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Cómo evitar accidentes infantiles …en Europa

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european-mapYa hemos explicado que los accidentes son, en los países del primer mundo, la principal causa de mortalidad infantil después de período neonatal. Y que una buena parte de los accidentes infantiles suceden en el ámbito doméstico.

El hogar se convierte en peligroso por la multitud de artilugios, achiperres, utensilios, chismes y “cosas” susceptibles de producir lesiones a los niños. Muchos de los cuales son manufacturados y, por lo tanto, sometibles a regulación industrial de seguridad.

El Ministerio de Sanidad español, que a menudo calificamos de inútil, redundante y ocupado por una titular de dudosa trayectoria socioeconómica, retransmite lo que nos dice la Alianza Europea para la Seguridad Infantil (European Child Safety Alliance). El proyecto EuroSafe tiene como objetivo  prevenir las lesiones infantiles. Con el fin de reducir el riesgo de lesiones en los niños relacionadas con productos de su vida diaria, la Alianza ha publicado la  “Guía sobre seguridad de los productos” que ha sido traducida al español por el Ministerio. Esta guía, proporciona información sobre distintos productos que expertos europeos en seguridad infantil han identificado como potencialmente peligrosos, y que pueden suponer un riesgo de lesiones para la infancia. Su propósito es advertir a padres, cuidadores y educadores de los motivos por los que estos productos se han considerado potencialmente peligrosos y de cómo utilizarlos correctamente para evitar que originen lesiones en la población infantil.

La lista de productos analizados incluye

(por orden alfabético)

Andadores
Asientos en automóviles
Asientos o anillos de baño
Baúles para juguetes
Bicicletas
Bolsas de plástico
Camas elásticas
Camas para adultos
Chupetes y sonajeros
Cordones de persianas y cortinas
Cordones, cuerdas corredizas y bisutería para niños
Cunas
Detectores de humo y monóxido de carbono
Encendedores sin mecanismos de seguridad
Equipamiento de las áreas de juego y superficies.
Fuegos artificiales
Literas
Parques y corralitos.
Persianas internas
Piezas pequeñas (globos, pilas, imanes, canicas, etc.)
Pijamas infantiles y ropa de cama
Porterías de fútbol y balonmano
Puertas y barreras de seguridad
Sonajeros
Tronas para niños

Para revisar, entender, elaborar instrucciones y trasmitir a los padres.

X. Allué (Editor)

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20 marzo 2014 at 11:36

Los niños con riesgo VI. Accidentes.

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Ya nos hemos referido anteriormente a los riesgos que los accidentes comportan. Actualmente son la primera causa de mortalidad infantil, salvado el período neonatal, en los países avanzados. Los accidentes no tienen más manejo que su prevención, de manera que el conocimiento de la existencia de los riesgos de accidentes es una obligación ineludible.

Domésticos. El hogar es donde más tiempo pasan los niños pequeños. Por tanto es donde más fácilmente van a producirse los accidentes. En esto están de acuerdo todas las estadísticas.

Dentro del hogar el sitio más peligroso es la cocina, quizá porque no se puede decir que haya hogar sin un “hogar”, un fuego donde cocinar (En la Edad media los censos de población en Cataluña se hacían contando los fuegos, “fogars”, que solían ser bastante precisos) El fuego para cocinar, los líquidos calientes, los utensilios cortantes utilizados para manipular los alimentos, los propios alimentos o los elementos de limpieza que se guardan en las cocinas son los vehículos de los accidentes. Pero los descuidos son la causa. La otra dependencia peligrosa es el cuarto de baño: las superficies resbaladizas favorecen las

Caídas y traumatismos. La inexorable fuerza de la gravedad va a dar con nuestros huesos—o los de los niños—en el suelo. Y los niños pequeños tienen el centro de gravedad bastante alto porque la cabeza les pesa más que las piernas. Eso sumado a la inestabilidad neuromuscular y el movimiento continuo hace las caídas frecuentes. Si hay desniveles como escaleras, balcones, terrazas o tapias, las consecuencias pueden ser peores.

Si los niños están en un sitio del que puedan caerse, lo más probable es que se caigan. No es la ley de Murphy: le podéis poner mi nombre. O el de Newton.

Intoxicaciones. La curiosidad natural de los niños entre el año y los cinco o seis les lleva a probarlo todo. Para distinguir si es comestible o no, lo natural es que se lo lleven a la boca. Pero los niños no son tontos; para que ingieran algo tiene que existir un motivo: que esté a su alcance, que tenga un aspecto atractivo, que sea fácil de conseguir e ingerir. O que algún imprudente lo haya puesto a su alcance en un envase que sea familiar para el niño, como poner detergentes o combustibles en botellas de refrescos…

Por debajo del año los niños no se envenenan, los envenenan. Alguien, por error, descuido o intención aviesa, les ha administrado el tóxico. Cuidadín…

Y con más de seis años los niños ya saben lo que es bueno para comer y lo que no, de manera que debe existir alguna circunstancia favorecedora, intencionalidad o, eventual y lamentablemente, un intento de autoagresión.

Quemaduras. El contacto de la piel con objetos o substancias a más de 60º centígrados va a producir una lesión. Cuanto más alta sea la temperatura, cuanta más superficie corporal resulte expuesta y cuanto más tiempo se mantenga el contacto más grave será la lesión, la quemadura. No es aquí un sitio para elaborar la importancia y gravedad de las lesiones térmicas. Aunque sí recordar que en el caso de incendios, los daños producidos por la inhalación de humo y los productos de la combustión—monoxido de carbono y gases derivados de la combustión de plásticos que contienen ácido cianídrico–suelen anteceder a las quemaduras y son la principal causa de muerte.

Ahogamientos. Ya lo hemos recordado en varias otras ocasiones. La existencia de acumulaciones de agua, bañeras, piscinas, balsas, charcas, canales, lagos y, naturalmente, el mar, ofrecen oportunidades para que un niño caiga en ellas y no sea capaz de mantenerse a flote. El principio de los veranos, el primer día de las vacaciones, los niños desatendidos y otras imprudencias convierten el contacto con el agua un peligro notable.

De tránsito. La generalización del tráfico de vehículos a motor en todo el mundo en los últimos sesenta años, ha convertido a los accidentes relacionados con el conflicto entre los niños y los citados vehículos a motor, ya sea como viajeros en ellos o como peatones atropellados, en una causa importante de lesiones y muertes. El tráfico rodado está sometido en todos los países civilizados a un considerable cuerpo legal de regulaciones y normas designadas para prevenir y evitar los accidentes. El elemental respeto a todas esas regulaciones debería reducir notablemente los accidentes. Lamentablemente la impredictibilidad de los vehículos en movimiento y, también, la de los niños, las hacen a menudo inútiles. Prudencia.

X. Allué (Editor)

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16 agosto 2012 at 6:00

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Ahogamientos, accidentes sociales

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Todos los accidentes tienen algún componente y casi siempre consecuencias sociales. El ahogamiento, o su forma más común, el casi ahogamiento, por traducir del inglés “near-drowning” que presupone que la víctima de una inmersión prolongada llega con vida a la asistencia médica, es un acotencimiento que las primeras semanas del verano hacen cotidiano.

Ayer falleció un niño que estaba de colonias en Barcelona y en nuestro servicio de Urgencias ingresó otro en grave estado, ahora en una UCI en muerte cerebral.

En las revisiones de ahogamientos que hemos hecho ( 68 casos, SEUP, 2007 )coincide la edad, entre el año y los cinco, la hora del día, generalmente la tarde, un sábado, el agua dulce, o sea, piscinas, el primer día de las vacaciones y, en nuestro entorno, los niños de veraneantes europeos, sensiblemente de la Europa del Este.

