Pediatría social

Blog de la Sociedad Española de Pediatría Social

Escolarización sin escuela

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Durante el ingreso en la planta de hospitalización de un niño con apendicitis, justo en estos días de comienzo del curso escolar, al comentar con la familia sobre si la convalecencia podía interferir con la escolarización, se aportó la información de que el pequeño recibía su educación en casa. Al personal de enfermería, con amplia experiencia y en general una visión muy tolerante y progresista de la crianza de los niños, les pareció un dato irrelevante. Que cada cual haga con la educación de sus hijos lo que le parezca. Los cirujanos probablemente ni lo consignaron en la historia clínica. Un pediatra junior lo llevó a mi atención y me preguntó mi opinión. La educación, la enseñanza de los niños ciertamente es un tema de la Pediatría social. Sobre todo ante su ausencia: el absentismo escolar es un problema que está en la raíz de toda una serie de circunstancias que afectan la edad adulta, la vida y la salud de la gente. Pero, en general desde la Pediatría social, el modelo, modalidad, sistema u organización de la enseñanza reglada no se nos antoja como una materia a dedicarle interés. Que la enseñanza sea laica o religiosa, en un idioma o en tres, estatal o privada queda a la elección y preferencias de las familias. Algunos detalles como la coeducación de ambos sexos, la uniformidad en el vestir, los horarios o incluso el calendario, sí han sido objeto de comentarios por la connotación social que tienen.

La educación extraescolar, en  inglés “homeschooling“, es bastante popular en muchos países. En principio en España no está contemplada: la enseñanza es obligatoria y presencial en centros acreditados. La doctrina jurídica ofrece pocas dudas. El Tribunal Constitucional, ese tan peculiar que parece crear más problemas de los que resuelve y que se toma tanto tiempo para resolver algunos, hace ya unos años sentenció que no hay vacíos legales en el tema que nos ocupa y que la ley es muy clara: la enseñanza presencial de los niños hasta los 16 años es obligatoria. En cambio parece ser que no es una temática que las administraciones persigan de oficio. Aunque se detecte, de no mediar otras circunstancias, delitos o irregularidades asociadas, existe una notable tolerancia. Al menos de momento.

Es cierto que, hoy por hoy, es infrecuente. La han favorecido algunas tendencias sociales modernas como el retorno a la vida rural de algunas familias de urbanitas, cansados del fragor de las grandes ciudades, dispuestos a vivir de la agricultura y la ganaderia. También lo favorece la eclosión de la Internet con todas las facilidades que ofrece de acceso a la información en general y la escolar en concreto.

Los defensores de la escolarización en casa le encuentran todas la ventajas y privilegios. Quizá lo más importante es la recuperación del tiempo. La ausencia de rigideces horarias y evitar desplazamientos seguro que permite un aprovechamiento extraordinario del tiempo. Esa propia libertad permite también aprovechar los momentos más favorables para concentrar la atención de los escolarizados, de estirar o encoger los tiempos dedicados a aprendizajes concretos sin depender de horarios, agendas y calendarios.

Es evidente, sin embargo, que el esfuerzo de añadir la educación académica a la familiar, va a representar un considerable esfuerzo por parte de los padres o del padre o la madre, que asuma la enseñanza, digamos, académica. Tal esfuerzo exige, sobre todo, dedicación y motivación, cualidades que tienden a favorecer los resultados.

Cuando hemos, nosotros y muchos que nos han precedido, dedicado enormes esfuerzos de todo tipo para conseguir una educación, una enseñanza reglada para TODOS los niños y que, además sea pública y de calidad, que alguien pueda permitirse prescindir de ella resulta, como poco, original y, también, excepcional. Pero también mantenemos un enorme respeto por el ejercicio de la libertad individual, sabiendo además, que los resultados de esa educación universal reglada y presencial, todavía tiene un largo recorrido antes de poder equipararse a la que se hace en otros países que nos superan ampliamente en tales resultados.

La argumentación en contra de la escolarización en casa, que se nos ocurre como más trascendente, es la pérdida de las relaciones sociales. las relaciones, sobre todo, con otros niños de la misma o parecida edad quedan impedidas, al menos de una forma continuada. La escuela tiene ese carácter uniformizador y social que entendemos como favorable para la integración social de la gente. También estamos convencidos de que en la escuela se aprende tanto en las aulas, como en el patio durante los recreos. Incluso más en lo que se refiere a las relaciones interpersonales. Por eso seguimos pensando que la educación reglada y presencial es más deseable. Pero estamos dispuestos a aceptar que en casa también se puede alcanzar un nivel cercano a lo deseable para algunos niños cuyas familias, de alguna forma, por dedicación y motivación, puedan permitírselo.

