Pediatría social

Blog de la Sociedad Española de Pediatría Social

Archive for marzo 2013

Tween = between 9 and 13… Una edad intermedia

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obamafamilypeople“Tween” es un término inglés inventado y de difícil traducción en una sola palabra al español y que, como muchos otros términos anglosajones, está ahí para quedarse.

Se refiere a la población infantil en edades comprendidas entre, más o menos, los 9 y los 13 años. La palabra es un acrónimo de “entre” (between) y adolescente (teenager) en esa edad que numéricamente incorpora en inglés el sufijo “teen”, de trece a diecinueve, que coincide con la adolescencia. Su origen se data hacia 1954, incorporada por JRR Tolkien al lenguaje fantástico de su literatura y repescada por demógrafos y sociólogos a finales de los años noventa del siglo pasado.

Cualquiera que ande alrededor de niños, pediatra, educador o padre, puede percibir que hay un cierto salto en conductas y actividades a partir del tercer curso de la enseñanza básica. Coincide en alguna forma con lo que antaño se conocía como “el uso de razón” que en el mundo confesional católico daba acceso a la Primera Comunión. Para cuando la lectoescritura está asumida y completa y la capacidad de raciocinio establecida.

Se dice en una rima algo sosa inglesa: too old for toys and too young for boys para las chicas. O sea, mayor para juguetes pero demasiado joven para andar con chicos.

Cita textualLos preadolescentes comienzan a desarrollar su propio sentido de sí mismo y buscar información de los padres, medios de comunicación y los compañeros que les ayudarán a definirse a sí mismos más. Están empezando a identificar sus propios intereses y se expresan a través de sus actividades y los primeros intereses de adulto comienzan a emerger, como practicar deportes, tocar instrumentos musicales, cocinar, coser, el uso de computadoras, etc.  Muchas escuelas y otras organizaciones animar a los tweens a empezar unirse deportivas, clubes, bandas, orquestas y actividades religiosas.

La presencia de dos preadolescentes en la Casa Blanca ha estimulado la preocupación por este segmento de edad en los medios norteamericanos. Aunque, todo hay que decirlo, no sólo por motivos educacionales o del desarrollo, sino por su capacidad como consumidores y población diana específica de los mercados.

En todo caso, el interés por los preadolescentes y sus peculiaridades es merecedor de atención y estudio como grupo separado y con problemas específicos. Que los definamos así, como preadolescentes o con un acrónimo más corto como “tween” es una conveniencia.

X. Allué (Editor)

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26 marzo 2013 at 7:20

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Infancia y justicia. Una cuestión de derechos

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Niños ante la justiciaPues no se si traspapelado o simplemente me he olvidado y aún a riesgo de repetirnos nos referimos al excelente informe de Save The Children-España que lleva el título de ésta entrada de blog: Infancia y Justicia. Una cuestión de derechos cuya versión en .pdf enlazamos. Casi 160 páginas en las que Virginia Rodríguez, Yolanda Román y Almudena Escorial nos acercan a la constelación de los derechos o el Derecho aplicado a la infancia en España. Merece una lectura detenida y es una pieza esencial para cualquiera que se esté responsabilizando de la atención a los niños desde el ámbito asistencial sanitario, el educativo o los servicios sociales, además de las fuerzas del orden público y la judicatura. Y ello sin descuidar el ANEXO que contiene las DIRECTRICES DEL CONSEJO DE EUROPA SOBRE JUSTICIA ADAPTADA A LOS NIÑOS.

No resumimos nada porque merece toda la atención.

X. Allué (Editor)

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21 marzo 2013 at 6:13

Siria, otra vez

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Syria by STCOtra vez porque de nuevo desde este blog nos hacemos eco de la tragedia que están padeciendo los niños en la actual guerra de Siria. No es que nos falten problemas más cercanos, con una recesión económica (“La crisis!”) en este país que afecta de forma muy directa a los niños. La economía que extiende la pobreza incide además en los recortes de los servicios asistenciales, los sanitarios y las escuelas, con lo que los niños españoles son víctimas directas e indirectas.

Pero la tremenda situación bélica del estado de Siria va alcanzando niveles de genocidio. La prensa nacional lo recoge estos días pasados (El País 15 Marzo ) y la organización Save The Children le pone números e imágenes al promover una manifestación nocturna en varias ciudades alrededor del mundo. Son dos millones de niños que están perdiendo la vida y, si sobreviven, su infancia en un país roto por la guerra civil.

La participación de otras potencias en el conflicto que pudiesen poner fin al derramamiento de sangre está impedido por complejas relaciones geopolíticas que solo tienen en común la falta de vergüenza: los países árabes ricos de la zona, los países de religión musulmana fronterizos como Turquía y Líbano, Israel, la Federación Rusa, la Unión Europea y los Estados Unidos de América, todos y cada uno, por razones diversas e interesadas razones de estado, están dejando que el problema se pudra.

