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Lenguas y lenguajes

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obras-postumas-de-d-nicolas-fernandez-de-moratin-4108-MLA2783614157_062012-FAdmiróse un portugués
que desde su más tierna infancia
todos los niños de Francia
supieran hablar francés.
Arte diabólica es
dijo, torciendo el mostacho,
Que para hablar en gabacho
un hidalgo en Portugal
llega a viejo y lo hace mal
y allí lo parla un muchacho

Una cosa son las lenguas, confundidas en Babel (Genesis, 11:1–9) y reunificadas en Pentecostés (Marcos 16: 14-18) y otra los lenguajes.

Las lenguas es lo que habla la gente y cada país tiene una o varias, que en eso no hay límite. Los lenguajes son códigos par entenderse, más o menos reglados. Entre otros los lenguajes de la informática como el Basic, Fortran, Perl, Javascript o HTLM. Saber uno no implica conocer los otros, pero todos pueden aprenderse. Saber lenguas y lenguajes es una ventaja social. Los niños tiene una habilidad innata y menos dificultades que los adultos. Pero saber más de una lengua y un lenguaje facilita el aprendizaje de otros. Además eso es lo normal: en la mayor parte del mundo la gente habla más de una lengua. Los que hablan una sola de hecho padecen una especie de discapacidad, en comparación con los demás.

Por eso es lamentable limitar el uso de las lenguas. O la utilización de las diferencias de los idiomas para discriminar a la gente.

En el estado español actualmente hay cuatro lenguas oficiales según los territorios. Cinco si se incluye el occitano/aranés. El gobierno actual del estado, que en su día cedió las competencias en materia educativa a las comunidades autónomas, parece empeñado en aplicar medidas restrictivas a esa cesión de competencias y, de manera específica, en contra del uso del catalán en Cataluña. También ha promovido limitaciones al uso del catalán en otros territorios en los que una buena parte de la población lo usa, como Valencia y Baleares.

Cabe notar que la totalidad de los escolares en Cataluña, al concluir la educación formal, dominan el español y el catalán. En varias instancias se ha demostrado que, además, el alumnado catalán tiene un dominio de la lengua española superior incluso al de otras comunidades autónomas monolingües. Y que en las propuestas para optar a una enseñanza exclusivamente en español y a pesar de las facilidades que se han ofrecido, como la de cubrir los gastos en alguna escuela privada monolingüe a quien lo quisiera, del millón y medio largo de escolares que hay, sólo tres se han acogido a la propuesta.

Parece que alguien desea crear un problema donde no lo hay.

Recientemente, y en las decisiones sobre la custodia de un niño entre unos padres separados, el TSJ de Aragón ha retirado la custodia a una madre que había ganado una sentencia anterior, aduciendo como motivo la lengua catalana de la madre. La sentencia, por cierto contra la que no cabe recurso, se extiende en argumentaciones para deleite de leguleyos, pero desoye las argumentaciones de la madre. Ya ha pasado más veces. En algún punto hemos perdido el significado de lengua materna. Y en algún otro la consideración de las lenguas constitucionales como igualmente defendibles (CE, 1978, art. 1, 1-3).

Aplicar sentencias es lo que deben hacer los jueces. Introducir argumentaciones basadas en prejuicios, el juicio previos a la realidad, es algo de lo que debieran abstenerse. Y tanto más cuando los prejuicios sólo sirven para justificar discrepancias que pertenecen al ámbito de la política.

Los pediatras sociales, aparte de estimularse a si mismos en el aprendizaje de idiomas, ya sea el ubicuo inglés, actual lingua franca de mundo académico, ya sean los de que se hablen en la población que atienden, deben mantener una mirada amplia a la hora de asesorar a las familias y, si se lo permiten, a la judicatura, en temas como las lenguas.

A mi me dan envidia los escolares araneses. En un país que vive esencialmente del turismo, el alumnado aprende a expresarse en catalán, aranés, español, francés e inglés.

X. Allué (Editor)

(Ref. a “Saber sin estudiar” de Nicolás Fernández Moratín, (1737-1780) de mi memoria escolar)

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Written by pedsocial

22 junio 2015 at 6:32

Enseñar a hablar idiomas a los niños

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En otra ocasión reciente ya nos hemos referido a la realidad del multilingüismo y la conveniencia de que la gente habla más de una lengua. También hemos explicado que el mito bíblico de Babel se refería más a una confusión de ideas, que no de lenguas. Las lenguas pueden traducirse, las ideas quedan ancladas en contextos culturales y sociales y no siempre transitan de un contexto a otro.

Los niños, no sólo no tienen dificultades para aprender más de una lengua sino que, además, se benefician de ello. De hecho esos beneficios pueden extenderse mucho más adelante hasta el final de la vida como ha enseñado la Dra. Ellen Bialystock sobre la protección que el bilingüismo ejerce sobre la progresión de la enfermedad de Alzheimer.

