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Republicar: Enfermedades infecciosas, enfermedades sociales

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Hace más de seis años dedicamos un post a las enfermedades infecciosas con el título de “Los cuatro jinetes del Apocalipsis de las enfermedades infecciosas“. La argumentación se centra en que las enfermedades infecciosas, especialmente las contagiosas, las que se transmiten de persona a persona, son por definición enfermedades sociales. Las personas o poblaciones aisladas, que no socializan con otras, no están expuestas a los contagios. Cuando los contagios son múltiples se convierten en plagas, en pestes. Los cambios en la composición del microbioma, esa dotación de microorganismos con los que convivimos y que viene a ser como otro órgano de nuestra anatomía, alteran equilibrios que, de no restablecerse, nos causan problemas o incluso nos pueden matar.

Algunas enfermedades infecciosas concretas, por el tiempo que hace que nos acompañan y la enorme difusión en todo el planeta, son un factor de influencia social en nuestras vidas individuales y colectivas. Tal es el caso de la malaria, la sífilis, la peste y la tuberculosis, que más o menos literariamente, hemos identificado con los cuatro jinetes del Apocalipsis bíblico. Por ser cuatro y el primero citado la peste o las pestes, y los médicos ya tenemos bastante con enfrentarnos con él. Lamentablemente, los otros tres jinetes bíblicos: la guerra, el hambre y la muerte, siguen campando sin que, entre todos, seamos capaces de ponerles freno.

El texto dice así:

“Las enfermedades ocasionadas por microorganismos forman parte del reto adaptativo de vivir en este planeta compartiendo espacio con otras especies. Con muchos microorganismos hemos llegado a alguna forma de acomodación. Otros, en cambio, seguiran siendo un peligro, un conflicto de vida o muerte.

En períodos prehistóricos es posible que este tipo de conflictos hayan sido determinantes de la adaptación de especies de homínidos o incluso de la desaparición de algunas lineas evolutivas de las especies antecesoras al homo sapiens sapiens. Por ahí anda la teoría de la extinción de los Neanderthal por efecto de un prion adquirido por prácticas canibalísticas. Si se comían los cerebros de sus enemigos pudieron adquirir una enfermedad como el kuru, que se los llevó por delante.

En épocas más recientes es legítimo considerar qué influencia tuvieron enfermedades infecciosas en la constitución de nuestra sociedad. Cuales han podido ser los efectos sociales de enfermedades que han tenido carácter epidémico.

Se me ocurren cuatro infecciones que bien podrían compararse con los ominosos jinetes relatados en el libro de la Revelación, el Apocalipsis de San Juan, capitulo 6, vesículos 1-8.

Malaria: La infección por el plasmodio (P. malariae, falciparum, vivax) todavía mata 1 millon de personas, principalmente niños en paises africanos. Los efectos sociales actuales son devastadores en costo de vidas y sociales. En el pasado ha determinado flujos de poblaciones y hasta modificaciones genéticas en poblaciones expuestas como atestiguan las hemoglobinopatías ligadas a la G6PD, la thalasemia o la sicklemia. Y causó la muerte de personas notables como Alejandro Magno, el emperador romano Vespasiano, Gengis Khan, Dante, Carlos V, Oliver Cromwell o Lord Byron. La sufrieron George Washington, Lincoln, Jesse James y Ho Chi Minh, entre otros.

Sifilis: Una polimorfa enfermedad infecciosa de trasmisión sexual causada por un espiroqueta (Treponema pallidum) fue una importación más del Nuevo Mundo como la patata, los pimientos o las alubias que llego a Europa con el retorno de los primeros conquistadores que la extendieron por todo el continente en las guerras del siglo XVI. Ahora, desde el descubrimiento de la penicilina mata menos gente, pero aún se producen 10 a 12 millones de casos en todo el mundo. Quizá no produce grandes efectos sociales si descartamos los que generaron algunas de sus víctimas que llegaron a padecer la forma terciaria con su componente neurológico asociado a delirios maníacos. La telúricas personalidades de Henry VIII, Ivan el Terrible, Napoleon, Beethoven, Hitler, Mussolini o Al Capone que la padecieron, bien pudieron ser consecuencia de la infección del SNC.

