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Determinantes sociales de la salud

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No dejaremos nunca de hablar de los determinantes sociales de la salud desde aquí. También hace tiempo que incluimos el valor de la epigenética como resultados de muchos determinantes de la salud. También los sociales.

Por el Twitter nos llega la notícia de la publicación en abierto del artículo de Rafael Cotiño: Los determinantes sociales y el bienestar de nuestra comunidad: las narrativas de los barrios en nuestros cuerpos. El artículo es de diciembre del 2017 y se publicó en la Revista Española de Drogodependencias, una publicación que no forma parte de nuestra bibliografía habitual.

Lo traemos aquí por su carácter seminal. La imagen que ilustra esta entrada forma parte del artículo.

Que el entorno y los avatares de la vida son determinantes de la salud parece tal obviedad que lo que sorprende es que no se haya tenido en cuenta hasta hace poco. Ha hecho falta que los genetistas nos hayan enseñado la huella que dejan en el genoma esos avatares y, aún más, que incorporadas al genoma se pueden transmitir a la descendencia.

Nos reafirmamos en estas ideas y, como hace Cotiño, “…a la hora de planificar intervenciones que mejoren la salud colectiva se necesita no solamente centrarse en intervenciones individuales posibilistas sino en priorizar intervenciones complejas…” Esto es lo que hay que llevar a la atención de los dirigentes y responsables públicos. Y eso también es responsabilidad de todos.

 

X. Allué (Editor)

 

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Written by pedsocial

29 marzo 2019 at 10:08

Yatrogenia, el lado obscuro de la patología

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man carrying backpack

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Una convocatoria reciente para un encuentro entre profesionales nos ha aportado parte de las siguientes ideas. Este texto se basa en un intento de colocar los efectos indeseables de las actuaciones médicas en una perspectiva crítica.

La yatrogenia clínica fue definida por Ivan Illich (1976) como daños o lesiones “causadas a pacientes por tratamientos ineficaces, inseguros y erróneos”. Otros estudiosos del ámbito social han revisado cómo los daños y la precariedad, como secuelas de la violencia estructural, social y política, se pueden adscribir a la medicina, distorsionar la realidad de los tratamientos y dar lugar a resultados indeseables: “malos resultados”

Más allá de ver el daño y las lesiones como algo incidental a las técnicas o procedimientos médicos, algunos estudios muestran cómo muchos de los tratamientos y curas de biomedicina actúan, al alterar el cuerpo de una persona, el sentido de sí mismo, así como las relaciones familiares o su entorno social.

Así, la yatrogenia puede manifestarse como como consecuencia de un tratamiento excesivo o de intervenciones clínicamente injustificadas. Como actos deliberados y no incidentales o accidentales de mala conducta profesional o también por la falta de atención y negligencia.

Otros factores tales como lógicas biopolíticas discriminatorias y excluyentes, como el racismo, el sexismo, homofobia, edadismo o xenofobia, contribuyen a construir daños colaterales en la aplicación o no aplicación de la asistencia.

Entendemos la medicina como un bien moral inequívoco, los proveedores de asistencia médica como actores moralmente consistentes y los agentes del sistema de salud como benéficos, desprovistos de sesgos subjetivos o políticos, y mucho menos capaces de mala voluntad o mala conducta. Sin embargo la yatrogenia produce diversos efectos secundarios y remodela las futuras trayectorias de los cuidados.

La prudencia nos aconseja considerar la medicina en función de sus circunstancias. Tenemos la obligación de examinar más de cerca la medicina como potencialmente dañina, y al revisar los protocolos clínicos y las operaciones como procesos sociales y culturales, intentar tener en cuenta los efectos ocultos u oscuros inherentes al tratamiento y los cuidados.

Conviene además que las incidencias indeseables queden reflejadas en los registros al objeto de proteger los derechos de los pacientes, su salud y, a la vez, hacernos conscientes de lo que puede ocurrir y mejorar nuestro conocimiento.

Tema para la reflexión.

X. Allué (Editor)

 

Written by pedsocial

13 marzo 2019 at 20:32

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Tuberculosis, una infección con notables connotaciones sociales.

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tuberculosisLas enfermedades infecciosas o, como se decía, infectocontagiosas, tienen una historia larga. Precisamente por su contagiosidad tambén llamadas enfermedades trasmisibles, mantienen un notable componente social: son enfermedades a menudo compartidas. Muchas de ellas requieren contactos íntimos, con intercambio de flúidos corporales, otras pueden ser de contacto más remoto o bien mediante vectores transmisores, en general insectos.

Ahora hace 132 que Robert Koch publicó el hallazgo del bacilo causante de una enfermedad transmisible que ha causado millones de víctimas a lo largo de la historia, y que continua afectando a millones de personas en el mundo: la tuberculosis. Y, notablemente a los niños: un millón cada año

Se han identificado casos de tuberculosis ósea en tumbas del antiguo Egipto, y más tarde en Roma y sus colonias. Personajes famosos murieron de “consunción”, como se conocía la forma crónica de la infección. Su extensión llevó a llamarla “la peste blanca“: peste por su amplia distribución y blanca por no causar el cuadro de insuficiencia respiratoria y asfixia que la peste pulmonar–ésta causada por la Yersinia o Pasteurella pestis–causa en los casos mortales que tornaba cianótica la cara de las víctimas. Contrastaba en cambio la palidez de las víctimas con las chapetas rosadas de las mejillas.

Las formas clínicas son variadas dependiendo de la edad, la froma de contagio y las condiciones subyacentes. Por mi edad he tenido la lamentable oportunidad de ver casos de todas las formas: tuberculosis pulmonar, miliar, meningitis, tuberculosis ósea, renal, ovárica, cutánea, y hasta nódulos mesentéricos en necropsias. Hoy día los problemas más acuciantes son la existencia de bacilos multiresistentes y la asociación con el SIDA, que a veces son la misma cosa.

Las connotaciones sociales incluyen:

– La infeccion se adquiere en el entorno social próximo

– Exclusión y estigmatización de los pacientes y sus familias

– Asociación con la pobreza, el hacinamiento y la falta de atención sanitaria adecuada

– La necesidad de medidas de aislamiento en los casos agudos, que separan los niños de sus familiares contagiosos

– Conflictividad con el sistema escolar, que no siempre entiende que los niños con tuberculosis no son contagiosos

– Dificultades de cumplimiento de los tratamientos (compliance) por lo largos y costosos

Lamentablemente aún queda tiempo antes de que podamos considerar la infección por el Mycobaterium tuberculosis como algo del pasado. Mientras tanto, además de afilar nuestros recursos diagnósticos, utilizar nuestro arsenal terapéutico con precisión y organizar el control epidemiológico de manera eficaz, debemos aportar el apoyo necesario para que los componentes sociales puedan también minimizarse.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

25 marzo 2014 at 19:39