Una vez más, invitamos a nuestros lectores a comentar este tema y ofrecernos su visión y opiniones.

X. Allué (Editor)

 

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Written by pedsocial

11 septiembre 2017 at 7:13

Dientes

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El valor social de la dentadura. Unas piezas de la anatomía de muchos vertebrados, incorporadas al comienzo del tubo digestivo y con una función específica de triturar materiales para hacerlos comestibles, tienen un considerable valor en la vida de relación. Además de ayudar a incorporar alimentos, abrir la boca y “enseñar los dientes” tiene un montón de connotaciones de comunicación. En los animales carnívoros suele ser una muestra de amenaza, de disposición para la agresión. Los humanos y quizá algunos otros primates, enseñan los dientes como muestra afectiva o de alegría. En los modelos estéticos más modernos, la uniformidad de la dentadura forman parte del patrón de belleza.

Mi profesor de Latín no permitía comer chicle en clase, indicando que era una mala costumbre importada de los Estados Unidos. Según él contribuía al crecimiento de los dientes y así veia a los americanos “con esas dentaduras de caimán…” que le parecían ofensivas. Tal idea carece de fundamento, aunque puede ser cierto que en un país multirracial como los Estados Unidos, muchas personas de orígenes étnicos diversos muestran una dentaduras notables. Lo cierto es que la dentadura la muestran los que la tienen bonita, ordenada. Eso llevaba, en cambio, en este país a muchas jovencitas, propensas al jolgorio y las risotadas con escasa motivación, a taparse la boca al reir. Hasta los años 60 del siglo pasado no comenzó a popularizarse la ortodoncia por razones meramente estéticas, aunque los odontólogos insisten que una dentadura ordenada es funcionalmente más eficaz y más duradera.

La caída de los dientes deciduales, los “de leche”, se celebra en esta parte del mundo con algún regalo. Supuestamente, un pequeño roedor con un apellido español común, cambiaba el diente caído depositado debajo de la almohada, por el regalo. En los paises anglosajones es una hada pequeña y jugetona, “the tooth fairy“. “Lost in translation“, me ha llevado a ver algún pequeño anglófono absolutamente aterrorizado al pensar que una rata se iba a colar debajo de su ropa de cama mientras dormía y maldito fuera el regalo. Hay cosas que se traducen mal.

La higiene dental infantil es aún una asignatura pendiente en nuestro sistema sanitario. Su cobertura no está rutinariamente cubierta como prestación por el sistema social, con lo que la salud de los dientes sigue un desproporcionado sesgo de carácter económico: los ricos tiene buenas dentaduras. Los pobres no.

La función de la dentadura tiene un importante componente social en la vida de relación. En Norteamérica, la sonrisa de acogida es un gesto normalizado para todas las personas que trabajan de cara al público, especialmente las mujeres jóvenes. Podrá ser todo lo falsa que se quiera, pero una sonrisa ofrece una propuesta de amabilidad que una cara adusta no hace. Para ello, claro, conviene que la sonrisa presente una dentadura ordenada.

Aparte de mejorar la salud digestiva a lo largo de la vida con mejor persistencia de las piezas dentarias en edades adultas, una hermosa dentadura promueve una buena sonrisa, y eso mejora las relaciones interpersonales también en nuestra cultura. A la vez contribuye a hacer la vida un poco mas feliz. De manera que mejorar la salud dentaria y la ordenación dentaria es algo que decididamente mejora la salud física de quien la posee y la mental de quienes con ellos trata.

X. Allué (Editor)

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4 septiembre 2017 at 7:02

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Qué hacer si te sale un hijo terrorista

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Las familias de los miembros de la célula terrorista de Ripoll han mostrado su dolor y desesperación ante los acontecimientos de la pasada semana. Han manifestado su repulsa a las acciones violentas, han lamentado las muertes y otras víctimas y han proclamado que todo ello no tiene nada que ver con el Islam, que es una religión de paz. Algunos de los relacionados con ese grupo por razones de vecindad o de negocios próximos, se han declarado víctimas, unas víctimas más de los ataques. Como comunidad se han distanciado de todas las iniciativas violentas. Las madres que han podido, incluso exhortaron a sus hijos mientras aún estaban en busca y captura, que se entregasen a las autoridades. Lamentablemente no ha sido así. El último terrorista buscado simuló ser portador de un cinturón con falsos explosivos en un gesto que sólo le condujo a ser muerto por la policía.

Ahora sólo quedan los lamentos.

