Pediatría social

Blog de la Sociedad Española de Pediatría Social

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Playa de Europa CN7DwmEWIAAECkn

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2 septiembre 2015 at 22:15

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Las paperas de Neymar

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neymar jrUna de fútbol. Parecería sino que estamos fuera del mundo. Justo acaba de empezar la liga española y se han repartido los calendarios de Champions y UEFA recuperando los aficionados del letargo estival.

Ha sido en medio de ese letargo, cuando las noticias escasean, que ha saltado a los medios de comunicción que el delantero del Barça Neymar estaba de baja por paperas.

Efectivamente, Neymar da Silva Santos Júnior, más conocido como Neymar Jr. (Mogi das Cruzes, São Paulo, Brasil; 5 de febrero de 1992), es un futbolista que juega como extremo en el F.C. Barcelona, a quien el pasado 9 de agosto le fue diagnosticada una parotiditis que le ha mantenido fuera de los terrenos de juego hasta este sábado 28. Los medios insisten en que Neymar había recibido por lo menos una dosis de vacuna antiparotiditis en su infancia. Aparentemente la información parte de su familia y no hay porqué dudarlo.

La parotiditis en el adulto es un mal asunto. Puedo testificarlo en persona puesto que una infección por el virus cuando tenía 29 años me llevó a la UCI con una afectación multiorgánica que me puso en una difícil situación, aunque y afortunadamente lo superé sin secuelas. Y no, no me recuperé en veinte días como Neymar. Es posible que la dosis de vacuna recibida haya atenuado la sintomatología o que, simplemente, su afectación haya sido de menor intensidad. Pero en cualquier caso, el costo de las paperas de Neymar ha sido considerable. Veinte dias de baja de un jugador que gana más de 20 millones al año son una pasta, como se dice vulgarmente. Algunos aficionados es posible que lleguen a contabilizar en ese “debe” la Supercopa que perdieron ante el Athletic de Bilbao.

Este puede muy bien ser el argumento número cinco mil a favor de las vacunaciones y, también, a la revacunación con la Triple Vírica a los 4-6 años como actualmente se recomienda. No vaya a ser que la próxima estrella del Barça en la temporada 2030-2031 vea interrumpida su trayectoria por unas paperas. (Y ustedes que lo vean…)

 

X. Allué (Editor)

 

 

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31 agosto 2015 at 6:44

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El sueño de los niños

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Bella durmienteHace casi tres años que no nos hemos referido al sueño de los niños. Algo que ocupa casi la mitad del tiempo infantil merece más atención, como reclamábamos en el texto de diciembre de 2013.

La Academia Americana de Pediatría nos recuerda de nuevo la importancia del sueño y su relación con la salud mental. Es cierto que ahora dormimos menos que nuestro abuelos y, sobre todo, los niños mayorcitos y los adolescentes durante los meses vacacionales se van a la cama tarde.

El actual sistema de horarios lo hace difícil pero conviene recordar que la siesta no es un invento para vagos, sino un excelente método de regeneración neuronal.

Que descanséis. Buenas noches.

 

X. Allué (Editor)

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27 agosto 2015 at 20:18

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La actual matanza de los inocentes

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La frecuencia con la que se repiten las noticias de la muerte de niños a manos de sus progenitores les va haciendo perder importancia y eco social. Una buena parte se suma a la tremenda matanza de mujeres en esta parte del mundo:

El verano deja 17 mujeres y 8 niños muertos por violencia doméstica

Como dice un “twit” reciente: no son sólo números, son mujeres asesinadas, en lo que va de siglo:Mujeres asesinadas s.XXI

Año 2001: 71

Año 2002: 74

Año 2003: 94

Año 2004: 93

Año 2005: 72

Año 2006: 92

Año 2007: 83

Año 2008: 69

Año 2009: 58

Año 2010: 76

Año 2011: 66

Año 2012: 53

Año 2013: 56

Año 2014: 48

Para este año 2015 ya llevamos 34.

El discreto descenso del último trienio no vale más que para angustiarse un poco menos. A las muertas no les sirve de nada. Ni a sus hijos.

X. Allué (Editor)

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24 agosto 2015 at 7:00

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Cannabis

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Smoking kitHasta que punto el consumo de cannabis es un problema de Pediatría social está, como tantos otros temas, abierto a debate. No es tanto que haya informaciones contradictorias, sino que , y lamentablemente, mucha argumentación está revestida de patrones ideológicos con soporte científico diverso. El soporte científico es, por definición, contradictorio. De no ser así sería cuestión de fe y eso, no es científico.

