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Trapicheos

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ConcertaTrapiche en América es un molino. En este lado del agua se usa trapicheo para denominar el comercio de menudeo: comprar una cantidad y luego distribuirla comercialmente en cantidades pequeñas. En los últimos tiempos su uso se ha referido, esencialmente, a la compra y venta de substancias psicoactivas ilegales. O sea las drogas que trafican los “camellos“. ¿Sabemos de qué estamos hablando?

Un ámbito donde el trapicheo “campa por sus respetos“, esa ininteligible expresión antigua que quiere decir que está por todas partes, es en las escuelas. Y también básicamente, entre los escolares. Es un tema de menores de edad. Y, que yo sepa, no suele figurar en el aprendizaje de educadores y pediatras como una realidad.

Pues bueno, que quede constancia: existe. Es común. En todas partes: escuelas públicas, privadas, confesionales, de niños, de niñas, rurales o urbanas, en zonas de juego, gimnasios, estadios deportivos, parques, playas, salas de fiestas o cualquier otro lugar donde se junte gente joven. Y si no lo vemos es porque no miramos.

Pues el Journal of Pediatric Psychology nos aporta en un artículo reciente de un grupo de la universidad de Michigan que comenta Lisa Rapaport en Medscape, desde la agencia de noticias Reuters. Con el título de ADHD Drugs May Be a Prescription for Bullying, se relaciona el trapicheo de la medicación para el TDAH con el acoso escolar (bullying). O sea que no es ya el trapicheo de psicofármacos ilegales de uso recreativo, sino que fármacos con una indicación precisa pasan a formar parte de la cadena de la ilegalidad por su efecto estimulante y se negocian para evitar los acosos y la violencia.

De manera que se recomienda una vigilancia sobre el destino de los fármacos prescritos entre adolescentes y su utilización. Una responsabilidad de los padres, como siempre, pero también de educadores y médicos prescriptores.

X. Allué (Editor)

 

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Written by pedsocial

10 diciembre 2015 at 6:17

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Amfetas para el cole

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Un articulo del New York Times, fechado la pasada semana desde Canton, Georgia, en el sur de los Estados Unidos, relata la experiencia de un pediatra dedicado a la Atención Primaria que utiliza los derivados de las amfetaminas, no ya para el supuesto tratamiento del Síndrome de Défict de Atención, sino como una ayuda farmacologica para el estudio. El Dr. Michael Anderson dice que el propio TDAH es una falsedad, un “invento” y una excusa para distraer de la verdadera causa de los problemas de muchos niños: fracaso escolar en escuelas inadecuadas.

Bienvenido el Dr. Anderson al mundo de la realidad de un sistema escolar deficitario… pero eso no vamos a resolverlo con pastillas.

El fármaco de moda es Adderall, una combinación de dextroamfetamina en cuatro formas (sulfato, sacarato, aspartato y amfetamina racémica) en cantidades iguales en cápsulas de 5 mg, 10 mg, 15 mg, 20 mg, 25 mg, 30 mg y dos presentaciones, una de absorción rápida y otra de liberación lenta (XR). La farmacodinámica incide en la inhibición de la recapación de la noradrenaliana y la dopamina. Básicamente es un estimulante del Sistema Nervioso Central.

En el informe de Wikipedia, bastante completo y con más de setenta referencias, se resalta su empleo para mejorar el rendimiento escolar. Así se usa en muchas universidades por parte de los alumnos y se comenta que”…entre los más competitivos…” Es el “doping” en las carreras universitarias.

Nada nuevo bajo el sol. Quien esto escribe puede testificar que las dos formas comercializadas de amfetaminas  en España en los años 60 del siglo pasado “Simpatina” y “Centramina” se usaban profusamente entre los estudiantes de la Universidad de Barcelona. Incluso de la imagen del representante comercial de los Laboratorios Miquel, fabricante de “Centramina” y que tenía su sede en la misma calle Casanovas tres manzanas más abajo, con su cartera ofreciendo muestras a quien quisiera en el hall de la facultad de Medicina. En el prospecto de la “Simpatina” se decía que se recomendaba su uso a “…militares, policías y transportistas…” con jornadas laborables extensas y que necesitaban mantenerse despiertos (sic!).

Si el Dr. Anderson utilizó  (quizá) amfetas para estudiarse la Patología quirúrgica de 4º año (un “hueso” clásico), nadie debe sorprenderse que haga un salto en el aire y se lo acabe recomendando a los chiquillos que no pasan curso en las escuelas del barrio norte de Atlanta. pero hay otros facultativos que opinan algo parecido, como se relata en el mencionado artículo.

Bueno, bueno, bueno…Ya falta poco para que alcancemos el mundo feliz de Aldous Huxley que administraba a todo quisque una dosis de “soma” para ir tirando….

Hay que extremar la profesionalidad. Los diagnósticos médicos deben ser precisos, peró aún más los diagnósticos psicosociales de los problemas que tienen los niños. Y los diagnósticos correctos y responsables deben promover el empleo de recursos terapéuticos eficaces. A partir de ahí los criterios deben, por lo menos, que ser contrastados, y los resultados evaluados objetivamente. Y pensar sobre todo en el bien de los niños.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

15 octubre 2012 at 10:22

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