Pediatría social

Blog de la Sociedad Española de Pediatría Social

Primer dia de vacaciones

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La mayor parte de los centros educativos concluyeron ayer el curso lectivo. ¡VACACIONEEEEES!!!!

No tengo los números, pero varios pediatras afirman que hoy baja sustancialmente el número de visitas. Lo mismo en Urgencias. Probablemente nadie, ningún niño quiere ponerse malo el primer día de vacaciones. Ya habrá tiempo para percances, infecciones virales digestivas, golpes de calor, quemaduras solares u otras pejigueras estivales. En general, los escolares son un grupo social bastante sanote que se beneficia de los programas vacunales y una gradual sensatez en la exposición al sol, la correcta conservación de los alimentos y la prevención de los accidentes. Pero todo eso hay que mantenerlo. Una vez más recordamos que más vale prevenir…y lanzarse a la piscina cuando hay alguien vigilando, saltar olas cuando lo permite el control de playas, evitar pinchazos de insectos y plantas espinosas, beber agua a menudo y comer con prudencia. Ah! y ciudado con los cohetes de San Juan.

 

X. Allué (Editor)

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22 junio 2017 at 10:38

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El riesgo, las conductas de riesgo y las aseguradoras.

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Sempre me ha intrigado la asignación en español a la asistencia sanitaria de la denominación de Seguridad social. O aún peor, el “Seguro”. En una pulsión un tanto orwelliana que en “1984” veía que el ministerio de la Paz administraba la guerra, el de la Abundancia la mera supervivencia, en esta parte del mundo se ha adscrito el Ministerio de trabajo al desempleo y el de Salud a las enfermedades. Cuando se habla del “seguro de enfermedad” no acaba de quedar claro qué te aseguran, porque lo que es seguro es que algún día enfermarás.

Obviamente que, sin jugar con el lenguaje, lo que se pretende es ofrecer una asistencia cuya financiación sea compartida entre todos y, además, administrada por el estado. En otros sitios la administración la llevan compañías de seguros privadas, es decir, con ánimo de lucro. Con accionistas que esperan recibir dividendos por haber aportado capitales. También funciona aunque, digan lo que digan, es mucho más caro, costoso. Y nunca acaba por cubrir todos los supuestos, especialmente los tratamientos más caros o complejos. Pero ha sido la irrupción de compañías aseguradoras con sus actuarios lo que ha modulado toda la actividad asistencial y ha acabado introduciendo las ideas del riesgo. Cuando los aseguradores hablan de riesgo lo hacen desde la vertiente financiera. no es tanto el riesgo de que el infortunio lleva a accidentes o enfermedades, sino que el riesgo es para la compañía que le costará más dinero la compensación de los daños. Lo que acaba preocupando al actuario no es que el asegurado sufra, sino que salga caro. Sin atenuantes.

Todo ello ha conducido a la introducción en el lenguaje y en la práctica médica los conceptos de riesgo y, de forma más específica, culpabilizadora, opresiva, rácana y malévola, el concepto de “conductas de riesgo”. Hay que culpabilizar a la víctima como sea. Igual que pueden dejar sin efectividad una póliza de accidentes de trànsito a un conductor borracho que incumple las normas de tráfico, pudieran hacerlo al fumador que tiene cáncer de pulmón o al obeso que sufre una oclusión coronaria.

Se ha empezado calificando las conductas que se consideran moralmente o judicialmente inaceptables: las toxicomanías, las prácticas sexuales promiscuas, o las deportivas límite, “arriesgadas”, se dice. Pero vamos a ir viendo como se extiende a todas las conductas que, literalmente, no conduzcan a una especie de “santidad”. Hasta “no hacer nada”, el sedentarismo, se convierte en una conducta de riesgo.

Esa idea torcida se inicia desde el nacimiento, Realmente, llegar a este mundo tiene sus riesgos de no hacerlo con integridad. Así se han definido los “embarazos de riesgo”. En mi hospital tenemos una unidad claramente titulada de “Alto Riesgo Obstetrico”, ARO, en la jerga hospitalaria. Claro que la idea es de aumentar la vigilancia, los controles y modular las actuaciones, pero todo el concepto incluye connotaciones de posibles culpabilizaciones y una sobrenadante excusa de que, si las cosas van mal, es que era una situación de alto riesgo.

De forma solapada vamos viendo como las aseguradoras privadas desvían los pacientes “de alto riesgo” hacia la asistencia pública. Eso sí, siempre porque en la pública tiene más medios y hasta están dispuestos a aceptar que tiene mejores profesionales, y que todo es por el bien del paciente.

