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Los niños con riesgo social

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downloadEste texto figura como archivo en este blog (https://pedsocial.files.wordpress.com/2012/09/los-nic3b1os-con-riesgo-social-texto-completo.pdf)

Pensamos que reproducirlo como una entrada más puede simplificar el acceso. Escrito en 2012, mantiene su vigencia. Toma unos 10 minutos leerlo. Estudiarlo un poco más.

XA.

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2 mayo 2020 at 9:13

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Les enfants de la Creuse – Una historia vergonzante del estado francés

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Les enfants de la Creuse figuran en la Wikipedia en inglés como una breve nota. En francés la referencia es más amplia y contempla el affaire en su extensión , desde la primera intervención hasta las más recientes referencias.

A pesar de la proximidad geográfica y mi ocupación en temas que afectan a los derechos de los niños hasta esta tarde no tenía ni noticia de los acontecimientos que determinaron el abuso y maltrato de dos millares de niños por parte del moderno estado francés. Pero no en el siglo XIX u otra época remota, sino ya avanzada la segunda mitad del siglo XX y con consecuencias que llegan hasta la actualidad.

Estaba disfrutando de una larga y aburrida tarde dominical delante de la televisión, cuando tras un desordenado “zapping” nos detuvimos en un telefilm francés “Una mentira olvidada” de formato policiaco, en el que una brava inspectora intenta desentrañar la muerte y sospechado asesinato de una joven de origen africano en una pequeña población de la región de la Nouvelle-Aquitaine, en el centro de Francia. Llama la atención que tanto la inspectora como la víctima resultan ser descendientes de un contingente de niños originarios de la isla de Reunión, en el sur del Océano Índico, traídos a Francia en los años 60 del siglo XX. Ignorante del hecho y estimulada mi curiosidad, os ofrezco el resultado de una breve excursión por la Internet.

En una insólita y desafortunada decisión, el gobierno francés preocupado por la despoblación de ciertas áreas rurales de Francia por el éxodo hacia las grandes ciudades, decidió que una solución podría ser llevar allí personas jóvenes, básicamente niños, que se enraizaran allí. La idea era que se tratase de niños huérfanos o abandonados y dejarlos en custodia de familias sin descendencia. A ello añadieron la perversidad de que fuesen niños sin lazos sociales que, al crecer no se marchasen de donde les habían llevado. Y como perversidad añadida, de características raciales que no les hiciesen fácil desplazarse. En resumen: niños negros. El promotor fue el por entonces diputado y representante en la Asamblea Nacional por la isla de Reunión, Michel Debré, hasta hacía poco, Primer Ministro de la V República.

De 1963 a 1982, 2.150 niños de la isla de Runión, “abandonados o no” y registrados por la fuerza por las autoridades francesas en la Dirección Departamental de Salud y Asuntos Sociales, fueron desplazados por las autoridades para repoblar a los departamentos metropolitanos víctimas del éxodo de las zonas rurales como la Creuse, Tarn, Gers, Lozère, y los Pirineos-Orientales. Los niños desplazados fueron declarados “custodiados estatales”, es decir que sus padres ya no tenían ningún derecho sobre ellos. Una minoría de estos niños eran huérfanos. Cientos de padres analfabetos firmaron informes de abandono que no podían descifrar, y que nunca volvieron a ver a sus hijos.

El destino de los niños fue variado. Algunos fueron adoptados, otros se quedaron en las casas que les acogieron o sirvieron como mano de obra gratuita en las granjas, quienes los campesinos de todo el Creuse luego los usaron como “buenos para todo” o ” trabajadores sin salarios “. El historiador Ivan Jablonka habla de casos de “esclavitud” o situaciones de maltrato en las familias adoptivas. La mayoría de estos niños “quedaron marcados de por vida”.

Todo un desastre.

