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La salud social

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Esta semana concluye nuestra participación en las actividades del Master de Trabajo Social Sanitario que en UOC (Universitat Oberta de Catalunya) organiza Dolors Colom, apóstol del Trabajo Social en el ámbito de la asistencia sanitaria. Como en años anteriores ha sido una experiencia enriquecedora participar en los intercambios con los alumnos, siempre estimulantes. Y al mismo tiempo comprobar cómo va creciendo el interés profesional para dar cobertura a lo que es la tercera pata de la salud: la salud social.

Hace un año publicábamos aquí precisamente un post con ese título: La tercera pata de la salud. Reproducimos (lo que republicábamos del ) aquí ese texto. Que todo está dicho, pero hay que repetirlo porque la gente se olvida.

Ya son casi setenta años de la definición de salud acordada por la Organización Mundial de la Salud en su constitución. Se definió la salud como el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Además se definió que la salud es un derecho humano fundamental.

El mundo ha dado muchas vueltas, somos el triple de gente que entonces y, en general, la salud ha mejorado para casi todos.

Los esfuerzos, sin embargo, no se han ido desarrollando de forma homogénea. El progreso de las ciencias biomédicas ha aportado enormes avances de la medicina que, aplicados a la salud, han salvado millones de vidas, curado incontables enfermedades y evitado o prevenido muchos millones más. La medicina de los últimos cincuenta años ha estado caracterizada por su eficacia. Por primera vez en la historia los médicos han visto recompensados sus esfuerzos con la curación y resolución de múltiples problemas de salud, después de siglos de dedicarse a contemplar la evolución de sus enfermos sin nada que ofrecer más allá de apoyo y consuelo. Nuevos métodos diagnóstico por la imagen o análisis bioquímicos han permitido precisar diagnósticos con exactitud. Antibióticos, cirugía resolutiva, hormonas que reponen las deficientes, anestesia, vitaminas, agentes quimioterápicos… ofrecen soluciones eficaces a lo que antes fue incurable.

A ello se suma la ingente labor realizada por los profesionales de los cuidados, enfermeras y técnicos, cada vez más competentes y dispuestos.

La salud mental también ha recibido atención y se ha beneficiado de los avances de la bioquímica y la farmacología. Y de una percepción más realista y humana de los trastornos mentales, antes sólo sometidos a la reclusión manicomial.

Sin embargo, tanto la salud física como la mental, han visto fallar su eficacia cuando las condiciones, el entorno social, no ha acompañado las soluciones a las enfermedades. La pata social de la salud ha sido la que menos se ha beneficiado del progreso.

Hasta cierto punto, la medicina ha mantenido la tendencia de ocultar su ineficacia atribuyendo a condicionantes sociales sus fracasos o impotencias. Cuando no se dispone de un buen remedio, se afirma que se trata de un problema social. Los ejemplos son múltiples, pero uno reciente y flagrante fue la eclosión de la infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) al final de los años 70 del pasado siglo. Hasta que no se descubrió el agente causal se consideró un problema sociocultural o incluso étnico (las cuatro “haches”: heroinómanos, homosexuales, hemofílicos y haitianos). La enfermedad de Alzheimer o la obesidad son problemas sociales (¡).

No se puede negar que considerables avances sociales han contribuido a la salud y el bienestar de los ciudadanos de todo el mundo. El acceso a la vivienda digna, la sanitarización de las ciudades, las medidas de prevención de accidentes o la alimentación adecuada, han alcanzado a una parte cada vez más mayoritaria de la población mundial. En lo que se conoce como el primer mundo, Occidente, todos esos soportes a la salud de la población están prácticamente garantizados, aunque la recesión económica de los últimos pocos años lo haya puesto en crisis.

Es más bien en el manejo, diagnóstico y tratamiento de los aspectos sociales del enfermo donde se aprecian defectos, huecos, desfases, brechas que, de no salvarse, la atención a la salud se resiente.

Si se contempla la larguísima tradición, de siglos, de los profesionales de la medicina y la quizá formalmente no tan larga, pero indudablemente desarrollada ampliamente de los profesionales de la enfermería, la diferencia con profesionales auténticos y dedicados del trabajo social sanitario, no cabe duda que las diferencias de magnitudes son abismales. La proporción de profesionales de la salud en relación con profesionales del trabajo social sanitario dedicados a la atención sanitaria rara vez es de más de 1/250, aún en los países más desarrollados.

