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La sanidad (y la salud) en tiempos de Franco

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Probablemente este verano ha sido la época que más veces se ha visto el nombre del dictador español reproducido en los medios en más de 40 años. Y ello a vueltas con el destino del monumento funerario de Cuelgamuros, su significado y la reciente decisión del nuevo gobierno socialista de trasladar el cadàver del militar a otro lugar.

La memoria histórica aporta soluciones saludables a las emociones de muchos, mientras crea desazón en otros. Tal depende de la conciencias y lo que la memoria pueda evocar.

La historia suele ser lo que se ha escrito. La Prehistoria se ocupa de cuando no hay registros escritos. Luego están la metahistoria, la parahistoria y los relatos falsarios, que desgraciadamente no son escasos.

En lo que se fiere al ámbito de la salud, los historiadores de la Medicina, sesudos y benéficos académicos, se ocupan de una parte. Lamentablemente no hay tal cosa como historiadores de la salud, al menos corporativamente.

Ofrecemos aquí una referencia a un documento que, por pertenecer a un observador externo, ilumina una buena parte de lo que ocurria con la salud y la asistencia sanitaria en los años negros de la dicatadura, de cuando “Spain” era aún más “different” que ahora. Y su traducción publicada en Gaceta Sanitaria:  http://files.elsevier.es/publications/02139111/unassign/S0213911118300918/v2_201806190515/es/main.assets/mmc1.pdf como lectura de verano.

El informe Brookington, una historia de 1967. La sanidad (y la salud) en tiempos de Franco: https://elpais.com/elpais/2018/07/05/ciencia/1530792287_881383.html?id_externo_rsoc=TW_CC

 

 

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Written by pedsocial

27 agosto 2018 at 9:34

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Fiesta de fin de curso

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graduationEstamos en los últimos dias del curso escolar y en muchos centros educativos se celebra el final de curso con actividades lúdicas y festivas. En alguno sitios enganchan con las fiestas del solsticio de verano. Para los que concluyen alguna de las etapas de la formación el fin de curso coincide con el fin de los estudios, de la carrera: discursos, despedidas, birretes al aire y alborozo por el objetivo conseguido.

Este año hace 50 que concluyeron mis estudios de licenciatura en la Universidad de Barcelona. En los años grises de la dictadura no daba para muchas celebraciones. De mi curso acababan de encarcelar al delegado y al subdelegado por motivos políticos. Una de estas mañanas, mientras esperábamos a la puerta de la facultad, a primera hora, a un autocar que habia de llevarnos de visita e invitación a un prestigioso laboratorio catalán, la policía intepretó que aquella concentración de gente tenía algún propósito subversivo y la emprendió a porrazos para que “nos disolviésemos”. En medio del lío, quien recibió unos cuantos golpes de porra fue el decano de la Facultad, el catedrático de Anatomía Patológica, que había acudido a la puerta a ver que pasaba.

Para una buena parte de los miembros varones de la promoción, el final del curso venía seguido, sin solución de continuidad, de la incorporación al servicio militar en lo que se denominaba Milicias Universitarias. Resumiendo: entre los palos de los guardias y la mili, la verdad es que no quedaba mucho para fiestas de final de carrera.

Aporto este anecdotario como recuerdo  de unos tiempos en los que la injusticia prevalecía y que costó mucho superar. Mis hijos ya hace años que concluyeron sus estudios y alguno de mis nietos se acerca a la recta final. Y lo relatado no forma parte de su memoria, como probablemente tampoco de la mayor parte de los lectores de este blog. Pero conviene tenerlo presente, especialmente este año que el final de curso y la verbena de San Juan coinciden con unas elecciones generales al Parlamento de la nación. La desgraciada legislatura concluída hace medio año y la cutrez y malaventuranza de la incapacidad de los políticos para formar un gobierno, nos ha llevado a una repetición de los comicios. Todo ello convida a pensar que ya no vale la pena y que esos políticos no se merecen nuestro esfuerzo de ir a votarles. Ya hacemos bastante con pagar impuestos.

Pues no. Que hay que ir a votar. A favor o en contra de unos y otros, teniendo en cuenta lo que han hecho y poniendo alguna esperanza en lo que vayan a hacer. Es una oportunidad, de alguna manera, de decir lo que pensamos. Hace cincuenta años sólo habia palos, incluso sin llegar a decir nada. Además las elecciones van a dar una oportunidad de ordenar la situación política. Pero eso si son capaces, porque sinó, no van a acabar “el curso” y tendrán que volver en septiembre…

La fiesta de fin de curso se aplaza hasta el lunes que viene.

X. Allué (Editor)

(Nota: este texto no tiene un contenido pediátrico. Es más bien personal. Pero mi realidad personal me la llevo cada día a la consulta. No dejéis de hacerlo vosotros)

Written by pedsocial

20 junio 2016 at 6:45

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