El estado tiránico encabezado por Basher-el-Asad todavía tiene recursos para continuar el conflicto bastante tiempo y ello a costa de masacrar a la población. Mantiene todavía medios aéreos de combate y artilleria de grueso calibre. Su alternativa, los llamados  insurgentes opuestos a el-Asad, andan divididos en facciones politico-religiosas. Por ahora ha conseguido ayudas económicas diversas, pero las armas las tienen que adquirir en el maldito mercado negro de la muerte, que no da acceso a medios antiaéreos eficaces.

Mientras los niños mueren bajo los escombros, los más afortunados marchan a un exilio incierto o, peor, son reclutados como soldados. En la milicia los niños pierden la vida unos y la infancia los demás.

A los que esto lean, les pedimos que se dirijan a sus gobernantes y les insten a que participen en poner un final a las masacres de niños en Siria.

X. Allué (Editor)

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18 marzo 2013 at 9:49

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Corrupción en el ojo ajeno y la viga en el propio

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tarugoQue la corrupción se haya convertido en la segunda preocupación de los ciudadanos de este país, después del desempleo que origina la actual crisis económica es una desgracia social. Y como tal nos afecta a todos. A los profesionales también. La corrupción, el uso ilegal de recursos económicos con fines lucrativos fuera y por encima–o por debajo–de la actividad normal de unos y otros es posible que haya existido siempre. Al menos hay referencias desde hace siglos en el Antiguo Egipto o en la Grecia clásica. En la Grecia moderna se ha apuntado como una de las causas de la tremenda situación que atraviesa el país más destrozado por la crisis económica actual. Pero ese es el consuelo de los tontos: mal de muchos, epidemia. O, en este caso, endemia.

Hace unos meses y al considerar los problemas que se desarrollaban alrededor de las medidas para intentar controlar el disparado coste de los medicamentos y su repercusión social, anuncié que haría una referencia a una de las corruptelas que se han sucedido en la prescripción de fármacos. Una execrable práctica que espero y deseo que haya desaparecido, era lo que se conocía como “tarugo”. Profesionales de dudosa reputación entregaban a representantes de las empresas farmacéuticas de igualmente más que dudosa reputación, el taco de papeles grapados que constituyen la matriz o “tarugo” de los talonario de recetas de la Seguridad Social. Supuestamente a efectos estadísticos para que el representante pudiese justificar qué profesional recetaba qué, pero e indudablemente, a cambio de contraprestaciones diversas.

Para nuestro lectores de otras latitudes, recordamos que los medicamentos incluidos en un petitorio publicado por el estado español, eran de dispensación subvencionada en un tanto por ciento variable en general y de forma completamente gratuita para los pensionistas. Esta situación administrativa se origina en los años de la dictadura franquista como una medida populista en unos tiempos en los que coincidieron la tremenda pobreza que aquejaba a un pais destrozado social y economicamente por la Guerra civil, con la creciente eficacia objetiva de los fármacos, notablemente los antibióticos. En muchísimas ocasiones, la población acudía a la consulta de los médicos única y exclusivamente para obtener una receta de medicamentos.

A principios de los años 70 del pasado siglo, las farmacias españolas podían dispensar más de 16.000 específicos, de los que dos terceras partes estaban subvencionados. El consumo de medicamentos en España superaba con mucho el de cualquier otro país de nuestro entorno más próximo, tanto en términos absolutos como proporcionales a la población a asistir. Además, las diferencias en los porcentajes de subvención de los fármacos llevaba a utilizar las recetas de pensionistas cuando quien iba a necesitar y, eventualmente, emplear el medicamento era otra persona.

Todo este entramado beneficiaba a la industria farmacéutica, a sus representantes, a los farmacéuticos, posiblemente a la población que obtenía bienes a cambio de nada, a goberanantes populistas que contaban con una agradecimiento tácito de esa población y todo ello, con la connivencia de los médicos prescriptores. No es difícil entender que algunos de ellos participasen directamente de alguna parte de los beneficios.

La vigilancia de estos posibles abusos estaba encomendada a los servicios de Inspección de la Seguridad Social, notorios por su habitual ineficacia y que, al menos en algunos casos que incluso en una época de escasa libertad de prensa y disfunción judicial que llegaron a denunciarse, participaron también en la cadena de corrupción. Y la otra vigilancia que pudieran ejercer los colegios profesionales, de Médicos y de Farmacéuticos, sólo se produjo en ocasiones de denuncia por facultativos enfrentados por razones personales, políticas o sociales.

Se podría argumentar que la profusión del empleo de fármacos hubiese podido contribuir a la realmente envidiable situación de la salud de los españoles. Con cifras de mortalidad infantil  y las tasas de longevidad o expectativa de vida entre los cuatro o cinco mejores países del mundo, y la percepción por parte de la población de que nuestro sistema es muy apreciado, es posible que algo que ha formado parte de nuestro histórico tenga algo que ver. Lamentablemente la tasas de resistencia a los antibióticos de la flora bacteria considerada “autóctona” más bien desmentirían esa argumentación, entre otras cosas.

