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El patio de recreo: territorio comanche

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Tanto si vuelves la vista atrás, a cuando ibas al cole, como si piensas en donde ahora van tus hijos o tus nietos, los patios de recreo de las escuelas son espacios con sus propias reglas y lejos de la “autoritas“. Si se exceptúan las actividades deportivas, lo que pasa en el patio escapa controles y mantiene dinámicas particulares que, de forma espontánea, se reproducen a lo largo del tiempo y a través del espacio.

Generalmente, el personal docente permanece alejado de los espacios de recreo, a veces incluso por motivos de seguridad. El patio es un espacio donde se aprenden cosas, por lo que es importante en el proceso de la educación formal. Lo que ocurre es que queda al margen de los programas docentes.

Quizá el ámbito donde más se ejerce influencia sea el de la inteligencia emocional. Allí se crean amistades y enemistades, círculos de amor y de odio, de poder y sumisión, de intercambios de relaciones. De juegos que son realidades y realidades que, hay que ver, en realidad son solo juegos. Pasa de todo.

Si queremos entender los problemas que puedan presentar los niños, tanto físicos como mentales o sociales, debemos indagar sobre lo que sucede en el patio. Sobre cuales son las experiencias y las actividades en las que participa cada niño. Ese relato puede que no sea fácil de obtener en presencia de los padres. A menudo porque “lo que pasa en el patio, se queda en el patio”, aunque no siempre sea así.

Territorio comanche, al que nunca llegará el 7º de caballería.

Hay que saber qué pasa en el patio de recreo.

X.Allué (Editor)

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18 noviembre 2019 at 21:23

Demanda reiterada de asistencia – Hiperfrecuentadores

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En las redes sociales de vez en cuando surge el tema de la gente que se pasa la vida yendo al médico y lo que eso distorsiona el sistema asistencial. En las redes sociales se encuentran más quejas que análisis de los problemas y, mucho menos, soluciones. El equilibrio entre la demanda asistencial y la oferta se rige por criterios que en economía adscriben al mercado. Hace años escribimos un libro sobre eso, antes de que existieran las redes sociales y cuando la Internet era un territorio que solo lo ocupábamos unos pocos. O sea que no creemos que nadie de ahora lo haya leído.

Desde la edad que disfrutamos nos es muy fácil constatar que en las salas de espera se congregan muchos ciudadanos coetáneos que, uno piensa, bien podían ocupar su tiempo en otra cosa. Pero ese en un juicio superficial y muy probablemente injusto. Seguro que cada caso tiene su mérito.

La demanda asistencial de los adultos es autónoma. Van al médico cuando les parece. En Pediatría, quien decide demandar asistencia no es el paciente sino sus padres, y esa intermediación incluye que a veces sea porque lo necesita el niño paciente y otras porque son los padres los que la necesitan.

Los sistemas informáticos de los centros asistenciales, ambulatorios, Urgencias o consultas, permiten detectar fácil y objetivamente los hiperfrecuentadores. La mera opinión de los profesionales no vale ni basta porque hay gente que por su actitud, su atuendo o su comportamiento siempre nos parece que “los tenemos demasiado vistos”. Pero los sistemas informáticos se tienen que revisar periódicamente. Y cuando se detecta un hiperfrecuentador lo correcto es investigar la causa.

Desde aquí podemos afirmar categóricamente que detrás de cada hiperfrecuentador hay un problema social. Incluso cuando se trata de pacientes pediátricos crónicos con patologías complejas. En esos casos porque quizá no se han arbitrado pautas de seguimiento lo suficientemente eficaces. En otros igual se oculta una distocia familiar o una enfermedad mental materna. Un poco más lejos queda el síndrome de Munchausen por delegación, que es una forma de malos tratos.

El hiperfrecuentador requiere asistencia. Muy probablemente social.

X. Allué (Editor)

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12 noviembre 2019 at 20:09

La seguridad en materia de telecomunicaciones

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Este blog mantiene una defensa cerrada y decidida de la libertad de expresión y de la difusión de la información. Podemos añadir que no nos ha salido gratis.

Con un cierto estupor nos hacemos cargo de lo que representa el texto del Real Decreto-ley 14/2019, de 31 de octubre, por el que se adoptan medidas urgentes por razones de seguridad pública en materia de administración digital, contratación del sector público y telecomunicaciones. Con un texto prolijo que arranca de disposiciones legales previas, anuncia que “…La finalidad de estas medidas es garantizar la seguridad pública, tanto en las relaciones entre las distintas Administraciones Públicas cuando traten datos personales, como entre ciudadanos y Administraciones Públicas cuando las últimas proceden a la recopilación, tratamiento y almacenamiento de datos personales en ejercicio de una función pública.” Tales supuestamente benéficas intenciones se acaban reduciendo quince páginas del espeso texto del BOE después, a que “… El Gobierno, con carácter excepcional y transitorio, podrá acordar la asunción por la Administración General del Estado de la gestión directa o la intervención de las redes y servicios de comunicaciones electrónicas en determinados supuestos excepcionales que puedan afectar al orden público, la seguridad pública y la seguridad nacional.” Y tal parece, que la intervención no precisará una muy deseable autorización judicial.

