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Explosiones – niños víctimas

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Boston bombingsEsta semana en los Estados Unidos diferentes explosiones han causado la muerte de varios niños. Al suceder en el país más poderoso del mundo las noticias han ocupado las cabeceras de los medios y las agencias de comunicación de todo el mundo. Nada les resta trascendencia porque los muertos son iguales en todas partes. Que sucedan en ámbitos donde las explosiones no son esperables las hace singulares.

En Boston ha sido un atentado terrorista aún no reivindicado. Aunque haya costado un tiempo reconocerlo, es evidente que dos bombas en medio de un evento deportivo como la Maraton de Boston sólo puede responder a un intento de aterrorizar a la población. En West, una pequeña población cerca de Waco, en el estado de Texas, la explosión en una fábrica de fertilizantes después de un incendio pudo ser un accidente aunque las autoridades no descartan una acción criminal. Ambos acontecimientos se han relacionado con los aniversarios de eventos violentos protagonizados por personas vinculadas a grupos o sectas supremacistas antigobierno, de las que en los EEUU existe un lamentablemente amplia variedad. Waco y Oklahoma City fueron testigos de acciones violentas con múltiples víctimas, muchas de ellas infantiles en 1993 y 1995 por estas fechas.

De las tres víctimas mortales de Boston, una ha sido un niño de 8 años. Las de West-Waco aún no han sido contabilizadas pero han afectado viviendas en las que a buen seguro había niños. La cuota infantil de las tragedias o los crímenes es una constante.

Tengan la trascendencia mediática que tengan, las víctimas infantiles se suman a las que tienen lugar en Siria, en una guerra atroz de la que no se vislumbra final, en Afganistán en las que viene a ser la 5ª guerra afgana, una concatenación de conflictos de más de 150 años de duración, en Pakistán donde esa misma guerra se ha extendido con acciones de escasa discriminación protagonizadas por aviones no tripulados (drones) que bombardean a supuestos talibanes y acaban matando niños. O en Gaza, Yemen, Somalia, Congo donde niños mueren a diario.

Desde aquí poco podemos hacer para evitar tanta muerte, como no sea recordarlo con insistencia. Los pediatras sociales, que defendemos los derechos de los niños, nos posicionamos en la defensa del más elemental de los derechos de los niños como es el derecho a la propia vida.

X. Allué (Editor)

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Written by pedsocial

18 abril 2013 at 9:43

Sectas

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Para los pediatras, dedicados a la atención sanitaria de los niños y sus familias, el fenómeno de las sectas apenas ocupa algunas de sus preocupaciones. Quizá únicamente los que tienen una especial dedicación al adolescente lo incluyen entre los problemas a valorar en sus pacientes. Pero se empieza a apreciar un desplazamiento en la edad de los menores que pueden verse afectados por el fenómeno de las sectas. Cada vez menores más jóvenes son captados para las sectas, habitualmente fuera del conocimiento de sus padres.

A menudo cuando se plantea el problema de las sectas se suele incluir el término de “destructivas”, incluyendo entre ellas aquellas que potencialmente pueden ejercer peores efectos sobre la personalidad de sus adeptos y, también, sobre su integridad física. A la mente vienen los ejemplos de catástrofes como los davidianos de Waco o Guayana que dieron lugar al suicidio colectivo. O también las bandas callejeras de jóvenes comunes en América, más recientemente importadas entre la comunidad inmigrante extracomunitaria actual. En este país han sido notorios en los medios de comunicacions los casos de algunas sectas con un cierto substrato político de extrema derecha.

Pero esas situaciones se nos aparecen como lejanas en el espacio y quizá también en el tiempo. Mas preocupante resulta el fenómeno del sectarismo afectando a menores cuando incluye organizaciones que, sobre el papel resultan, legales y supuestamente benéficas, como pueden ser algunas organizaciones confesionales.

Los criterios para caracterizar a las sectas incluyen la desestabilización mental propiciando la adición y el aislamiento, con ruptura inducida con el entorno o la familia, las exigencias financieras a sus adeptos, el reclutamiento de menores, niños, un cierto discurso antisocial y las agresiones fisicas a los adeptos como rito iniciático, incuyendo abusos sexuales.

La preocupación es que, sea la secta que sea, incluso la aparentemente más inocua o santificada, TODAS son destructivas porque atentan contra la libre voluntad de una persona, un menor, que se encuentra en una etapa de la vida de especial vulnerabilidad.

Mientras que el asociacionismo juvenil es altamente recomendable como parte de la educación complementaria de los niños, padres y pediatras deben estar vigilantes ante la posibilidad que pueda ocultar organizaciones sectarias. Como quiera que muchas sectas pueden tener un poder que no siempre es fácil de valorar por la gente corriente, la recomendación ante cualquier sospecha es dirigirse a profesionales que sean expertos en la materia: consultores pediátricos o de psiquiatría infantil y, también, las fuerzas del orden, Policía Nacional o Autonómica, o la Guardia Civil.

Hay que considerar también la posibilidad de que sean los propios padres los adictos o afiliados a una organización sectaria. Situaciones así pueden ser de difícil valoración o apreciación desde fuera y los propios profesionales pueden mantener máyores o menores prejuicios frente a ciertas organizaciones. También es posible que sean los propios niños los que detecten y, de alguna manera manifiesten desacuerdo con actitudes o afiliaciones sectarias por parte de sus progenitores, como presenta en una tesis doctoral el periodista experto en sectas Pepe Rodriguez .

Conviene recordar que la imposición del sectarismo es, como lamentablemente tantas otras cosas, una forma de malatrato infantil y, como tal, un delito a denunciar delante de las autoridades judiciales y de Protección a la Infancia, por atentar contra los derechos elementales del menor.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

24 noviembre 2011 at 8:17