Comparativamente el mar se cobra menos víctimas, más a menudo adolescentes y coincidiendo con condiciones peligrosas del mar por temporales o conductas de riesgo en zonas de acantilados con corrientes y olas.

La única actitud es la preventiva. La estrategia para prevenir los accidentes por inmersión en la infancia debe basarse en: proteger piscinas,
usar sistemas de flotación, enseñar a nadar a los niños, y procurar siempre su supervisión por un adulto cuando estén cerca del agua. Lamentablemente simple.

X. Allue (editor)

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14 julio 2011 at 17:08

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Crash! Víctimas infantiles de accidentes de tránsito

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En inglés muchos verbos parecen onomatopeyas. Los accidentes automovilísticos, aunque se han reducido en los ultimos años, todavía causan un numero notable de muertes infantiles, muertes precoces indeseables.

Este fin de semana pasado cuatro personas han fallecido en una colisión entre un automóvil y un camión aquí cerca de mi casa: dos mujeres y dos niños. Según la policía de tráfico, los niños no llevaban las sujeciones obligatorias.

Parece impensable que, a pesar de toda las recomendaciones, las familias continuen llevando a los niños sin sujetar en los automóviles. la inmensa mayoría de los niños, si se les acostumbra desde pequeños, ellos mismos reclaman la sujeción porque viajan más seguros.

Un niño suelto en el asiento de atrás de un coche, además de una posible víctima, puede muy bien ser una causa de accidente al distraer la atención del conductor con sus movimientos y golpes.

Los padres tiene la obligación de utilizar asientos y sujeciones de seguridad para los niños. Los niños tienen el derecho de que se les proporcionen esas medidas de seguridad. Dos buenas razones para implementarlas.

Los pediatras tenemos la obligación de recordárselo a todos.

X. Allué (Editor)

(Nota: La imagen es de EL PAIS, de otro accidente en la misma carretera, también con víctimas mortales)

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15 marzo 2011 at 18:59

Accidentes acuáticos, un peligro del verano

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Los ahogamientos representan un considerable número de las muertes accidentales de niños. La mayoría en agua dulce y en piscinas privadas. En las zonas turísticas, principalmente visitantes extranjeros no familiarizados con la existencia de pìscinas y, muy a menudo en el primer día de vacaciones cuando aun no conocen bien su entorno y estan los padres aturdidos por el viaje, el calor y las novedades que les rodean.

La actual regulación de piscinas en establecimientos públicos exige la presencia de socorristas y es cierto que estos profesionales previenen accidentes y asisten accidentados. Pero siguen siendo los padres los principales responsables por descuido, distracción y exceso de confianza.

El vídeo enlazado es de RTVE de hace un par de años pero sirve para ilustrar esta terrible realidad que los pediatras estamos obligados a recordar cada nueva temporada estival.

X. Allue (Editor)

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27 junio 2010 at 19:29

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Burnout

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La OMS ha incluido el Burnout en el Código Internacional de Enfermedades, nos dicen las noticias. No tengo claro si esto es bueno o no. El Código Internacional de Enfermedades, en su modificación clínica y, ahora, en su edición 10 (CIE-MC 10), és un excelente documento que hay que conocer a fondo y que debería formar parte de los textos recomendables en la licenciatura de Medicina. Pero en su origen era un documento para uso y consumo de la empresas de seguros médicos norteamericanas con el objeto de coordinar las prestaciones en función de los diagnósticos: el dinero, el sucio dinero…

Que la disfunción laboral entre a formar parte del catálogo de enfermedades comunes y no sólo del Manual de Diagnóstico de las enfermedades mentales (MSD – 5) puede ser un avance. En principio los niños, que por que lo son no han alcanzado la edad laboral, no padecen burnout. Aunque no estoy seguro de que, si sometemos a nuestros niños a una escolarización forzosa que incluye un horario equivalente al horario laboral desde los 3 años, no tengan derecho a “quemarse” como cualquier otra persona de más edad. Eso es, sin embargo, harina de un costal distinto. Como los lectores de este blog sí que son personal con riesgo de padecer burnout, ofrecemos a continuación un texto del que somos autores, que formó parte de una ponencia a un congreso de Pediatria, por si puede ser de interés:

 

EL PEDIATRA QUEMAD@

Publicado como “El pediatra quemado”, Allué X. An Pediatr (Barc) 2004; 60(supl 4):133-136

Introducción.

El término “quemado” aplicado al sentimiento de frustración profesional, se origina del “burn-out” en inglés. Se refiere a cómo se sienten y, también, como a veces son vistos por sus colegas o incluso sus superiores aquellos que por sobrecarga de trabajo y horarios, escasa remuneración y falta de apreciación por sus esfuerzos, adquieren una actitud de apatía, desengaño, frustración y, a veces, depresión, aunque no haya alcanzado una categorización psiquiátrica específicai. Algo hace que ahora los pediatr@s nos sintamos cada vez con mayor frecuencia quemad@s.

C. Maslach definió ya en 1976ii el burn-out como un síndrome de respuesta al estrés laboral de larga duración, caracterizado por desmotivación, desinterés, malestar e insatisfacción que puede ocurrir entre individuos o profesionales que trabajan con personas. Este síndrome vendría caracterizado por tres dimensiones interrelacionadas: agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal. Más tarde iii, en 1981, se diseñó un cuestionario que es el más utilizado y validado para la valoración de este síndrome. En los últimos años se ha estudiado en diferentes colectivos, policías, funcionarios y personal sanitario, especialmente de enfermería.

El término ha hecho cierta fortuna y su empleo se ha ampliado generosamente a múltiples situaciones de insatisfacción, a menudo sin profundizar exactamente en su significado.

Ateniéndose a la descripción inicial y a la categoría generada por la evaluación mediante el cuestionario de valoración, la aplicación estricta del diagnóstico debería limitarse a personas claramente sintomáticas, siempre que no pudiesen incluirse en otra categoría de las contempladas en los manuales de diagnóstico psiquiátrico. Como quiera que, lo mismo que en otros trastornos mentales, la propia apreciación del sujeto resulta fundamental para su diagnóstico, la propia expresión de malestar y su relación con el estrés laboral requiere el conocimiento de la categoría por el profesional. En una aproximación ciertamente jocular el British Medical Journal publicaba una viñetaiv en la que un atrabiliado facultativo anuncia: “no puedo ni siquiera diagnosticar si estoy quemado (“burn-out”), derrotado o simplemente sobrecargado de trabajo”. La incapacidad de precisar lo que a uno le pasa puede bien ser parte del burn-out, como lo es la incapacidad de decidir un diagnóstico.

ETIOLOGÍA DE LAS “QUEMADURAS”

La perspectiva de cuarenta años de ejercicio de la Pediatria me permite recordar el notable cambio de situación socioprofesional que acompañó a la generalización del sistema asistencial de la Seguridad Social. Una visión muy liberal del ejercicio profesional lleva a añorar unos tiempos necesariamente periclitados, en los que únicamente la sobrecarga de trabajo en situaciones epidémicas generaba estreses importantes. Algunas muestras aparecen en la literatura de ficción de la época como “La peste” de Camus o el extraño premio Nadal de 1953 “Siempre en capilla“ de Luisa Forrellad.