Esta medida legislativa, en vísperas de unas elecciones al Parlamento, por parte de un gobierno en funciones y, por ello, de limitada legitimidad, lo que nos genera, al contrario de lo que dice el titular, es un considerable grado de inseguridad. La tradicional arbitrariedad a que los sucesivos gobiernos del estado nos tienen acostumbrados, rara vez se modula por intervención de la judicatura por la endeble separación entre los poderes del estado que padecemos. Sin entrar en detalles jurisprudenciales, nuestro criterio nos conduce a pensar que el citado Real Decreto pisotea una buena parte del espíritu de esa constitución tan inamovible a la que con tanta frecuencia se hace referencia por parte de los políticos.

Lo lamentamos profundamente y nos preparamos para defender nuestro inalienable derecho a la publicación y la libre circulación de ideas e información.

X. Allué (Editor)

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8 noviembre 2019 at 20:16

Politica, elecciones y niños

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La Pediatría social entiende de todo lo que, con raíces sociales, afecta la salud de los niños. La política es una ciencia social y su ejercicio es un determinante de las acciones que influyen en la protección y la asistencia a la salud.

Los profesionales de la asistencia a la salud infantil procuran mantenerse alejados de la política y sus miserias, que no son pocas y, a la vez, respetar las diferentes opciones políticas, principalmente por higiene mental. La política se ejerce desde diferentes niveles, desde el superior internacional, hasta el más próximo que puede ser el municipal o, quizá, la de las instituciones, pasando por la política de los estados o las comunidades.

Desde aquí nos mantenemos en la creencia, un tiempo expresada por Georges Clemenceau con referencia a la guerra y los militares, de que la política es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos. Y más cuando se ha tenido la oportunidad de ver los que son y lo que pretenden los políticos que se presentan a las elecciones.

El próximo domingo, día 10 de noviembre, se celebran elecciones al Parlamento del estado español, el Congreso de los Diputados y el Senado, que aquí se llaman “Las Cortes”. Por ese motivo tienen lugar varios debates en las televisiones de los líderes de los partidos que se presentan a las elecciones. La televisión es el medio de comunicación más generalizado y a través del cual en los últimos sesenta años se ha centrado la propaganda política. Desde los legendarios debates de Richard Nixon y John Kennedy durante las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos en 1960 que, en su día fue considerado decisivo, los políticos se han esforzado en intentar ganar adeptos en debates televisivos. El estado español tiene una experiencia democrática más breve y una fragmentación de opciones hace que los debates sean entre cuatro, cinco, seis o siete participantes.

La actual situación política española se encuentra en medio de una larga crisis, pues en los últimos tres años estas son las cuartas elecciones, las segundas este mismo año, que se celebran ante la incapacidad de formar gobiernos estables. Tal puede justificar que los debates televisivos tengan más de circo mediático que de propuestas políticas y que las actuaciones de los participantes alcancen altas cotas de ridiculez o histrionismo.

La constatación de esta realidad no es una crítica ni una demostración de desencanto con la política, actividad social muy respetable y trascendente. Es una contemplación desesperanzada de la incompetencia y sectarismo de los políticos, de estos políticos en concreto. Diluido en actitudes de confrontación personal de bajo nivel no hay forma de distinguir ni una sola propuesta o proyecto que puede anunciar alguna dedicación a la salud y bienestar de la gente y, aún menos, de los niños que como desde aquí siempre defendemos son los depositarios del futuro de nuestras sociedades. Profundizando en los programas electorales, las referencias a la protección a la infancia, la salud o el bienestar infantil son inexistentes o de expresión mínima.

Este tipo de situaciones deben estimular a los profesionales de la asistencia infantil a participar de una forma activa en la política desde donde quiera que se encuentren. Individual o colectivamente y desde la opción política que les sea más próxima. Y sin perder de vista la influencia que se pueda ejercer directamente con el voto o sobre la decisión de quienes nos sean próximos. O desde los medios a los que se pueda tener alcance. Al final, las decisiones que afecten la salud de los niños las tenemos que promover desde abajo y entre todos.

 

X. Allué (Editor)

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7 noviembre 2019 at 9:06

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Profesionalismo

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4 noviembre 2019 at 18:07

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Epilepsia, enfermedad (escasamente) divina

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La palabra epilepsia proviene del griego antiguo ἐπιλαμβάνειν, “apoderarse, poseer o afligir”, indicando como que algo o alguien ha poseído a quien la padece.