No vamos a ser tan osados como para pretender ofrecer recetas o soluciones a situaciones tan dramáticas y, a la vez, tan complejas. Una simplificación puede ser considerar el terrorismo y la participación de individuos jóvenes como cualquier otra desgraciada deriva delincuencial de post-adolescentes. Muchas de ellas contienen un germen de autodestrucción propiciado por un aislamiento de la sociedad y de un menosprecio de los valores de convivencia más elementales. Tal sucede con el consumo de drogas, especialmente las menos recreativas y más adictivas que, además, por la ilegalidad, conducen a la marginación y como consecuencia del tráfico, al crimen o al suicidio más o menos disfrazado de sobredosis.

Tampoco se puede incluir el terrorismo entre los fenómenos de vinculación dependiente como a las sectas destructivas. Aunque la metodologia de captación y el enredo de la adscripción, exclusión social y marginación pueden ser similares, los objetivos o propósitos suelen quedar reducidos al ámbito más próximo.

El terrorismo sectario contiene algunos de esos elementos de clandestinidad, dependència y autonegación, pero y sobre todo, el propósito es la destrucción de otros, su muerte y aniquilación en aras de unos objetivos casi siempre desdibujados, situados en un universo del más allá trascendente.

Si un hijo “sale” terrorista, de la clase que se está produciendo actualmente con un substrato religioso islamista, probablemente ya haya poco que hacer porque  la manifestación suele anteceder muy poco a la muerte.

La prevención puede encontrarse en la educación en valores trascendentales como el respeto a la vida humana, el respeto a los otros, a la diversidad y pruralidad social, política o religiosa. La educación en la tolerancia, la generosidad, en la evitación de las discriminaciones cualquiera que sean sus motivos: raza, sexo, ideas, creencias, orígenes o culturas. La del respeto a la libertad, tanto la propia como la de los demás que es, en realidad, donde comienza la propia. Tal es una tarea que nos incumbe a todos.

X. Allué

(Una parte de este texto aparece ampliada en una publicación propia: La percepción selectiva)

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28 agosto 2017 at 19:35

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El derecho a la imagen de los niños

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En las secuelas de los ataques terroristas de Cataluña de la semana pasada, en algunos medios se ha suscitado la polémica sobre la publicación de la imágenes de las víctimas. Y más concretamente de las imágenes de las víctimas infantiles. En general, los medios responsables mantienen el acuerdo de que las imágenes de los niños debe aparecer “pixeladas” o tapadas de alguna forma, entendiendo que el derecho a la intimidad de los menores tiene un valor superior. Tal acuerdo se extiende habitualmente incluso a las llamadas “revistas del corazón”, también conocidas como “del colirín”, cuyo contenido gráfico suele superar con mucho el literario.

Desde este blog defendemos enfáticamente el derecho a la privacidad de todos los niños y en todas las circunstancias. Incluso ponemos en cuestión que tal derecho pueda levantarse por una autorización previa de los padres o tutores del menor, como también lo hemos hecho en el entorno de las autorizaciones para procedimientos asistenciales médicos. Pueden ser delgadas líneas rojas a la hora de saltárselas, pero preferimos que no se haga, por delgadas que sean.

Por todo ello somos especialmente críticos cuando las autoridades, legítimas o no, aprovechan situaciones de notable dramatismo para utilizar imágenes infantiles con propósitos dificilmente justificables.

La foto que acompaña a este blog ha sido publicada en múltiples medios, tanto impresos como digitales y en ella se contempla a un miembro de la realeza saludando a un niño hospitalizado, víctima de los mencionados ataques terroristas. Aunque nosotros la hemos tapado, la cara del niño aparece visible en todas las reproducciones que hemos podido ver, en flagrante desprecio del mencionado derecho a la intimidad de los niños. Pero nos hemos permitido resaltar con un círculo rojo una imagen en segundo plano que muestra a otro paciente, que ostensiblemente se está ocultando bajo las sábanas. Uno se pregunta porqué. ¿No quiso que le vieran?, ¿Era feo? ¿Estaba aterrorizado?…

Lo que resulta evidente y obvio, es que la visita a las víctimas tenía por objeto obtener una imagen para los medios.

