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Los niños son (deben ser) invulnerables

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Lucía Caram és un personaje mediático que anda dándole vueltas a lo de que “el hábito no hace al monje” literalmente. Ni tampoco a la monja. Desde hace poco impulsa un proyecto con el nombre de Invulnerables incorporado a la lucha contra la pobreza infantil y la defensa de los derechos de los niños.

Clérigos y religiosas de vez en cuando sobresalen en su participación en los medios de comunicación de masas. Pueden ser manifestaciones artísticas como la ya casi olvidada Jeanne Deckers Soeur Sourire, una dominica belga que cantaba canciones populares hace 50 años. O Teresa Forcadas, una médico intensivista que se hizo monja benedictina, activista política y, al tiempo, crítica de la opresión de la grandes empresas farmacéuticas.  Y hace muchos más años, siglos, Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada. Son fenómenos, o personajes ocasionales cuya existencia no debería sorprender si se tiene encuenta la miríada de órdenes religiosas femeninas que existen (número que, se dice, ni siquiera conoce el papa…), realidad estadística .

Un día de estos deberíamos repasar el valor extraordinario aportado por las monjas de las diversas adscripciones cristianas a la asistencia sanitaria en occidente. Quizá toque a los (o las ) antropólogos de procedencia formativa de enfermería, herederas de las prácticas. Tan herederas que la enfermeras tituladas en el reino Unido aún se llaman “sister” (y los enfermeros también!). Poco que ver con las denostables prácticas de algunos clérigos católicos, ya denunciadas en este blog.

El proyecto de Lucía Caram contiene unos cuantos aspectos sólidos, tanto organizativos como ejecutivos, al que deseamos todos los éxitos posibles. Y por ello merece difusión. La controversia ayuda a la difusión. Que Lucía Caram haya conseguido alistar al conocido actor Nacho Vidal, una persona con experiencias familiares de una cierta complejidad, añade interés a la curiosidad.

La protección a los niños y sus derechos admite todos los esfuerzos.

 

X. Allué (Editor).

 

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Written by pedsocial

16 mayo 2017 at 11:16

La feminización de la pobreza

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imgresNo vamos a pretender que introducimos un tema nuevo. Ya hemos hecho referencia antes (https://pedsocial.wordpress.com/2012/08/02/los-ninos-con-riesgo-ii-los-riesgos-economicos/)

Que la feminización de la pobreza mantenga una rabiosa actualidad no debe ocultar que hace casi cuarenta años que se acuñó el término en el trabajo seminal de Diana Pearce (The Feminization of Poverty: Women, Work, and Welfare The Urban & Social Change Review,  Special Issue on Women and Worlc Volume 11, Numbers 1 and 2 1978, pag. 28-38) en 1978. Pero no fue hasta que la Plataforma de Acción aprobada por la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, identificó la erradicación de la persistente y creciente carga de la pobreza en las mujeres como una de las 12 esferas de especial preocupación que requiere especial atención y acción de la comunidad internacional , los gobiernos y la sociedad civil.

Todas las organizaciones sociales, y especificamente las plataformas feministas, llaman la atención sobre los factores determinantes de esta realidad. Las estadísticas no reflejan adecuadamente la pobreza de las mujeres; el principal problema es la forma de cálculo de la pobreza, que se basa en la renta del hogar. Se mantiene o crece la tradicional brecha de género tanto en términos de desempleo como de pobreza, brecha salarial que entre hombres y mujeres en España ronda el 17%. Las mujeres dedican más tiempo a actividades no remuneradas que los varones, como aquellas que tienen que ver con el cuidado del hogar y de la familia, El tiempo dedicado a labores de cuidado no sólo se observa durante el día, sino también a lo largo del todo ciclo vital. y así sucesivamente.

Los factores de la pobreza no sólo se representan en el entorno laboral: con menos tiempo y, en general, menos formación, el acceso a puestos de trabajo de mejor remuneración queda siempre limitado. La valoración, o como se dice ahora, la puesta en valor, desde el punto de vista macroeconómico de las dedicacions de las mujeres a la vida familiar está ausente, carece de reconocimiento.

Sin pretender profundizar mucho más, desde esta plataforma, en todos los aspectos de la realidad de la feminización de la pobreza, sobre lo que si queremos insistir es que esa parte de la pobreza es la que más incide sobre la pobreza infantil. Y empeorada porque la laboralización intensiva de la mujer sin compensaciones que tengan en cuenta su condición, limita también la dedicación que puedan dar la los hijos. La feminización de la pobreza es paralela a la pobreza infantil.

Desde la Pediatria social animamos a nuestros lectores a profundizar en el conocimiento y análisis en su entorno de la feminización de la pobreza y sus consecuencias en la pobreza infantil. Y que canalicen sus esfuerzos sociales a sensibilizar a quienes tengan posibilidad de contribuir a corregirlo en esta dirección.

