder y con ello control social.

Lamentablemente en algún momento algún prócer desgraciado que no sabía bien que hacer con su distracción favorita se vio afectado por un doloroso fenómeno al que hemos dado la denominación de parafimosis. Fimosis, como sabéis, se refiere a la estrechez relativa del orificio exterior del prepucio, la extensión de piel que cubre el extremo del pene, el glande. Los anatomistas lo llamaron glande porque les recordaba la forma de las bellotas, glans, en latín. A los ciudadanos poco rurales les puede suceder que, y al contrario, cuando ven una bellota, les puede parecer que tienen aspecto de pene. Bien deletreado, porque el glande no es “grande”, y en reposo, más bien pequeño, comparativamente. La piel que cubre el glande, el prepucio tiene un orificio de reducido diámetro que, en las edades tempranas de la vida apenas puede permitir deslizar el tal prepucio para hacer emerger el glande, ¿verdad? A eso se dio en llamar fimosis que viene a decir que es estrecho. Si no se dilata con cuidado, en edades posteriores y cuando el órgano alcanza un mayor tamaño, deslizar el prepucio puede ser no sólo dificultoso, sino incluso formar un anillo por el que apenas cabe el glande, fenómeno doloroso y no fácil de revertir: la parafimosis. El mencionado prócer probablemente dio en intentar, literalmente, cortar por lo sano dando con ello origen a la idea de que para fimosis, o para la fimosis, había que tajar y promovió que tal maniobra se extendiese a todos los miembros de los miembros de su comunidad. Y por si había las naturales resistencias, lo convirtió en obligación religiosa. Maldita costumbre de extender a todo el mundo lo que son problemas de uno. El fenómeno se popularizó entre las culturas de lo que luego se ha conocido como Oriente medio hasta convertirse en una cuestión de vida o muerte, porque unas y otras culturas completaban la circuncisión con algunas diferencias. Tal relata primorosamente en una de sus novelas sobre corsarios Arturo Pérez Reverte: cuando se abordaba una nave y los corsarios del rey hacían prisioneros, lo primero era bajarles los calzones. Si estaban enteros, identificados como cristianos podían optar a incorporarse a la fuerza de sus captores. Si estaban bien y completamente circuncidados, se identificaban como adeptos a la fe mosaica y entraban a formar parte de la nómina de los remeros de las galeras. Si la circuncisión era más o menos incompleta, los identificaba como hijos de Alah y, en tal coyuntura, eran invitados a saltar la borda con algunos acerados estímulos de lanzas y espadones, para servir de pasto de los peces, que también son de Dios. Tales prácticas entraron en desuso, pero nadie nos puede asegurar que no se reactiven de nuevo, habida cuenta la desgraciada situación política del arco mediterráneo inferior.

Los recientes movimientos migratorios han devuelto actualidad a las integridades prepuciales y su, literalmente, manejo. Los pediatras sociales deben prestar atención a lo que los prepucios representan para ciertas culturas e intentar conocer las preferencias, para defender que tales prácticas no produzcan daños físicos o de otra índole a los niños. Y para contribuir a racionalizar, si eso es posible, las mentalidades de padres en vías de occidentalización. Con los clérigos más interesados en manosearles el pene a los niños, cualquiera que sea su intención, hay poco que hacer.

X. Allué (Editor)

 

NOTA: de este tema ya hemos hablado antes en https://pedsocial.wordpress.com/2011/07/05/mutilaciones-genitales-y-otras/

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24 enero 2017 at 6:59

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El rechazo de tratamientos vitales y no vitales en el menor

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rechazo-de-la-medicacionAnales de Pediatria publica un excelente artículo del Comité de Bioètica de la AEP, encabezado por Marta Sánchez Jacob, sobre el rechazo de tratamientos en los niños. (Avance: http://www.analesdepediatria.org/es/reflexiones-del-comite-bioetica-aep/avance/S1695403316303290/ ). Conviene leerlo con detenimiento, repasar los casos clínicos presentados y los compromisos éticos que se plantean.

Nuestra aportación en este momento, aunque algo alejada en el tiempo (y en el espacio) corresponde a otra situación comprometida y su tratamiento.