Una larga vida en hospitales nos ha dado la oportunidad de ver la misma escena repetida. En 1996 y tras un atentado de ETA en un aeropuerto cercano, varias víctimas fueron ingresadas en mi hospital. Los niños en mi servicio. La tarde del día siguiente apareció por la planta un indivíduo que parecía espiritado, moviéndose nervioso, abriendo puertas y ventanas hasta que el personal le detuvo. Un personaje flaco y más bien bajito, anunció que era del servicio de protocolo del ministro del Interior y que venía a preparar la visita de su jefe a los pacientes ingresados. En aquel momento solo permanecía ingresada una niña inglesa con su madre, simplemente en observación porque no habia sufrido ningún daño, aparte del tremendo susto. El tipo desapareció con la misma rapidez que había llegado y. como al cabo de una hora, se presentó una pequeña muchedumbre de cargos ministeriales, un par de polis y media docena de periodistas con cámaras. Enmedio el ministro Mayor Oreja, del que lo más notable era la abundante caspa que adornaba los hombros del terno azul oscuro, casi negro, que portaba. Les increpé por lo intempestivo y ruidoso de la visita, pero no pude impedir que entraran todos en tropel en la habitación de los ingleses. El ministro se dirigió a la familia en correcto español, faltaría más, de lo que, también naturalmente, la familia no entendió nada, que para algunos lo de Babel continua activo. El personajillo más arriba mencionado produjo un hermosa caja de bombones que el Mayor Oreja le ofreció a la niña, un poco sorprendida y al tiempo alborozada por la atención recibida. Y, en un cierto desorden, salieron de la habitación. En esto, un pequeño revuelo dio paso a la aparición del equipo de TVE que, como suele ser habitual, habían llegado tarde al evento. El ministro, que podía haberse quejado, no se arredró. Volvió a entrar en la habitación, arrebató la caja de bombones de las manos de la niña que aún no habia tenido tiempo de abrirla, y repitió la escena de la entrega, esta vez para las cámaras. No me contuve y dije en voz alta: “¡Vaya huevos tenéis, todos juntos!” y, como en el famoso soneto cervantino, el Mayor Oreja “…/miró al soslayo, fuese y no hubo nada.”

X. Allué (Editor)

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23 agosto 2017 at 16:48

En los atentados siempre matan niños

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Es difícil substraerse de la actualidad cuando afecta en la proximidad. Los fenómenos violentos encuadrados en lo que se conoce como terrorismo internacional. La violencia, ejercida especialmente contra ciudadanos civiles, con objetivos políticos o ideológicos, pretende modificar la realidad induciendo miedo, terror, a las gentes. Su calidad de internacional la confiere su origen en diversos países y su ejercicio en otros cuando no existen relaciones de violencia directa como es la guerra. En este siglo, se considera que es una forma de conducir la guerra sin que necesariamente existan estado y fuerzas militares involucradas. Conflictos prolongados en el tiempo y ampliados en el espacio, como lo que viene sucediendo en los paises de Oriente Medio de cultura islámica, están en la raíz de los acontecimientos más recientes en los paises europeos. Queremos entender que el contexto religioso, el Islam, y los condicionantes culturales, así como el substrato de enormes diferencias socioeconómicas sólo configuran el entorno. No es una historia de “moros y cristianos”, de medioevo contra modernidad, o pobres contra ricos, ni el trasunto de la desgraciada delimitación de países tras la caida del Imperio Otomano ahora hace 100 años (o “The Great Game” victoriano) o los rescoldos de la Guerra fría, luego alimentados con el petróleo de Golfo pérsico. Puede ser eso y mucho más. Pero principalmente es el recurso a la violencia indiscrimimada contra ciudadanos libres, cualquiera que sea el origen y el contexto.

La gran mayoria de los atentados contra civiles se suceden en lugares y países en los que ya existen conflictos armados activos. Y es donde se producen la inmensa mayoría de la víctimas, contadas por millares en los últimos años. Sólo en lo que llevamos de año, en 2017 se han producido 866 ataques i más de 5000 víctimas mortales.

En los ataques terroristas de Catalunya de la pasada semana, un niño de Rubí, una población del Vallés Occidental, y otro australiano, de Sydney, resultaron muertos y varios más sufrieron heridas de consideración diversa en los atropellos de las Ramblas. Las cifras de niños muertos en todo el mundo son difíciles de precisar, pero seguro que son millares. Pero un solo niño muerto ya es un niño demasiado. Los más cercanos se sienten más, pero la preocupación y el rechazo a toda violencia es y debe ser global.

No vamos a caer en la ingenuidad de que esto se acaba aquí. Va a seguir sucediendo y todos tenemos una obligación de contribuir a que pueda llegar a concluir. Mientras tanto, nos queda intentar entenderlo en su complejidad y también procurar explicárnoslo, nosotros y a los niños, cosa que no es fácil. Los niños se enteran y conviene que al explicarlo evitemos que se conviertan en víctimas a su vez del objetivo de los malvados, que es infundir temor, miedo. El miedo no puede evitarse, pero si reconducirse y gestionarse. A los más pequeños explicaciones simples pueden bastar. A los más mayores hay que ofrecer explicacions razonadas de lo que resulta irracional. e intentar proveer seguridad.

