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Gasto sanitario, salarios, sanidad pública y sanidad privada

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Estos días vemos en los medios referencias a los problemas de la asistencia primaria, la falta de facultativos, la incorporación de licenciados extranjeros que cursen la especialidad en el sistema MIR, la asistencia pediátrica por médicos de familia, etc. y la respuesta tímida de las administraciones estatal y autonómica comenzando la recuperación salarial, pagando atrasos de 2012, o aumentando el número de plazas MIR para la formación en los hospitales y la Asistencia primaria.

En ese ámbito aparecen algunos conceptos que se utilizan con liberalidad que, a mi entender, merecen un comentario breve.

Gasto. En la literatura periodística y en las manifestaciones de la administración, los políticos y sus corifeos, se continua utilizando el término “gasto” al referirse a las asignaciones económicas que se dedican a la salud y la asistencia sanitaria. En términos coloquiales “gasto” representa pérdida. Se “gastan” las suelas de los zapatos, los neumáticos de los automóviles, el consumo en general y la paga semanal. El dinero que se emplea en la asistencia sanitaria no es un gasto. Es un uso o incluso una inversión.

Salarios. Los emolumentos que reciben los profesionales y trabajadores de la asistencia sanitaria hace tiempo que han dejado de crecer al ritmo de la carestía de la vida o, si se quiere, de la inflación. Además, la parte del león de los recortes la sufrieron los salarios: de hasta un 25% en la asistencia sanitaria pública, incluyendo las horas extras nocturnas o las guardias. La parte del otro león fue la reducción de plazas. Los profesionales que trabajan con salarios en la Medicina privada también han sufrido recortes y disminuciones. No así los que perciben honorarios.

Responsabilidad. La responsabilidad de los profesionales, si algo hace es crecer cada día. Mejores y nuevos conocimientos exigen una actualización constante. Y la exigencia, tanto por parte de los propios profesionales y sus organizaciones, como por parte de la administración y los usuarios, mantiene un crecimiento constante. La mejora en los conocimientos sobre temas de salud de la población también reclama más información y más eficacia. La cobertura de la responsabilidad profesional mediante seguros, sin alcanzar los niveles extraordinarios de la asistencia médica en los Estados Unidos, también crece.

Coste por proceso. De eso se habla poco. Les interesa más a las compañías aseguradoras de salud, las mutuas o HMO’s. Las administraciones públicas, estatales o autonómicas se atreven poco a introducir estos parámetros en su contabilidad. Pero cada vez que se hace una aproximación es fácil comprobar que el coste por proceso, asociado o no la complejidad de cada proceso, no es más eficaz en la asistencia privada que en la pública cuando se cuentan todos los números.

Lo que tiene menos valoración en general, es el coste social. Ahí, tanto la asistencia pública como la privada, rehuyen incluir parámetros que pongan en evidencia la eficacia real de tratamiento de los procesos.

Hay mucho más, pero lo dejamos abierto a comentarios…

X. Allué (Editor)

 

 

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7 junio 2019 at 11:04

Bebidas energéticas para menores

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En los últimos años hemos visto una proliferación de la oferta de bebidas energéticas. Aunque puedan estar diseñadas y dirigidas a una clientela adulta, las fórmula publicitarias con referencias constantes en espectáculos y ámbitos deportivos resultan también dirigidas a los más jóvenes y adolescentes.

Las marcas son bien conocidas al patrocinar equipos de élites deportivas de gran impacto como las carreras automovilísticas de Formula 1 y otros. Sin descender a las ubicuas colas, cuyo contenido en aminas bioactivas como la cafeína las hacen ya indeseables para los niños, las nuevas bebidas energéticas no se presentan como refrescos sino que publicitan sus efectos psicoactivos sin ambages. Se afirma que pueden aumentar la atención, el rendimiento y el tiempo de reacción.