A partir sobre todo de finales de los años sesenta, la práctica profesional se hace por cuenta de otro y en ella se encuentra en la raíz de los problemas de estrés laboral. La transformación de profesionales liberales en asalariados representó la introducción de las cargas laborales asignadas, ubicaciones y destinos no siempre elegidos y, con la incorporación a centros asistenciales jerarquizados, el establecimiento de líneas de mando no siempre aceptadas o aceptables. Todo ello significó una cesión de libertades personales en el ejercicio profesional que favorecen la percepción de insatisfacciones y la adscripción de causas externas a tales insatisfacciones. Evidentemente que, a cambio, se obtenía una seguridad laboral y una remuneración constante, aparte del natural beneficio de generalizar la asistencia a toda la población.

La preocupación por el estrés laboral de los médicos sin embargo y como se menciona más arriba, se define en los Estados Unidos y a mediados de los años setenta especialmente asociada a profesionales que trabajan en centros sanitarios, hospitales y en unidades de críticos. Más recientemente y con la generalización del sistema de mutuas (“Health Management Organizations”, HMO’s) en la prestación asistencial en los EUA la preocupación se extiende a cualquier otro nivelv.

En otras instancias se ha descrito la enfermedad de Tomásvi en referencia al personaje de la novela checa de Kunderavii, ligado al desencanto o desespero en la degradación profesional en un entorno de una socialización extrema. El desánimo, el tedio por el trabajo diario, la creencia de que sólo en otro lugar es posible trabajar con fundamento científico, la pérdida de la autoestima y la ausencia de expectativas de que la situación mejore configuran una situación percibida que reconoce otra forma de estrés laboral. La descripción recoge un ambiente de los servicios de Atención Primaria donde el médico se siente mero burócrata dispensador de recetas y partes de baja, la enfermera sólo sirve de auxiliar administrativa y el farmacéutico de dependiente de comercio, salvadas todas las distancias y respetos a cada una de las categorías. Asociados a los factores predisponentes de la estructura sanitaria y el ambiente social, se entienden como factores desencadenantes las carencias en el ámbito científico, escaso; en el afectivo, ausente el aprecio por los superiores; la caída del “status” profesional y el distanciamiento ideológico. Para 1989 el modelo resultaba atrayente cuando el desarrollo de la asistencia sanitaria vivía la implantación de la ley General de Sanidad en un marco de penurias económicas.

Quince años después la situación ha variado en algunos aspectos y, en otros, se ha agravado. La conciliación de la vida laboral y la vida familiar va ganado peso en las preferencias de los profesionales. En los varones por razones varias, pero en el numéricamente creciente colectivo femenino las dificultades de los compromisos familiares y biológicos cobran un especial relieveviii.

Algunos estudio se han aproximado a la realidad en nuestro medio. Los pediatras de Urgenciasix detectan hasta un 22% de pediatras que trabajan en servicios de Urgencias cumplen criterios de burn-out, utilizando el cuestionario de Maslach. Un procentaje mayor presentaron rasgos ansiosos o depresivos y, entre éstos, los criterios de burn-out eran casi de la mitad.

Entre los pediatras intensivistasx las cifras de incidencia de burn-out son similares o superiores, y entre los aspectos más llamativos figura la importancia de los conflictos institucionales como causa del malestar. Además, casi el 60 por ciento se habían planteado dejar su puesto de trabajo, lo que se relaciona con la penosidad de la atención a pacientes críticos.

Perfiles similares se observan entre cirujanos pediátricosxi con cierto énfasis en el peso de la guardias.

Los médicos de Atención Primaria también han evaluado su situaciónxii con resultados igualmente preocupantes, haciendo una llamada tanto a las administraciones como a las sociedades científicas para evitar que “ardan” los profesionales.

ASPECTOS LEGALES. El Tribunal Supremo declaró recientemente firme una sentencia dictada por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, que a su vez confirmaba otra del juzgado de lo Social de Eibar, que reconocía como accidente de trabajo el síndrome de “estar quemado”

La sentencia origen de este proceso se dictó en febrero de 1999 por el Juzgado de lo Social de Eibar, según la cual los síntomas de agotamiento emocional, cansancio físico y psicológico, con sensación de no poder atender debidamente las tareas laborales por sentimiento de inadecuación, incompetencia o ineficacia, diagnosticado como síndrome de Burnout, cuyo tratamiento precisa cualquier prestación de Seguridad Social, y que hasta entonces era entendido como derivado de enfermedad común, debe ser considerado dentro de la contingencia, de mejor y más amplia protección, que corresponde a su calificación como accidente de trabajo.

En el proceso judicial, la defensa del trabajador se sustentó en la consideración del síndrome de Burnout como un tipo muy característico de estrés que se da entre profesionales que, como el personal sanitario, realizan su trabajo en contacto estrecho con otras personas y que surge al ver el profesional frustradas sus expectativas de modificar la situación laboral.

SUICIDIO. Desde hace muchos años los pediatras se han considerado como una profesión con riesgo bajo de suicidioxiii. Sin embargo, yo me incorporé a un Servicio de Pediatría en el que pocos meses antes un facultativo se había suicidado y, con toda la discreción necesaria y la complejidad de la interpretación de los motivos de un suicidio, lo cierto es que la familia siempre atribuyó la tragedia a la presión del trabajo.

Que el burnout puede llevar a situaciones tan dramáticas, con toda su rareza, no debe hacernos olvidar que las situaciones de riesgo no excluyen a los profesionales sanitariosxiv que, naturalmente no son invencibles ni inmunes frente a las tragedias personales.

LA PREVENCIÓN DEL BURN-OUT

Si entendemos el burnout como un proceso con causas externas resulta evidente que lo más importante, como en toda la patología de causas externas, los accidentes, las intoxicaciones o la propias quemaduras, es la prevención. Los remedios, el tratamiento, llega ya sobre “lesiones” que indudablemente van a dejar secuelas.

Una primera estrategia debería pasar necesariamente por una concienciación de la existencia del problema. Si casi dos de cada tres profesionales considera que su trabajo afecta su salud pretender ignorarlo no conduce a nada.

Sin embargo, ese reconocimiento no debe quedarse en una resignada atribución a lo dura que es la vida que nos dan los otros, sean ellos pacientes, superiores o compañeros. Una práctica profesional sin presión es posiblemente inconcebible y, probablemente innecesaria. Difícilmente se puede entender que un trabajo no sea, cuando menos laborioso. Al fin y al cabo, trabajo deriva etimológicamente del latín tripallium, un yugo de tres palos a los que ataban a los esclavos para azotarlos. El trabajo cuesta; y por eso pagan por hacerlo. Y un trabajo sin un cierto estrés probablemente puede ser desmotivador y aburrido. Cierto es sin embargo que todo tiene un límite y lo esencial es identificar cuando se ha llegado a tal límite.

Con la identificación del problema debe llegar también la identificación de los factores estresantes. Cada uno, cada problema, puede tener una aproximación y eventualmente una solución.

Una parte de los compromisos de todo profesional es revisar las obligaciones contraidas y alinearlas con las propias expectativas. No siempre es posible atender todos los frentes y, como dice el refrán, quien mucho, abarca poco aprieta. Algunos planteamientos para conciliar la vida profesional con la familiar no están ni siquiera contemplados por la leyxv del estado u otras de las Comunidades Autónomasxvi y pueden llevar a decisiones de abandono profesional como las que se han publicitado recientementexvii cuando las profesionales se plantean que un pueden seguir desatendiendo sus obligaciones o preferencias familiares por encima de las profesionales.

Pero otra parte importante es la constatación de nuestros éxitos. Es común que se vean menos que nuestros fracasos por cuanto los pacientes que se curan los vemos poco o, quizá, nunca más, mientras que los fracasos, las naturales consecuencias de la enfermedad, nos acompañan si no siempre física, si emocionalmente. Administrar los éxitos es algo que nos debemos a nosotros mismos.