Estos días se ha utilizado el eslogan de fácil rima en catalán: “No tinc por“, no tengo miedo, enlazable con una cancioncilla infantil de programa más popular de la televisión catalana destinada a combatir los terrores nocturnos de los pequeños a monstruos y fantasmas, que se titula “Uh! Oh! No tinc por” (https://www.youtube.com/watch?v=2458weYDKGQ&feature=youtu.be). La “erre” final en catalán no suena, así que queda “uh, oh, ni tinc po“. Igual sirve.

 

X. Allué (Editor)

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21 agosto 2017 at 7:12

Niños muertos – repetimos

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Los expertos en “bloguerología”, que si no és una ciencia conocida, pronto lo será, dicen que después de siete años de escribir en un blog se empieza a repetir lo escrito. Nosotros llevamos casi nueve y, logicamente, hemos reiterado los temas en ocasiones múltiples. Recuerdo que el premio Nobel de literatura Camilo José Cela afirmaba: “Todo está escrito. Pero hay que seguir y volver a escribirlo porque la gente se olvida“. Damos en entender que CJC escribió bastante y, en general todo bastante original, aunque no tenemos un bagaje cultural lo suficientemente amplio como para poder comprobarlo y afirmarlo. Para los aficionados a la literatura en español, lo que recomendamos no es leer las novelas de CJC, sino la larga colección de sus escritos en “Los papeles de Son Armadans“, que a la sazón (años 50 y 70 del siglo pasado) pueden muy bien ser lo que ahora es un blog.

En la columna de la derecha de este blog aparece una “nube” con los epígrafes de los temas tratados en más de una ocasión: los que tienen la letra más grande son los que el epígrafe se ha mencionado más veces. Uno de ellos es el de los niños muertos. Clicando encima se accede a por lo menos una docena de entradas de este blog que hacen referencia a los niños muertos. Muchos, demasiados. Y, para la inmensa mayoría, los pediatras no tienen o no tuvieron remedio.

Por si queréis leerlo de nuevo y recordarlo o por primera vez y soportarlo…

X. Allué (Editor)

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17 agosto 2017 at 8:14

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No vienen a Europa, se van de África

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Ya va siendo hora de que clarifiquemos algunas cosas. La realidad de los movimientos migratorios es tan antigua como la misma Humanidad. A estas alturas supongo que todo el mundo sabe que los humanos de nuestro género (Homo sapiens sapiens, aunque a veces no parece tan “sapiens”) son originarios del continente africano, que migraron a través de Suez y el Sinaí hacia la masa continental de Eurasia y que hace menos tiempo, cruzaron a América por el norte y a Australasia por el sureste, para acabar ocupando todo el planeta. Migrar es lo que venimos haciendo con más constancia desde el origen de nuestros tiempos. Grandes migraciones más recientes han sido determinantes de la historia. Estos días se cumplen 525 años de cuando Colón zarpó en busca de las Indias y se topó con América. Como les dieron mala vida a los que entonces vivían allí, todo el continente se repobló con emigrantes europeos y africanos, unos voluntarios y otros llevados a la fuerza.

En los últimos 25 años se ha acentuado un flujo migratorio desde África a Europa que, entre el desorden y la maldad de los traficantes de seres humanos, está costando miles de vidas, básicamente por los impedimentos que se ponen en la última etapa de sus viajes migratorios que supone cruzar el Mediterráneo. (Nota: hace dos mil años, el Mediterráneo no era un elemento de separación sinó que, muy al contrario, era un medio de comunicación compartido: el Mare Nostrum)

Enmedio de continuo goteo de tragedias que aquejan a los que intentan cruzar el mar en medios precarios, veo dos informes que ponen el acento en la casus del  fenómeno migratorio, especialmente en lo que se refiere a los niños. Ambos coinciden en explicarlo. Instituciones de prestigio y experiencia, UNICEF, y Save the Children coinciden en el diagnóstico: no vienen, se van. Se marchan de donde la vida se les va haciendo insostenible por una miríada de razones sociales. Cierto, el hambre y la pobreza son determinantes, pero también las privaciones, los abusos, los malos tratos, la esclavitud, los matrimonios forzados o , en general la guerra o los conflictos armados de menor intensidad.

Los problemas de los niños emigrantes-inmigrantes no los vamos a resolver aquí. Hay que resolverlos allí.

X. Allué (Editor)

 

Written by pedsocial

7 agosto 2017 at 7:01

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