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Qué hacer si te sale un hijo terrorista

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Las familias de los miembros de la célula terrorista de Ripoll han mostrado su dolor y desesperación ante los acontecimientos de la pasada semana. Han manifestado su repulsa a las acciones violentas, han lamentado las muertes y otras víctimas y han proclamado que todo ello no tiene nada que ver con el Islam, que es una religión de paz. Algunos de los relacionados con ese grupo por razones de vecindad o de negocios próximos, se han declarado víctimas, unas víctimas más de los ataques. Como comunidad se han distanciado de todas las iniciativas violentas. Las madres que han podido, incluso exhortaron a sus hijos mientras aún estaban en busca y captura, que se entregasen a las autoridades. Lamentablemente no ha sido así. El último terrorista buscado simuló ser portador de un cinturón con falsos explosivos en un gesto que sólo le condujo a ser muerto por la policía.

Ahora sólo quedan los lamentos.

No vamos a ser tan osados como para pretender ofrecer recetas o soluciones a situaciones tan dramáticas y, a la vez, tan complejas. Una simplificación puede ser considerar el terrorismo y la participación de individuos jóvenes como cualquier otra desgraciada deriva delincuencial de post-adolescentes. Muchas de ellas contienen un germen de autodestrucción propiciado por un aislamiento de la sociedad y de un menosprecio de los valores de convivencia más elementales. Tal sucede con el consumo de drogas, especialmente las menos recreativas y más adictivas que, además, por la ilegalidad, conducen a la marginación y como consecuencia del tráfico, al crimen o al suicidio más o menos disfrazado de sobredosis.

Tampoco se puede incluir el terrorismo entre los fenómenos de vinculación dependiente como a las sectas destructivas. Aunque la metodologia de captación y el enredo de la adscripción, exclusión social y marginación pueden ser similares, los objetivos o propósitos suelen quedar reducidos al ámbito más próximo.

El terrorismo sectario contiene algunos de esos elementos de clandestinidad, dependència y autonegación, pero y sobre todo, el propósito es la destrucción de otros, su muerte y aniquilación en aras de unos objetivos casi siempre desdibujados, situados en un universo del más allá trascendente.

Si un hijo “sale” terrorista, de la clase que se está produciendo actualmente con un substrato religioso islamista, probablemente ya haya poco que hacer porque  la manifestación suele anteceder muy poco a la muerte.

La prevención puede encontrarse en la educación en valores trascendentales como el respeto a la vida humana, el respeto a los otros, a la diversidad y pruralidad social, política o religiosa. La educación en la tolerancia, la generosidad, en la evitación de las discriminaciones cualquiera que sean sus motivos: raza, sexo, ideas, creencias, orígenes o culturas. La del respeto a la libertad, tanto la propia como la de los demás que es, en realidad, donde comienza la propia. Tal es una tarea que nos incumbe a todos.

X. Allué

(Una parte de este texto aparece ampliada en una publicación propia: La percepción selectiva)
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Written by pedsocial

28 agosto 2017 at 19:35

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Contar los muertos en la guerra

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TerrorismPor lo menos dos estados europeos han dicho que se encuentran en “estado de guerra” como consecuencia de los recientes atentados ocurridos en capitales como París y Bruselas. Otros países no lo dicen pero, si se tiene en cuenta sus situaciones, es evidente que están en guerra: Siria, Iraq, varios estados africanos… Y también se oyen voces de que lo que ocurre es la Tercera Guerra Mundial por la diversidad de incidentes violentos en países e incluso continentes distintos. El modelo de guerra se considera que no es “convencional” por cuanto no hay frentes establecidos ni ejércitos enfrentándose, ni la realidad se aproxima a las descripciones clásicas de Carl von Clausewitz (1874), el teórico de la guerra más comúnmente citado. En lo que llevamos de siglo los conflictos armados no han cesado. Más de 30 llevan años de actividad. Por lo menos cinco causaron más de 10.000 muertos cada uno el pasado año (las guerras de Iraq, Afghanistan, Siria y los conflictos de Boko Haram en Africa y la guerra de la droga en Mexico). Todos  sumados más de 165.000 muertos en 2015.

Pero lo que tiene a todos, medios de comunicación y gobernantes, preocupados son las muertes próximas, las que causa el terrorismo y, más concretamente, el terrorismo llamado islámico o jihadista. Los ataques protagonizados por radicales de origen islámico no han comenzado ahora, aunque se hayan incrementado. Hasta el año 2000 se registraron unos 40 ataques. En lo que va de siglo ya van 503, de los cuales 121 tuvieron lugar el año pasado. En lo que va de año, el 2016, llevamos 26, que han causado aproximadamente 612 muertos, veinte veces más que las 31 víctimas de los atentados de Bruselas del mes de marzo. Lo que pasa es que suceden en otros sitios, lejos de Europa: Pakistan, Costa de Marfil, Estambul, BurkinaFaso…y eso no le importa a nadie.