A mi sencillamente me parece de una caradura imponente. Sobre todo porque con una connivencia inexplicable, las administraciones públicas no revierten las facturas a las aseguradoras, en esa confusión burocrática que se salda en el momento del ingreso con la pregunta del funcionario de admisión de si el ingreso es por “el seguro” o por “la mutua”. Y, a lo mejor, da lo mismo lo que se diga, porque ya se encargan los empleados de las mutuas de pasarse por el hospital a intentar modificar la situación. Pero es que yo he oido a altos cargos políticos admitir en privado que “…si les cobrásemos a las mutuas a precio de coste, muchas tendrían que cerrar…”

Algún dia alguien debería hacer una contabilidad analítica de que es lo que cuesta ese contubernio, esos sobrecostes que acabamos pagando entre todos para que se lucren los accionistas de las mutuas de seguros  y sus actuarios mantengan sus sueldos.

Y sí, esto también es Pediatría social.

 

X. Allué (editor)

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19 junio 2017 at 6:38

Rankings, listados y clasificaciones

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Las agencias e instituciones de ámbito internacional publican listados y clasificaciones de paises en función de su situacion ante diversos valores, en lo que nos concierne, los relacionados con la salud y el bienestar infantil. Como en todas las evaluaciones, se representa una foto fija de un momento concreto, lo que tiene un interés relativo. Más interés tiene observar la evolución en el tiempo y ver progresos o deterioros.

A poco que se observen, aparecen escasas sorpresas: los ricos van bien, los pobres van mal y los de enmedio hacen lo que pueden. Los extremos suelen mantenerse, en especial por la parte de abajo, protagonizado desde hace demasidado tiempo por los paises africanos del Sahel. Los mejores de la lista, aparte de los micropaises que, por su tamaño, son poco valorables: Andorra, Liechtenstein, San Marino o Monaco. Son la mayor parte de los paises europeos, menos España, Italia, Hungría o Grecia, que están más allá del lugar 40, de los 196. Siguen Japón, Chile o Australia.  Los Estados Unidos, lamentablemente para ellos, nunca ocupan un lugar que sea paralelo a su riqueza y desarrollo, por debajo del 56.

Uno de los “rankings” que hemos visto recientemente, de la ONG Humanium, se refiere a los derechos de los niños. Los factores que evaluan han formado parte de entradas de este blog en más de una ocasión:

 

Mortalidad de menos de 5 años;
Esperanza de vida al nacer ;
Educación;
Pobreza ;
Bajo peso al nacer ;
VIH;
Trabajo infantil ;
Matrimonio infantil ;
Mutilación genital femenina ;
Registro de nacimientos;
Impacto ecológico en el futuro de los niños;
Derechos y libertades;
El sentimiento de satisfacción con la vida;
Guerra y otras situaciones violentas

Obviamente no todos los factores son idénticos ni igualmente trascendentes. Unos son causas y otros consecuencias. Unos son biológicos, al menos hasta cierto punto, y otros son sencilla y llanamente SOCIALES, culturales o políticos. Pocos escapan a la responsabilidad de los estados, por lo que estos resultan determinantes a la hora de proteger el futuro de su población: la población infantil.

 

X. Allué (Editor)

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16 junio 2017 at 12:29

La infancia robada. La edad pediática

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Por esta parte del mundo andamos dando vueltas a cual es el límite de la edad pediátrica por lo menos desde que obtuve el título allá por los años sesenta del siglo pasado. Me consta que incluso había llegado a ser “pregunta de examen” en la licenciatura en algunas (más de una) facultades. Los todopoderosos catedráticos de mi recuerdo, personajes tremendos y desmesurados que exhalaban doctrinas y pontificaban sobre la realidad, fueron todos juntos incapaces de ponerse de acuerdo y conseguir de la administración cateta, autárquica y mastuerza del franquismo una delimitación coherente. Eso es de cuando la “Asociación de Pediatras Españoles”, APE, pasó a ser la “Asociación Española de Pediatría” sin que ello cambiase un ápice la carcundia inoperante de todo el conjunto de profesionales. En fin…