Las observaciones sobre la epilepsia se remontan a los textos médicos de los asirios y babilonios, casi 2000 años antes de Cristo. Considerada inicialmente como una enfermedad divina o posesión demoníaca, hacía de quienes la padecían unos seres especiales, cuando no rechazables y, hasta hace poco tiempo, víctimas de eliminación. Una serie de televisión reciente relata la persecución de epilépticos por parte de los nazis en la Alemania del III Reich, y su eliminación genocida.

La epilepsia fue ya desmitificada por los hipocráticos en el tratado “Sobre la enfermedad sagrada”. Uno de los primeros en las traducciones más completas, el Tratado sobre la epilepsia comienza:

“Con respecto a la enfermedad llamada Sagrada sucede lo siguiente: en nada me parece ahora más divina ni más sagrada que otras enfermedades, pues tiene una causa natural originada como otras afecciones. Los hombres consideran que su naturaleza y causa son divinas por la ignorancia y el asombro, porque no se parece en nada a otras enfermedades. Y esta noción de su divinidad se mantiene por su incapacidad para comprenderla, y por la simplicidad del modo en que se cura, ya que los hombres se liberan de ella mediante purificaciones y encantamientos. Pero si se considera divina porque es asombrosa, en lugar de una hay muchas enfermedades que serían sagradas; porque, como mostraré, hay otras no menos asombrosas y prodigiosas, que nadie considera que sean sagradas.”

El estilo y el empleo de la primera persona han hecho atribuir el texto al mismísimo Hipócrates, quizá en sus edades más jóvenes.

El hecho de que las crisis convulsivas, especialmente en la infancia, acompañen a diferentes trastornos neurológicos graves, de buen seguro que contribuye a las dificultades de su comprensión y repercusión en la vida de relación de quienes la padecen.

Los romanos la describieron llamándola morbus comitialis, refiriéndose a una crisis que obligaba a detener una asamblea o reunión cuando sucedía.

A pesar de la exposición del tratado hipocrático, ese aura de enfermedad mágica ha persistido en la memoria de las gentes probablemente hasta que los neurólogos franceses de la segunda mitad del siglo XIX definieron la diferentes formas clínicas, su significado y, algo más tarde se dispuso de fármacos eficaces para su tratamiento.

La complejidad de las causas y las diferentes formas de presentación ha promovido una variedad de clasificaciones, de las que la más reciente nos la recuerda en un excelente resumen Maria José Mas en su blog (Nueva clasificación de las crisis epilépticas).

Sagrada, comicial o no, lo que es cierto es que las crisis convulsivas tienen una notable consideración social tanto por su espectacularidad, como por su carácter de padecimiento crónico y las limitaciones que genera en muchas actividades. En los niños en período escolar que requiere la alerta y comprensión de los educadores. En otras edades las limitaciones a la conducción de vehículos a motor o el manejo de maquinaria.

El diagnóstico de epilepsia debe obligar a los profesionales asistenciales que se ocupen del paciente a tener en cuenta las repercusiones sociales que le acompañan y actuar para minimizar los riesgos de descriminación social a quienes la padecen.

 

X. Allué (Editor)

(Ver también “Niños con convulsiones”, publicado en este blog en mayo de 2012)

 

.(Julio Cesar, San Pablo, Dostoyevsky, VanGogh y Lenin padecieron ataques convulsivos)

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28 octubre 2019 at 6:20

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Republicar: Enfermedades infecciosas, enfermedades sociales

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Hace más de seis años dedicamos un post a las enfermedades infecciosas con el título de “Los cuatro jinetes del Apocalipsis de las enfermedades infecciosas“. La argumentación se centra en que las enfermedades infecciosas, especialmente las contagiosas, las que se transmiten de persona a persona, son por definición enfermedades sociales. Las personas o poblaciones aisladas, que no socializan con otras, no están expuestas a los contagios. Cuando los contagios son múltiples se convierten en plagas, en pestes. Los cambios en la composición del microbioma, esa dotación de microorganismos con los que convivimos y que viene a ser como otro órgano de nuestra anatomía, alteran equilibrios que, de no restablecerse, nos causan problemas o incluso nos pueden matar.

Algunas enfermedades infecciosas concretas, por el tiempo que hace que nos acompañan y la enorme difusión en todo el planeta, son un factor de influencia social en nuestras vidas individuales y colectivas. Tal es el caso de la malaria, la sífilis, la peste y la tuberculosis, que más o menos literariamente, hemos identificado con los cuatro jinetes del Apocalipsis bíblico. Por ser cuatro y el primero citado la peste o las pestes, y los médicos ya tenemos bastante con enfrentarnos con él. Lamentablemente, los otros tres jinetes bíblicos: la guerra, el hambre y la muerte, siguen campando sin que, entre todos, seamos capaces de ponerles freno.

