Pediatria social-Social Pediatrics

Blog de Pediatria Social

Archive for diciembre 2018

Falten metges…

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Aquests mesos passats hem vist com els metges han sortit al carrer, han convocat una vaga a la qual hem donat suport des d’aquest blog. Els motius han estat les condicions de treball i la desorganització assistencial. Al fons de la qüestió està el minvant nombre de facultatius i la previsió de jubilacions que encara ho farà més precari.

Més abans queda la peculiar i antiquada carrera de medicina i la insuportable gestió de l’accés a la formació especialitzada, que no farà possible la incorporació de nous metges al sistema.

Tot plegat una situació complexa, antiga, mal girada per la inoperància de successius governs de l’estat i els seus ministeris de salut i de Formació universitària que, des d’aquí i ara, no volem entrar-hi per no avorrir als lectors amb un relat de desgràcies.

Sí que tenim opinió sobre el fet concret que falten metges. No és cert. El nombre facultatius per població roman a uns nivells comparables o superiors als països del nostre entorn. Una altra cosa és la seva distribució i organització. Realment, i només mirant els números, del que resultem mancats és concretament de psiquiatres i, pel que a nosaltres afecta, especialment psiquiatres infantils.

A l’àmbit general, el que realment falten al món sanitari són infermers i treballadors socials sanitaris. Aquí la comparança amb els sistemes d’altres països europeus ens deixa realment enrederits.

Tota una temàtica a afrontar d’una manera global, si és que us ve de gust.

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

29 diciembre 2018 at 10:09

La salud social

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Esta semana concluye nuestra participación en las actividades del Master de Trabajo Social Sanitario que en UOC (Universitat Oberta de Catalunya) organiza Dolors Colom, apóstol del Trabajo Social en el ámbito de la asistencia sanitaria. Como en años anteriores ha sido una experiencia enriquecedora participar en los intercambios con los alumnos, siempre estimulantes. Y al mismo tiempo comprobar cómo va creciendo el interés profesional para dar cobertura a lo que es la tercera pata de la salud: la salud social.

Hace un año publicábamos aquí precisamente un post con ese título: La tercera pata de la salud. Reproducimos (lo que republicábamos del ) aquí ese texto. Que todo está dicho, pero hay que repetirlo porque la gente se olvida.

Ya son casi setenta años de la definición de salud acordada por la Organización Mundial de la Salud en su constitución. Se definió la salud como el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Además se definió que la salud es un derecho humano fundamental.

El mundo ha dado muchas vueltas, somos el triple de gente que entonces y, en general, la salud ha mejorado para casi todos.

Los esfuerzos, sin embargo, no se han ido desarrollando de forma homogénea. El progreso de las ciencias biomédicas ha aportado enormes avances de la medicina que, aplicados a la salud, han salvado millones de vidas, curado incontables enfermedades y evitado o prevenido muchos millones más. La medicina de los últimos cincuenta años ha estado caracterizada por su eficacia. Por primera vez en la historia los médicos han visto recompensados sus esfuerzos con la curación y resolución de múltiples problemas de salud, después de siglos de dedicarse a contemplar la evolución de sus enfermos sin nada que ofrecer más allá de apoyo y consuelo. Nuevos métodos diagnóstico por la imagen o análisis bioquímicos han permitido precisar diagnósticos con exactitud. Antibióticos, cirugía resolutiva, hormonas que reponen las deficientes, anestesia, vitaminas, agentes quimioterápicos… ofrecen soluciones eficaces a lo que antes fue incurable.

A ello se suma la ingente labor realizada por los profesionales de los cuidados, enfermeras y técnicos, cada vez más competentes y dispuestos.

La salud mental también ha recibido atención y se ha beneficiado de los avances de la bioquímica y la farmacología. Y de una percepción más realista y humana de los trastornos mentales, antes sólo sometidos a la reclusión manicomial.

Sin embargo, tanto la salud física como la mental, han visto fallar su eficacia cuando las condiciones, el entorno social, no ha acompañado las soluciones a las enfermedades. La pata social de la salud ha sido la que menos se ha beneficiado del progreso.

Hasta cierto punto, la medicina ha mantenido la tendencia de ocultar su ineficacia atribuyendo a condicionantes sociales sus fracasos o impotencias. Cuando no se dispone de un buen remedio, se afirma que se trata de un problema social. Los ejemplos son múltiples, pero uno reciente y flagrante fue la eclosión de la infección por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) al final de los años 70 del pasado siglo. Hasta que no se descubrió el agente causal se consideró un problema sociocultural o incluso étnico (las cuatro “haches”: heroinómanos, homosexuales, hemofílicos y haitianos). La enfermedad de Alzheimer o la obesidad son problemas sociales (¡).