Un objetivo biologicista consideraba que la Pediatría como la medicina del desarrollo, debía de ocuparse de los seres humanos hasta que concluyera el desarrollo “biológico”. La propia indefinición envolvia desarrollo con crecimiento físico y eso podía llegar hasta los 21 o 22 años. La administración del “seguro”, sin duda influenciada por el nacional-catolicismo, habia muy arbitrariamente puesto el límite de la edad pediátrica en los 7 años, punto en que la iglesia Católica fijaba el “uso de razón” y que permitia a los menores hacer la Primera Comunión. Y así sigue en muchos sitios. Entre otras barbaridades he sido testimonio de cuando un afamado Director General de Sanidad proferia: “…es que si aumentamos la edad pediátrica de los 7 a los 18 años, ¿cómo se van a ganar la vida los pediatras privados?” en el entender que las familias que habían acudido a su pediatra de zona con la cobertura de la Seguridad social, a partir de los 7 años y para no perder el contacto con su médicos “de toda la vida”, seguirían yendo a la consulta privada del pediatra “de pago”. Estoy seguro que un buen puñado de colegas pensaban lo mismo. Ufff!

Pero todo esto son historias que forman parte de otro ámbito del conocimiento, como la historia o la etnografía. De manera que, acercándonos a la cruda realidad, traemos a colación un reciente artículo de la revista Lancet que habla de la infancia robada en el sentido que las vidas infantiles de millones de niños en todo el mundo pierden su condición de tales a edades muy tempranas. El informe End of Childhood Report 2017 de Save the Children revela siete causas del final precoz de la infancia, a cual más tremenda: la muerte antes de los 5 años de edad, la malnutrición severa, la desescolarización, la incorporación al trabajo infantil, los matrimonios infantiles y las víctimas de violencia extrema. Hay más, pero todas ella ponen un final abrupto a cualquier vida de niño.

Los datos describen una enorme pérdida de potencial humano. Estos fenómenos roban a los niños del futuro que merecen e imponen altos costos a sus familias y comunidades. Varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible incluyen precisament los derechos de los niños, considerando la infancia un período protegido de nutrición, crecimiento y aprendizaje, y el informe, el primero de una serie anual, proporciona importantes estimaciones de línea de base para seguir el progreso en estas áreas. Asegurar que el derecho a la infancia se cumpla para los más vulnerables, debe ser reconocido como una base fundamental del desarrollo sostenible. Y una obligació de todos que se cumplan. Aunque parezca que todo eso pasa lejos, si miramos a nuestro alrededor más próximo con atención, veremos que tambien forma parte de nuestra realidad.

X. Allué (Editor)

 

 

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13 junio 2017 at 6:19

El cambio climático y los niños

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Igual ya lo habéis visto, el Comité Español de UNICEF publica el informe “El impacto del cambio climático en la infancia en España“, setenta páginas de sentido común e información.

El principal problema que genera el cambio clímático es que todavía es una materia que requiere credibilidad. La evidencia científica ha sido cuestionada desde diferentes esferas del conocimiento y, sobre todo, desde esferas políticas para quienes algunas realidades  deben adapatarse a su conveniencia. Existe aún una gran distancia entre los catastrofistas y los negacionistas. Los de enmedio albergan dudas y, a menudo, optan por ignorarlo.

Desde aquí no vamos a despejar esas dudas. En lo relativo a las creencias entendemos que cada cual puede creer lo que le apetezca y que procuren evitar no hacer proselitismos porque, como tantas cosas de la naturaleza, hay que respetar las libertades. Esas libertades han sido notablemente abusadas, sobre todo desde los poderosos, individuos o países, y hacia los que lo son menos. Que limitar las talas en la Amazonía o en Africa Central, después de haber deforestado una buena parte de Occidente se sostiene mal. Aún me puedo excusar de que, en la parte del mundo donde vivo, hemos pasado de tener el 35% del territorio con bosques hace 50 años, a disfrutar ahora de un 65% de superficie arbolada. Pero eso sólo es mérito del traspaso de la población rural a las ciudades y del cambio de modelo de producción agricola de subsistencia a intensiva (o sea, a dejar de vender el vino en barricas de 200 litros, a venderlo en botellas de 75cl con una etiqueta de diseño treinta veces más caro).

Lo que queda entre las dudas es cuanta parte del cambio clímático es antropogénica. Y por lo tanto, cuanto podamos los humanos hacer para revertirlo. Me parece que pecamos de soberbia en los dos sentidos. Una erupción volcánica como la del impronunciable Eyjafjallajokull islandés puede afectar más la atmosfera que toda la producción de la General Motors desde que empezó a fabricar automóviles en 1908. Y “El Niño” funciona a su aire y sin control posible, afectando las vidas de toda la franja costera del Pacífico de Sudamérica.

Pero y en todo caso, hay que estar informado y, en la medida de lo posible, hacer caso a UNICEF.