La respuesta en las sociedades occidentales no es ni ordenada ni racional. Los gobiernos sitúan el origen de la violencia en los países actualmente en guerra y lo más inmediato parece ser contribuir a esas guerras con armamento del llamado convencional: bombas, tanques y aviones. Y en el ámbito de la defensa doméstica incrementar la vigilancia, los controles y las limitaciones a la libertad. Unas y otras medidas son reactivas, mal proporcionadas y mal orientadas. Eso lo reconocen todos los expertos en defensa y, a pesar de ello, son las que se arbitran.

Desde este blog nos hemos ocupado brevemente en indicar cómo se puede explicar el terrorismo a los niños. Pero eso sólo vamos a poder hacerlo si somos capaces de explicárnoslo a nosotros mismos. Para ello es preciso tener información, procesarla y digerirla, crearnos un criterio y organizarnos una explicación a nosotros mismos. Pero además debemos procurar influir en nuestros gobernantes para que se acerquen a soluciones viables y eficaces. Y eso, que es crear opinión pública, no es una responsabilidad que adoptemos con facilidad. No podemos esperar a que cuando haya que votar, hacerlo por opciones más o menos pacifistas. Ya no hay tiempo ni podemos esperar. Además, la promoción de la paz y el ejercicio adecuado de la defensa no es patrimonio de los pacifistas; nos incumbe a todos y a todos los gobernantes de todos los colores y facciones.

Esto es una llamada a la conciencia de todos porque nos lo debemos a nsotros mismos, pero y sobre todo, se lo debemos a los niños; a todos los niños, los nuestros y los de los otros que están muriendo por esos mundos de Dios–o no de Dios–junto a sus padres y hermanos. No se va a parar solo. Tenemos que pararlo entre todos.

Se aceptan sugerencias e iniciativas.

X. Allué (editor)

Written by pedsocial

31 marzo 2016 at 7:00

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Cómo explicar el terrorismo… a los niños (París 13N)

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PSNo es fácil explicarnos el terrorismo a nosotros mismos. Se puede parafrasear a Clausewitz cuando se refería a la guerra, como que es la forma de proseguir la política por otros medios. Tampoco es un invento moderno. En la plaza dónde estaban los juzgados en la ciudad donde viví mi infancia, había una estatua de bronce con la inscripción “Terror romanorum“, apelativo que dedicaron a un guerrero lusitano que dos siglos antes de la era cristiana combatía al imperio.

Lamentablemente se repite la tendencia de llamar terrorismo cualquier acción violenta de minorías contra grandes poderes establecidos, mientras que se llama “guerra” a las acciones violentas entre poderes más o menos equiparables. A ello se le puede añadir toda suerte de circunstancias que complican la realidad. No, no es fácil explicar el terrorismo.

Cuando suceden sucesos luctuosos como los ocurridos en París el pasado viernes, en lo que respecta a los niños, la tendencia es a evitar su exposición a ese tipo de noticias: ojos que no ven… Sin embargo, la profusión de las noticias en medios de comunicación a los que los niños tienen acceso habitual, puede hacer eso imposible. No sólo del cuadro general, sino de algunos detalles que se destilan y llegan a los niños, como puede ser el empleo de los terroristas de sistemas de comunicación basados en juegos electrónicos de consolas. O que los ataques se hayan dirigido contra un estadio de fútbol como al que ellos pueden acudir cualquier fin de semana con la máxima ilusión de seguir a su equipo favorito. Es inevitable que en el patio de recreo se intercambien este tipo de informaciones.

Padres y educadores pueden encontrar dificultades para responder a preguntas de los niños sobre estos temas. Lo que no se puede hacer es eludir el tema con evasivas porque la realidad es muy tozuda.

Evidentemente que a los más pequeños se les debe informar con respuestas concretas a preguntas concretas, aunque ese esquema pueda sonar a leninismo, tiene la virtud de ser muy útil ante cuestiones más o menos comprometidas o embarazosas como el sexo, la religión o la justicia. Pero a ellos y a los más mayores, se les debe insistir en reforzar la idea de seguridad. Que se trata de acciones puntuales y que es muy improbable que exista un riesgo concreto para ellos. De otra manera sólo contribuiríamos a continuar el propósito atemorizador de los perpetradores de los ataques.

También puede ser conveniente reducir la cuestión de “buenos” y “malos” a “violentos” y “no violentos”, en la idea de que todo el mundo tiene derecho a defender y expresar sus ideas siempre que lo haga pacíficamente y sin intentar imponerlas por la fuerza. Y que, sin embargo, las fuerzas del orden tienen la autoridad de utilizar precisamente esa fuerza en nuestra defensa.

Igualmente conviene aclarar que no hay razones religiosas en los conflictos, aunque tal pueda resultar especialmente difícil en las circunstancias actuales cuando las religiones son utilizadas por diferentes actores como justificaciones de sus actos.

Con todo, las declaraciones bélicas de algunos dirigentes y sus actuaciones, como el actual presidente de la República francesa, no ayudan mucho a poder explicar planteamientos pacifistas. Y todo ello va a ser más difícil de explicar.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

17 noviembre 2015 at 10:30

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