A poco de publicar Gervás y Hernández su artículo sobre la enfermedad de Tomasxviii y en un cierto ejercicio de autojustificación, publiqué en la revista de nuestro Colegio de Médicos una respuestaxix en la que echaba una mirada al pasado reciente del ejercicio profesional. Allí apuntaba que nunca los médicos lo habíamos tenido mejor. Hemos pasado de charlatanes curanderos a científicos, de sacamuelas a cirujanos expertos y de saludadores a psiquiatras. Estamos empezando a comprender la patogenia de los procesos nosológicos y cada día se abren puertas a un futuro de salud más esperanzador. Hemos descifrado el arcano del genoma humano y, al tiempo que hemos incorporado otras profesiones a la nuestra, hemos dominado demonios seculares como la viruela o la polio y cada año conseguimos el reconocimiento de galardones como el Nobel hasta, como en el caso del premio Nobel de la paz a los médicos antinucleares, en ámbitos que trascienden la salud propiamente dicha.

Hemos cambiando el maletín y las subidas de escaleras por despachos y los hospitales de pobres por unidades de cuidados intensivos. Y los recursos personales por las becas de investigación porque hasta el propio trabajo de Gervás y Hernández estuvo financiado por el FIS.

Algo tendremos nosotros que hacer por nosotros mismos también. Por nuestra propia salud mental. No podemos permitirnos una resignada aceptación de que el agobio nos ha vencido. Quemados o no, referir únicamente a causas externas la raíz de nuestros males no es, cuando menos, sano.

El síndrome del “burn-out” tiene más de construcción socio-cultural que de categoría psiquiátrica. Contiene todos los ingredientes de un síndrome culturalmente constituidoxx (“culture-bound syndrome”) como tantos otras alteraciones del comportamiento y de la salud mental que se describen en los tratadosxxi. La misma aplicación de un cuestionario dirigido conduce a su identificación: sirve para detectarlo, para identificarlo en grupos. Pero no puede servir para catalogar a individuos concretos en los que, en cualquier caso, una miríada de factores personales, familiares, laborales y sociales interaccionan en construir su realidad diaria.

Los que somos mayores y sabemos de donde venimos podemos intentar iluminar a los jóvenes un camino que, precisamente por su amplitud y desde su punto de partida, debe ser más ilusionante.

No podemos tampoco permitirnos que dirigentes incompetentes, estultos y desnortados, nos amarguen la vida con propuestas incumplibles o delirios de actividad cocinados en las cavernas de los “Masters of Business Administration” por los que nunca han tenido que enfrentarse con la angustia de unos padres con un niño enfermo ni entienden que, todavía, el ejercicio de la Medicina, de la Pediatría, tiene más componentes de arte que de ciencia y prácticamente nada de “business”.

Algunos continuamos creyendo que tenemos mejor futuro que presentexxii, incluso cuando las gravísimas incertidumbres de la globalización se ciernen ominosamente sobre nosotros. Y también que algunos ejemplos de cómo superar las quemadurasxxiii nos pueden ilustrar el camino.

BIBLIOGRAFÍA

__________

i Manual de Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades mentales. DSM-IV. 2001

ii Maslach C. Burned-out. Human Behav 1976; 5:16-22

iii Maslach C, Jackson SE. The measurement of experienced burn-out. J Occupat Behaviour 1981; 2: 99-113.

iv Johnstone C. Career focus: Strategies to prevent burnout. 1999, 318:71-92

v Freeborn DK. Physician satisfaction in prepaid group practice HMO. Group Health J, 1985; 6:3-12

vi Gervás JJ, Hernández LM. Tratamiento de la enfermedad de Tomás. Med Clin (Barc) 1989; 93: 572-575.

vii Kundera M. La insoportable levedad del ser. 1982

viii Planning a healthy Future for Canada’s Children and Youth. Balancing medicine and motherhood, num. 4 Can Paed Soc Report , CPS News, Sep-Oct 2002

ix Codina F, Codina X, Simón JL, Pigarnau R, Garcia JL, Luaces C. Desgaste profesional, “burn-out”: estudio multicéntrico de los pediatras de Urgencies de Cataluña. 7ª Reunión de la SEUP, Tarragona, 2001, Ann Esp Pediat, 54: 22-23

x A. Bustinza J. López-Herce, A. Carrillo, MD Vigil, N de Lucas y E. Panadero. Situación de burnout de los pediatras intensivistas españoles. An Esp Pediatr 2000; 52: 418-423

xi Jimenez C, Morales JL, Martínez C. Estudio del síndrome de burn-ou en cirujanos pediatras españoles. Cir Pediat 2002, 15:73-78

xii Pardo J, Lopez F, Moriña M, Perez M, Freire P, Fernández R. ¿Estamos quemados en Atención Primaria?. Med Familia 2002, 4:245-250

xiii Blachly PH, Disher W, Roduner G: Suicide by physicians. Bull Suicidology December 1968, pp 1-18 (low suicide rate amognst pediatricians)

xiv Miller M. The Painful Truth: Physicians Are Not Invincible. South Med J, 2000, 93:966-972

xv Conciliación de la vida familiar y laboral. Ley 39/1999, de 5 de Noviembre. BOE num 266 de 6.11.1999, pags. 38934-38942

xvi Ley de la Comunidad Autónoma de Cataluña 6/2002, de 25 de abril, de medidas relativas a la conciliación del trabajo con la vida familiar del personal de las administraciones públicas catalanas y de modificación de los artículos 96 y 97 del Decreto legislativo 1/1997. DOGC 30.04.2002

xvii Mena U. La generación de la vuelta a casa. El Semanal, 2004, (8 feb) 850:22-24

xviii op. cit.

xix Allué X. La insoportable pesadez de la literatura checa. Galens. Mayo 1999, pp.32

xx Kleinman A. Patients and healers in the context of culture, Berkeley. U. of California Press, 1980

xxi DSM-IV. Op. cit

xxii Fernández. C. Luz al final del túnel de los hospitales del ICS. DIARIO MÉDICO. Profesión. 11 de marzo de 2004

xxiii Allué M. Perder la piel. Planeta/Seix Barral, Barcelona, 1996

 

X. Allué (Editor)

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11 junio 2019 at 6:52

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Emociones negativas y estrés

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Hace un cerro de años escribí un articulillo sobre el estrés infantil para la revista En Familia, de la AEP, que ahora me recuerdan y me piden si lo quiero reeditar.

Ya sabéis que lo mío es re-publicar, que uno no es republicano en vano. Me da que ese republicanismo y editado desde Catalunya fue lo que llevó al desencuentro con la Sociedad Española de Pediatría Social. Ellos se lo pierden, que yo ya estoy de vuelta de todo. Faltaría más.

 

El texto dice así:
Las emociones negativas, las frustraciones y las contrariedades forman parte de la vida y son un elemento fundamental del proceso educativo.

El estrés es una convención que engloba una amplia variedad de síntomas, signos y emociones que ejercen tensión sobre las estructuras mentales y biofísicas de las personas.

La percepción de emociones negativas, indeseadas o realmente agresivas, naturalmente causa tensiones que van a manifestarse en la vida de relación y también en la función básica del organismo.

¿Es normal el estrés en los niños?

Cuando se observa a los niños, desde el momento de nacimiento se pueden apreciar respuestas al estrés. El primer llanto, cuya función principal es abrir los pulmones para iniciar la respiración, se registra como una respuesta al estrés, al propio estrés de llegar a la vida. Durante las primeras etapas de la vida, el llanto es la expresión emocional más común de la respuesta a factores estresantes indeseados.