X. Allué (Editor)

 

 

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9 junio 2017 at 17:23

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El poder social del orden alfabético

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Estos dias a vuelto a la actualidad la posibilidad que ofrece la legislación española de cambiar el orden de los apellidos. Hay pocas cosas más “sociales” que la propia identificación. La costumbre y normativa en el estado español es la de utilizar el apellido paterno seguido del materno, precedidos por el nombre asignado, llamado “de pila” en relación a la pràctica del bautismo cristiano. La identificación a efectos oficiales incluye los tres: nombre y dos apellidos. Las costumbres onomásticas incluyen toda una serie de peculiaridades culturales que conceden diferente importancia y significación, todas ellas fruto de prejuicios más o menos ancestrales de raices machistas unas, aristocráticas otras, hundidas en la soberbia, la insolidaridad y los desprecios o aprecios de carácter más bien atávico. Los apellidos, como símbolo de la “cuna”, adscribían valores como la “nobleza” o la tremenda “pureza de sangre” que tantas desgracias ha provocado, empiezan a ceder significado después de la Revolución francesa. Los apellidos, como identificación, no tienen que ir más allá de esa función, aunque recientemente, algunas manifestaciones artísticas, concretamente dos películas cinematográficas, en el medio de la situación política de reconocimiento de singularidades y nacionalidades en el estado, han intentado recuperar, si bien en modo jocoso, los valores genealógicos como constituyentes de realidades más tópicas que otras cosa.

Dando por saldadas las significaciones de linaje en esta modernidad social en que vivimos, una característica de los apellidos es su composición ortográfica. Se quiera o no, los apellidos, básicamente el primer apellido, está sometido al orden alfabético. Y como tal “orden” genera toda una serie de prelaciones o postlaciones que tienen que llevar las personas desde su inscripción en el Registro civil, difíciles de soslayar o uniformizar.

Quien esto escribe es muy consciente de que la inicial del apellido, justa o injustamente, le ha situado en múltiples circunstancias de forma ventajaosa, apenas compensadas porque la inicial del nombre sea una de las últimas. Y damos en suponer que algo parecido le debe suceder a todo el mundo. El orden alfabético se aparece como inexorable, incambiable y hasta ominoso en muchas ocasiones, y no hace falta citar ejemplos.

Tan pronto los niños empiezan a ser conscientes de que su identidad está ligada a un apellido, generalmente con el inicio de la actividad social infantil por excelencia que es la educación formal, la escuela, el peso del apellido se hace patente. Es posible que algunos niños sufran las consecuencias, se afecten sus seguridades y hasta su autoestima, por algo que les viene dado y que se escapa de su voluntad o preferencia.

Esta realidad merece ser valorada por todos, pero singularmente por los educadores y enseñantes. Nos permitimos sugerir que, en la medida de los posible, intenten desactivar el poder social del orden alfabético, alternado su uso inverso, o iniciando su secuencia desde algún otro punto de la lista. Así se consigue reducir su peso y, además, promueve el conocimiento del propio alfabeto que, por cierto, todavía hay muchísima gente, supuestamente alfabetizada, incapaz de recitarlo. Y poquísimos de hacerlo en orden inverso. Probad, probad…

X. Allué (Editor)

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6 junio 2017 at 6:18

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Dia Internacional de Niños Víctimas Inocentes de Agresiones

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La ONU-UNO dedica el 4 de junio a conmemorar la tragedia que representa que los niños sean víctimas inocentes de agresiones.

Que la cosa de matar niños sea una especia de costumbre más o menos ancestral, al menos desde Herodes, no parece que haya cedido con la implantación y firma de los acuerdos sobre derechos humanos y la supuesta mejora en la civilización de los pueblos. No son sólo los tiranos irredentos, sino que cualquiera que de en el uso de la violencia parece que tenga una especial tendencia a matar niños un poco “como de paso”. Militares en misiones bélicas, terroristas en las suyas enloquecidas, maridos violentos, restablecedores del orden diversos… todos parece que aprovechan para que, en el ejercicio de sus acciones mortíferas, pillen por medio a unos cuantos niños.

Y no va a menos. A ver que hacemos entre todos.

X. Allué (Editor)

La foto que acompaña este post es un clásico de 1972 de niños afectados por napalm durante la guerra de Vietnam, que contribuyó a cambiar el curso de los acontecimientos cuando la opinión pública norteamericana rechazó la continuación del conflicto. En http://time.com/4485344/napalm-girl-war-photo-facebook/ hay una relato explicativo.

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3 junio 2017 at 7:00