Pero obvian los más que conocidos efectos secundarios. El contenido en azúcar en una lata puede alcanzar los 75 gramos de sacarosa y la cafeína los 80-90 miligramos, equivalente a tres cafés expresso como los que comúnmente se ofrecen en bares y cafeterias.

Sacarosa y cafeína no son malas cosas, pero como cualquier otro producto químico, sus efectos varían con la dosis. Y la respuesta también es diferente según las personas, su peso y complexión y capacidades metabólicas.

En cualquier caso, los efectos secundarios que reconoce la literatura médica incluyen:

1. Paro cardíaco,
2. Dolores de cabeza y migrañas,
3. Aumento de la ansiedad,
4. Insomnio,
5. Interacción con otros medicamentos,
6. Diabetes de tipo 2,
7. Adicción,
8. Comportamientos de riesgo,
9. Nerviosismo,
10. Vómitos,
11. Reacciones alérgicas,
12. Hipertensión arterial,
13. Sobredosis de Niacina (Vitamina B3) Enrojecimiento de la piel, mareos, frecuencia cardíaca rápida, vómitos, picores o diarrea.
14. Liberación de hormonas del estrés,
15. Problemas de salud mental, agresión y fatiga

Los detalles sobre cada síntoma son fáciles de encontrar en la Internet.

A ello se suman otros componentes como guaraná, taurina y sales diversas cuyos efectos en conjunto no han sido estudiados con suficiente amplitud. Y, evidentemente, la falta de controles y la común inconsciencia de muchos adolescentes puede llevar a consumos exagerados en busca de un estímulo no obtenido por otras vías.

En todo caso, pues, desaconsejables. En la evaluación de adolescentes por cualquiera de los síntomas relacionables con substancias estimulantes o en ausencia de otra explicación plausible, incluir en la encuesta preguntas sobre el consumo de bebidas energéticas debe ser mandatoria. La prevención de su uso debe formar parte de la educación escolar formal en temas de salud a partir de los niveles de ESO en todos los centros de enseñanza.

 

X. Allué (Editor)

 

 

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4 junio 2019 at 19:39

Flying with small children

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31 mayo 2019 at 7:36

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Greta Thunberg y Malala Yousafzai: girl power

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En algún sitio he leído que en situaciones de catástrofes con víctimas múltiples, los más probables supervivientes son la niñas, adolescentes, de 12 a 16 años. Se teoriza como que las fuerzas de la naturaleza apuestan por la supervivencia de quienes tienen más futuro y mejores perspectivas para la pervivencia de la especie. En algunos otros informes, especialmente modelos matemáticos, no se confirma esta teoría, pero me resulta una propuesta bonita. A mi me cuesta poco apostar por las chicas jóvenes y a ello contribuyen algunas figuras que recientemente han ocupado las primeras planas de los medios de comunicación.

Malala Yousafzai ya ha sido protagonista de varias páginas de este blog. Es la adolescente que comenzó de muy chiquita a promover la educación de las niñas en su Pakistan nativo, en contra de un contexto social notablemente adverso. Tanto que fue víctima de un tiroteo por sus ideas. El Premio Nobel de la Paz de 2014 reconoció su heroicidad y dedicación.

Más recientemente Greta Thunberg, una joven activista sueca, ha conseguido que millones de jóvenes se unan a su llamada para salvar el planeta de la catástrofe que el cambio climático nos anuncia. Que aparentemente Greta haya sido diagnosticada de una forma de Trastorno del Espectro Autista añade interés a su figura.

Si fuese francés, a estas alturas ya habría construido un Sindrome de Jeanne d’Arc que explicara estas figuras. La joven campesina lorenesa que cambió la historia de Francia en el siglo XV fue algo más que una influencer. El jueves que viene se celebra el aniversario de su muerte, quemada en la hoguera el 30 de mayo de 1431.

Quienes nos dedicamos a los cuidados de la infancia y la adolescencia debemos mantener una especial sensibilidad para entender a las jóvenes adolescentes, porque en lo que puedan parecer sus fantasías, a veces se encuentran las respuestas a preguntas eternas. Atención!