Desde aquí apostamos por ponerle remedio a esas diferencias desde el convencimiento de que es y será un factor determinante de la salud de las gentes en los años venideros. Esa es la razón de ser del Máster de Trabajo Social Sanitario que lleva a cabo la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).”

X. Allué (Editor)

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Written by pedsocial

20 diciembre 2018 at 8:24

La tercera pata de la salud

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La tercera pata de la salud

Ya son casi setenta años de la definición de salud acordada por la Organización Mundial de la Salud en su constitución. Se definió la salud como el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Además se definió que la salud es un derecho humano fundamental.

El mundo ha dado muchas vueltas, somos el triple de gente que entonces y, en general, la salud ha mejorado para casi todos.

Los esfuerzos, sin embargo, no se han ido desarrollando de forma homogénea. El progreso de las ciencias biomédicas ha aportado enormes avances de la medicina que, aplicados a la salud, han salvado millones de vidas, curado incontables enfermedades y evitado o prevenido muchos millones más. La medicina de los últimos cincuenta años ha estado caracterizada por su eficacia. Por primera vez en la historia los médicos han visto recompensados sus esfuerzos con la curación y resolución de múltiples problemas de salud, después de siglos de dedicarse a contemplar la evolución de sus enfermos sin nada que ofrecer más allá de apoyo y consuelo. Nuevos métodos diagnóstico por la imagen o análisis bioquímicos han permitido precisar diagnósticos con exactitud. Antibióticos, cirugía resolutiva, hormonas que reponen las deficientes, anestesia, vitaminas, agentes quimioterápicos… ofrecen soluciones eficaces a lo que antes fue incurable.

A ello se suma la ingente labor realizada por los profesionales de los cuidados, enfermeras y técnicos, cada vez más competentes y dispuestos.

La salud mental también ha recibido atención y se ha beneficiado de los avances de la bioquímica y la farmacología. Y de una percepción más realista y humana de los trastornos mentales, antes sólo sometidos a la reclusión manicomial.

Sin embargo, tanto la salud física como la mental, han visto fallar su eficacia cuando las condiciones, el entorno social, no ha acompañado las soluciones a las enfermedades. La pata social de la salud ha sido la que menos se ha beneficiado del progreso.

Hasta cierto punto, la medicina ha mantenido la tendencia de ocultar su ineficacia atribuyendo a condicionantes sociales sus fracasos o impotencias. Cuando no se dispone de un buen remedio, se afirma que se trata de un problema social. Los ejemplos son múltiples, pero uno reciente y flagrante fue la eclosión de la infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) al final de los años 70 del pasado siglo. Hasta que no se descubrió el agente causal se consideró un problema sociocultural o incluso étnico (las cuatro “haches”: heroinómanos, homosexuales, hemofílicos y haitianos). La enfermedad de Alzheimer o la obesidad son problemas sociales (¡).

No se puede negar que considerables avances sociales han contribuido a la salud y el bienestar de los ciudadanos de todo el mundo. El acceso a la vivienda digna, la sanitarización de las ciudades, las medidas de prevención de accidentes o la alimentación adecuada, han alcanzado a una parte cada vez más mayoritaria de la población mundial. En lo que se conoce como el primer mundo, Occidente, todos esos soportes a la salud de la población están prácticamente garantizados, aunque la recesión económica de los últimos pocos años lo haya puesto en crisis.

Es más bien en el manejo, diagnóstico y tratamiento de los aspectos sociales del enfermo donde se aprecian defectos, huecos, desfases, brechas que, de no salvarse, la atención a la salud se resiente.

Si se contempla la larguísima tradición, de siglos, de los profesionales de la medicina y la quizá formalmente no tan larga, pero indudablemente desarrollada ampliamente de los profesionales de la enfermería, la diferencia con profesionales auténticos y dedicados del trabajo social sanitario, no cabe duda que las diferencias de magnitudes son abismales. La proporción de profesionales de la salud en relación con profesionales del trabajo social sanitario dedicados a la atención sanitaria rara vez es de más de 1/250, aún en los países más desarrollados.