X. Allué (editor)

 

Written by pedsocial

29 septiembre 2016 at 6:51

Revisiones preescolares, confidencialidad, etiquetado y derechos de los niños

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Children lineHubo un tiempo en que para entrar en la escuela era necesario un certificado médico oficial. Generalmente lo hacía el médico de cabecera y nunca fue algo más que un requisito burocrático. El valor clínico o epidemiológico de los certificados médicos fue lo suficientemente cuestionado como para que el requisito desapareciera a finales del siglo pasado. Igual que mucho antes también desaparecieron la revisiones escolares masivas: aquellas colas de alumnos para que un médico “les echara las gomas”, les pusiera la prueba de la tuberculina o, incluso, se les sometiera a una radiografía de tórax con lo que se conocía como “fotoseriación”. Eran, como se dice, otros tiempos. No los tiempos de cólera, ni como se dice en los países catalanes “l’any de la picor”, en referencia a epidemias perdidas en la antigüedad, episodios de diarrea colèrica o de sarna que pica aunque no guste, retenidas en la memoria de las gentes. Pero si eran años de tuberculosis, la “peste blanca”, que enfermó y mató a millones, todavía terriblemente endémica en muchos países con el refuerzo que le ha dado la concomitante epidemia de VIH. Se tomaban precauciones bien intencionadas, aunque su eficacia fuese escasa.

El actual sistema asistencial de Pediatría de Atención Primaria ha hecho todo eso innecesario, pero no ha resuelto con claridad el traspaso de información clínica de los escolares al sistema educativo. Salvar esa distancia ha quedado más bien a la decisión de los padres de facilitar información médica en las encuestas que suelen acompañar a los trámites de inscripción. Tales suelen ser diferentes en diferentes áreas del país o escuelas y, en todo caso, de cumplimentación voluntaria. A veces la información se transmite de forma oral: mi hijo toma tal o cual medicina, tiene tal o cual problema sensorial, etc. según el criterio de importancia que los padres por un lado y los educadores por otro le den al tema. Sí se suele exigir un certificado de vacunación.

El puente de dos direcciones de la comunicación padres-educadores no siempre se cruza con fluidez. Padres pueden ocultar o presentar información parcial y educadores limitarse a transmitir informaciones inespecíficas y generales. Las motivaciones pueden ser múltiples. La necesaria protección de la confidencialidad de los datos médicos como pertenecientes a la intimidad, que además intente evitar el etiquetado o la estigmatización de los niños, puede impedir que la atención a los problemas de salud se pueda hacer con eficacia en la escuela. En la dirección contraria, los maestros pueden callarse observaciones sobre un alumno para evitar que se cuestione su criterio o se generen conflictos.

Aún se complican más las cosas cuando intervienen administraciones más o menos mastodónticas o despersonalizadas que, pretendiendo decidir para todos, omiten la necesaria individualización de los casos concretos. Si a eso se suma la incongruencia maligna de algunas administraciones como la que dirige el ministro Wert y su ley, todo puede ser aún peor. No se libra de ello la administración educativa catalana cuando ha anunciado el requisito de que la información social de un niño o una familia debe llevar añadido un informe médico para tener acceso a algunas prestaciones educativas especiales. Esto ha motivado una nueva polémica en los medios por más que la conselleria de Educación haya intentado justificarlo.

Parte de esas decisiones se originan de la publicación de un informe de la Fundación Jaume Bofill, especializada en temas educativos, que explica el círculo perverso existente entre el éxito educativo (o su fracaso) y la pobreza infantil. Lo estúpido es que la conselleria sólo pide el informe médico para las escuelas de los barrios pobres, eufemísticamente descritos como “centros educativos de alta complejidad socioeconómica”. Las administraciones son verdaderos artistas en retorcer los conceptos.

La información clínica tiene que servir para facilitar la asistencia y el cuidado. Si un escolar tiene asma y usa inhaladores o una adolescente está embarazada y no hace gimnasia, tiene que conocerse. Y unos y otros deben ser muy cautos en el uso que se hace de esa información en lo que tenga de confidencial. El respeto al secreto profesional, a todos los efectos éticos, afecta a sanitarios y educadores por igual. Uso esos dos ejemplos porque pronto o tarde los detalles se van a hacer evidentes: uno usando el Ventolín antes del partido y la otra teniendo que cambiar los tejanos por mamitas. Como pueda serlo el uso de prótesis, los defectos físicos o las peculiaridades étnicas.

Aquí, una vez más, los pediatras, los médicos que atendemos niños y sus familias tenemos que imponer algo de sensatez en todo el contexto. Si un niño padece epilepsia y precisa anticomiciales, o es diabético y precisa insulina, su maestro debe saberlo. Si un niño tiene antecedentes de una enfermedad hereditaria, no necesariamente. Si un niño vive en una zona de la ciudad de “alta complejidad socioeconómica”, el médico no tendrá que informar nada diferente de uno que viva en otra de “baja complejidad” pero “alta capacidad económica insolidaria”. Y, en cualquier caso, la responsabilidad del pediatra social no se salda ni se conforma a un “certificado médico”. En todo caso y en todos los casos, hacer siempre que se respeten los derechos del niño, de cada niño, único, singular e irrepetible.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

12 marzo 2015 at 12:45