X.Allué (Editor)

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27 mayo 2019 at 7:05

El sueño de los adolescentes – II

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La entrada anterior no ha tenido mucha acogida. Ni comentarios. Pero el sueño de los adolescentes sí los merecen.

Desde aquí hamos hablado un par de veces del sueño de los niños (https://pedsocial.wordpress.com/2017/07/03/dulces-suenos/)  y de los desayunos (https://pedsocial.wordpress.com/2018/02/02/desayunos-breakfast-at-tiffanys/) que en secuencia condiciona la actividad diaria.

Pero el sueño de los adolescentes y, de hecho, de todo el mundo, está sometido a condicionantes sociales que suelen ir a contrapelo de la biología. Los que estudian los ritmos circadianos insisten en que no coinciden necesariamente con las 24 horas en que hemos decidido dividir el día desde que Julio César ordenó el calendario hace 2000 años y Gregorio XIII lo actualizó hace 500. Las horas romanas, adaptadas por San Benito en una época en que no había relojes, tenían más o menos minutos según la época del año.

La variación en el hemisferio norte de la duración del día y la noche dependiendo de la estación condiciona la actividad por la existencia o no de luz natural. No es igual madrugar en enero que en julio. O retirarse a dormir cuando aún es de día.

Pero desde que hay relojes, los horarios sociales son determinantes de los períodos de sueño y vigilia por encima de la biología. La absurda asignación del huso horario al estado español a GMT +1 en lugar de GMT que es el que corresponde por la geografía, tiene su origen en la voluntad del último dictador español de alinearse con en Tercer Reich, y es otro condicionante. A lo que se suma la no menos absurda decisión de aplicar el cambio de una hora de invierno a verano y viceversa, demostradamente inútil como ahorro energético.

Todo ello incide sobre las decisiones políticas (y, por tanto, sociales) de los horarios laborales, comerciales y escolares. Ningún gobierno ha sido capaz de introducir una racionalidad que pudiese consensuarse entre todos.

Los medios de comunicación y, especialmente, la televisión, también deciden de forma arbitraria como repartir los horarios de programación. Supuestamente se adaptan a horarios sociales, pero realmente son los condicionantes de la actividad de las familias al final del día.

Y no menos social es la hispánica siesta. Los biólogos aseguran que dormir un rato a mitad de la jornada tiene notables efectos de regeneración neuronal y sináptica. Unos veinte minutos o media hora. Otra cosa es la siesta de pijama, orinal y palmatoria de la burguesía decimonónica. Pero los adolescentes escolarizados no tienen dónde.

En cualquier caso, racionalizar horarios puede hacer más por el sueño de los adolescentes y, con ello, el aprendizaje de un ritmo de sueño y vigilia para el resto de la vida.

Indagar en la composición del sueño en las entrevistas con adolescentes que acuden a la consulta puede revelar las claves de numerosos problemas y comportamientos. Una tarea a realizar.

 

X. Allué (Editor)

( La imagen que ilustra esta entrada es de Wikipedia)

 

 

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16 mayo 2019 at 8:02

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El sueño de los adolescentes

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La neuropediatra MariaJosé Mas publica en su blog una excelente aportación sobre el sueño de los adolescentes:

https://neuropediatra.org/2019/05/13/el-sueno-en-la-adolescencia/

¿Comentarios?

 

X. Allué (Editor)

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13 mayo 2019 at 9:06

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12 de mayo. #DiaInternacionalDeLaEnfermeria

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Esta fecha conmemora el nacimiento de Florence Nightingale. Soy fan de Florence, “the lady with the lamp” tanto por su contribución a la profesión de enfermería como por su importantísima contribución a la estadística matemática.

Felicidades a enfermeras y estadísticos. Sin ellos mi profesión de médico pediatra no hubiese tenido sentido…

 

X. Allué (Editor)

(La foto es, “of course”, de Wikipedia)

 

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12 mayo 2019 at 9:30

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