De la multitud de substancias cuyo consumo parece ser exclusivamente recreativo y en la sociedad occidental, se acostumbra a adoptar actitudes maniqueístas de: esto es bueno/esto es malo, sin demasiada reflexión y centrándose en legislaciones restrictivas que, originalmente, son de base administrativa. Me explico: unas substancias son legales porque su producción y comercialización están sometidas a impuestos o tasas, y otras no los son por ese mismo motivo. La legalización es puramente recaudatoria y poco tiene que ver con que los efectos de tales substancias sobre la salud.

No es menos cierto que la condición de legal o ilegal de una u otra substancia no modifica los efectos sobre la salud física de los que las consumen, mientras que el tráfico de las substancia ilegalizadas es determinante de conocidísimos efectos negativos sociales, especialmente de violencia delictiva. Desde Al Capone hasta los “cárteles” mexicanos, el tráfico de substancias está en la raíz de tremendos acontecimientos violentos y muertes.

Tampoco cabe en la racionalidad científica la artificiosa condición de “drogas blandas” y “drogas duras” adscrita a la intensidad del fenómeno adictivo, cuya base no es simplemente farmacológica.

Estas reflexiones quedan, por supuesto, abiertas a discusión, pero y en cualquier caso permiten inferir que el problema general de las substancias ilegales es notablemente complejo. Y que su significado en la salud de los niños, preferiblemente de los adolescentes, debe ser objeto de ocupación y desarrollo de criterios sociales y clínicos para los profesionales que se ocupan de los niños.

Hay que informarse, reflexionar y elaborar criterios propios coherentes.

Yendo de lo general a lo más concreto traemos hoy a discusión una publicación reciente de la revista Psychology of Addictive Behaviors sobre el uso crónico de marihuana por parte de adolescentes como factor de riesgo de problemas de salud física y mental de adultos jóvenes.  Se trata de un estudio amplio y bien diseñado que compara diferentes grupos de jóvenes y que viene a demostrar que no se encuentran diferencias significativas en la salud física y mental entre grupos de jóvenes que usan poco a nada marihuana y otros que la consumen crónicamente en diferentes momentos de la adolescencia y primera edad adulta. Al tiempo que demanda precaución en la interpretación de los resultados, la escasa diferencia entre los diferentes grupos, salvados otros condicionantes, cuestiona la idea de una efectos deletéreos del consumo de cannabis entre los jóvenes. Vale la pena repasar los comentarios que al artículo ofrece  en Medscape Megan Brooks (Teen Marijuana Use Not Harmful?)  cuando llama la atención sobre el hecho de que este estudio pone de manifiesto las limitaciones de estudios previos con conclusiones más discutibles.

Por tanto hay que liberarse de prejuicios y mantener una visión muy crítica ante cualquier suposición que no esté suficientemente substanciada si de verdad queremos ayudar a nuestros jóvenes y sus familias.

X. Allué (Editor)

Lecturas adicionales: La construccion social del problema de la droga

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20 agosto 2015 at 9:26

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Seis de 600

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17 agosto 2015 at 10:20

La parte social de los riesgos ambientales

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HumoNo vamos a excusarnos de entrar en temas de profundidad en medio del lánguido y vacacional mes de agosto. El ocio también sirve para la reflexión.

La participación de los tóxicos ambientales en las causas de las enfermedades y, en general, sus efectos sobre la salud, aunque evidentemente sean factores externos a la gente, tiene una importante faceta de carácter social, sobre todo ligada a los usos, costumbres y comportamientos sociales. Es decir: los tóxicos están ahí. Pero afectaran más o menos la salud dependiendo de les períodos y momentos de la exposición, la proximidad a los tóxicos y lo que a esos factores de tiempo y espacio contribuyan las voluntades, costumbres o culturas de la gentes.

Sin pretender hacer una monografía sobre la presencia de lo que se conoce como agentes contaminantes, podemos distribuirlos según donde se encuentren: tóxicos hay en el aire, en el agua, en los alimentos, en el suelo, en el entorno… Cuando la gente habla de polución suele referirse predominantemente a la aérea, la atmosférica. En las grandes ciudades se ve, se huele. A veces hasta se toca cuando el material particulado abunda. Su origen suele ser la combustión de substancias diversas, predominantemente la quema de hidrocarburos para la producción de energía: para la calefacción, para los motores de explosión de los automóviles o para la maquinaria de las industrias. La combustión de hidrocarburos, dependiendo de su composición, libera en el aire CO2 (anhídrido carbónico), NO (óxido nitroso), SO2 (anhídrido sulfuroso) y CO (monóxido de carbono), entre otros subproductos. Además, la actividad industrial puede liberar en el aire una amplísima diversidad de compuestos de toxicidad variable, como siempre, dependiendo de la dosis y el tiempo de exposición.

