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No vienen a Europa, se van de África

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Ya va siendo hora de que clarifiquemos algunas cosas. La realidad de los movimientos migratorios es tan antigua como la misma Humanidad. A estas alturas supongo que todo el mundo sabe que los humanos de nuestro género (Homo sapiens sapiens, aunque a veces no parece tan “sapiens”) son originarios del continente africano, que migraron a través de Suez y el Sinaí hacia la masa continental de Eurasia y que hace menos tiempo, cruzaron a América por el norte y a Australasia por el sureste, para acabar ocupando todo el planeta. Migrar es lo que venimos haciendo con más constancia desde el origen de nuestros tiempos. Grandes migraciones más recientes han sido determinantes de la historia. Estos días se cumplen 525 años de cuando Colón zarpó en busca de las Indias y se topó con América. Como les dieron mala vida a los que entonces vivían allí, todo el continente se repobló con emigrantes europeos y africanos, unos voluntarios y otros llevados a la fuerza.

En los últimos 25 años se ha acentuado un flujo migratorio desde África a Europa que, entre el desorden y la maldad de los traficantes de seres humanos, está costando miles de vidas, básicamente por los impedimentos que se ponen en la última etapa de sus viajes migratorios que supone cruzar el Mediterráneo. (Nota: hace dos mil años, el Mediterráneo no era un elemento de separación sinó que, muy al contrario, era un medio de comunicación compartido: el Mare Nostrum)

Enmedio de continuo goteo de tragedias que aquejan a los que intentan cruzar el mar en medios precarios, veo dos informes que ponen el acento en la casus del  fenómeno migratorio, especialmente en lo que se refiere a los niños. Ambos coinciden en explicarlo. Instituciones de prestigio y experiencia, UNICEF, y Save the Children coinciden en el diagnóstico: no vienen, se van. Se marchan de donde la vida se les va haciendo insostenible por una miríada de razones sociales. Cierto, el hambre y la pobreza son determinantes, pero también las privaciones, los abusos, los malos tratos, la esclavitud, los matrimonios forzados o , en general la guerra o los conflictos armados de menor intensidad.

Los problemas de los niños emigrantes-inmigrantes no los vamos a resolver aquí. Hay que resolverlos allí.

X. Allué (Editor)

 

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Written by pedsocial

7 agosto 2017 at 7:01

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Refugiados y migrantes

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Refugees

2015 Sirios en Hungría. Sólo cambia el color

The republican exodus

1939 Republicanos españoles en Barcarés

Las leyes de acogida y asistencia que los países aplican establecen diferencias entre quienes se acercan a sus fronteras desde el exterior. Turistas e inversores serán habitualmente bienvenidos, pero emigrantes o refugiados ya no tanto.
Inmigrantes somos todos argumentábamos hace unos años quizá cuando el pico de llegada de nuevos inmigrantes a este país. Luego la crisis económica ha cambiado algunas cosas pero una buena parte se han quedado e integrado. Ya “son de aquí”, menos para algún energúmeno del Partido Popular como el anterior alcalde de Badalona y algunos otros recalcitrantes.

De las migraciones se ha escrito mucho. Nosotros mismos en la primera década del siglo y dentro del ámbito de migraciones y salud hemos contribuido con algunos trabajos de investigación y varias publicaciones. La linea argumental aparece resumida en la entrada del blog enlazada más arriba en el sentido de que las migraciones son la parte de la historia de la humanidad más constante, probablemente incarnada en el ADN primitivo que promovía el nomadismo. Quizá la característica más “humana” de los homínidos fuese su tendencia a viajar, a cambiar de asentamiento según sus necesidades. Los otros simios son más territoriales y viajando se aprende. La teoría paleontológica del “out of Africa” sostiene que los homínidos más modernos y especialmente el sapiens, son originarios del este africano y que migraron hacia el norte, a través del Sinaí, hacia Eurasia.

Las religiones del libro consagran las migraciones (Exodus) y los viajes (Hejira). La historia de la Europa medieval es una sucesión de migraciones desde oriente. Los europeos ocuparon América, casi siempre en busca de algo mejor, aunque a menudo huyendo de algo peor, insoportable. La Guerra civil española llevó medio millón de republicanos a Francia. Mediado el siglo XX hasta 60 millones de personas se desplazaron o los desplazaron los horrores de la guerra.

Refugiados y emigrantes no se van de donde vienen: les empujan. Les empuja la miseria, la inseguridad, el hambre, la desesperanza, el miedo y la muerte, aunque luego lo vuelvan a encontrar por el largo camino hasta encontrar sosiego y acogida en otros lugares. Por eso la diferenciación entre emigrantes y refugiados, al menos en el momento actual, me parece más bien retórica. Cierto es que las legislaciones de los países occidentales están llenas de argumentaciones  y que el derecho internacional público contempla las situaciones de forma diferenciada. Así lo hace la ONU también. Pero las razones suelen ser meramente instrumentales. Por ejemplo suponen que los refugiados por una causa concreta, puntual, como un conflicto bélico, cuando este concluya es posible que quieran regresar a sus lugares de origen. Pero todo el mundo entiende que lo más común es que a la conclusión de una guerra suele quedar muy poco a lo que regresar.

El caso es que la estúpida idea de que todo el mundo debe quedarse en su casa y no molestar, parte de la concepción de un mundo fraccionado por fronteras físicas o sociales. Y eso, en el siglo XXI ya no va a ser. Los “parias de la tierra” a quienes canta La Internacional ya no aguantan más y las distancias cada vez son más cortas. Pero aunque no lo fuesen: las barcazas de los mares del sudeste asiático, las pateras del estrecho o los flotadores delante de Lampedusa son versiones de lo mismo. Como en su día lo fueron los artilugios flotantes de los “balseros” cubanos. O andando como hacen desde esta mañana los que estaban retenidos en la estación Keleti en Budapest.

Todavía no me he recuperado de la visión de la imagen del niño Aylan que mostramos en el post anterior. Y sigo sin palabras para comentarlo. Pero desde este rincón queremos recordar a nuestros lectores que, cada uno desde el suyo, actúen hacia sus respectivos representantes y gobiernos para que empiecen a comprender  el problema y arbitrar medidas, no sólo para resolver lo inmediato como pueda ser un tren de Budapest a Viena o unos ferris en la isla de Cos, sino para orientar las políticas hacia las causas que, todos sabemos, son del orden mundial y de la responsabilidad social de los que tenemos ante los que no tienen nada.

X. Allué (Editor)

 

 

Written by pedsocial

4 septiembre 2015 at 17:19

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