Mientras trabajaba en un centro de investigación especializado en enfermedades metabólicas se presentaron casos (yo al menos recuerdo dos) de pacientes menores, de menos de 6-7 años, que requerían una tratamiento específico y que lo rechazaban activa y vehementemente. Ambos padecian trastornos hormonales graves, coincidiendo en insuficiencia suprarrenal, (HAC 21-hidroxilasa dependiente) que requerían la aportación hormonal, inicialmente via inyectable y, más tarde, por vía oral. Uno de ellos ya había padecido una crisis grave. En ambos coincidian médicos y padres en la necesidad del tratamiento, inicialmente aceptado, pero más adelante rechazado, con vómitos, actitudes rebeldes, ocultación de las tabletas debajo de la lengua y luego escupidas, etc. A partir de estos casos–y otros de pacientes diabéticos que no querían pincharse la insulina–el departamento de Psiquiatria infantil desarrolló un programa específico de condicionamiento psicológico, de notable éxito. El director del programa Dr. Logan Wright extendió sus enseñanzas aunque también tuvo algunos detractores.

Estos problemas tienen difícil manejo y se ha  observado en situaciones varias como en menores transplantados, en otros con asma grave o neoplasias diversas. Las técnicas requieren una alta especialización, una gran sensibilidad y aportaciones de diferentes profesionales desde distintas aproximaciones. Una idea de la complejidad la ofrece un metanálisis publicado hace pocos años en el Journal of Pediatric Psychology : http://jpepsy.oxfordjournals.org/content/33/6/590.full.

En todos los casos, un conocimiento amplio y exhaustivo del entorno social y cultural es mandatorio, a veces más importante incluso que la propia personalidad o el comportamiento del menor.

X. Allué (Editor)

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19 enero 2017 at 8:00

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Sexo joven – II

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sexeducTendré que escusarme, porque he recibido alguna queja de que si escribes “sexo joven” en el Google sin más, lo que te salen son páginas de pornografia infantil bastante desagradables. Lo siento. Y recomiendo borrarlo del historial, no vaya a ser que os lo pillen en un renuncio. Los que tengan la conciencia tranquila no tienen porqué procuparse.

En otro sitio ya hemos dicho que hay cosas que no se aprenden en la escuela: a comer, a conducir, a follar, inglés e informática. Hay que buscarse la vida porque los programas del maldito ministerio andan aún liados en reconstruir la historia, rescatar los ordinales, despreciar la prosodia y cuestionar a Darwin. O cosas peores, como hizo el imbécil maligno del ministro Wert.

Y con la Internet, la chiquilleria no va a esperar a que se lo cuente un cura en la catequesis (¡Tate, tate!) o a una seria y monotemática conversación con el tío Julián, que tiene mucho mundo, por encargo de una mamá atribulada. Se enchufarán con el ordenador que haya en casa, con el móvil o con la Play si hay WiFi cerca, que también se puede. Y, entonces, lo que van a ver va a quedar tan lejos de la realidad como lo que les puedan contar sus “coleguis” en el patio del cole.

Ni las proezas de los actores y actrices, ni las inacabables sesiones, ni los tamaños glandulares o de otros atributos, ni las prácticas multitudinarias de orgías de medio pelo, ni los depilados pubis de ellas y ellos, pasan de ser fantasías para el espectáculo. Mucho Photoshop, mucha Viagra, leche condensada y acrobacias de alcoba. No es para hacer una crítica artística del cine porno, que poco tiene de arte y nada de estética, tan cerca de la realidad como el karate de las Tortugas ninja, o los vuelos de Spiderman. Sin necesidad de intentar comprobar qué o cuál acceso hayan podido tener los crios, lo esencial es informarles, en cualquier oportunidad, de la ficción que contiene toda la imagineria sexual que aparece en la Internet o los videos porno. Algún papá o mamá con suficiente seguridad en si mismo, puede intentar visionar una peli porno con los hijos e hijas y evidenciar la falacia de la ficción. Pero para eso hay que tenerlo muy claro y conocer bien a los hijos, saber que saben o que creen saber y pactar la sesión. Pero con cuidado.

Los demás, a fuer de responsables, deben afrontar los temas con franqueza y naturalidad. Evitar los excesos de pudor, de pacateria, en las edades más pequeñas, familiarizar a los niños con sus cuerpos y también con los de los adultos a las prudenciales distancias físicas y sociales y llamar las cosas por su nombre.

No pretende este blog ofrecer todas las claves de la educación sexual familiar. Sólo poner sobre el tapete lo que hay, y recomendar no dejarlo para otro día. Y recordar a los profesionales de la atención a la infancia que hay que traer el tema a colación aprovechando cualquier visita. A veces la reacción de los padres nos puede anunciar alguna ideación anómala que convenga reconducir. Ver como se reacciona ante la pregunta simple de: “¿Ha hablado de sexo con su hijo alguna vez?” puede abrir una ventana de luz que ayude a ver que puede estar pasando. También se le puede preguntar al niño, objeto de la atención. Pero en ese caso recomiendo pactarlo de antemano con los padres. Lo que sea, menos el ocultismo enfermizo. Que luego se paga.