Mi particular ajuste de cuentas con el pasado me lleva a comentar la figura de Michel Debré o, mejor, en relación con su padre, Robert Debré. Robert Debré (1882-1978) ha sido considerado como el padre de la pediatría francesa moderna. Cuando me aproximé al mundo de la Pediatría académica, a mediados de los años sesenta del siglo XX, los pomposos jerifaltes de la Pediatría española, hablaban y no paraban del profesor Debré. Hay que recordar que el mundo académico español durante los negros años del franquismo era notablemente francófilo. A pesar del odio sarraceno contra Francia y los franceses, antiguo, enraizado en mil conflictos desde Roncesvalles hasta las guerras napoleónicas, el mundo ilustrado español mantenía un cierto papanatismo respetuoso hacia lo francés. La lengua francesa era la mayoritaria como lengua extranjera en institutos y universidades. La proximidad como lengua romance probablemente facilitaba la comprensión lectora, aunque luego fueran muy pocos los que”fablaran gabacho“.(Ver el post: Lenguas y lenguajes). Algunos de los eminentes pediatras españoles de la época estudiaron con el Profesor Debré, mientras otros se limitaron a citarlo como si fuera el oráculo de Delfos. Por muy respetable que fuera, y a la vista de los que se declaraban sus discípulos o seguidores, a mi la Pediatría de síndromes y sindromitos y la persistente manía de los empingorotados catedráticos de llenar las actas de los congresos con comunicacions sobre niños con malformaciones raras o monstruitos diversos, dejó de interesarme en seguida. Me parecía que el único propósito de los catedráticos de Pediatría españoles era descubrir un nuevo caso nunca antes descrito, al que poder asignar su nombre y con ello pasar a la historia de la Pediatría académica. Era como si la sabiduría pediátrica consistiese en recordar la onomástica nosológica, si era posible con tres o cuatro nombres (Marchand-Waterhouse-Frederiksen, Legg-Calvé-Perthes, etc.) en vez de llamar las cosas por su nomenclatura biológica (Sepsis meningocócica, displasia de cadera, p. ej.), manteniendo un arcano reservado a los doctos. Mamonadas de ignorantes.

Mi respeto por el profesor Debré, o mi distante respeto, si acaso, se ve ahora confirmado cuando no supo enseñarle a su hijo, tan listo, tan Primer Ministro y tan poderoso él, que hay cosas que no deben hacerse con los niños. Y una de ellas es separarlos de sus padres y deportarlos a nueve mil kilómetros de distancia por un delirio demográfico.

Michel Debré, meapilas irredento a pesar de descender de unos respetables rabinos judíos de la Alsacia, merece pasar a la historia de los execrables violadores de los derechos de los niños.

X. Allué (Editor)

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3 febrero 2020 at 22:30

Segunda etapa- Pedsocial-2

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Hoy es un día capicua: 02022020, o 02 de febrero de 2020

Después de un mes sin publicar nada veo que el número de seguidores apenas ha disminuido ( de hecho un centenar más que en diciembre).

Quizá reemprenda la publicación de notas de Pediatría social, al menos de vez en cuando.

Salud!

X. Allué (Editor)

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2 febrero 2020 at 12:00

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Mil – 1000

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El blog de Pediatría Social cumple con esta 1000 post o entradas. Más o menos once años ininterrumpidos de aportaciones al mundo de la asistencia y la protección de los derechos de los niños. Y de sus familias.

Los textos son todos originales y escritos prácticamente el día de su publicación, como un par de veces por semana. Con este número redondo del millar hemos creído oportuno dar fin a esta tarea.

La historia del blog arranca de una propuesta en el seno de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Pediatría, que se aprobó más tarde en la Asamblea general en el 2006. La idea general era que el blog, justo cuando este formato de publicación comenzaba a hacerse popular, sirviese para que los socios de la SEPS tuviesen una plataforma donde publicar aportaciones u opiniones libremente. Hubieron de pasar unos meses antes de que la idea cuajase y por en medio ciertas discrepancias en la Junta Directiva y una reñidas elecciones que no dejaron a nadie contento. Cuando el blog se puso en marcha, en febrero de 2009, ya era evidente que los blogs colectivos no tenían futuro, dejando paso a otros formatos de las redes sociales, y que la mayoría acababan siendo unipersonales. Aceptado el reto, la publicación fue alcanzando un ritmo de crucero que la han llevado hasta hoy. La popularidad del blog ha tenido vaivenes diferentes. Aunque la difusión ha ido disminuyendo con el paso del tiempo, las estadísticas siempre nos han parecido suficientes como para continuar el esfuerzo.

