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Elna

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La Maternidad de Elna, también conocida como Maternidad Suiza (en francés Maternité Suisse d’Elne) fue una institución fundada en 1939 por la enfermera suiza Elisabeth Eidenbenz en la comuna francesa de Elna, que permitió el nacimiento de 400 niños cuyas madres, refugiadas de la Guerra Civil Española, se encontraban internadas en campos de concentración del sureste de Francia. También hizo lo propio con 200 más, hijos de mujeres judías perseguidas por el nazismo, durante la Segunda Guerra Mundial. Fue cerrado por la Gestapo en 1944, tras haber ayudado a nacer a 597 bebés.

Hace pues setenta y ocho años que alguien se preocupó por la asistencia al parto en un centro hospitalario, en medio de unas circunstancias terribles y unas penurias de difícil descripción. Cuando ahora se oyen propuestas de partos domiciliarios nos entran algunas dudas sobre su oportunidad. Sí, ya sé que yo nací en el dormitorio de mis padres, en un primer piso, enfrente de Correos, en una pequeña ciudad y por aquí sigo, con una buena parte de mis neuronas intactas. Pero sin la iniciativa de frau Eidenbenz, probablemente pocos de esos casi seiscientos niños hubiesen tenido una oportunidad de supervivencia.

Ah!, por cierto: en Elna es donde estaban las urnas del referendum catalán, que anduvieron buscando policias y guardias civiles varias semanas, sin éxito. Mira que cosas.

X. Allué (Editor)

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Written by pedsocial

5 octubre 2017 at 6:01

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Partos domiciliarios en Occidente: Ontario y Oregón

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imagesLa opción de que las mujeres paran fuera de instituciones sanitarias se plantea en los países occidentales, del llamado primer mundo, como una contribución a la vida natural y un rechazo a las imposiciones de la biomedicina que es hegemónica en el mundo.

Como en tantas otras opciones en el ámbito de la salud materno-infantil, las opiniones suelen contener más factores subjetivos, emocionales, culturales o, incluso, económicos, que no racionales o científicos.

Desde la Pediatría social debemos ofrecer el máximo respeto por todas las opiniones porque la razón y las razones dependen de una gran variedad de circunstancias. Pero lo que resulta ineludible es la preminencia de la salud e integridad del recién nacido por encima de cualquier otra consideración. El objetivo de toda gestación y de todo parto es la generación de niños, seres humanos, en la mejor de las condiciones posibles. Suponiendo que esta premisa es incontestable, todo lo demás es condicionable y, de alguna forma, secundario.

Traer hijos al mundo es un asunto que lleva varios miles (millones) de años sucediendo y como especial responsabilidad de las hembras de la especie por razones obvias. Y eso no merece discusión: las mujeres paren y las mujeres deciden. Pero también es obvio que el resultado de todo el proceso de la gestación y posterior crianza de la descendencia ha ido mejorando considerablemente con el tiempo y, especialmente con la contribución de la medicina científica en los ámbitos preventivos, diagnósticos de las dificultades y terapéuticos de los problemas que surjan, hasta conseguir que el descenso de la mortalidad infantil y la supervivencia con integridad se acerque a la práctica totalidad de las gestaciones. Tal es una novedad en la historia de la humanidad. Ni siquiera los privilegios de los poderosos en el pasado podían evitar los fracasos repetidos en la supervivencia de la descendencia, de lo que son buenos ejemplos la mortalidad neonatal e infantil de las clases reales europeas hace 150 años, equivalente a la actual de las sociedades más primitivas y desprotegidas en países pobres.

El nacimiento fuera de los ámbitos hospitalarios en sociedades avanzadas se argumenta como satisfacciones sociales y culturales. La responsabilidad exige valorarlo y validarlo.

Eso es lo que ofrecen dos estudios recientes, ambos en países (estados o provincias) de los más avanzados del mundo como son el estado de Oregón en la costa oeste de los Estados Unidos y la provincia de Ontario, la más rica y desarrollada del Canadá. La prestigiosa revista New England Journal of Medicine publica el último día del año pasado (http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMsa1501738) un estudio que indica que la mortalidad perinatal en los partos domiciliarios es ligeramente superior que en los hospitalarios, aunque en ambas situaciones es muy baja. El Canadian Medical Association Journal a su vez publica una semana antes (http://www.cmaj.ca/content/early/2015/12/22/cmaj.150564) los resultados de los partos extrahospitalarios en embarazos de bajo riesgo dentro de un sistema asistencial integrado. En este caso no encuentran más diferencias que, en los partos domiciliarios, hay lógicamente una menor cantidad de procedimientos intervencionistas.

Lo evidente es que las diferencias en los resultados se corresponden con unos sistemas asistenciales diversos, más favorable para un sistema integrado como el canadiense. Este es el tipo de información que puede ayudar a la toma de decisiones de un tema tan trascendente como un parto y con ello, ofrecer a las madres y a las familias lo más favorable para unos resultados óptimos.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

14 enero 2016 at 6:01

Nacer en un pesebre

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La alegoria de la Navidad cristiana pone énfasis en el nacimiento en un lugar muy humilde. Nada menos que en un pesebre, en un establo de animales, que justifique un origen con el que hasta los más pobres puedan identificarse.

Dos mil años después todavía un considerable número de los que llegan al mundo lo hacen en situaciones de similar precariedad, con todos los riesgos que comporta. La mortalidad perinatal se ha reducido extraordinariamente desde que los partos tienen lugar en situaciones de seguridad clínica, como son los hospitales y centros de salud en todo el mundo.

Resultan algo ridículo las propuestas de retornar a unos supuestos partos naturales fuera del medio hospitalario, en aras de evitar una medicalización cuando ésta, por ahora, es la que ofrece mayores garantías para la madre y, por supuesto, para el recién nacido. La excepciones de algunos países europeos que faciltan los partos domiciliarios se asientan en una red de recursos sociosanitarios que muchos otros paises no pueden ni soñar permitirse.

Claro que hay espacio para añadir confort y participación social en el parto normal y en ese sentido, los servicios de obstetricia de los hospitales modernos van introduciendo medidas que lo faciliten.

Desde aquí y en defensa de los derechos de los niños, queremos recordar que a cada uno de los recien nacidos le asiste el derecho a llegar al mundo en las mejores y más seguras condiciones: higiénicas, tocúrgicas y, también, sociales. Hoy por hoy eso es más fácil de conseguir en un centro hospitalario que en un pesebre… o cualquiera otra alternativa menos campestre.

Como mencionaba un experto en enfermedades infeciosas, el verdadero milagro de Belén no es tanto que naciese un hijo de Dios, sino que no muriese de tétanos neonatal a los pocos días.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

25 diciembre 2011 at 10:44