Abrazar y acunar al niño, darle un chupete, ponerle al pecho o cantarle una nana, es la respuesta aliviadora común cuando un niño llora. Se trata de paliar el estrés cualquiera que haya sido la contrariedad que lo haya motivado. El estrés es percibido como sufrimiento y debe mitigarse.

Sin embargo, de esa respuesta natural, en nuestra sociedad se ha progresado hacia la creación alrededor del niño de un universo absolutamente protegido y protector que le evite el más mínimo sufrimiento, real o percibido. Y al mismo tiempo, los adultos, las madres y los padres, se estresan terriblemente si les parece que su hijo está padeciendo algo que le obligue a llorar.

Nos estamos refiriendo a situaciones que puedan generar estrés de forma aguda, momentánea. Otra consideración merecería el padecimiento durante largo tiempo de contrariedades o agresiones. Y, además, sólo nos referimos al estrés que genera la vida normal, dejando para otra ocasión situaciones como el síndrome de estrés postraumático de los accidentes, agresiones o catástrofes.

Padres y pediatras deben entender que las emociones de carácter negativo, las frustraciones y las contrariedades son parte natural de la vida. Toda ella está llena de circunstancias y situaciones que uno quisiera evitar pero que naturalmente suceden y a menudo son inevitables.

Tanto más aún cuando a veces es necesario provocar esas emociones negativas en el proceso natural de la educación, como sucede cuando marcamos límites a la actividad o los deseos del niño. En la educación, que es un sistema de modificación de la conducta, más veces que al contrario, hay que decir que no. Que no a la actividad espontánea, que no a las peticiones, a los intereses momentáneos o los deseos inmoderados. “Niño: eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca…” dice Serrat en una de sus canciones.

Obviamente esas limitaciones pueden provocar frustración y, con ello, estrés.

Bienvenido sea, pues. Porque generar una cierta tensión concede valor a la propuesta, provoca una respuesta que puede reconducirse y, en cualquier caso, contribuye a la experiencia, elemento fundamental de la educación.

Podemos relajarnos y entender que las frustraciones habituales de la vida, aunque generen estrés, no van a acompañarse de “traumas” que alteren la personalidad del niño en el futuro. La ausencia de límites, la gratificación acolchada continua, puede ser peor cuando diluye el desarrollo de la personalidad en un mundo amplio y vacío.

Nota: Durante un tiempo he dado en creer que la constante referencia a los “traumas” infantiles arranca de una mala traducción del título del clásico libro de Sigmund Freud “Los sueños”, Der Traum, en alemán, por quienes no pasaron de la primera página. Lost in translation.

 

Pues eso.

X. Allué (Editor)

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30 abril 2019 at 19:25

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La salud social

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Esta semana concluye nuestra participación en las actividades del Master de Trabajo Social Sanitario que en UOC (Universitat Oberta de Catalunya) organiza Dolors Colom, apóstol del Trabajo Social en el ámbito de la asistencia sanitaria. Como en años anteriores ha sido una experiencia enriquecedora participar en los intercambios con los alumnos, siempre estimulantes. Y al mismo tiempo comprobar cómo va creciendo el interés profesional para dar cobertura a lo que es la tercera pata de la salud: la salud social.

Hace un año publicábamos aquí precisamente un post con ese título: La tercera pata de la salud. Reproducimos (lo que republicábamos del ) aquí ese texto. Que todo está dicho, pero hay que repetirlo porque la gente se olvida.

Ya son casi setenta años de la definición de salud acordada por la Organización Mundial de la Salud en su constitución. Se definió la salud como el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Además se definió que la salud es un derecho humano fundamental.

El mundo ha dado muchas vueltas, somos el triple de gente que entonces y, en general, la salud ha mejorado para casi todos.

Los esfuerzos, sin embargo, no se han ido desarrollando de forma homogénea. El progreso de las ciencias biomédicas ha aportado enormes avances de la medicina que, aplicados a la salud, han salvado millones de vidas, curado incontables enfermedades y evitado o prevenido muchos millones más. La medicina de los últimos cincuenta años ha estado caracterizada por su eficacia. Por primera vez en la historia los médicos han visto recompensados sus esfuerzos con la curación y resolución de múltiples problemas de salud, después de siglos de dedicarse a contemplar la evolución de sus enfermos sin nada que ofrecer más allá de apoyo y consuelo. Nuevos métodos diagnóstico por la imagen o análisis bioquímicos han permitido precisar diagnósticos con exactitud. Antibióticos, cirugía resolutiva, hormonas que reponen las deficientes, anestesia, vitaminas, agentes quimioterápicos… ofrecen soluciones eficaces a lo que antes fue incurable.

A ello se suma la ingente labor realizada por los profesionales de los cuidados, enfermeras y técnicos, cada vez más competentes y dispuestos.

La salud mental también ha recibido atención y se ha beneficiado de los avances de la bioquímica y la farmacología. Y de una percepción más realista y humana de los trastornos mentales, antes sólo sometidos a la reclusión manicomial.

Sin embargo, tanto la salud física como la mental, han visto fallar su eficacia cuando las condiciones, el entorno social, no ha acompañado las soluciones a las enfermedades. La pata social de la salud ha sido la que menos se ha beneficiado del progreso.

Hasta cierto punto, la medicina ha mantenido la tendencia de ocultar su ineficacia atribuyendo a condicionantes sociales sus fracasos o impotencias. Cuando no se dispone de un buen remedio, se afirma que se trata de un problema social. Los ejemplos son múltiples, pero uno reciente y flagrante fue la eclosión de la infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) al final de los años 70 del pasado siglo. Hasta que no se descubrió el agente causal se consideró un problema sociocultural o incluso étnico (las cuatro “haches”: heroinómanos, homosexuales, hemofílicos y haitianos). La enfermedad de Alzheimer o la obesidad son problemas sociales (¡).

No se puede negar que considerables avances sociales han contribuido a la salud y el bienestar de los ciudadanos de todo el mundo. El acceso a la vivienda digna, la sanitarización de las ciudades, las medidas de prevención de accidentes o la alimentación adecuada, han alcanzado a una parte cada vez más mayoritaria de la población mundial. En lo que se conoce como el primer mundo, Occidente, todos esos soportes a la salud de la población están prácticamente garantizados, aunque la recesión económica de los últimos pocos años lo haya puesto en crisis.

Es más bien en el manejo, diagnóstico y tratamiento de los aspectos sociales del enfermo donde se aprecian defectos, huecos, desfases, brechas que, de no salvarse, la atención a la salud se resiente.

Si se contempla la larguísima tradición, de siglos, de los profesionales de la medicina y la quizá formalmente no tan larga, pero indudablemente desarrollada ampliamente de los profesionales de la enfermería, la diferencia con profesionales auténticos y dedicados del trabajo social sanitario, no cabe duda que las diferencias de magnitudes son abismales. La proporción de profesionales de la salud en relación con profesionales del trabajo social sanitario dedicados a la atención sanitaria rara vez es de más de 1/250, aún en los países más desarrollados.

Desde aquí apostamos por ponerle remedio a esas diferencias desde el convencimiento de que es y será un factor determinante de la salud de las gentes en los años venideros. Esa es la razón de ser del Máster de Trabajo Social Sanitario que lleva a cabo la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).”

X. Allué (Editor)

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20 diciembre 2018 at 8:24

Riesgo de suicidio infantojuvenil

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El suicidio infanto-juvenil, el que sucede antes de los 18 años es una espantosa tragedia que no tiene tratamiento. Sólo tiene prevención.