Hace un par de años, en una conferencia para pediatras en una población de España introduje sin más énfasis la idea de que lo habitual es que la gente utilice más de una lengua para comunicarse. Un murmullo de no se si sorpresa o de discrepancia acogió la información, con lo que me vi estimulado a insistir en esa realidad y el reconocimiento de que la mayoría de los paises tienen más de una lengua oficial. Falto muy poco tiempo para que en el coloquio se desatara la polémica. En la monolitica España castellana resultaba preocupante que para un colectivo de profesionales de titulación superior resultase increible o inaceptable la coexistencia de varios idiomas en una comunidad o en un estado. En Cataluña seguimos padeciendo constantes ataques por el uso de la lengua propia en la enseñanza desde las instancias estatales politicas, en un esfuerzo homogenizador que tiene más de colonialismo que de racionalidad.

Cada vez más educadores reconocen que hablar, y aprender desde niño, más de un idioma es ventajoso para el desarrollo intelectual. Y ello aparte de las otras obvias ventajas que el dominio de idiomas aporta.

Pero es que, además, hablar más de un idioma es lo más común y el monolingüismo resulta la excepción, cercana a lo patológico. La casi totalidad de los paises de la Unión Europea reconocen más de una lengua oficial, por más minoritarias que sean algunas. En España son cuatro. Cinco si se cuenta el aranés, que es cooficial en Cataluña. Como lo son en Suiza, tres en el Reino Unido, dos en Bélgica y así sucesivamente. No siempre el reconocimiento oficial se acompaña de protección a las lenguas minoritarias y casi nunca a la realidad. En México se hablan hasta sesenta y siete lenguas indígenas y, por otro lado, en los Estados Unidos de America hay más gente que habla español que en España.

Los pediatras y los educadores deben esforzarse en conocer la ventajas de multilingüismo para aconsejar a las familias en lo referente al proceso del aprendizaje del habla y despejar dudas y prejuicios.Y defender los derechos al uso de las lenguas minoritarias, muy especialmente en el ámbito de la salud donde el contexto cultural y lingüistico es más determinante.

X. Allué (Editor)

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14 mayo 2012 at 8:08

Bilingüismo y aprendizaje

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Una decisión mastuerza del Tribunal Superior de Justicia y el vocerío preelectoral coincidiendo con el comienzo del curso, han vuelto a poner de actualidad una aburrida polémica sobre la enseñanza en catalán en Cataluña. Treinta años después de que esté en vigencia en el sistema educativo catalán el programa de inmersión lingüística, los jóvenes catalanes hablan y escriben en la lengua del país y tienen mejores niveles de español que sus coetáneos de algunas CCAA de habla castellana. Esa es la realidad.

Desde aquí no vamos a defender una postura política ni deseamos entrar en debates culturales. Pero si ofrecer algunas reflexiones sobre el aprendizaje y uso de las lenguas por parte de los menores.

Aunque algunos se resistan a creerlo, lo habitual en la mayor parte del mundo es que la gente utilice dos o más lenguas para entenderse. En una mayoría de estados, las lenguas oficiales son más de una. Así sucede en Europa, en buena parte del Oriente, por descontado en África y, también, en América.

La mayor parte de los nuevos inmigrantes que en el último decenio han llegado a nuestro país, ya de origen hablaban más de una lengua: magrebíes que además del árabe, hablan francés o tamazit o chelja. Nigerianos que hablan inglés y yoruba, senegaleses que, además de francés, hablan mandinga o wolof. Rumanos que hablan alemán. Ecuatorianos que usan el español y el quechua.

Parece evidente que las personas que conocen más de una lengua tienen facilidad para aprender una tercera y aún otras. Existen además publicaciones que muestran evidencia de que los bilingües tiene una menor incidencia de demencia senil y enfermedad de Alzheimer.

Toda mi vida a transcurrido en países donde había más de una lengua oficial: Canadá, Euskadi, Baleares o Cataluña. Incluso en un período en los Estados Unidos antes de la notable presencia del español actual, viví en un estado que, además del inglés, reconocía como lengua oficial el cherokee. Nunca se me han presentado problemas de pacientes que se relacionasen con dificultades por utilizar más de una lengua.

Tengo la suerte de usar habitualmente tres idiomas, puedo hacerme entender en cinco y leer siete, además de media docena de formas dialectales de los tres primeros. Si tuve que hacer un esfuerzo siempre fue en beneficio de quienes servía: niños y sus padres con algún problema de salud. Ocasionalmente he tenido que utilizar intérpretes: de árabe, de eskimo, de griego, de switzerdeutsch—que es lo que hablan tres de mis nietos, además del español—y me he sentido frustrado. No puedo entender que los líderes políticos españoles sean tan obtusos que no dominen por lo menos una lengua de las de uso internacional. Ni que no hayan hecho un esfuerzo por aprender alguna de las otras cuatro lenguas oficiales del estado español.

Todo el mundo reconoce que los niños pequeños no tienen problemas para aprender más de una lengua. Es después, cuando de adultos interviene la voluntad, cuando se hace difícil aprender otra lengua. Pero, sobre todo, cuando se mantienen prejuicios o posturas autárquicas.

Los médicos, y especialmente los pediatras, no podemos permitirnos que por desconocer la lengua de nuestros pacientes, su salud pueda verse perjudicada.

Los pediatras además, tenemos la obligación de promover el plurilingüismo entre los menores y denunciar las limitaciones al libre uso de todas las lenguas.

X. Allué (Editor)

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Written by pedsocial

18 septiembre 2011 at 22:43