Peste: Su extensión en poblaciones la ha convertido en sinónimo de plaga. La infección causada por la Yersisnia pestis alcanzó proporciones catastróficas que despoblaron el mundo conocido en varias ocasiones a lo largo de la historia. El control de uno de los vectores de su ciclo reproductivo, la rata negra, nos ha llevado a casi olvidarla. Pero el mundo no fue igual después de cada uno de los episodios epidémicos, quizá el más recordado fuese la “peste negra” de la mitad del siglo XIV. De peste murieron Pericles, Tiziano, San Luis Gonzaga, tres hermanas de William Shakespeare y más reciente y dramáticamente el Dr. Malcom Casadaban, investigador renombrado en 2009. Lo único bueno pudo ser que huir de la peste llevo a Bocaccio a escribir los cuentos del Decamerón.

Tuberculosis: Justo estos días se acaba de describir en Sudafrica una nueva cepa multirresistente de la Mycobacteria tuberculosis, un peculiar organismo descrito originalmente por Koch, que acompaña a la humanidad desde hace varios milenios. La llamada peste blanca ha matado o enfermado gentedesde Tutankhamen hasta Miguel Hernández, pasando por Sir Walter Scott o la Dama de las Camelias. Potenciada por el virus de la Inmunodeficiencia Humana la tuberculosis ha reaparecido en muchos paises mientras que en otros tiene una extensión rampante. Su asociación con el romanticismo y la literatura (P. ej. La montaña mágica de Thomas Mann) no puede ocultar la tragedia que acompaña los casos infectados tanto desde el punto de vista clínico infeccioso como social.

Estamos aún lejos de haber domado a estos jinetes desbocados.”

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

21 octubre 2019 at 8:06

Ebola, los misioneros, la enfermera, el perro, la ministra y la madre que los parió

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imgresA la entrada del pasado mes de agosto sobre la epidemia de virus Ebola anunciábamos que tendríamos que seguir hablando de esto. Iniciábamos la entrada diciendo que las epidemias son el epítome de los problemas medico-sociales.

Después de sesenta años familiarizado con las enfermedades infecciosas graves tenía la impresión de que había visto casi todo. El primer niño muerto de una meningococcèmia lo vi en la consulta de mi padre cuando yo era un adolescente. A lo largo del tiempo he topado con enfermedades infecciosas, epidémicas y de las que no lo son, de las muy frecuentes como la gripe, a las más raras como el kala azar. Las que se curan solas y las que matan. Las que responden a los antibióticos y las que tenemos vacunas para prevenirlas. Las que requieren aislamiento y las que no es necesario.
Y, también, he sido testigo de las insufribles malandanzas de autoridades sanitarias. Como la del ministro que atribuyó la intoxicación por aceite de colza en un “bichito que si se cae al suelo se muere“, o los que pensaban que el SIDA era un problema de heroinómanos haitianos, o la histeria de la Sra. Margaret Chan, presidenta de la OMS, anunciando la gripe H1N1 como la epidemia del final de los tiempos.

Pero como la ristra de inconsecuencias, errores de bulto, mentiras simples y el desorden que rodea la situación creada alrededor de las infecciones por virus Ebola, aun no lo había visto.

Entendamonos: El Ébola es un virus detectado en Africa hace treinta años y que hace unos meses ha producido un brote epidémico grave y de elevada mortalidad en el oeste del continente africano. En mala hora, las autoridades españolas decidieron repatriar dos misioneros afectados (y no otra gente) que, desgraciadamente, no sobrevivieron. Una trabajadora sanitaria de Madrid se ha infectado a partir de uno de los casos. El departamento de Sanidad decide sacrificar el perro de la familia (!). La desgraciada ministra no tiene ni explicaciones ni excusas, ni parece que controle la situación.

Ni la repatriación, ni los protocolos de aislamiento, ni el absurdo sacrificio de un perro responden a una lógica informada del tratamiento de las infecciones epidémicas, ni la de los más que conocidos protocolos de actuación publicados y difundidos por todas partes. Errores encadenados.

Pero errores encadenados con un origen en los centros informativos del gobierno del estado, que utilizó la repatriación de los pobres misioneros como propaganda y nueva “cortina de humo” para distraer al personal. La sucesión de fracasos les ha estallado en las narices, Y la víctima es un pobre perro, al que han sacrificado en el altar de la incuria porque no podían matar a la enfermera, el marido o los médicos …

Ya no es que la inepta y corrupta ministra (sí, la señora del confeti del “cumple” de los niños pagado por la trama Gurtel) dimita. Es el gobierno en pleno y su jefe, la esfinge Rajoy, que deberían irse.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

8 octubre 2014 at 21:50