Desde aquí apostamos por ponerle remedio a esas diferencias desde el convencimiento de que es y será un factor determinante de la salud de las gentes en los años venideros. Esa es la razón de ser del Máster de Trabajo Social Sanitario que lleva a cabo la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Xavier Allué (Editor)

Written by pedsocial

20 diciembre 2017 at 6:13

Profesiones asociadas, aliadas

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imagesAsí las denominan en inglés: “allied professions“. Son dietistas, fisioterapeutas, mecánicos e ingenieros biomédicos, trabajadores sociales, higienistas dentales, técnicos radiologicos, foniatras y logopedas, terapeutas ocupacionales…y un millón más, sin los que médicos y enfermeras (o médicas y enfermeros, que tanto monta, y cada día más) no podrían completar la atención a los pacientes.

En el ámbito de la Pediatria social, a mi entender, son los trabajadores sociales los más esenciales y necesarios. Muy lamentablemente es una figura escasa en nuestro medio. Escasos en los hospitales e inexistentes en la inmensa mayoría de los Centros de Atención Primaria.

Dolors Colom, que dirige el primer Màster de Trabajo Social Sanitario en el que colaboro, recuerda que en una visita que hizo a los Estados Unidos hace tres décadas, se dirigió al puesto de información de un gran hospital y pregunto por el Trabajador social. “¿Cual?”, le respondieron, “es que hay sesenta”…

Mirad a vuestro alrededor. Cierto es que no ha existido hasta hace poco una titulación específica, pero es que, sobre todo, el sistema sanitario mensoprecia la función del trabajo social…excepto cuando los problemas no tienen solución.

Ya lo hemos escrito en otras ocasiones: la Medicina, el sistema sanitario occidental, cuando no tiene un diagnóstico preciso y un tratamiento específico, lo aparta y lo califica de “social“. Recordad lo que ocurrió al principio de la epidemia por el virus VIH: lo calificaron del sindrome de las cuatro “h”, porque afectaba a hemofílicos, heroinómanos, homosexuales y, curiosamente, haitianos. Pude oir a varios sesudos catedráticos decirlo con solemnidad en conferencias y congresos. Hasta que enfermó Rock Hudson. También en tiempos biblicos la lepra era un problema social. Ahora es el Alzheimer y, en general, la patología psiquiátrica. En los niños fue la malnutrición y ahora es la obesidad. Pudo ser la polio y ahora es el TDAH o el autismo.

Hace un par de días he tenido el privilegio de asistir a una Jornada de estudio sobre el Trabajo Social Sanitario en la que se han puesto de manifiesto la realidad y las necesidades de esa profesión aliada, para mi evidentes, urgentes e inexcusables. Lo más notable ha sido el toque de atención hacia los gestores sanitarios. Se ha reclamado que los Trabajadores Sociales Sanitarios estén directamente ligados a los equipos de gestión y dirección de los centros porque su actividad influye directamente en la gestión del flujo de pacientes. El conocimiento de los recursos sociales y su manejo redunda en una mayor eficacia de los procesos desde el ingreso al alta en los hospitales. Y en los CAP en la conducción de los itinerarios de los pacientes y su evolución en el medio. Si se realiza una contabilidad analítica de los procesos la función de los TSS ahorra dinero. Mucho dinero. Y evita esfuerzos inútiles.

Señor gerente: ponga un TTS en su vida.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

12 noviembre 2016 at 8:51

Trabajo social sanitario

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Acabo de empezar las clases del curso de postgrado sobre Trabajo social sanitario que imparte la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y dirige Dolors Colom.

Esta es la cuarta edición del, que se sepa, es el único esfuerzo de formación de postgrado en la materia en el país. No vamos a darle más importancia y, supongo, a los lectores de este blog les puede importar poco lo que yo haga. Sin embargo si que vale la pena resaltar lo que representa el Trabajo social sanitario. Como puntos iniciales los profesionales del trabajo social en el ámbito de la salud constituyen la charnela en la que se engarza la relación de la gente, del mundo de los pacientes, con el mundo de los sanitarios. Desde ahí se gestionan tanto las dificultades sociales que inciden en las enfermedades y los enfermos, como los recursos sociales que pueden completar oos ejercicios diagnósticos y terapéuticos.

Los trabajadores sociales integrados en los equipos clínicos asistenciales ejercen una función esencial en la atención a la salud integral de la gente.

En el ámbito de la Pediatria social su función es reconocible en los programas de atención social al niño y la familia, además de facilitar el trabajo de los pediatras sobre todo en la Atención Primaria.

Este blog permanece abierto a esos profesionales en todos sus extremos y da la bienvenida a cualquier aportación o idea que desde aquí podamos difundir.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

5 noviembre 2012 at 6:00

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