Las tasas de suicidio entre niños y jóvenes parece que están creciendo en todo el mundo. Queremos creer que, muy probablemente, porque han mejorado los métodos de registro e información. Según los paises las tasas anuales son difíciles de encontrar y la fiabilidad es baja, en parte porque hay suicidios que no se identifican como tales, como pueden ser los que asemejan accidentes, o bien porque familias y autoridades no llegan a reconocerlo o, simplemente los ocultan. Los medios de comunicación suelen evitar comentarlos por un acuerdo tácito para evitar un efecto de imitación.

Sabemos que los suicidios, en general, son un problema endémico, contagioso, epidémico, hereditario e irremediable. Los suicidios de personas famosas suelen generar una ola de imitadores. también sabemos que las edades de riesgo coinciden con la de adultos jóvenes, de 18 a 29 años y en los mayores de 70. Existen notables variaciones geográficas. Por ejemplo en México se registran hasta tres veces más en Chihuahua que en Guerrero. En España más en las ciudades que en el ámbito rural.

Entre las causas del suicidio las hay internas y las hay externas, estas últimas pueden configurar el delito de la inducción al suicidio, que suele ser por lo que en todo suicidio se abre una investigación judicial para descartarlo. Entre los niños y jóvenes juegan un papel importante los estados depresivos, la baja autoestima y otros trastornos mentales, pero también pueden ser en respuesta a violencia doméstica, abusos sexuales o el acoso escolar.

Los suicidios, como decimos, sólo admiten estudio e interpretación. Son los intentos de suicidio los que llaman a la actuación de pediatras, psiquiatras infantiles y demás profesionales que se ocupan de la salud y el bienestar de los niños. Un niño o niña que haya intentado quitarse la vida una vez es más probable que lo intente de nuevo.

En principio todos los intentos de suicidio deben ser referidos a un especialista en salud mental. Los facultativos de Atención Primaria pueden actuar en cuanto a profesionales de confianza del paciente en la valoración inicial. Es importante reservar la entrevista a un espacio tranquilo, con privacidad y sin interrupciones. Las preguntas deben dirigirse en primer lugar al episodio actual preguntando simplemente que ha sucedido, el método empleado, que intención tenía el paciente y sobre la presencia de testigos, intencionada o no. Puede inquirirse sobre la voluntad de hacerse daño a si mismo, la ideación de la muerte y hasta que punto el paciente es consciente de su irreversibilidad. Por ejemplo también puede preguntarse si se han planteado lo que sucedería después como actuaciones funerarias, duelo y funeral para comprobar si la ideación de la muerte tiene una representación social o bien, al contrario, únicamente es una de terminación o ausencia, ya que el concepto de muerte tiene representaciones diversas. Seguidamente se puede indagar la motivación; la inmediata si existe y las remotas que puedan encontrarse en los antecedentes. Cabe repasar la situación familiar, la social y la escolar/laboral, y la existencia de problemas o factores estresantes elucidables. Si la situación lo permite y teniendo en cuenta la privacidad y la confidencialidad, puede entrevistarse a miembros de la familia que puedan contribuir con informaciones relevantes.

Objetivo de la actuación profesional.

El objetivo del tratamiento del intento de suicidio es la corrección de las alteraciones de la salud mental presentes, fundamentalmente si existe un cuadro de depresión subyacente y, si acaso, la modificación de los factores estresantes o condicionantes familiares, sociales o laborales que puedan existir.

En general la hospitalización inicial es recomendable, al menos hasta que se entienda que el riesgo de reincidencia puede controlarse.

Nada fácil.

X. Allué (Editor)

 

 

 

 

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12 noviembre 2018 at 8:14

Politica sanitaria

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La politica sanitaria en España sigue siendo un tema de debate constante. Desde la consideración de que el sistema sanitario español figuraba entre los mejores del mundo, hasta la constante queja de usuarios (horrible palabra para designar a los pacientes) y profesionales las contradicciones abundan. En general se alaban los logros, que serían los resultados, del sistema y se critican las incongruencias y desastres administrativos.

Después del largo período que llevamos de recesión económica y los consiguientes recortes presupuestarios, el sistema se mantiene renqueando gracias a la dedicación de los profesionales. Al tiempo, entre las administraciones no hay inocentes. La administración del estado, del gobierno del Partido Popular durante el último decenio, es reconocida como desastrosa, especialmente por los recortes económicos que no sólo han hecho retroceder salarios y prestaciones, sinó que han hipotecado el desarrollo que debería haberse producido durante esos 10 años, por aquello de que “las ciencias adelanatan que es una barbaridad” y que en estos tiempos tienen un progreso de aceleración exponencial. A ello se suma que la gestión de la asistencia en este país está traspasada a las Comunidades Autónomas, diecisiete situaciones que no son parejas ni en su capacidad, ni en su composición política ni en sus aciertos.

Adentrarse en el análisis de todo el fenómeno seguro que ocuparía un espacio que excedería el habitual de este blog. Podemos intentar fraccionarlo, pero aún así, si lo hiciésemos de forma secuencial corremos también el riesgo de aburrir a nuestros lectores para siempre.

De momento ofrecemos un texto del que somos autores, en la línea de “republicar” que nos es muy querida y por más de una razón, publicado hace un par de años que, al releerlo, nos parece que mantiene actualidad. Se refiere específicamente al sistema sanitario catalán, que tiene las competencias (aunque no los recursos económicos) en materia de salud transferidas desde hace casi 40 años.

 

Publicado en

Salud 2000
Política Sanitaria, nº 146, mayo 2015

 

La sanidad, la atención a la salud en Catalunya siempre ha tenido algunos rasgos peculiares. La actividad asistencial siempre se vio acompañada de iniciativas más teóricas sobre la noción de la salud, la gestión de la asistencia y el ejercicio de la medicina. Incluso en 1976, los Médicos y Biólogos de Lengua Catalana (1), reunidos en Perpiñán porque, muerto el dictador, aún no estaban las cosas para ciertas actividades, llegaron a presentar una nueva y avanzada definición de salud: aquello que permite una existencia
autónoma, solidaria y feliz.
Tampoco sería una novedad porque planes y proyectos sanitarios para Catalunya se vienen elaborando desde cuando la Mancomunidad, a principios del siglo XX.
Durante el primer gobierno de la Generalitat, tras constituirse las comunidades autónomas, se elaboró un proyecto detallado de cómo debería ser la sanidad en Catalunya desde la Consellería, en la que se habían integrado numerosas personas procedentes de la oposición al franquismo (y más concretamente del PSUC). El primer «Pla de salut» (2) delineaba las estructuras tanto organizativas como asistenciales en lo que sirvió de base para el desarrollo de la sanidad en los siguientes años. Las competencias en sanidad fueron transferidas a la comunidad autónoma de Cataluña en 1980, durante el primer gobierno de CiU. Se transfirieron las competencias, pero no los recursos económicos, que fueron objeto de negociaciones posteriores, pero nunca de forma completa o satisfactoria. A partir de la publicación de la Ley General de Sanidad y con las competencias asumidas se desarrolló lo que se ha dado a conocer como El modelo sanitario catalán (3). El proceso se consolida con la aprobación y puesta en marcha de la Ley de Ordenación
Sanitaria de Catalunya (LOSC) en 1990 (4). Diversas fuentes oficiales de la Generalitat, del Colegio Oficial de Médicos, de diferentes universidades en programas de formación han escrito largo y tendido sobre la sanidad catalana y sus características. Además, fuentes privadas, de gabinetes de estudios como CAPS (5), los consorcios hospitalarios o los de organizaciones sindicales, han aportado su visión de cómo es y, también, cómo debiera ser la sanidad en Cataluña.

