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El paciente exigente, hipocondriaco e hiperfrecuentador…o su mamá

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“Algunas de sus peticiones son razonables, pero otras son cuestionables y podrían ser incluso dañinas”, escribía hace un año en JAMA Internal Medicine Anthony Jerant, director del Departamento de Medicina de Familia en la Universidad de California en Davis. Se refiere a la demanda de pruebas complementarias, analíticas, pruebas de imagen y demás, por parte de los pacientes. El argumento es que eso encarece y complica la asistencia y acaba yendo en contra de un ejercicio profesional adecuado.

Entendemos que el doctor Jerant es un profesional benévolo y bienintencionado. Y eso teniendo en cuenta que las pruebas complementarias en el sistema sanitario norteamericano las paga el paciente u, ocasionalmente, su compañía de seguros. En nuestro sistema, donde la responsabilidad “económica”, la del gasto, se diluye en la sanidad pagada por impuestos, se pierde el posible efecto disuasorio del coste.

En el ámbito de la Pediatría el protagonista de las exigencias, quien padece la hipocondria y genera la hiperfrecuentación a los servicios sanitarios acostumbra a ser la madre–ocasionalmente el padre–a menudo ante la incapacidad de asumir que las infecciones virales en la primera infancia se suceden implacablemente a lo largo de los meses de otoño, invierno y primavera.

Negociar con los pacientes o las familias exigentes es una tarea dificultosa y que requiere mucha mano izquierda, habilidades relacionales y una posición de autoridad no siempre fácil de mantener. Ceder o de alguna manera, pasar el problema al nivel siguiente de la asistencia como es la asistencia especializada, no suele ser una buena respuesta y, a menudo, es contraproducente. Los especialistas, incluso con la mejor buena fe, aceptan la referencia en su valor facial de la existencia de un problema específico de su ámbito de trabajo. Suelen dar por buena la exploración clínica realizada por el médico de primaria y, con una mayor liberalidad y, frecuentemente, acceden a la necesidad de completar estudios con pruebas complementarias, ya sean generales, ya lo sean de la propia especialidad. Ello generalmente refuerza la visión del exigente, confirmándole que su petición de pruebas complementarias estaba justificada, cerrando con ello un círculo vicioso que se retroalimentará en situaciones sucesivas.

Se debe practicar la más exquisita diligencia en situaciones de familias hipocondríacas o hiperfrecuentadoras en separar manifestaciones de carácter espontáneo de las que pudiesen ser infligidas,como sucede en los no raros casos de síndrome de Munchausen al que nos hemos referido varias veces anteriormente.

Es una buena idea requerir la participación de los Trabajadores sociales del centro o de los servicios municipales para entender el problema y, en lo posible, aclararlo. No pocas veces este tipo de situaciones se asocian con problemas de salud mental de la madre, reconocidos o no. Menos veces podrá ser por parte del padre. Si las exigencias se acompañan de peticiones poco razonables o se expresan de forma airada o incluso violenta, conviene dilucidar la posible existencia de violencia doméstica. Las actitudes agresivas o despreciativas ante personal asistencial femenino (hoy día mayoritario), sobre todo si cambian en la presencia de profesionales masculinos, son características machistas que suelen acompañar la violencia doméstica (llamada también de género). Tales casos deben ser puestos en conocimiento de las autoridades (del centro, la policía o judiciales) en cuanto se produzcan.

La tolerancia ante actitudes exigentes de hiperfrecuentadores o hipocondíacos debe ser muy baja, pensando sobre todo en la protección del niño paciente, generalmente víctima de la situación, que puede ser sometido a exploraciones no sólo innecesarias sino que pueden ser incluso lesivas.

X. Allué (Editor)

 

 

 

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Written by pedsocial

17 diciembre 2018 at 16:53