No se puede negar que considerables avances sociales han contribuido a la salud y el bienestar de los ciudadanos de todo el mundo. El acceso a la vivienda digna, la sanitarización de las ciudades, las medidas de prevención de accidentes o la alimentación adecuada, han alcanzado a una parte cada vez más mayoritaria de la población mundial. En lo que se conoce como el primer mundo, Occidente, todos esos soportes a la salud de la población están prácticamente garantizados, aunque la recesión económica de los últimos pocos años lo haya puesto en crisis.

Es más bien en el manejo, diagnóstico y tratamiento de los aspectos sociales del enfermo donde se aprecian defectos, huecos, desfases, brechas que, de no salvarse, la atención a la salud se resiente.

Si se contempla la larguísima tradición, de siglos, de los profesionales de la medicina y la quizá formalmente no tan larga, pero indudablemente desarrollada ampliamente de los profesionales de la enfermería, la diferencia con profesionales auténticos y dedicados del trabajo social sanitario, no cabe duda que las diferencias de magnitudes son abismales. La proporción de profesionales de la salud en relación con profesionales del trabajo social sanitario dedicados a la atención sanitaria rara vez es de más de 1/250, aún en los países más desarrollados.

Desde aquí apostamos por ponerle remedio a esas diferencias desde el convencimiento de que es y será un factor determinante de la salud de las gentes en los años venideros. Esa es la razón de ser del Máster de Trabajo Social Sanitario que lleva a cabo la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).”

X. Allué (Editor)

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20 diciembre 2018 at 8:24

El paciente exigente, hipocondriaco e hiperfrecuentador…o su mamá

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“Algunas de sus peticiones son razonables, pero otras son cuestionables y podrían ser incluso dañinas”, escribía hace un año en JAMA Internal Medicine Anthony Jerant, director del Departamento de Medicina de Familia en la Universidad de California en Davis. Se refiere a la demanda de pruebas complementarias, analíticas, pruebas de imagen y demás, por parte de los pacientes. El argumento es que eso encarece y complica la asistencia y acaba yendo en contra de un ejercicio profesional adecuado.

Entendemos que el doctor Jerant es un profesional benévolo y bienintencionado. Y eso teniendo en cuenta que las pruebas complementarias en el sistema sanitario norteamericano las paga el paciente u, ocasionalmente, su compañía de seguros. En nuestro sistema, donde la responsabilidad “económica”, la del gasto, se diluye en la sanidad pagada por impuestos, se pierde el posible efecto disuasorio del coste.

En el ámbito de la Pediatría el protagonista de las exigencias, quien padece la hipocondria y genera la hiperfrecuentación a los servicios sanitarios acostumbra a ser la madre–ocasionalmente el padre–a menudo ante la incapacidad de asumir que las infecciones virales en la primera infancia se suceden implacablemente a lo largo de los meses de otoño, invierno y primavera.

Negociar con los pacientes o las familias exigentes es una tarea dificultosa y que requiere mucha mano izquierda, habilidades relacionales y una posición de autoridad no siempre fácil de mantener. Ceder o de alguna manera, pasar el problema al nivel siguiente de la asistencia como es la asistencia especializada, no suele ser una buena respuesta y, a menudo, es contraproducente. Los especialistas, incluso con la mejor buena fe, aceptan la referencia en su valor facial de la existencia de un problema específico de su ámbito de trabajo. Suelen dar por buena la exploración clínica realizada por el médico de primaria y, con una mayor liberalidad y, frecuentemente, acceden a la necesidad de completar estudios con pruebas complementarias, ya sean generales, ya lo sean de la propia especialidad. Ello generalmente refuerza la visión del exigente, confirmándole que su petición de pruebas complementarias estaba justificada, cerrando con ello un círculo vicioso que se retroalimentará en situaciones sucesivas.

Se debe practicar la más exquisita diligencia en situaciones de familias hipocondríacas o hiperfrecuentadoras en separar manifestaciones de carácter espontáneo de las que pudiesen ser infligidas,como sucede en los no raros casos de síndrome de Munchausen al que nos hemos referido varias veces anteriormente.

Es una buena idea requerir la participación de los Trabajadores sociales del centro o de los servicios municipales para entender el problema y, en lo posible, aclararlo. No pocas veces este tipo de situaciones se asocian con problemas de salud mental de la madre, reconocidos o no. Menos veces podrá ser por parte del padre. Si las exigencias se acompañan de peticiones poco razonables o se expresan de forma airada o incluso violenta, conviene dilucidar la posible existencia de violencia doméstica. Las actitudes agresivas o despreciativas ante personal asistencial femenino (hoy día mayoritario), sobre todo si cambian en la presencia de profesionales masculinos, son características machistas que suelen acompañar la violencia doméstica (llamada también de género). Tales casos deben ser puestos en conocimiento de las autoridades (del centro, la policía o judiciales) en cuanto se produzcan.