Nadie ha aportado jamás pruebas creíbles,

ni contables ni clínicas,

de que la gestión privada sea mejor

La XHUP
La realidad catalana, por la que los centros hospitalarios dependientes de lo que fue el Insalud o el INP apenas cubrían la asistencia de la mitad de la población, y las dificultades de inversión llevaron a los gobienros de CiU a diseñar un modelo en el que se integrasen en la red asistencial pública to- da una serie de centros, algunos de nivel terciario como el Hospital Clínico de Barcelona o el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. Se trata de hospitales de titularidad semi-privada, gestionados por fundaciones, patronatos o directamente por los ayuntamientos que, desde tiempo casi inmemorial (6), se han hecho cargo de instituciones asistenciales y hospitales locales. Gradualmente, a la XHUP (acrónimo en catalán de Red de Hospitales de Utilización Pública) se han ido incorporando hospitales existentes, otros reformados y otros más de nueva creación en diferentes municipios medianos y cabeceras de comarca, de manera que «no haga falta recorrer más de 30 km para encontrar un hospital en Catalunya», como anunció la Generalitat. La mayor parte de estos centros se agrupa en dos organizaciones patronales: la Unió Catalana de Hospitales y el Consorci Hospitalari de Catalunya. El régimen económico de estos centros es el del concierto con el CatSalut, el macroorganismo que gestiona los recursos económicos y fun- cionales de la Consejería de Salud en la estructura de la Generalitat.

El Institut Catalá de la Salut
El Insalud catalán se encuentra también bajo el paraguas del CatSalud, aunque mantiene una autonomía de gestión y un régimen estatutario para sus empleados. Lo forman ocho hospitales, cuatro en el área metropolitana de Barcelona, uno en cada capital de provincia, más otro en Tortosa, la población grande más alejada de la capital. Y , además, la red de Asistencia Primaria de Centros de Salud por todo el principado.
Lo que podría entenderse como hacer de la necesidad virtud, al considerar públicos los hospitales que, simplemente, funcionaban con dinero público, ha encubierto una gradual pulsión hacia la privatización de la asistencia y, también, una serie de casos de corrupción flagrante que resultan escasamente edificantes y que ponen en cuestión todo el modelo. (El último el tremendo caso Innova al insertarse más de 3000 prótesis de cadera defectuosas en connivencia de hospitales privados y una empresa fabricante con fuertes ligámenes con el ayuntamiento de Reus, con más de 70 personas imputadas)
La asistencia primaria, en cambio, ha mantenido la organización y estructura del antiguo INP de ambulatorios gradualmente transformados en centros de salud, en su inmensa mayoría propiedad y gestión del Institut Catalá de la Salut, conservando su funcionamiento presupuestario y la selección de personal en los parámetros de lo que siempre hemos llamado «la Seguridad Social», el «seguro». Esta realidad es habitualmente constestada, discutida y lamentada por las patronales de la XHUP por lo que tiene de control de los flujos de pacientes. El cómo se ha mantenido así ante los continuos embates de los diferentes gobiernos, partidos políticos, patronales y otras fuerzas vivas y poderes fácticos sigue siendo, para los que observamos la realidad de la sanidad pública, un interesante misterio (!).

Las mutuas
En Catalunya existe una larga tradición, ya centenaria, de mutualismo asistencial sanitario. Con ciertos altibajos a lo largo del tiempo, en los años del desarrollo económico de fin de siglo y principio del actual, la oferta e importancia han crecido de forma notable. En algún momento, casi el 50% de la población catalana había suscrito una póliza de seguro médico asistencial y hacía uso habitual de los recursos médicos y hospitalarios que ofrecen. Además, el mutualismo se extiende a los ámbitos de los accidentes, tanto los de tránsito como los laborales, que se mueven por circuitos paralelos al sis- tema asistencial público. Este sistema de doble cobertura asistencial ha funcionado satisfactoriamente para mucha gente, eligiendo uno u otro sistema en función de las características de sus problemas de salud. Se elige la mutua para la atención de situaciones como la maternidad, el parto, natural- mente los accidentes y una buena parte de la atención especializada como la cirugía electiva, la cirugía plástica, la oftalmología o la odontología, entre otras. Y, sobre todo, por la oferta hostelera de habitaciones privadas, escasa lista de espera y trato social y atención privilegiados.
La existencia de las mutuas ha llevado incluso a decir a algún dirigente sanitario que si no fuese por eso, «la sanidad pública catalana no podría absorber la demanda asistencial de los catalanes».

La oferta privada
Al lado de todo el sistema, se tiene que considerar la prestigiada oferta privada de asistencia médica. En lo que un día se concibió como el «Barcelona Medical Center», varios centros hospitalarios de alta calidad se postulaban como centro de atención tanto para pacientes autóctonos como procedentes de otras áreas del Estado o del extranjero. Lo que fueron antiguas clínicas privadas cuyos titulares eran médicos de prestigio y, más tarde, familias, se han ido transformando en institutos como Dexeus, Puigvert, Barraquer o Planas, dedicados a especialidades concretas (ginecoobstétrica, oftalmología, cirugía plástica), u otros especializados como el Instituto Gutmann, y los hospitales privados SCIAS, Teknon, Quirón y otros.
La política de la Consellería de Sanitat ha procurado en los últimos años encontrar una forma de conciliación con todo el sistema. Aunque, tratándose de gobiernos conservadores, se ha hecho protegiendo en todo momento los intereses de las instancias privadas, y seguir manteniendo, aunque sin crecer, los centros del ICS, que, como suele suceder, asumen la patología más com- pleja y onerosa. Esta fórmula permite que unos ganen dinero y otros reciban atención cuando las cosas se ponen feas…
En el relato de la «Historia» del mo- delo catalán se incluye toda una serie de disposiciones y regulaciones que se muestran en la página web del CatSalut (7), especialmente en los últimos años, bajo una supuesta reforma que en realidad no aporta más que «humo» político ante una gestión embarrancada en recortes e insuficiencias.
En general, sin embargo, la apreciación es que se trata de un buen sistema sanitario con excelentes resultados clínico-asistenciales y razonablemente ajustado a los presupuestos económicos, lo que lo sitúa sin ambages entre los mejores del mundo. Buenos resultados y un coste proporcionalmente muy bajo cantan la eficacia del sistema.
Lamentablemente, y en los últimos años, se ha sumado a las dificultades económicas y financieras de la crisis económica la aparición y desarrollo del movimiento soberanista, agudizado a partir de las sentencias adversas al nuevo Estatut de Catalunya, que han dado lugar a la percepción generalizada de que las cosas deben cambiar. En lo que respecta a la sanidad, los tremendos recortes presupuestarios de los últimos gobiernos de CiU, sumados a los a su vez promovidos por los realizados por el gobierno del Estado, han determinado un grave deterioro tanto de la asistencia como de la satisfacción de los profesionales, que han visto sus sueldos reducidos dramáticamente y sus expectativas profesionales coartadas. A la vez se contempla un gris panorama futuro cuando los recortes han afectado muy seriamente a los programas de investigación, con la consiguiente repercusión tanto a corto como a largo plazo.
Para muchos, la única vía posible para reconducir la situación pasa por la independencia de Catalunya del Estado español. Las esperanzas que se depositan en un futuro Estado propio incluyen tanto las mejoras económicas como los necesarios cambios en el control de la gestión. Y ello sin soslayar los serios problemas que plantea la sanidad en general y la asistencia sanitaria en concreto en todo el mundo ligados a realidades como el envejecimiento de la población, las enfermedades emergentes, la inmigración, el creciente coste del sistema, la mayor exigencia de la población y la continuada necesidad de renovación de procedimientos, técnicas e incluso de los profesionales.