La actitud desgraciada de la Junta Directiva de la SEPS en un momento concreto (otoño de 2017) nos llevó a desvincularnos de la sociedad. Al parecer el conflicto entre Catalunya y España justifica cualquier represión contra los que vivimos y trabajamos en Catalunya. Allá ellos. No les vamos a dedicar nada más que el desprecio.

WordPress, la plataforma en la que publicamos, nos asegura que el blog continuará presente en la red de forma indefinida. Mientras tanto estamos considerando hacer una publicación en papel de una parte del contenido porque aún consideramos que los libros continuarán formando parte del mundo de la comunicación académica.

Puedo asegurar que la edición de este blog ha sido una tarea altamente satisfactoria y que he disfrutado cada post. Si, además, ha podido ser útil para la salud de los niños, nada podría habernos causado más satisfacción.

X. Allué (Editor)

 

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30 diciembre 2019 at 9:28

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Felices fiestas, Merry Christmas, Happy Hanukkah, Bones Festes…

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Que las fiestas de invierno os sean propicias.

 

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20 diciembre 2019 at 8:48

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Faltan pediatras, ¿o no? Lo que faltan son psiquiatras infantiles

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Personalmente estoy convencido de que no faltan pediatras. Hay otras formas de resolver la desproporción entre la demanda y el número de profesionales y eso, como ya he dicho, merece otro espacio de discusión. En cambio estoy muy convencido de que nuestra red de asistencia a la salud mental es muy deficiente. Puesto a echar de menos profesionales, a mi lo que me parece que faltan son psiquiatras.

Especialmente psiquiatras infantiles.

La atención a la salud mental en el estado siempre ha estado la proverbial hermanita pobre del sistema. La cuestión viene de muy atrás porque los trastornos mentales crean desazón en las gentes y, en consecuencia, en los poderes. El loco siempre es un marginado, un estigmatizado que “no cuenta” en las cábalas del estado. Porque no quede por no dicho, la todopoderosa Iglesia católica de siempre ha obviado la existencia de enfermos mentales. De alguna forma, escapan del control de sus almas que, al menos teóricamente, es la ocupación de los clérigos. De la antigüedad se les sitúa en las proximidades del mal, poseídos por fuerzas demoníacas, al margen de la humanidad de los hijos de Dios. La aparición de las modernas teorías sobre la patología mental hace más o menos 150 años tuvo también un mal recibimiento por las autoridades eclesiásticas. Pero esa realidad histórica no justifica que la racionalidad creciente en esos mencionados ciento cincuenta años no haya conseguido normalizar la asistencia a las enfermedades mentales en el contexto de la asistencia sanitaria occidental. Todavía quedan muchos puntos oscuros y muchas aristas que limar. El avance que supuso la desinstitucionalización de los enfermos mentales, su liberación de prisiones manicomiales, no se acompañó del desarrollo de recursos suficientes y eficaces en régimen abierto. La formación de profesionales, médicos y auxiliares, continuó siendo escasa en número y calidad. Los progresos en la farmacología apenas ha comenzado a tener efectos significativos en las últimas dos décadas.

En el ámbito de la salud mental infantil el progreso ha sido aún más pobre. Una parte se debe, al menos en este país, en la abstrusa interferencia administrativa en el reconocimiento de la especialidad de Psiquiatría infantil, separada de la psiquiatría del adulto. Los intereses corporativos han prevalecido por encima de una realidad tanto científica como social, a una gran distancia de lo que ocurre en todos los países de Europa, en desprecio de evidencias y normativas. Que la base de algunos trastornos mentales sea orgánica, a menudo hace inseparable de Psiquiatría infantil de la Neuropediatría, pero esa especialidad también tiene limitaciones del número de profesionales, básicamente todos hospitalarios. El recurso a otras profesiones aliadas como la Psicología y o la Pedagogía y la implicación de esos profesionales en la atención a los problemas en el ámbito escolar no cubre todo el ámbito de la salud mental infantil.

No se si es preciso recordar que un niño de cada cinco puede padecer problemas mentales en algún momento de su vida de desarrollo. Y que una buena parte de la patología mental del adulto está enraizada en la infancia.

Sirva esto de una llamada más a la atención de todos sobre unas deficiencias que, a estas alturas del siglo XXI del que ya hemos cubierto una quinta parte, deberían tener mejor futuro.