El texto dice así:

“Las enfermedades ocasionadas por microorganismos forman parte del reto adaptativo de vivir en este planeta compartiendo espacio con otras especies. Con muchos microorganismos hemos llegado a alguna forma de acomodación. Otros, en cambio, seguiran siendo un peligro, un conflicto de vida o muerte.

En períodos prehistóricos es posible que este tipo de conflictos hayan sido determinantes de la adaptación de especies de homínidos o incluso de la desaparición de algunas lineas evolutivas de las especies antecesoras al homo sapiens sapiens. Por ahí anda la teoría de la extinción de los Neanderthal por efecto de un prion adquirido por prácticas canibalísticas. Si se comían los cerebros de sus enemigos pudieron adquirir una enfermedad como el kuru, que se los llevó por delante.

En épocas más recientes es legítimo considerar qué influencia tuvieron enfermedades infecciosas en la constitución de nuestra sociedad. Cuales han podido ser los efectos sociales de enfermedades que han tenido carácter epidémico.

Se me ocurren cuatro infecciones que bien podrían compararse con los ominosos jinetes relatados en el libro de la Revelación, el Apocalipsis de San Juan, capitulo 6, vesículos 1-8.

Malaria: La infección por el plasmodio (P. malariae, falciparum, vivax) todavía mata 1 millon de personas, principalmente niños en paises africanos. Los efectos sociales actuales son devastadores en costo de vidas y sociales. En el pasado ha determinado flujos de poblaciones y hasta modificaciones genéticas en poblaciones expuestas como atestiguan las hemoglobinopatías ligadas a la G6PD, la thalasemia o la sicklemia. Y causó la muerte de personas notables como Alejandro Magno, el emperador romano Vespasiano, Gengis Khan, Dante, Carlos V, Oliver Cromwell o Lord Byron. La sufrieron George Washington, Lincoln, Jesse James y Ho Chi Minh, entre otros.

Sifilis: Una polimorfa enfermedad infecciosa de trasmisión sexual causada por un espiroqueta (Treponema pallidum) fue una importación más del Nuevo Mundo como la patata, los pimientos o las alubias que llego a Europa con el retorno de los primeros conquistadores que la extendieron por todo el continente en las guerras del siglo XVI. Ahora, desde el descubrimiento de la penicilina mata menos gente, pero aún se producen 10 a 12 millones de casos en todo el mundo. Quizá no produce grandes efectos sociales si descartamos los que generaron algunas de sus víctimas que llegaron a padecer la forma terciaria con su componente neurológico asociado a delirios maníacos. La telúricas personalidades de Henry VIII, Ivan el Terrible, Napoleon, Beethoven, Hitler, Mussolini o Al Capone que la padecieron, bien pudieron ser consecuencia de la infección del SNC.

Peste: Su extensión en poblaciones la ha convertido en sinónimo de plaga. La infección causada por la Yersisnia pestis alcanzó proporciones catastróficas que despoblaron el mundo conocido en varias ocasiones a lo largo de la historia. El control de uno de los vectores de su ciclo reproductivo, la rata negra, nos ha llevado a casi olvidarla. Pero el mundo no fue igual después de cada uno de los episodios epidémicos, quizá el más recordado fuese la “peste negra” de la mitad del siglo XIV. De peste murieron Pericles, Tiziano, San Luis Gonzaga, tres hermanas de William Shakespeare y más reciente y dramáticamente el Dr. Malcom Casadaban, investigador renombrado en 2009. Lo único bueno pudo ser que huir de la peste llevo a Bocaccio a escribir los cuentos del Decamerón.

Tuberculosis: Justo estos días se acaba de describir en Sudafrica una nueva cepa multirresistente de la Mycobacteria tuberculosis, un peculiar organismo descrito originalmente por Koch, que acompaña a la humanidad desde hace varios milenios. La llamada peste blanca ha matado o enfermado gentedesde Tutankhamen hasta Miguel Hernández, pasando por Sir Walter Scott o la Dama de las Camelias. Potenciada por el virus de la Inmunodeficiencia Humana la tuberculosis ha reaparecido en muchos paises mientras que en otros tiene una extensión rampante. Su asociación con el romanticismo y la literatura (P. ej. La montaña mágica de Thomas Mann) no puede ocultar la tragedia que acompaña los casos infectados tanto desde el punto de vista clínico infeccioso como social.

Estamos aún lejos de haber domado a estos jinetes desbocados.”

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

21 octubre 2019 at 8:06