El agua de bebida o de cocción, la que sale del grifo de la red urbana, también puede estar contaminada con elementos indeseables. La mayor preocupación de centra en los contenidos orgánicos, o más concretamente la contaminación bacteriana, transmisora de enfermedades múltiples. Supuestamente la cloración del agua de suministro, debe resolver esta materia. No tanto así el contenido de otras substancias no siempre fácilmente detectables como algunos elementos químicos y los metales pesados.

En muchos lugares, especialmente las zonas muy industrializadas, preocupa especialmente la contaminación del suelo que no siempre se tiene en cuenta por cuanto es poco visible. Al suelo van a parar desechos industriales diversos y el principal riesgo que presentan es que esos residuos pueden incorporarse a las capas freáticas y contaminar fuentes de agua, ríos y el mar. Especialmente nocivos son los metales pesados porque estos no se degradan y pueden persistir en el suelo durante decenios.

La contaminación de los alimentos en general es secundaria a las anteriores, cuando los agentes contaminantes llegan al agua de riego o a la de bebida de los animales y se incorporan a la cadena trófica hasta llegar a los alimentos comercializados. A ello hay que añadir los colorantes, conservantes y modificadores de texturas o sabores que la industria alimentaria incorpora a los alimentos manufacturados.

O sea, que estamos rodeados. Desde el ámbito de asistencia sanitaria y, más concretamente de la Pediatría social, poco podemos ofrecer a nuestros pacientes y sus familias. Nos toca, eso sí, sensibilizar a las autoridades, promover acciones colectivas, llenar los medios de comunicación de requerimientos, protestas e información y, también, convidar a la gente que vote cuando tenga ocasión a los gobernantes que mejor defiendan la lucha contra la contaminación.

En el plano estrictamente individual, además de ofrecer información y referencias fiables, tampoco está de más intentar tranquilizar angustias y contener ansiedades que puedan producir efectos también indeseados o reacciones de protección desproporcionadas, que acaben sometiendo a los niños a procedimientos o precauciones inmoderadas. No se debe mantener a los niños en una burbuja.

Lo que si podemos hacer es recordar a unos y a otros que entre los agentes contaminantes, tóxicos, existen algunos que son elegidos, mientras que otros corresponden a riesgos involuntarios. No vale exclamarse de que la fábrica más cercana del polígono industrial echa humo y, cuando sopla el viento hacia aquí, lo notamos, mientras lo argumentamos con un cigarrillo encendido. Ni tampoco quejarse de la industria química mientras acumulamos una ingente cantidad de productos de limpieza a medio usar debajo del fregadero, que además usamos sin orden ni sentido. Sin olvidar aquellos que van a estar presentes en los,productos de higiene personal como recordábamos en https://pedsocial.wordpress.com/2014/05/05/la-vertiente-social-de-la-17-ci-metil-isotiazolinona/ de algunos conservantes y bactericidas de cosméticos.

En la encuesta de salud individual debe incluirse la nómina de productos que existen en el hogar y el uso que se hace de ellos. Y recordar que el humo del tabaco es el contaminante más próximo y más común al que se ven expuestos los menores de un año.

También conviene relativizar las huidas a espacios o costumbres de otras épocas. Es posible que el habitante urbano sueñe con un regreso a una Arcadia feliz, rural, pastoril y bucólica. Y hasta que intente remedarlo durante los fines de semana o las vacaciones. Conviene recordar que los fuegos abiertos, de hogar, como medio de calefacción generan una notable contaminación de humo y residuos. Y que los recursos alternativos de estufas de combustión lenta de cáscaras, pueden dar lugar a concentraciones de monóxido de carbono letales, como lamentablemente ha sucedido en algunos albergues rurales en el pasado reciente. Sin olvidar que el desplazamiento en automóvil de fin de semana puede exponernos a una mucho mayor tasa de inhalación de humos de hidrocarburos, con los embotellamientos y todo, que si nos quedamos viendo la tele en el comedor.

La contaminación está ahí. Hay que evitarla e intentar luchar contra ella. Pero conviene recordar que en muchos extremos es la propia conducta social la que nos expone a los riesgos que comporta. Esa es la parte que podemos intentar, primero conocer ,y luego modificar.

X. Allué (Editor)

 

Written by pedsocial

13 agosto 2015 at 6:40

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