X. Allué (Editor)

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16 diciembre 2019 at 7:47

Padres o madres que darían positivo en alcohol o drogas

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Las policías de casi todo el mundo instalan controles de alcoholemia en las carreteras en prevención de accidentes de tránsito. En el caso de accidentes u otras incidencias es habitual someter a los conductores a controles de alcohol y otros tóxicos. Desde hace tiempo, conducir bajo los efectos de sustancias psicotrópicas ha dejado de ser un atenuante a convertirse en una agravante de cualquier conducta.

Un editorial de la revista Lancet ( https://doi.org/10.1016/S0140-6736(19)33050-8) nos llama la atención a los riesgos que acompañan a la crianza de niños por parte de personas bajo la influencia de psicotrópicos de diversos tipos. Mientras que estamos muy decididos a impedir que alguien que haya consumido alcohol u otros tóxicos pueda operar con vehículos a motor, tenemos poco que decir de dejar la crianza de niños en manos de tales personas. 

Es cierto que en casos flagrantes, cuando se comprueban las toxicomanías mantenidas y se detectan sus efectos sobre los hijos, previa denuncia suelen intervenir las agencias de protección a la infancia o las instancias judiciales. Pero se puede afirmar que eso es actuar después del desastre y en casos flagrantes que necesariamente representan la proverbial “punta de iceberg”. La pregunta es qué hacemos con el resto y si seríamos capaces de arbitrar formulas preventivas de alguna eficacia.

No me imagino hacer controles esporádicos de alcoholemia de los padres en la puerta de las escuelas. O emplear perros detectores de drogas, como se hace con las maletas en los aeropuertos, olfateando los bolsos de las mamás en la guardería. Pero…

(Evidentemente que antes habría quizá que establecer esos controles a la entrada del Congreso de los Diputados, en cuya cafetería se dispensan bebidas alcohólicas a bajo precio.)

 

 

Nuestro libro de Pediatría psicosocial, actualmente agotado, incluye un breve capítulo sobre toxicomanías parentales:

63. TOXICOMANIAS DE LOS PADRES

La adicción a tóxicos diversos es un condicionante del desarrollo psicosocial de los niños. Los efectos de los tóxicos pueden afectar a los niños de manera directa, también por transmisión vertical de la madre embarazada y como factores de distorsión de las conductas de los padres.

Las toxicomanías se asocian a otros problemas como pueden ser las enfermedades mentales, la delincuencia, la marginación, la desestructuración familiar, los malos tratos y abusos sexuales, la negligencia, el abandono, la pobreza o la corrupción que pueden afectar al niño directa o indirectamente.

Además las toxicomanías pueden ser el vehículo de enfermedades transmisibles como las infecciones por VIH, las hepatitis B y C y otras que se sumarán a los otros efectos relativos.

Tabla 1. Efectos de las toxicomanías de los padres sobre los hijos

Efectos inmediatos

Adicción fetal, “crack babies”

Malformaciones, S. alcohol-fetal

Síndrome de abstinencia neonatal

Enfermedades infecciosas de transmisión vertical

Síndrome de la muerte súbita

Inducción a la adicción a drogas

Efectos por la conducta de los padres

Abandono, negligencia

Malos tratos, abusos sexuales

Marginación

Delincuencia, prostitución

Corrupción, inducción al tráfico

Desestructuración familiar

Orfandad por muerte materna precoz

Los efectos pueden diferir según el tipo de tóxico y el momento en que la adicción repercute sobre el niño.

Las toxicomanías durante el embarazo son responsables de síndromes malformativos y afectaciones serias del SNC como las que acompañan la adicción al alcohol, caracterizando el síndrome de alcohol fetal o los devastadores efectos de la adicción a la pasta de cocaína (”crack”) que causa una encefalopatía grave en los hijos de madres adictas. Otros tóxicos determinan síndromes adictivos fetales que después del nacimiento se van a manifestar como síndromes de abstinencia, de los que el más conocido es el síndrome de abstinencia a los opiáceos. El tabaquismo durante el embarazo se asocia a retraso del crecimiento intrauterino.

El consumo de drogas por vía endovenosa es el principal medio de contagio de enfermedades infecciosas que pueden trasmitirse después por vía vertical de la mujer embarazada al feto. La inmensa mayoría de los casos del Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida en la infancia son secundarios a transmisión vertical del VIH. Algo similar puede decirse de la hepatitis C, a menudo concomitante con la infección por VIH. El SIDA y la hepatitis B pueden también haberse contraído por otras vías, comúnmente por contacto sexual.