La tolerancia ante actitudes exigentes de hiperfrecuentadores o hipocondíacos debe ser muy baja, pensando sobre todo en la protección del niño paciente, generalmente víctima de la situación, que puede ser sometido a exploraciones no sólo innecesarias sino que pueden ser incluso lesivas.

X. Allué (Editor)

 

 

 

Written by pedsocial

17 diciembre 2018 at 16:53

Guidelines for the Care of Children in the E.R.

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Annals of Emergency Medicine publishes “Pediatric Readiness in the Emergency Department” as a new edition of the Guidelines for the Care of Children in the Emergency Services. Five ladies and one gentleman (Katherine Remick, Marianne Gausche-Hill, Madeline M. Joseph, Kathleen Brown, Sally K. Snow, and Joseph L. Wright) put their heads together to undeline the care for children in a very specific setting, very often dramatic and always needed of review.
The full text can be seen at https://www.annemergmed.com/article/S0196-0644(18)31167-3/fulltext.
A quote: Children have unique physical and psychosocial needs that are heightened in the setting of serious or life-threatening emergencies
Highly recommended.
X. Allué (Editor)

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10 diciembre 2018 at 18:02

Lo del TDA-H va por barrios

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Una de esas noticias que a veces saltan en la redes sociales nos remite a un libro de la psicoterapeuta norteamericana Marilyn Wedge, Ph.D.,  autora de “A Disease called Childhood: Why ADHD became an American Epidemic” que ya en 2012 publicó un artículo sobre porqué los niños franceses no tienen TDAH y no necesitan medicación para controlar su conducta en una web divulgativa, Psychology Today en los Estados Unidos: “La gran diferencia está en los ojos del médico que atiende al niño con supuesto TDAH: En Estados Unidos, los psiquiatras infantiles lo consideran un trastorno biológico, que debe tratarse con medicamentos como el Ritalin y el Adderall. En cambio, los pediatras y paidopsiquiatras franceses lo ven como una condición médica que tiene causas psico-sociales y situacionales y lo tratan a través de terapia psicológica. También hace referencia a los diferentes sistema de clasificación de los trastornos mentales según sean el CIE – 10 en América o la Clasificación Française des Troubles mentaux de L’Enfant et de L’Adolescente (CFTMEA), de base psicoanalítica.

En este blog nos hemos referido en varias ocasiones extensamente al TDA-H, y a todas sus peculiaridades y aristas. La diferencia en la incidencia nos parece claramente ligada a factores culturales en comunidades o países diversos, con sistema asistenciales y educacionales también diferentes. Hasta es posible que algunos factores locales como la dieta puedan tener su incidencia en la prevalencia del trastorno, como indicaban  en relación a la dieta mediterránea un grupo del Hospital Sant Joan de Deu de Barcelona (Ríos-Hernández A, Alda JA, Farran-Codina A, et al. The Mediterranean Diet and ADHD in Children and Adolescents. Pediatrics. 2017;139(2):e20162027) hace un par de años.

Lo que sí es cierto es que el número de niños varía de un sitio a otro y, desde aquí, lo que vemos es la importancia del componente social y cultural en la identificación del trastorno. Y seguro que también para su tratamiento.

X. Allué (Editor)

 

(La imagen que acompaña este post es de la Fundación Orienta, del Día Internacional del TDA_H, 13 de julio)

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5 diciembre 2018 at 13:04

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Mal de muchos…epidemia!

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Este blog, que se ha solidarizado con la huelga protagonizada por los médicos de Atención Primaria de este país, no comentará los planteamientos ni tampoco los resultados de los acuerdos. Las respectivas partes: el gobierno y los sindicatos convocantes ya han expresado sus puntos de vista y los acuerdos. Habrá que ver cómo y cuándo se cumplen y que efecto tienen en la asistencia sanitaria y los intereses de los pacientes.

De todo el conflicto, lo que se desprende de forma notable es una insuficiencia, una falta de personal médico para la asistencia. Lamentablemente eso no es algo exclusivo de esta situación. La insuficiencia del personal asistencial (understaffing) era objeto de reflexión en la revista The Lancet esta semana pasada: Health-care system staffing: a universal shortfall ( https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(18)32973-8/fulltext?dgcid=raven_jbs_etoc_email ), en la que se comparaban las carencias de personal asistencial en dos situaciones muy distintas geográfica y organizativamente: el Reino Unido y Malawi. En ambas la insuficiencia de facultativos y personal asistencial en general determinan carencias sanitarias preocupantes.

Mal de muchos…

X. Allué (Editor)

Written by pedsocial

1 diciembre 2018 at 11:17