Realmente ha sido a partir de los años 80 y, especialmente, desde la promulgación de la Ley general de Sanidad y la puesta en marcha de los programas de control de especialidades farmacéuticas PROSEREME, que se ha reducido primero la lista de fármacos autorizados y después los subvencionados. Y más recientemente, en los últimos dos años, con la introducción de medidas económicos supuestamente disuasorias, el consumo de fármacos se ha reducido considerablemente.

Con todo ello el fenómeno del “tarugo” ha pasado a la historia y de ello todos podemos alegrarnos. Pero no dejar de recordarlo aquí para dejar claro que en esto de la corrupción hay grandes culpables pero y simplemente, tampoco hay inocentes.

X. Allué (Editor)

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11 marzo 2013 at 9:44

Día Internacional de la Mujer, otra vez

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defaultDe nuevo, y como cada año, el 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer. El año 2011 lo titulamos Dia Internacional de la Mujer… Muerta ante la tremenda tragedia de mujeres muertas en general en el mundo. El titular tuvo un cierto éxito por el que recibimos unas dos mil visitas. Pero al citarlo de nuevo en 2012 llegamos a recibir 36.000 visitas en un solo día!!

Queremos creer que, y lamentablemente, parte del interés lo creó la epidemia de asesinatos sexistas que afecta este país y, a la vez, una cierta truculencia que el titular puede provocar en los buscadores.

Sea lo que sea, que desde aquí podamos contribuir un poquito a sensibilizar a todos de la urgente necesidad de trabajar para reducir las lacras que ocasionan una mortalidad femenina inaceptable.

Y ello desde la idea de que la muerte de mujeres produce una de las peores tragedias que puede padecer un niño, como es la orfandad. No más niños sin madre!

X. Allué (Editor)

(PS. Con las salvedades idiomáticas que el empleo del término madre puedan originar en nuestros lectores americanos)

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7 marzo 2013 at 12:16

…enterrar a los muertos

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urlFue el Marqués de Pombal, gobernante a la sazón en Portugal, al que preguntaban qué hacer cuando el terremoto de Lisboa de 1755, quien dijo: “Pues enterrar a los muertos y dar de comer a los vivos…”

Enterrar a los muertos es un compromiso que, al parecer, los humanos hemos contraído dede hace más de medio millón de años. Así se datan los hallazgos de la Sima de los Muertos de la excavación prehistórica de la sierra de Atapuerca. Y testimonio de ese compromiso son las pirámides de Egipto, el Taj Mahal o el mausoleo de los Inválidos de París. Aunque, y realmente, la inmensa mayoría de los que nos han precedido han pasado, una vez muertos, a integrarse en la tierra de la que hemos salido de formas mucho menos monumentales, enterramientos o incineraciones.

En nuestra proximidad, el trámite de disponer de los restos mortales de la gente ha encontrado fórmulas diversas pero que, en todos los casos resultan significativamente onerosas. Morirse es bastante caro. Y digo bastante porque el coste de un entierro en mi entorno próximo equivale a el salario medio de tres meses: 3.000 euros. La incineración es algo menos cara: 2.050€. Tasa completa mínima y sin posibilidad de negociar. Igual para todos. También los niños. Si se desean otras ceremonias, funerales, ataúdes diferentes, etc. todo eso se paga aparte.

Esta es una apreciación personal, pues es evidente que quienes controlan las funerarias, han llegado a acordar esas tarifas por su cuenta y, al ser los servicios funerarios una actividad de carácter monopolista en cada ayuntamiento, sin que exista una competencia que pueda matizar los precios. En medio de la actual situación (la crisis !) económica el coste que acompaña la muerte resulta evidentemente oneroso.

La única alternativa es obtener un certificado de beneficencia con lo que las exequias resultan gratuitas pero que, mientras que dan derecho a la inhumación, ésta se hace sin que quede constancia de la identidad del cadáver en un lugar concreto. Es lo que se conoce como “fosa común”. Me ha llamado la atención que cuando haces alguna consulta sobre estas materias, los que te atienden cuando mencionan la fosa común inclinan la cabeza, bajan el tono de la voz confiriéndole tonalidades tenebrosas como si fuese el horror de los horrores. ¿Será que la idea de compartir el lugar con desconocidos durante toda la eternidad, incluso entremezclando los huesos en una macabra intimidad promiscua, resulta impensable?

Son bien conocidos los seguros de entierro desde el siglo XIX, anteriores incluso a los sistemas de seguridad social, pensiones o asistencia médica. Y la voluntad mil veces expresada de ser enterrado en “tierra sagrada” y no como un perro o un infiel.

Sin extendernos más, queremos entender que los entierros, la disposición de los cadáveres de quienes fallecen representan un problema social. Y económico.

Los que se encargan de la salud de los niños y por ello pueden, afortunadamente de manera bastante ocasional, tener que enfrentarse con la muerte de un paciente y con la situación que se produce, deben informarse debidamente de los recursos funerarios existentes en su comunidad, para poder ofrecer a la familia información adecuda para que puedan tomar decisiones y con ello intentar evitar que a la natural tragedia de que un niño se muera, se añada un problema social.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

4 marzo 2013 at 22:41

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