Los hijos de madres drogadictas tienen diez veces más probabilidades de quedarse huérfanos y/o morir antes de los 5 años que la población normal.

En edades posteriores los efectos están relacionados con el hecho de que todas las drogas son modificadoras de la conducta de los adictos y estos cambios conductuales condicionan la relación de los padres con el niño y su desarrollo psicosocial.

El alcohol es un conocido inductor a la violencia y responsable de la mayor parte de los casos de violencia familiar asociada a toxicomanías. El alcoholismo materno se asocia a desestructuración familiar, prostitución, abandonos, negligencia y malos tratos. Los hijos de padres alcohólicos se inician en el consumo de alcohol en edades más tempranas y tienen muchas más probabilidades (hasta cinco veces más) de convertirse en alcohólicos que el resto de la población.

La adicción a las drogas ilegales además de los efectos directos y las modificaciones de conductas determinantes de menor atención al cuidado de los hijos, violencia familiar y otros abusos, contiene toda la subcultura del tráfico, prácticamente inseparable del consumo, con sus secuelas de delincuencia, crimen, marginación, encarcelamiento, pobreza y accidentabilidad.

La prevalencia actual de las toxicomanías obliga a considerarlas como factor contribuyente en todas las circunstancias que se planteen de problemas psicosociales en la infancia.

Diagnóstico.

La anamnesis de todo paciente pediátrico debe incluir una encuesta sobre los hábitos familiares en relación con el uso de tóxicos. Las preguntas deben hacerse sin implicaciones condenatorias ni inquisitoriales y es conveniente introducir el tema de más de una manera, puesto que en la mayoría de las situaciones el problema se oculta o se niega.

Los casos evidentes permiten comentar los detalles y características de la adicción con el padre o madre adicto para conocer la amplitud del problema. Cuando únicamente se pueda tener una sospecha, se debe conducir el diálogo hacia cuestiones relativas a los horarios de la familia, las fuentes de ingreso, las actividades de ocio y las soluciones que aplican a las situaciones de crisis o los conflictos para poder evidenciar el recurso a fármacos, drogas o alcohol.

Cuando se haya conseguido información sobre el uso de tóxicos se debe inquirir sobre dosis, frecuencia de consumo, forma de uso y métodos empleados para mantener la adición que puedan ponernos sobre pautas de conducta.

La detección de síntomas relacionados con los efectos del consumo de tóxicos en el niño debe llevar a una precisión sobre la forma que haya podido originar la exposición.

Tratamiento.

El facultativo enfrentado con los problemas de adicción a tóxicos de los padres de un niño traído a su consulta adquiere la responsabilidad sobre el manejo de los problemas tanto del progenitor adicto como del niño. Como quiera que la protección del niño y la prevención de los efectos de los tóxicos y lo que condiciona en el entorno es capital, se debe plantear con firmeza que el niño debe ser preservado de esa situación. Ello puede precisar la denuncia a las autoridades de protección a la infancia y eventualmente la propuesta de custodia y retirada de la patria potestad.

Sin embargo no puede olvidar que el progenitor adicto es también un enfermo que necesita atención. El manejo de drogadictos es un problema complejo que requiere la participación de diferentes agencias y recursos y a menudo tropieza con la actitud del adicto y el entorno de tráfico y delincuencia que le acompaña.

La aproximación al problema debe estar en lo posible exenta de actitudes moralistas o culpabilizadoras, procurando entender los mecanismos que han llevado al adicto a su situación. La referencia a un servicio de salud mental especializado en problemas de adición las drogas es lo mínimo a plantear.

El tratamiento de los efectos específicos de las drogas sobre el niño puede requerir la participación de especialistas diversos según sus carácterísticas: en el período neonatal neonatólogos expertos y más tarde neuropediatras para evaluar los efectos sobre el neurodesarrollo, psiquiatras infantiles y rehabiltadores

La función del pediatra o del médico de familia debe ser coordinar las actuaciones y mantener una comunicación continuada con la familia ofreciendo consejo y apoyo.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

14 diciembre 2019 at 10:05