Pediatría social

Blog de la Sociedad Española de Pediatría Social

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Día Mundial de la Actividad Física – 6 de abril

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Ya sabéis que eso de los Dias Mundiales es una hermosa y bienintencionada iniciativa de las Naciones Unidas, esa organización que pagamos entre todos y de cuya utilidad y eficacia tenemos dudas todos los días. Ocurre que, de los casi 200 paises miembros, esto de la promoción de la actividad solo tiene sentido en un puñado de los más opulentos, o sea principalmente los de Occidente.

Mal podemos estimular el ejercicio físico de los niños que tienen que caminar cada mañana una docena de kilómetros para ir a la escuela. O para buscar agua. A los que viven a 50 millas del centro sanitario más próximo, o que trabajan en minas o cultivos de sol a sol.

Pero como quiera que la obesidad infantil, hija primogénita de la idolencia, la pasividad y el sedentarismo, es la más extendida epidemia en el mundo occidental, pues como que vale la pena recordar que pasarse el día delante de la tele o encerrados en la habitación ensimismados con la videoconsola NO ES BUENO!!!

O sea que a mover el culo–o las piernas y los brazos–y gastar unas calorías, que el mundo es muy grande y no va a quedar tiempo para recorrerlo todo. Recomendación para los niños, pero extendida a padres, madres, demás familia, y “militares sin graduación” como decían los antiguos carteles taurinos. Y, por descontado, a los que estéis leyendo esto.

 

X. Allué (Editor)

 

Written by pedsocial

6 abril 2017 at 18:17

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Lesiones de la actividad física de los niños

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castellsEl pasado domingo 3 de octubre tuvo lugar en mi ciudad el concurso bienal de torres humanas: los “castells”. Son esas construcciones de gente, unos en los hombros de otros, hasta alcanzar nueve o diez pisos, en un desafío a la ley de la gravedad. Es una práctica tradicional, festiva, no exactamente un deporte, aunque cada dos años se organiza una competición. Los castells son ahora patrimonio inmaterial de la UNESCO. Las torres humanas se hacen de manera que los pisos superiores los forman individuos más ligeros, y el cúmulo, lo que llaman “el pomo de arriba”, son niños pequeños. Desde el último piso hasta el suelo puede haber, bien bien, 15 metros. Como en ocasiones la construcción no se mantine y cae, la posibilidad de hacerse daño es un riesgo asumido por los participantes.

Para los forasteros, o la gente que contempla el espectáculo por primera vez, que niños pequeños suban a esas alturas arriesgándose a una caída, puede ser sorprendente y preocupante. Hace unos años que las organizaciones de “castellers“, las “colles” ya decidieron dotar a los más pequeños de cascos para la protección de sus cráneos. Un par de estudios realizados por pediatres y fisioterapeutas recogen la evidencia de que, a pesar de que las torres a veces caen, las lesiones son escasas. De hecho, comparadas con otras prácticas deportivas infatiles, son menos en número y gravedad.

En los castells, como en el futbol o el atletismo infantil existe el riesgo de lesiones que, aunque pueden variar desde rozaduras y contusiones leves hasta lesiones cerebrales y de la médula espinal, la mayoría están en algún lugar entre esos dos extremos. Algunos de los tipos más comunes de lesiones son:

Torceduras y esguinces, roturas fibrilares, por trauma directo.
Lesiones en las placas de crecimiento, lesiones por movimientos repetitivos, como fracturas de estrés y tendinitis por el efecto sumatorio de esfuerzos repetidos.
Problemas relacionadas con el calor, como la deshidratación o el golpe de calor.

Los niños no van a ser siempre conscientes del riesgo a que se someten, y por ello es esencial que los adultos, monitores, entrenadores, maestros, etc., estén pendientes y alerta para prevenir los efectos indeseables de la actividad física.

Pero a fuer de honesto y en el mundo actual, si algo resulta preocupante de la actividad física de los niños, hoy día, es su escasez o ausencia. Mejor unos cuantos porrazos y caídas que la obesidad, el sobrepeso y la falta de agilidad en los niños.

X. Allué (editor)

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10 octubre 2016 at 7:00

Juegos del Mediterráneo y Dieta mediterránea

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Este sábado pasado se adjudicó la sede de los XVIII Juegos del Mediterráneo para el año 2017, a la ciudad donde vivo. Se trata de un evento deportivo de características olímpicas que acoge a los paises de la ribera del Mare Nostrum que, en la perspectiva histórica, incluía todo el mundo conocido. El alcalde no se ha cortado al celebrarlo diciendo que la ciudad volvía a ser el centro del mundo 2000 años después de ser la sede del imperio romano de Augusto. Entusiasmos y proyectos aparte, sirve para recordar el valor de las actividades deportivas multiformes, del ejercicio físico y la sana competición. Participan veinticuatro países que mojan sus pies en las aguas de este mar interno, cuna de la civilización occidental, a cual más diverso y, a la vez, com múltiples rasgos, aficiones, ideas, costumbres y comportamientos comunes, algunos cantados en la exitosa letra del Joan Manuel Serrat.

De hace un tiempo se ha popularizado uno de esos rasgos comunes bajo la denominación de “Dieta mediterránea“. La concepción ha tenido tantos partidarios como detractores: los primeros por sus cualidades nutrionales y gastronómicas y los segundos por ocultar en la simplificación una considerable y multicolor variabilidad que escapa a sistematizaciones. Su origen en unas observaciones en los años 40 sirvieron a interpretaciones diversas en el conocido Estudio de los Siete Paises hasta los estudios más recientes que llegaron a hacer de la Dieta Mediterránea Patrimonio Intangible de la Humanidad por parte de la UNESCO hace un año.

De forma genérica la dieta mediterránea incluye la utilización de las grasas vegetales, principalmente el aceite de oliva, cereales integrales, legumbres y verduras, pescados azules–de los que se pescan en estas aguas–y carnes magras en menor cantidad, menos lacticinios (básicamente, queso y yogurt), frutos secos y el complemento de vino en las comidas. Pero y de forma inseparable, se incluye el ejercicio físico.

Todo ello parece que ha cedido a otras conductas que puedan ser las responsables de la actual epidemia de obesidad que se padece es esta parte del mundo. Es posible que nuestras familias hayan renunciado a algunos componentes de la dieta mediterránea principlamente porque su consumo requiere elaboración. La mayor parte de los productos deben ser cocinados y algunos un tiempo considerable, como las legumbres secas.

Pero lo que más evidente resulta es el abandono del ejercicio físico. En gran parte porque la vida moderna tiende a evitar los esfuerzos: transportes mecanizados, ascensores, proximidad, entretenimiento y ocio sedentario y una monumental pereza.

Decididamente hay que incluir la recomendación continuada del ejercicio en todos y cada uno de los contactos del público infantil con el sistema sanitario. Y comenzar a entrenarse para los Juegos del Mediterráneo de 2017.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

17 octubre 2011 at 8:37