X. Allué (editor)

 

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16 enero 2017 at 8:15

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Sexo joven

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hip-hop-fashionPasaron por mi lado sin verme, a pesar de la relativa estrechez de la calle en dirección al centro de la ciudad, y que no había nadie más. Uno larguirucho y el otro pequeño, flaco y de cara afilada. Vestidos de moda “hip hop” de pantalones anchos y con sendas gorras con la visera hacia atrás. ¿14, 15?. Justo al sobrepasarme el pequeñajo decía: “Me voy a buscar una niña y me la voy a follar…”, con lo que me pareció la mirada de esa determinación que sólo los jóvenes adoptan como si no hubiese nada más en el mundo. Por un momento me pude imaginar quien sería la pobre desgraciada que se iba a topar con semejante depredador y que nadie lo iba a poder evitar. Lo de “niña” se acomodaba a la estatura y edad del energúmeno, que con esa pinta no podría ni acercarse a una “mujer”, en el sentido convencional. Pero también puede ser un giro cultural del lenguaje; yo mismo a veces llamo “niñas” a alguna de mis coetáneas que pueden tener biznietos… Y, sin embargo, la presunta “niña” probablemente estaba en esos momentos acicalándose y embardurnándose ojos y morro con pinturas de guerra junto a sus amigas, en previsión de un encuentro algo menos que fortuito en la fiesta.

Ana, la enfermera del Centro de Atención Primaria que comparte jornada conmigo, acude dos días a la semana al instituto del barrio, a la consulta escolar. Lo peor no es que tengan relaciones sexuales más o menos precoces, dice. Todo eso es relativo y la edad va bajando. Lo que peor es la promiscuidad, el todas contra todos y el desdén hacia los preservativos. Convencidos de su inmunidad e impunidad, no se paran en barras o barreras. Incluso la habitual creencia de que “la primera vez” no pasa nada. El SIDA se cura y lo del embarazo te lo apañan.

Los pediatras de Atención Primaria no relatan experiencias en enfermedades de transmisión sexual. Me pregunto cuantos han diagnosticado en el último año vulvovaginitis por Clamydia, por ejemplo. A duras penas se “pillan” las sintomáticas más serias y, casi siempre, a toro pasado, cuando los efectos tienen menos remedio.

Lo que, y todavía, no parece alcanzar alguna efectividad es la prevención social. No va a ser la actividad de las enfermeras escolares. Ana explica que los profes no hablan de sexo. Pasan de tema y lo dejan para la ocasional charla de Ciencias naturales. No quieren o no pueden superar los prejuicios o sus propias inseguridades. Y, además, las AMPAs se alborotan cuando se trae a colación la materia de educación sexual en las reuniones, con la sombra de la pederastia sobrevolando.

Pues algo habrá que hacer. ¿Ideas?

X. Allué (Editor)

 

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9 enero 2017 at 7:24

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Cuento de una noche de Reyes

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imgresSupongo que habéis sido buena gente y que los Magos de Oriente habrán sido benévolos y generosos con todos. Aún queda un largo fin de semana para relajarse y descansar antes de comenzar el lunes con una nueva semana y, también un mes corto y un año que está por ver cómo nos va a tratar.

Mientras tanto y por si os sobra una porción de tiempo que vaya anunciar aburrimiento, os voy a contar un cuento. Quizá no tenga moraleja pediatrica social, más allá de que hay que estar siempre pendiente de los niños.

Lo podéis encontrar en mi otro blog: La Percepción selectiva.

X. Allué (Editor)

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6 enero 2017 at 18:20

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Más vale prevenir…

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calvacaep-2017_principalComo vienen haciendo ultimamente , el 1 de enero de cada año la Asociación Española de Pediatria publica el calendario vacunal propuesto. Hay algunas novedades y varias sugerencias. Aquí la edición para el público en general http://vacunasaep.org/familias/calendario-de-vacunaciones-de-la-aep-2017-familias.

Aprovechad estos días tontos hasta Reyes para ver como lo tenéis. Ya hay vacunas para un buen puñado de enfermedades trasmisibles. Para lo que no tenemos vacuna todavía es para la estulticia y la insolidaridad de los “antivacunas”. Con todo, les deseamos un buen año y que no tengan que arrepentirse de no haber vacunado a sus hijos…

X. Allué (Editor)

(Clicar en la imagen para ampliar)

 

 

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2 enero 2017 at 7:21

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