En un repaso rápido se pueden considerar:
1. Problemas de la sanidad asistencial pública
– Los problemas generales asistenciales de irregularidad de recursos, las trabas burocráticas absurdas y el desorden. La distribución de la población en el Principado viene siendo un determinante con una acumulación en la zona metropolitana de Barcelona, mientras que en el resto del territorio la población es mucho más dispersa. Tal situación ofrece dificultades en ambos ámbitos: en la zona metropolitana evidentemente hay más recursos hospitalarios de nivel terciario, pero a la vez el acceso a la asistencia primaria es más dificultoso. La distancia hasta los centros terciarios priva de recursos a veces vitales a una parte de la población1.
– El fraccionamiento asistencial en función de intereses corporativos (médicos, enfermeros, farmacéuticos, otros, etc.) o de gestión, y la falta de continuidad en el proceso asistencial (primaria, especialidades, terciario, etc.). Los discursos sobre la prioridad de la asis-

La apreciación es que se trata de un buen sistema sanitario con excelentes resultados clínico-asistenciales

tencia primaria y su creciente capacidad resolutiva se vienen abajo cuando se comprueba la precariedad laboral, la limitación de re- cursos y la dejadez de la gestión.
– El distanciamiento entre los intereses de los enfermos (o del público) y los de los profesionales, muchas veces de carácter cultural: dos lenguajes diferentes, horarios diferentes, prioridades diferentes. (La insatisfacción del público solo tiene un paralelo: la insatisfacción de los profesionales.)
– La desatención sistémica a la salud mental. Cuantas veces se menciona que es la pariente pobre de la sanidad, otras tantas se hace omisión de atención y se mantiene en manos privadas y con exclusividad en amplias zonas del Principado (Instituto Pere Mata, por ejemplo).
–La creencia arraigada entre los dirigentes (básicamente de derechas, pero también otros) de que la sanidad pública es «insostenible» con recursos públicos y que la gestión privada es más eficiente. Un discurso que se repite sin que NADIE haya jamás aportado pruebas creíbles; ni contables, ni clínicas ni de gestión. Solo contabilidades parciales sin garantías.
2. Problemas de la sanidad preventiva (salud pública)
– Control ambiental insuficiente. A pesar de los esfuerzos, aspectos como la contaminación del suelo por metales pesados, del aire en el área metropolitana de Barcelona y el mar en toda la costa, están muy lejos de lo deseable. Y sobre ello gravita una actitud indulgente con las industrias y actividades más contaminantes.
– Excesiva medicalización de la prevención y la promoción de la salud, que debería ser más social.
– Persistencia de tabúes sobre los hábitos y estilos de vida, y de mensajes contradictorios sobre lo que es sano y lo que puede ser po- tencialmente peligroso para la salud.
– La infuencia de los sectores industriales (farmaindustria, industria alimentaria, sector del automóvil, etc.) sobre las políticas sanitarias.
3. Problemas de salud que son problemas sociales (y viceversa)
– El envejecimiento de la población.
– La patología de la supervivencia.
– Los supervivientes con minusvalías y la carga que representan.
– Las enfermedades crónicas sin o con difícil tratamiento.
– La marginación, la pobreza y la exclusión.
– La inmigración y sus componentes sanitarios, la mayor parte ligada a lo anterior.
– La demanda sanitaria espontánea o fuera de horas: las URGENCIAS y su gestión (8), con sus anuales recurrencias coincidentes con las epidemias invernales de gripe y otras patologías respiratorias.

A todo esto hay que añadir las naturales dificultades de la asistencia sanitaria del día-a-día, con patologías de mayor complejidad, enfermedades emergentes, mantenimiento y modernización de los centros sanitarios, además de las necesidades de una salud preventiva más ancha y más profunda.
Algunas entidades se han movilizado para ofrecer una respuesta a todos estos problemas con un cambio en las políticas actuales. Como en otros puntos de la geografía del Estado, las «Mareas Blancas» llegan incluso a proponer puntos concretos en forma de decálogo con soluciones (9).

Las organizaciones independentistas incluyen en su ideario y propuestas de futuro los elementos que esperan conseguir en un futuro NUEVO PAÍS, para una Catalunya independiente:

– Una asistencia sanitaria pública, de cobertura universal, sin discriminación de clase, género o raza, gratuita, pagada con los impuestos, digna, suficiente y de calidad.
– Un sistema sanitario público con la gestión controlada directamente por entes representativos de participación de profesionales, trabajadores y pacientes, a todos los niveles de la administración y de los centros.
– Un sistema sanitario público transparente en la gestión de su funcionamiento y la de los recursos económicos disponibles.
– Un sistema sanitario público sostenible porque lo queremos sostener, a los niveles que el progreso de la ciencia y la técnica nos aporte.
– Una asistencia privada para los que lo quieran, pero con el control necesario para que prime la atención sobre el lucro y que responda públicamente de los resultados asistenciales.
– Un sistema asistencial suficiente que ordene la asistencia según criterios clínicos, de género y sociales, no económicos, donde las listas de espera solo sean instrumentales para el funcionamiento de los servicios.
– Unos profesionales y trabajadores sanitarios que accedan a sus puestos de trabajo por convocatorias públi- cas y que reciban remuneraciones y salarios dignos, puntuales y proporcionales al trabajo desarrollado.
– Un más efectivo apoyo social (sociosanitario) a los enfermos crónicos y los discapacitados y dependientes, suficiente, amplio y de distribución territorial cercana a la gente. Recursos adecuados para que quien lo precise tenga acceso a prótesis, ortesis y otros aparatos, y mecanismos necesarios para la movilidad o la actividad, y una lucha efectiva contra las barreras arquitectónicas.
– Una dedicación efectiva a los programas de salud preventiva, salud y educación sexuales, prevención de la violencia de género, el deporte y las actividades de ocio. ■

Referencias bibliográficas
1. Llibre d’actes, X Congrés de Metges i Biòlegs de LL. Cat. 1976.
2. Pladesalut1979.ConselleriadeSanitat,Generalitat de Catalunya.
3. Modelsanitaricatala http://salutweb.gencat.cat/ca/el_departa- ment/model_sanitari_catala (consultado el 3 de marzo de 2015).
4. Legislación sobre ordenació sanitària a Catalunya. Quadern de legislació 23. Sept. 1999 (ISBN 84-39-4857-6) http://catsalut.gencat.cat/web/.content/mini- site/catsalut/ciutadania/serveis_atencio_salut/com_es_gestionen/normativa_relaciona- da/losc.pdf (consultado el 3 de marzo de 2015).
5. Elsistemasanitarienfrontlacrisi.QuadernCaps Temàtic n. 35 Desembre 2013, Barcelona. http://www.caps.cat/images/stories/Quadern_caps35__SISTEMA_P%C3%9ABLIC_DE_SALUT.pdf (consultado 3 marzo 2015).
6. Comelles JM I cols. Assaig sobre l’estructura i les transformacions de les institucions d’assistència. Inst. Estudis Vallencs, 1991. ISBN 84-86083-23-0
7. http://salutweb.gencat.cat/ca/el_departament/model_sanitari_catala/historia_del_model/ (consultado el 3 de marzo de 2015).
8. Urgencias. De 0 a 24 horas, X. Allué, Ed. Mira, Zaragoza (ISBN: 84-89859-55-8).
9. Propostesperaunamareablanca: http://dempeusperlasalut.wordpress.com/2015/03/04/propostes-per-una-marea-blanca-o-de-salut-de-catalunya/ (consultado el 4 de marzo de 2015).

Referencia del artículo: “Historia, proyectos y proyecciones de la sanidad y la salud en Catalunya” X. Allué. Salud 2000, 2015, 146: 21-24

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17 septiembre 2018 at 9:21